
El puente de Qasmiya en el río Litani, que conecta el sur del Líbano con el resto del país, fue destruido por el Ejército israelí el 22 de marzo de 2026. Imagen de Megaphone en Wikimedia Commons (CC BY 4.0).
Por Mohamed Soufan
Las plataformas de redes sociales como X (antes Twitter) suelen considerarse un reflejo de la opinión pública, y los periodistas recurren a las tendencias y publicaciones de estas redes para deducir el estado de ánimo general, sobre todo durante los conflictos políticos.
Los temas de actualidad y las publicaciones virales pueden dar la impresión de que existe un debate amplio y representativo. Sin embargo, esta percepción puede ser engañosa. Un análisis de los debates en línea relacionados con el Líbano reveló que una pequeña minoría de usuarios puede acaparar la visibilidad y la interacción, ya que el 1% más activo genera más del 60% de la participación total.
Si unas pocas cuentas muy activas determinan en gran medida lo que vemos, ¿qué representa realmente la «opinión pública» en línea?
Una pequeña minoría
La interacción –me gusta, compartidos y respuestas– no se distribuye de manera equitativa. Un pequeño grupo de cuentas altamente activas y de gran visibilidad acapara una parte desproporcionada de la atención. Como resultado, un número limitado de voces puede moldear las narrativas, amplificar puntos de vista concretos y marcar el tono de debate.
Esto no siempre resulta evidente. La exposición repetida a mensajes similares puede dar la impresión de que existe consenso, incluso cuando este viene impulsado por un segmento reducido de usuarios.
Esto queda patente en un conjunto de datos que he recopilado sobre publicaciones en árabe relativas a Hezbolá en X. El conjunto de datos incluye 15.767 publicaciones de 8148 usuarios únicos, recopiladas entre el 1 y el 8 de marzo de 2026. Las publicaciones se identificaron utilizando variaciones de la palabra clave «Hezbolá» en árabe, y la interacción se midió como la suma de «me gusta», republicaciones y respuestas. Las cuentas se clasificaron como de medios o no de medios según los metadatos del perfil, complementados con una revisión manual de las cuentas con mayor interacción.
Las cuentas de medios, aunque solo representan el 10,4% de los usuarios, concentran el 29,6% del 1% de los usuarios con mayor interacción y reciben aproximadamente un 34% más de interacción por publicación que los usuarios que no son de medios, unas 41 interacciones por publicación promedio, frente a las 31 de estos últimos. Al mismo tiempo, la mayor parte de la interacción total (74,8%) sigue procediendo de los usuarios que no son de medios por su volumen de publicaciones mucho mayor.
Más allá de las redes sociales
Las consecuencias van más allá de las propias redes sociales. En la práctica, periodistas, investigadores y público suelen recurrir a X durante acontecimientos que se desarrollan con rapidez para hacerse una idea de lo que está sucediendo y de cómo reacciona la gente. Los temas de tendencia, las publicaciones más difundidas y la interacción visible pueden convertirse rápidamente en un indicador del sentir de la opinión pública.
Pero estas señales no son neutrales. Las investigaciones de Shannon McGregor revelan que los periodistas a veces se basan en las tendencias de las redes sociales como indicadores de la opinión pública, a pesar de que los usuarios que impulsan esas tendencias no son representativos del conjunto de la población. Una publicación muy difundida o una etiqueta que es tendencia pueden dar la impresión de que existe un estado de ánimo predominante entre el público, aunque en realidad reflejan la actividad de un grupo relativamente pequeño y muy activo.
Los datos del Pew Research Center muestran que la actividad política en X se concentra en una pequeña parte de los usuarios. Cuando las mismas cuentas y los mismos puntos de vista dominan lo que se ve, pueden influir en cómo se interpretan los acontecimientos, qué voces se amplifican y qué perspectivas se pasan por alto.
Esta dinámica puede reforzarse a sí misma. El contenido que adquiere visibilidad desde el principio tiene más probabilidades de que se vea, se difunda de nuevo, lo que hace que algunas narrativas parezcan más extendidas de lo que realmente están.
Al mismo tiempo, los datos de las redes sociales siguen ofreciendo información valiosa sobre cómo se difunde la información y cómo se construyen los relatos, pero requieren una interpretación cuidadosa. Esto desplaza la atención de «¿qué dice todo el mundo?» a «¿a quién se ve y se escucha y por qué?».
En contextos de conflicto, esto es importante. Cuando un grupo reducido domina lo que se ve, puede dar la impresión de que existe consenso cuando en realidad no es así. Para quienes siguen los acontecimientos en el Líbano, las reacciones más visibles pueden reflejar una amplificación más que un acuerdo generalizado, lo que convierte el discurso en línea en un indicador engañoso de la opinión pública.







