
Imagen de iMEdD, usada con autorización.
Este artículo es un extracto de un texto más extenso publicado originalmente el 18 de marzo de 2026 por la organización periodística sin fines de lucro Incubator for Media Education and Development (iMEdD). Global Voices publica este extracto con autorización. Se reproduce bajo una licencia Creative Commons Attribution-NonCommercial 4.0 International. Cualquier otro uso de imágenes o gráficos por parte de terceros requiere autorización.
El 8 de enero de 2026, Irán quedó a oscuras. Mientras las protestas se expandían por todo el país, el Gobierno impuso un bloqueo casi total de internet, lo que dejó a millones desconectados del mundo exterior. La medida llegó como respuesta a las mayores manifestaciones que el país había presenciado desde la revolución de 1979. Durante estas protestas, que comenzaron a finales de diciembre de 2025 y duraron casi un mes, las fuerzas de seguridad iraníes llevaron a cabo una represión masiva, que causó la muerte de miles de manifestantes, una cifra que varía entre 3000, según datos oficiales iraníes, y 30,000, de acuerdo a otros informes.
El acceso limitado volvió a finales de enero, pero los periodistas seguían teniendo problemas para estar en línea. Luego, unas horas después de que los primeros ataques de Estados Unidos e Israel alcanzaron Irán el 28 de febrero, las autoridades impusieron otro bloqueo de internet.
🗓️ Es noche de viernes en Irán, donde internet sigue muy filtrada 22 días después del bloqueo y autorización, y la conectividad intermitente sigue limitando el contacto de los iraníes con el mundo exterior. Las redes son visibles internacionalmente, pero están fuertemente restringidas.
El 11 de marzo de 2026, Access Now, organización sin fines de lucro que protege los derechos digitales de comunidades vulnerables, pidió con urgencia a las autoridades iraníes restablecer el acceso total a internet y abstenerse de imponer nuevas interrupciones. La organización reiteró que “los apagones de internet en zonas de conflicto tienen consecuencias de vida o muerte. Ponen a la población civil en riesgo de muerte, lesiones y enfermedades, causan trauma psicológico y angustia mental, interrumpen los medios de subsistencia y bloquean el acceso de las personas a elementos esenciales para sobrevivir, como alimentos y medicinas. También bloquean a periodistas y defensores de derechos humanos, debilitan la cohesión social y provocan daños socioeconómicos duraderos mucho después de restablecida la conectividad”.
Los cortes de internet no son nuevos. Access Now los define como una “interrupción intencional de internet o de las comunicaciones electrónicas” dirigida a una población o ubicación específica.
En su base de datos STOP, la organizacion ha documentado cerca de 2000 apagones de internet entre 2026 y 2024, con un aumento en el número de bloqueos desde 2020. el equipo de basa en una metodología contextual, verifica manualmente cada incidente con medios locales, contactos de las naciones unidas y socios regionales para determinar la causa principal detrás de cada interrupción de internet. Estas alteraciones suelen ser “un precursor de atrocidades y violencia contra civiles”, según Zach Rosson, responsable global de datos e investigación de la campaña #KeepItOn de Acceess Now, declaró a iMEdD. Añade además que el “moderación del flujo de transacciones” es otra forma de apagón digital, en la que la velocidad de internet se reduce deliberadamente hasta niveles equivalentes a 2G o inferiores, y lo vuelve prácticamente inutilizable.
Informar, verificar información, enviar artículos e incluso pagar cuentas o pedir comida suelen depender de una conexión estable. Sin embargo, los Gobiernos han recurrido cada vez más a apagar internet, cortar las redes móviles o hasta bloquear aplicaciones, e impuesto lo que los expertos describen como “toques de queda digitales” o “interruptores de apagado”. A estos bloqueos se le suele utilizar en momentos de conflicto o disturbios, interrumpen el libre flujo de información y dejan a los periodistas con dificultades para mantenerse conectados, mientras los rumores y la desinformación se propagan.
Informar durante el bloqueo
Mehdi Mahmoudian, activista político y de derechos humanos iraní y experiodista que actualmente vive en Irán, contó a iMEdD a través de WhatsApp a comienzos de marzo que los cortes de internet dificultan verificar o publicar información. “Como alguien dedicado a documentar violaciones de derechos humanos y a colaborar con periodistas y redes de la sociedad civil, la pérdida de acceso a internet me impidió, en la práctica, verificar información, difundir testimonios o informar sobre lo que estaba ocurriendo”, dijo Mahmoudian, coautor de “It Was Just an Accident”, película nominada al Oscar 2026. En los últimos 16 años ha sido arrestado 13 veces y ha pasado nueve años en prisión por su trabajo periodístico y activista.
