
Comunidades desplazadas en campos en las afueras de Mogadiscio, donde las familias siguen llegando tras huir de sequias, conflictos y hambrunas. Credito: © Jjumba Martin para Mercy Corps.
En mayo de 2026, Somalia vive una de las peores crisis alimentarias de su historia. El país tiene 20 millones de habitantes, y seis millones enfrentan niveles agudos de hambre, según un nuevo análisis publicado el 14 de mayo de 2026 de Clasificación por Fases de la Seguridad Alimentaria Integrada (IPC), innovadora iniciativa mundial que busca mejorar la seguridad alimentaria y el análisis nutricional para tomar decisiones.
Las causas son múltiples y se refuerzan mutuamente: las consecutivas temporadas de lluvia deficitarias, un contexto de seguridad que pone trabas a la ayuda humanitaria, y las repercusiones económicas del conflicto en el Medio Oriente en los precios del combustible y los alimentos.
El cambio climático exacerba la crisis
Somalia está en el extremo oriental de África, en una zona climática y semiárida. El país tiene cuatro estaciones: dos secas (jiilaal y hagaa), que se extiende de julio a septiembre y de diciembre a marzo; y dos estaciones de lluvia insuficiente (gu y day), que se extiende de abril a junio, y de octubre a noviembre. Este déficit de lluvias ha debilitado las manadas, reducido las cosechas y secado los puntos de agua. Esto priva a las familias de pastores y agricultores de sus principales fuentes de ingreso y alimento.
Según una publicación de Radio France Internationale, el comercio de ganado, que constituye una gran fuente de divisas para el país, sigue operativo pese a importantes tensiones.
Además, los conflictos armados causados por el colapso del Estado, las rivalidades de clanes y la proliferación de armas, la corrupción y el aumento de grupos armados como Al-Shabaab persisten en muchas regiones del país. Eso complica el acceso de las organizaciones humanitarias a las poblaciones más vulnerables.
Según el último análisis de IPC, seis millones de somalíes enfrentan niveles de hambre agudos correspondientes a la fase de crisis. De esos, más de 1,9 millones de personas están en situación de urgencia (IPC fase 4). En una publicación de UNICEF, la directora general Catherine Russell, dijo tras un viaje a Dollow, ciudad al sur de Gedo, al sur del país:
L’une des images les plus bouleversantes qu’il m’a été donné de voir est celle de rangées de lits où se trouvent des enfants malnutris et des mères anxieuses qui espèrent seulement que leurs enfants survivront. La population est incroyablement résiliente, mais elle a besoin de davantage de soutien au plus vite, d’autant que tous les signaux d’alarme sont au rouge, notamment du fait des répercussions de la guerre au Moyen-Orient.
Una de las imágenes más conmovedoras fueron las filas de camas donde había niños malnutridos y madres ansiosas que solamente esperan que sus hijos sobrevivan. La población es increíblemente resiliente, pero necesita sustento lo antes posible, sobre todo porque todas las señales están en rojo, básicamente por las repercusiones de la guerra en Medio Oriente.
En el distrito de Burhakaba, en Bay, región enclavada en el sur del país, más de un niño menor de cinco años de cada tres sufre de desnutrición aguda, y los trabajadores humanitarios advierten que esa zona podría caer oficialmente en hambruna en junio si no se emprende ninguna intervención de urgencia a gran escala.
A escala nacional, se ha dado tratamiento a 1,88 millones de niños por desnutrición aguda en los primeros cinco meses de 2026. En 2022, una entrega anticipada de financiamiento permitió evitar oficialmente la hambruna en esos distritos. Por tanto, esta ventana de oportunidad quedó cerrada.
El impacto de Ormuz: crisis lejana con consecuencias muy cercanas
La crisis del estrecho de Ormuz, que empezó el 28 de febrero de 2026, por el que pasaba casi la quinta parte del petróleo bruto mundial antes del conflicto, tuvo efectos directos en los precios en Somalia. El país depende mucho de las importaciones para sus productos de base, y está particularmente expuesto a la perturbación en la cadena de suministro internacionales. El bloqueo afecta también el envío de ayuda humanitaria y abono, como destaca Catherine Russell.
En marzo de 2026, el combustible aumento 150 % en Somalia, pasó de 0,60 a 1,50 dólares por litro, lo que ralentizó el transporte de agua, alimentos y ayuda humanitaria. En las zonas más golpeadas por la sequía, el precio de un bidón de agua pasó de 0,06 a 1,50 dólares, un alza de más de 2000 % en un año. En la región de Mudug (al norte del país), los gastos de transporte aumentaron hasta un 50%, lo que obligó a familias enteras a renunciar a atención médica.
