Nueva tecnología, nuevas reglas: Narrativa y sociedad civil en la era de IA y algoritmos

Illustration showing the world, tech image and hands raised in protest. Image made by Ameya Nagarajan on Canva Pro for Global Voices

Imagen hecha por Ameya Nagarajan en Canva Pro para Global Voices

De Brett Davidson

Este artículo es parte de la serie Spotlight de abril de 2026 de Global Voices, Perspectivas humanas sobre IA. Esta serie ofrecerá una mirada profunda hacia cómo se está usando IA en países en desarrollo, cómo su uso e implementación afectan a las comunidades individuales, qué podría significar este experimento de IA para futuras generaciones, y más. Puedes apoyar este reportaje con una donación.

Tecnologías como la inteligencia artificial (IA) y las plataformas que funcionan por algoritmos tienen impacto sin precedentes en casi todos los aspectos de la vida, desde lo académico hasta lo laboral y ambiental. Cuando se trata de justicia social, democracia y derechos humanos, las cosas parecen sombrías: los algoritmos nos dirigen hacia cámaras de resonancia ideológicas, mientras la IA lleva la vigilancia y extracción de datos a un alarmante siguiente nivel. Al mismo tiempo, las plataformas de redes sociales permiten a las organizaciones de la sociedad civil llegar a las audiencias y contar historias de maneras nuevas y poderosas, mientras que la IA le permite a las personas investigar y probar mensajes que de otro modo nunca podrían pagar.

Como parte del nuevo proyecto «New Tech, New Rules» (Nueva tecnología, nuevas reglas), la entidad colaborativa International Resource for Impact and Storytelling (IRIS), con apoyo de la organización Luminate y la red Open Society Foundations, encargaron 10 casos de estudio de organizaciones e investigadores en países en desarrollo, para oír cómo esta nueva tecnología les afecta personal y laboralmente, y cómo se adaptan y ajustan. Los estudios llegaron desde Latinoamérica y el Caribe, el mundo árabe, Nigeria, Túnez, India y Hong Kong.

Cada caso de estudio es increíblemente rico e interesante por sí mismo (y algunos de sus autores escriben al respecto para Global Voices). Sin embargo, al analizarlos, pudimos discernir varios patrones interesantes que quizás resuenen y ofrezcan lecciones para otros.

Una caja de herramientas de tácticas: apropiar, contrarrestar e innovar

En los casos de estudios, vimos tres formas claras en que la sociedad civil responde al contexto autoritario marcado por la tecnología: con apropiación, contrarresto e innovación.

Algunas organizaciones se apropian de la cultura y tecnología para sus propios fines. Por ejemplo, la aplicación Fogo Cruzado en Brasil colabora con la iniciativa Future Narratives Lab del Reino Unido, para usar IA con el fin de probar mensajes que buscan reducir el apoyo público de la violencia policial en las favelas.

Otras organizaciones se dedican a contrarrestar y resistir la vigilancia impulsada por la tecnología y la violencia digital, como Derechos Digitales, que usa las redes sociales para hacer campaña y movilizar la oposición contra el uso generalizado de tecnologías de reconocimiento facial de las autoridades en Brasil y Chile.

Por su parte, otras innovan, encuentran nuevas formas y perspectivas para el periodismo y el compromiso cívico narrativo. Un ejemplo de lo anterior es Alharaca, grupo de periodistas feministas de El Salvador que trabaja en el exilio y experimenta con desconectarse y relajarse, en vez de ceder a la presión por acelerar que impulsa la tecnología. Reúnen miembros de la audiencia presencialmente y prueban nuevos planteamientos narrativos, como juegos de mesa e instalaciones de sonido inmersivo. Cuando se trata de la sociedad civil, activistas en Hong Kong se adaptan a la dominante vigilancia impulsada por IA con humor, introducen significado en una terminología aparentemente inofensiva y trabajan a través de organizaciones temporales y de poca duración.

Sin duda, apropiarse de la tecnología, contrarrestarla e innovar no son mutuamente excluyentes. La apropiación de Fogo Cruzado de la investigación sobre las posibilidades que ofrece la IA es, por supuesto, enormemente innovadora. Es solo mediante la narrativa e innovación organizacional que los activistas en lugares como Hong Kong y Túnez pueden contrarrestar y resistir la represión estatal. Sin embargo, también son perspectivas distintas, y creemos que estas tres tácticas sirven como un menú potencialmente útil para que las organizaciones lo consideren a medida que lidian con nuestra situación actual.

