Cambio climático: ¿Qué debe pedir África en la COP31 de Antalya?

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Esta publicación forma parte de la serie de destacados de mayo de 2026 de Global Voices, “Crisis global, soluciones locales”. En esta serie ofrecemos historias de resistencia y logros en la acción climática, cómo las comunidades de los países en desarrollo luchan contra la crisis, analizamos su significado potencial para las generaciones futuras y mucho más. Puede ayudar esta cobertura con una donación.

Faltan pocos meses para la trigésima primera Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (COP31) que se celebrará en Antalya, Turquía, en noviembre de 2026, y Gobiernos, instituciones financieras y organizaciones internacionales están en una fase vital de preparación. Es el mejor momento para determinar los asuntos más importantes, ya que una vez iniciada la conferencia, habrá mucho menos margen para la improvisación. La pregunta es: ¿qué estrategia, prioridades y poder de negociación pondrá África sobre la mesa en la COP31?

En el norte de Togo, los agricultores ya no hablan de estaciones, sino de sorpresas. La lluvia aparece de repente y desaparece cuando se plantan las semillas. Las cosechas fallan y las familias migran. Según la Agencia Meteorológica Nacional de Togo (ANAMET), 2024 se vio afectado por sequías severas que causaron significativas pérdidas de cosecha y dejaron algunos agricultores sin poder devolver sus préstamos

Esto no ocurre solo en Togo. Según el informe de estado del clima en África en 2024 de la Organización Meteorológica Mundial , las inundaciones y los desprendimientos de tierra acabaron con la vida de cientos de personas, y empujaron a otras 700,000 al desplazamiento en Kenia, Tanzania y Burundi entre marzo y mayo de 2024. Según una base de datos internacional sobre catástrofes (EM-DAT), un análisis de la revista india Down To Earth descubrió que el periodo entre 2021 y 2025 fue el de mayor mortalidad en África en 15 años. Los fenómenos de viento extremo afectaron a más de 221 millones de personas y las muertes relacionadas con catástrofes aumentaron a más del triple en comparación con el periodo de estudio anterior.

Mientras tanto, a miles de kilómetros, los diplomáticos negocian leyes cuyo impacto tardará años en verse en estas áridas tierras. África debe hacer todo lo posible para salvar la distancia entre la crisis sobre el terreno y las lentas negociaciones cuando empiece la COP31. A pesar de ser el continente que menos gases de efecto invernadero emite del mundo, sigue sufriendo las consecuencias más graves. Con una voz unificada y una estrategia elaborada con detalle, esta injusticia fundamental debe ceder el paso a demandas concretas.

Conferencia bajo gran tensión geopolítica

Esta conferencia tendrá lugar bajo circunstancias únicas. En enero de 2026, Estados Unidos, el segundo país con más emisiones del mundo, retiró oficialmente su firma del Acuerdo de París de 2015 y anunció su retirada de la Convención Marco de Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (CMNUCC), lo que debilita la arquitectura climática multilateral. Sin embargo, los últimos tres años han sido los más calurosos hasta la fecha, con predicciones actuales que sugieren un calentamiento de 2,8 grados Celsius para 2100, casi el doble que el objetivo de París.

Estas circunstancias dejan a otros millones vulnerables a inseguridad alimentaria, subida del nivel del mar, enfermedades transmitidas por vectores y desplazamiento forzado. Aunque será Turquía quien acogerá la conferencia, Australia tendrá el papel de presidente de Negociaciones, acuerdo diplomático sin precedentes en la historia de la COP. Para África, esta arquitectura única supone una oportunidad. Australia, país comprometido con los problemas que afectan los pequeños Estados isleños y los países vulnerables, podría ser un claro aliado si este continente puede construir las alianzas que necesita.

Las cuatro batallas de África en Antalya

África enfrenta cuatro desafíos principales. Su primera batalla es convertir el Nuevo Objetivo Colectivo Cuantificado sobre Financiación Climática (NCQG), adoptado por los líderes en noviembre de 2024, en financiación tangible. Este acuerdo requiere una movilización anual de al menos 1300 millones  de dólares para países en vías de desarrollo para 2035, con un mínimo de 300,000 millones de dólares anuales provenientes de países desarrollados. Técnicamente, esto es un retroceso, aunque tras los recientes acontecimientos, se aconseja cautela.

El objetivo anterior de 100,o00 millones de dólares anuales, prometido en Copenhague en 2009 para 2020, se cumplió ya en 2022, dos años después de la fecha límite, y consistió mayoritariamente en acuerdos de préstamos. Sin embargo, los países africanos estimaron que su clima necesita unos 2800 billones de dólares para 2020–2030. Con el aporte de la comunidad internacional para cubrir el déficit de 2500 billones de dólares, queda una gran brecha entre estas promesas y las necesidades del mundo real.