De otra parte, el país importa el 30% de sus fertilizantes de Medio Oriente. La crisis llegó en el periodo de compra de insumos agrícolas para la temporada gu, la principal estación de lluvias en el Cuerno de África. Según el medio Le Grand Continent, en Somalia, las consecuencias sobre las cosechas de 2026 en la región son irreversibles en gran parte.
Financiamiento humanitario en caída libre
A esta situación se suma un déficit de financiamiento humanitario particularmente severa. Según Médicos sin Fronteras, en abril de 2026, de los 1420 millones de dólares necesarios para el plan de intervención en Somalia, solo se desbloquearon 288 millones, es decir, cerca del 20% de lo necesario. La consecuencia directa es que el plan se redujo un 75 %, lo que hizo que la cantidad de beneficiarios pasara de seis millones a 1.3 millones. Así, más de 200 centros de salud y nutrición han cerrado desde inicios de 2025, lo que priva a 1.7 millones de personas de atención primaria.
Halima, somalí citada en una publicación de Médicos sin Fronteras declaró haber acudido al hospital regional de Mudug, que funciona con apoyo de Médicos sin Fronteras, porque sus servicios médicos gratuitos, y dijo:
Je suis venue ici car les services sont gratuits. Sans cela, je n’aurais pas pu obtenir de soins pour mon enfant.
Vine porque los servicios son gratuitos. Sin eso, no hubiera podido atender a mi hijo.
Mencionó las tarifas del transporte que ahora son muy altos para ella:
C'est devenu beaucoup plus coûteux et difficile qu'avant », déclare-t-elle. « Beaucoup de gens sont désormais contraints de parcourir de longues distances à pied, simplement pour accéder à des soins de santé.
«Se ha vuelto mucho más costoso y difícil que antes», declara. «Mucha gente se va ahora obligada a recorrer largas distancias a pie, simplemente para acceder a los servicios de salud.
En ese contexto de crisis de seguridad, los programas de Mercy Corps, ONG humanitaria estadounidense que opera en contextos de transición e inestabilidad, distribución alimentaria, transporte de agua, ayuda nutricional para niños severamente desnutridos debieron interrumpirse por falta de recursos. En los campos de desplazados de Mogadiscio, la capital somalí, continúan las llegadas pero la distribución ha cesado.
Mohamed Abdi, director de Somalia del Consejo Noruego para los Refugiados, plantea el diagnóstico claramente:
Les communautés de Burhakaba (dans la région de Bay) sont au bord de la famine en ce moment même et pourraient franchir cette ligne d'ici juin. Seulement 15 % de la réponse humanitaire est financée. Nous regardons cette situation se détériorer en temps réel pendant que les ressources pour l'arrêter ne sont pas là.
Las comunidades de Burhakaba (en la región de Bay) están al borde de la hambruna en este momento y podrían pasar esa línea de acá a junio. Solo el 15% de la respuesta humanitaria está financiada. Vemos que esta situación se deteriora en tiempo real mientras no hay recursos para detenerla.
Una era «posterior a la ayuda» que amenaza a millones de vidas
Somalia ilustra una tendencia más global. El retroceso del financiamiento humanitario internacional mientras las necesidades aumentan bajo el efecto conjunto del cambio climático y de inestabilidad geopolíticas. Daud Jiran, director para Somalia de Mercy Corps, resume la situación:
La Somalie risque de devenir l'une des premières grandes crises de l'ère «post-aide» : un endroit où les besoins augmentent, la survie devient plus coûteuse, et la réponse se rétrécit.
Somalia corre el riesgo de convertirse en una de las primeras grandes crisis de la era «posterior a la ayuda»: un lugar en el que las necesidades aumentan, sobrevivir es más costoso y la respuesta se contrae.
En 2022, una movilización rápida del financiamiento permitió que se evitara la declaración oficial de hambruna en los mismos distritos. Las organizaciones humanitarias presentes en el terreno piden ahora una respuesta similar: aumento de la ayuda alimentaria, acceso a agua potable, apoyo a los servicios de salud y nutrición, y apoyo a los medios de subsistencia de las comunidades afectadas. El tiempo disponible para intervenir antes de que la situación sobrepase el umbral oficial de hambruna en Burhakaba se cuenta en semanas.






