Diversidad de género bajo presión: Resistencia, comunidad y política de pertenencia

The female gaze, Collage on golden painted wood by Alice Wellinger (2014).

La mirada femenina, composición sobre madera dorada de Alice Wellinger de 2014 (CC BY-NC-ND 4.0).

Este artículo forma parte de la serie Spotlight de junio de 2026 de Global Voices, «Diversidad de género«. Esta serie ofrece una visión de la diversidad de género y de cómo se ve amenazada, protegida y preservada en todo el mundo. Puedes apoyar este reportaje con una donación.

El género se ha convertido en uno de los principales campos de batalla políticos de nuestro tiempo.

En todos los continentes, los debates sobre identidad de género, autonomía corporal, sexualidad, atención de salud, estructuras familiares, educación, deporte y participación ciudadana han pasado de los márgenes del discurso político a ocupar un lugar central. Sin embargo, en lugar de ampliar los derechos y las protecciones, muchos Gobiernos, instituciones y actores influyentes lo utilizan cada vez más para polarizar políticamente, estigmatizar, controlar y criminalizar.

Hoy en día, las personas de género diverso, mujeres, comunidades LGBTQ+ y otros grupos sexualmente marginados enfrentan crecientes intentos de criminalizar, censurar o restringir aspectos fundamentales de sus vidas. El acceso a la atención de salud para personas transgénero está bajo ataque en todo el mundo. La violencia de género continúa a un ritmo alarmante. Las comunidades LGBTQ+ sufren una nueva ola de discriminación y acoso. Derechos que se ganaron con tanto esfuerzo y que antes parecían asegurados ahora se cuestionan, recortan o presentan como amenazas para la propia sociedad.

Las consecuencias son visibles en casi todos los espacios que habitamos.

Muchas personas LGBTQ+ afirman que sienten menos seguridad en lugares públicos. Los entornos profesionales siguen caracterizándose por desigualdades que afectan desproporcionadamente a las mujeres. Las instituciones alrededor del mundo siguen sin tener protecciones significativas para las personas de género diverso. Mientras tanto, las plataformas digitales que prometían conexión y empoderamiento se han convertido en espacios contradictorios: son lugares donde las comunidades pueden organizarse y encontrar solidaridad, pero donde también el acoso, la desinformación, la vigilancia y la censura algorítmica suelen proliferar.

La creciente reacción contra la diversidad de género no es un fenómeno aislado. Está estrechamente vinculada al auge de los movimientos autoritarios y ultraconservadores. Los discursos que antes se limitaban a contextos políticos o religiosos específicos ahora traspasan rápidamente las fronteras, y pasan a formar parte de un guion global que se utiliza para oponerse a movimientos feministas, derechos LGBTQ+, educación sexual integral, justicia reproductiva e iniciativas para combatir la violencia de género.

Uno de los ejemplos más claros es la difusión del término «ideología de género». El término fue popularizado originalmente por actores religiosos conservadores, incluido el Vaticano, a finales de la década de 1990, y se ha convertido en un poderoso instrumento político utilizado para presentar la igualdad de género, los derechos sexuales y la autonomía corporal como amenazas para la tradición, los valores familiares y la identidad nacional. Desde su incorporación al discurso político dominante, se ha utilizado para socavar los derechos relacionados con la privacidad, salud, libertad de expresión, educación y autodeterminación de mujeres, niñas y personas LGBTQ+.

El término cobra cada vez más influencia en la política contemporánea. Al asumir el cargo en enero de 2025, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, promulgó el decreto ejecutivo titulado «Defensa de las mujeres frente al extremismo de la ideología de género y restablecimiento de la verdad biológica en el Gobierno federal», que refleja cómo estas narrativas se han arraigado en la política estatal y en el debate público.

Al mismo tiempo, las desigualdades estructurales de género siguen muy arraigadas. A pesar de décadas de avances, las mujeres siguen enfrentando significativas desventajas económicas. Los estudios demuestran sistemáticamente que la maternidad conlleva importantes penalizaciones económicas, con una caída drástica de los ingresos tras el nacimiento del primer hijo. En muchos países, las mujeres siguen concentradas en sectores con salarios más bajos, hacen una parte desproporcionada del trabajo de cuidados no remunerado y siguen encontrando obstáculos para su promoción profesional, aun cuando suelen alcanzar niveles de educación más altos que los hombres.

Estas desigualdades se reflejan en la representación de los medios. Las mujeres constituyen más de la mitad de la población mundial, pero sus voces siguen estando infrarrepresentadas en la cobertura informativa y el discurso público. El resultado es un debate público sobre género en el que las personas más afectadas por la discriminación y la exclusión suelen ser las menos escuchadas.

Y, sin embargo, esta no es solo una historia de rechazo.

En todo el mundo, las comunidades siguen organizándose, creando y cuidándose entre sí. Las personas trans y no binarias construyen redes de apoyo más allá de las fronteras y el exilio. Las activistas intersexuales enfrentan la invisibilidad y defienden la autonomía corporal. Las comunidades indígenas y locales recuperan historias de diversidad de género precolonial que los sistemas coloniales intentaron borrar. Artistas, escritoras, tecnólogas, educadoras y organizadoras crean espacios donde las personas de género diverso pueden existir con seguridad, contar sus propias historias e imaginar futuros diferentes.

Construir comunidades seguirá siendo una de las respuestas más poderosas a la represión. En los espacios digitales, las redes sociales difunden conocimiento, recursos y solidaridad. En los barrios y los espacios culturales, la gente sigue creando formas de apoyo que, con frecuencia, las instituciones no han sabido dar. A través del arte, el lenguaje, la ayuda mutua, la narración de historias y la acción colectiva, las comunidades se oponen a los discursos que pretenden borrar su existencia.

El tema de este mes nos invita a explorar estas realidades en toda su complejidad: los retos que enfrentan las comunidades de género diverso, las fuerzas políticas que condicionan sus vidas y las formas creativas de resistencia que surgen como respuesta.

Ahora más que nunca, las voces de las mujeres, las personas de género diverso, las comunidades LGBTQ+ y otros grupos de disidencia sexual son fundamentales para comprender nuestro mundo. Sus experiencias revelan las consecuencias de la exclusión y la discriminación, y también las posibilidades de solidaridad, resiliencia y transformación.

En un momento en el que el género se utiliza cada vez más como arma política, escuchar esas voces no es simplemente un acto de inclusión. Es un acto de necesidad democrática.

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