Su arresto más reciente arresto más reciente fue el 31 de enero de 2026, después de firmar una declaración junto a otros periodistas y activistas iraníes en apoyo a las protestas masivas en Irán. Fue liberado el 17 de febrero. “La comunicación básica con colegas, amigos y familiares también se vio interrumpida. En estas situaciones, las personas pueden sentirse desconectadas no solo del internet global, sino también, hasta cierto punto, de su propia sociedad”, nos dijo algunas semanas después.
Irán no ha sido el único. Entre 2019 y 2021, India impuso un apagón de internet de 552 días en Jammu y Cachemira, y dejó a unos 12 millones de personas sin un servicio confiable en nombre de la seguridad nacional.
Esta visualización, elaborada a partir del conjunto de datos STOP de Access Now, muestra con qué frecuencia ocurren apagones de internet en distintos países.
Desde 2017, distintas leyes han establecido las circunstancias bajo las cuales el Gobierno puede cortar las conexiones. Esas normas fueron reemplazadas por las Normativa sobre la Suspensión Temporal de los Servicios de Telecomunicaciones de 2024, que entraron en vigor el 22 de noviembre de 2024. Aun así, según los analistas que miden los apagones en el país, el Gobierno emite con frecuencia bloqueos generales y se exceden lo permitido por la ley.
“El Gobierno es plenamente consciente del poder de internet y de cómo moldea el debate público, de cómo puede utilizarse políticamente y de cuándo puede restringirse. Los bloqueos de internet en India son anteriores a la actual administración, pero su uso se ha expandido significativamente en los últimos años”, según Sadhika Tiwari, periodista independiente y conductora de Eco India para Deutsche Welle.
Del mismo modo, en Etiopía el acceso a internet también ha sido utilizado como una herramienta de control durante los conflictos. En el norte del país, la región de Tigray permaneció prácticamente desconectada de internet por casi dos años, entre noviembre de 2020 y febrero de 2023, luego de que el Gobierno impuso un apagón tras los enfrentamientos entre las fuerzas federales etíopes y el Frente de Liberación Popular de Tigray (TPLF).
“Uno de los efectos más evidentes es que no podemos recibir fotos ni videos. Esa es la mayor desventaja”, dijo a iMEdD Maya Misikir, periodista independiente de Etiopía. Otra dificultad para ella era no poder ver lo que otros medios estaban publicando en línea.
Cuando el conflicto en Amhara aumentó hacia mediados de 2023, Misikir solo podía hablar con sus fuentes por teléfono. “A veces la conexión era muy mala, así que había que fijar horarios. […] Los planes no siempre se concretaban y las historias se retrasaban. A veces ni siquiera llegaban a hacerse. Todo simplemente tomaba más tiempo”, añadió.
Censura selectiva
Mientras informaba desde Turquía, Metin Cihan, activista turco y periodista de redes sociales que ahora vive exiliado en Alemania, enfrentó una limitación diferente: la censura en las redes sociales.
“Internet o las redes sociales, al menos en Turquía, son algo que la gente puede usar hasta que empieza a resultar muy molesto para el Gobierno. Cuando llega a ese nivel, simplemente apagan el interruptor”, dijo a iMEdD. Cihan, que actualmente es parte del programa Journalists-in-Residence de ECPMF, decidió huir de Turquía en 2019, tras enfrentar acoso en línea relacionado con su investigación sobre la sospechosa muerte de Rabia Naz, de 11 años, en el norte de Turqía.
En 2025, dijo que su cuenta de X (antes Twitter), que ahora tiene más de medio millón de seguidores, fue bloqueada. “Internet o las redes sociales, al menos en Turquía, son algo que la gente puede usar hasta que empieza a resultar muy molesto para el Gobierno. Cuando llega a ese nivel, simplemente apagan el interruptor”, dijo.
Durante más de diez años, Open Observatory of Network Interference, conocido como OONI, ha trabajado con grupos de derechos digitales de todo el mundo para dar a conocer la censura dirigida, que implica bloquear sitios web o aplicaciones específicas.
“Definitivamente hemos visto un aumento en el bloqueo de redes sociales y sitios web de VPN en los últimos años, especialmente durante acontecimientos políticos”, dijo Maria Xynou, que dirige el programa de investigación de la organización. Según explicó, la censura dirigida ocurre durante protestas, elecciones, conflictos o guerras, cuando existe un mayor incentivo político para censurar información y controlar las narrativas.
OONI investiga la censura a través de su aplicación gratuita, OONI Probe, que recopila datos mediante una colaboración colectiva. Voluntarios de todo el mundo la instalan en teléfonos y computadoras para así ejecutar pruebas en sus redes locales. Los resultados se envían de vuelta y se terminan publicando como datos abiertos en tiempo real para aumentar su transparencia. Pero sin acceso a internet, los usuarios no pueden ejecutar pruebas ni pueden recopilar ningún dato.
Puedes leer la segunda parte de esta historia en la página web iMEdD.