En Antalya, África debe hacer tres demandas específicas: implementar los NCQG dentro de la fecha límite establecida, aumentar significativamente la participación de subvenciones en lugar de préstamos, e introducir mecanismos de seguimiento transparentes e independientes.

La segunda batalla es hacer que la adaptación sea la prioridad presupuestaria. Obtener más financiación será insuficiente si sigue a lo que África menos necesita. La financiación climática ha priorizado históricamente la mitigación por encima de la adaptación. Durante siete años, el 59% de la financiación aprobada por el Fondo Verde del Clima (GCF) en África se ha destinado a proyectos de mitigación, en comparación con solo el 41% dedicado a adaptación. Pese a ser un emisor bajo, África debe adaptarse urgentemente a los efectos de un cambio climático que no causó, por lo que esta disparidad es aún más paradójica.

En la COP31, el Objetivo Global de Adaptación debe empezar. Esto significa que ya no bastará simplemente decir que la adaptación es una prioridad. Será necesario evaluar meticulosamente la ayuda que realmente reciben las personas y abordar cualquier disparidad. África debe insistir en que al menos el 50% de la financiación climática se asigne a adaptación, de acuerdo con los compromisos según el acuerdo de París. De lo contrario, los agricultores del norte de  Togo seguirán esperando una lluvia que nunca llega, mientras la financiación climática invierte en proyectos de energía renovable en países más ricos.

La tercera batalla es ajustar la tercera generación de Contribuciones Determinadas a Nivel Nacional (NDC 3.0) con financiación condicional. Al final, la financiación es fundamental para estos compromisos nacionales. La nueva generación de Contribuciones Determinadas a Nivel Nacional, entregada en 2025 para el periodo hasta 2035, será el centro del debate en Antalya. Estas forman parte del tercer ciclo de revisión establecido en el Acuerdo de París, que exige que cada país aumente sus ambiciones climáticas en los ciclos posteriores.

Esta vez hay mucho en juego. El balance mundial de la COP28 reveló que los compromisos actuales son insuficientes para mantener el calentamiento por debajo de los 1,5 grados Celsius. Por tanto, cada país debe entregar planes de acción actualizados más ambiciosos y eficaces. Para los países africanos, esta tarea es política y técnicamente difícil. Presentar grandes ambiciones sin financiación garantizada que las haga posibles significa comprometerse a algo cuyo cumplimiento depende por completo de la voluntad de otros.

Un ejemplo ilustrativo sería Togo. Su NDC actualizado promete una reducción de emisiones del 50,57% para 2030, pero solo con apoyo internacional. Sin financiación externa, este compromiso cae al 20,51%. Esto no es por falta de voluntad política, sino una realidad económica estructural que enfrentan casi todos los países africanos. Exigir NDC ambiciosos sin financiación condicional garantizada para hacerlos posible es como pedirle a alguien que corra una maratón sin zapatos.

En Antalya, África debe asegurarse de que las decisiones finales incluyan una unión explícita y de obligado cumplimiento entre el nivel de ambición de los NDC y que la financiación condicional correspondiente esté garantizada. La ambición no puede ser unilateral.

La cuarta batalla de África es tener influencia en la gestión climática global. Las últimas tres batallas solo se pueden ganar si África tiene un rol eficiente en la toma de decisiones. No obstante, 2026 es un año decisivo para este continente en arquitectura climática global. En 2027, la COP32 será en Etiopía, lo que concede al país la presidencia de la COP que debe preparar por ahora. Es la hora de formar alianzas, definir posiciones comunes y demostrar que África puede negociar, no solo observar.

Ya hay varias iniciativas en curso, lo que muestra un aumento de la toma de conciencia. En Dakar, entre el 9 y el 13 de febrero de 2026, el Instituto Africano para el Desarrollo Económico y la Planificación (IDEP) y el Centro para la Excelencia del Liderazgo y la Gestión del Desarrollo de África (CELMAD) han formado a diplomáticos y altos funcionarios de Gobierno de 14 países africanos en diplomacia económica y climática, específicamente para la COP31. Karima Bounemra Ben Soltane, director del IDEP, resaltó lo siguiente:

L’Afrique fait face à un paradoxe : des émissions minimales, un impact maximal. Cette formation est un investissement dans les diplomates qui transformeront notre vulnérabilité en plaidoyer.

África enfrenta una paradoja: emisiones mínimas, máximo impacto. Esta formación es una inversión en diplomáticos que convertirán nuestras vulnerabilidades en defensa.

En esta conferencia, cada decisión o compromiso llevará directamente a millones de personas sin representación a la mesa de negociación.

Aunque a África nunca le falte legitimidad, argumentos ni datos para defender una agenda ambiciosa en la COP31, lo que le falta a veces es coordinación. En Antalya, como en todas partes, África no puede seguir yendo con las manos vacías.

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