De lo hiperlocal a lo transnacional

Muchos de los casos de estudio destacan un giro hacia lo hiperlocal como una forma de priorizar los problemas y las voces de base que los medios nacionales y la política dejan marginadas, y esquivar el escrutinio de las autoridades, con el escenario nacional en el centro. Al cambiar el marco de uno que ubica la política nacional en el centro, lo que antes se consideraba marginal se vuelve central: las historias, noticias y la política hiperlocales están donde está. Aquí es donde la política se cruza con la vida de las personas, donde la conexión y construcción de poder pueden ocurrir fuera de plataformas tecnológicas vigiladas, donde los problemas se cruzan, donde las audiencias y creadores de medios se superponen y donde los cambios parecen posibles.

Al mismo tiempo, hay un giro hacia lo supranacional, si se mira las tendencias y se unen los puntos de los desarrollos políticos más allá del Estado-nación, y como una forma de compartir lecciones y construir solidaridad transfronteriza. Así como los autoritarios conectan y aprenden los unos de los otros entre fronteras, así como la tecnología no conoce fronteras, los actores de la sociedad civil se dan cuenta de que necesitan conectar a través de límites y fronteras para crear significado y construir poder.

La flexibilidad lo es todo

En un entorno que cambia rápidamente, donde el tecnoautoritarismo innova continuamente y también interrumpe y abruma intencionalmente, ser flexible y adaptable es una estrategia esencial. Si bien esto es evidente en todos los casos de estudios, quizás el ejemplo más claro viene de Hong Kong, donde los autores del caso de estudio destacan la importancia de las infraestructuras efímeras que pueden aparecer, disolverse y reaparecer o reconfigurarse según se necesite. Estos acuerdos (microgrupos, colectivos informales, coordinadores rotatorios, redes de voluntarios) mantienen el impulso mientras evitan puntos únicos de vulnerabilidad. También es una lección realmente importante que los fundadores deben tener en cuenta, tanto la resiliencia como el impacto dependen de la capacidad de prever y cambiar de rumbo con poca antelación, y los acuerdos de financiación deben incorporar esto.

Se necesita una constelación

Ninguna organización puede hacer todo; nadie puede lograr un impacto sistemático actuando solo. Como nuestros casos de estudios muestran, las redes sólidas, descentralizadas y colaborativas son necesarias, tanto dentro de países como a través de fronteras. Trabajadores narrativos y actores de la sociedad civil activamente forman alianzas, y buscan apoyo y pericia de organizaciones y colegas más allá de sus campos para reforzar sus esfuerzos narrativos, fortalecer sus campañas de incidencia y protegerse de la vigilancia y los ataques digitales. Por su parte, las estrategias de financiación deberían apoyar de manera proactiva lo que la revista The Polis Project llama «la infraestructura de la resistencia».

La interconexión de la narrativa, tecnología y el poder

En los diez casos de estudios, vemos tres elementos que están en constante interacción, cada uno inseparable de los otros: narrativa, tecnología y política. Los actores de la sociedad civil son trabajadores narrativos: la narrativa precede a la tecnología, y la cultura y construcción de significado constituyen el terreno de lucha principal en estos momentos. Son tecnólogos: operan con, en y mediante la tecnología actual y emergente para construir poder y participar en la lucha por la cultura, narrativa y el significado, se adaptan e innovan de manera constante, siempre balanceando el abanico de posibilidades de la tecnología con sus riesgos, limitaciones y daños. Son actores políticos, organizadores y constructores de poder: crean significado sobre y con tecnología, en favor de la justicia social y la democracia.

En general, si bien la vigilancia, los abusos y las enormes concentraciones y desequilibrios de poder que la IA y otras tecnologías nuevas permiten son muy preocupantes, encontramos mucho ánimo en estos casos de estudio. Defensores y activistas sociales dedicados a la justicia, periodistas y narradores alrededor del mundo operan en territorio hostil, usan herramientas que son propiedad de los llamados «broligarcas» y autoritarios, se adaptan y emplean la tecnología y cultura exitosamente para construir poder popular en favor de la democracia y justicia social.


Brett Davidson es fundador y director de la organización Wingseed LLC y trabaja con la entidad colaborativa International Resource for Impact and Storytelling (IRIS) como encargado de construir infraestructura narrativa. Antes fue director de medios y narrativas en el Programa de Salud Pública de Open Society Foundations, y antes trabajó en la sociedad civil y como periodista de radio en Sudáfrica. Escribe sobre el cambio narrativo y la escucha como un acto político.

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