Esta publicación forma parte de la serie especial de mayo de 2026 de Global Voices, «Crisis globales, soluciones locales«. La serie reúne historias de resistencia y acción climática exitosas, y muestra cómo las comunidades de los países en desarrollo enfrentan la crisis climática, y además de ofrecer análisis sobre lo que estos esfuerzos pueden significar para futuras generaciones, y más. Puedes financiar esta cobertura realizando una donación here.(aquí)
Para la comunidad indígena torwali que vive en el valle del Swat, en el norte de Pakistán, los rios no son un “recurso”. No es simplemente “agua”. Son el latido del corazón de su nación, una presencia sagrada, la manifestación de la diosa Dara que los conecta con sus ancestros. Sin embargo, bajo el argumento de la “crisis eléctrica”, en los últimos años, el Gobierno pakistaní ha impulsado una nueva ola de proyectos hidroeléctricos que están amenazando este sistema fluvial a través de los sistemas culturales a los que está profundamente ligado.
Para los torwalis, perder un río significa perder historia, medios de vida, identidad, e imaginación. Por eso, desde 2023, han estado liderando una feroz resistencia para salvar al río Swat y detener la construcción del proyecto hidroeléctrico de Madyan de 207 MW, uno de al menos 18 proyectos planificados entre Madyan y Kalam en el distrito Swat de Jaiber Pajtunjuá, Pakistán. El proyecto forma parte del proyecto de energía renovable de la central hidroeléctrica Jaiber Pajtunjuá, financiado por el Banco Mundial, aprobado en 2021 por un total de 450 millones de dólares.
El 4 de abril de 2026, el movimiento celebró una victoria: el gabinete provincial aprobó el borrador del proyecto. Sin embargo, no está claro si los promotores del proyecto acatarán esta decisión o si buscarán alternativas igualmente devastadoras. No ha habido comentarios adicionales del Banco Mundial. Para los torwalis que viven en el valle, la lucha aún no ha terminado.
Los torwalis conocen bien lo que ocurre cuando represas de gran escala interrumpen el libre flujo de sus ríos. Para ellos, el proyecto hidroeléctrico de Daral Khwar es una lección escrita en el agua. El proyecto fue inicialmente financiado por el Banco de Desarrollo Asiático, que se retiró tras la presión pública. Sin embargo, las autoridades buscaron otras fuentes de financiamiento para continuar con la iniciativa, hicieron promesas engañosas y dividieron a las comunidades para silenciar la disidencia.
En el pueblo de Bahrain del distrito Swat de la provincia de Jaiber Pajtunjuá, Pakistán, donde el Daral se une con el tío Swat, la comunidad local describía su tierra como un paraíso. En el verano, los niños jugaban en las aguas frías del río, las mujeres recolectaban agua fresca de sus manantiales y los huertos florecían a lo largo de sus orillas. Hoy en día, la central eléctrica controla el flujo del río como un caño, y deja largos tramos de las orillas del río completamente secos. Los mosquitos proliferan a lo largo de las orillas durante el otoño, mientras que las descargas repentinas desde el túnel con poca advertencia, generan una grave amenaza para los niños. Esta pérdida enseñó a los torwali una verdad dolorosa: una vez que un río se convierte en una máquina, todo lo que está conectado a ese río —cultura, ecología, economía, identidad— comienza a desmoronarse.
Con este recuerdo aún fresco, los torwalis han formado el Movimiento para la Evaluación del Suelo y Agua (Darya-e Swat Bachau Tehreek) para movilizarse contra el proyecto Madyan. En agosto de 2024, presentaron una queja formal al Banco Mundial para solicitar una revisión en el marco de sus políticas ambientales y de protección social. Han intercambiado cientos de cartas con el Banco; han sostenido reuniones presenciales en Peshawar, Islamabad, y virtuales. Asimismo, han informado a organismos internacionales, incluidas instituciones de Naciones Unidas, y han involucrado a las autoridades locales. Mientras tanto, se han celebrado jirgas (reunión de ancianos) desde Madyan a Kalam. El 23 de agosto del 2024, hubo una manifestación masiva en el pueblo de Bahrain; la juventud volvió a marchar un mes después. Las conferencias de prensa en Swat e Islamabad atrajeron la atención nacional, e incluso los niños han escrito peticiones al primer ministro.
De acuerdo con el derecho internacional y a la Declaración de Naciones Unidas sobre los Derechos de los Pueblos Indígenas ningún proyecto puede proceder si no tiene consentimiento libre, previo e informado. Sin embargo, los torwalis se han quejado por la realización de audiencias apresuradas, documentos inaccesibles, atajos procedimentales, y presiones burocráticas. Ninguno constituye consentimiento real.
Su oposición fue clara desde el inicio. Ya en julio de 2023, acudrió mucha gente a la primera «audiencia pública» entre la Organización de Desarrollo Energético de Pajtunjuá (PEDO) y las autoridades ambientales provinciales. Sin embargo, se emitió un Certificado de No objeción, a pesar de las protestas de los asistentes.
También se han registrado diversas amenazas e intimidaciones contra los miembros de la comunidad que se oponen al proyecto. Las autoridades locales y personal del Gobierno han amenazado a activistas mientras que algunos representantes locales de las aldeas enfrentan riesgos de cárcel y represalias contra su familia. Algunos activistas han sido incriminados y acusados de trabajar contra los intereses nacionales. Como resultado, en las poblaciones afectadas, hay un clima de miedo, y algunos están evitando expresar sus preocupaciones por miedo a ser atacados.
Además, el Banco Mundial no ha reconocido el carácter indígena de los torwali, lo que conduce a evaluaciones de impacto erróneas y a que no se divulgue información en la lengua torwali local. Como resultado de los esfuerzos sostenidos del movimiento, en junio del 2025, el Banco Mundial encargó una nueva sesión para determinar si los torwali califican como pueblo indígena según esta política, un paso sin precedentes en la región. Sin embargo, aproximadamente un año después, no se han dado a conocer los hallazgos de la comunidad.
Para los torwali, no puede haber dudas sobre su condición indígena. Su identidad es inseparable de las montañas que habitan, los ríos que veneran, los pastizales donde pastan y los sistema ancestrales que aún practican. Su lengua— el indo-ariano con algunos elementos prearianos y gandhara — se ha formado en estrecha interacción con el paisaje: existe una palabra para cada acantilado, roca, barranco, arroyo, pradera y paso de montaña. Hoy en día, incluso, los torwalis que viven en las ciudades de Karachi, Hyderabad o Rawalpindi continúan llamando watan a su región, término más profundo que “patria”. Un proverbio expresa este vínculo: “tu watan ge ke bedu, watan ma wad”, que significa “el cuerpo puede vivir en cualquier lugar, pero tu corazón pertenece a la patria”.
Ya sea que el movimiento para salvar el río Swat llegue a prevalecer o no, ya ha logrado algo profundo: ha reafirmado que los derechos indígenas y la justicia ambiental son inseparables; que los ríos tienen derechos porque las comunidades mantienen vínculos; y ese desarrollo debe evaluarse desde la perspectiva de quienes soportan sus consecuencias.
Como nos recuerda el poeta pakistaní Allama Iqbal, “Una gota de rocío es suficiente para volver fértil esta tierra”. La resistencia de los torwali es una gota de rocío: un acto de dignidad, unidad, y coraje frente a un desarrollo impuesto. En la medida que el rio Swat siga fluyendo, ellos continuarán defendiéndolo.







