Los palestinos están quedando excluidos de la economía digital

Screenshot from video ‘Gaza’s electricity crisis deepens as Israeli strikes threaten vital solar panels,’ uploaded to YouTube by Al Jazeera English, fair use

Captura de pantalla del video «La crisis eléctrica en Gaza se agrava mientras los ataques israelíes amenazan los paneles solares esenciales», publicado en YouTube por Al Jazeera English, uso legítimo.

Por Jalal Abukhater

Para muchos alrededor del mundo, la economía digital no es un concepto abstracto sino una realidad que marca su vida cotidiana y su trabajo. Al oír hablar de la economía digital, la mayoría piensa en espíritu emprendedor, innovación y avance tecnológico. Pero para los palestinos, la cuestión no es si la economía digital existe, sino si se les permite acceder a esa economía y participar en la economía mundial en condiciones de igualdad.

Recientemente, 7amleh publicó un nuevo informe, “El acceso de los palestinos a las plataformas de la economía digital: barreras, brechas y políticas adoptadas para superarlas”. El informe documenta cómo los palestinos de toda la Palestina histórica enfrentan barreras sistemáticas al acceder a sistemas de pago digital, plataformas de comercio electrónico y oportunidades de teletrabajo. El estudio evaluó unos 30 servicios digitales importantes, intenta crear cuentas, verificarlas y utilizarlas en condiciones reales, y al mismo tiempo se basó en entrevistas semiestructuradas y testimonios de usuarios palestinos que utilizan estos sistemas a diario.

Una exclusión estructural

Los resultados del informe revelan, una vez más, que la exclusión de los palestinos de la economía digital no es fortuita ni de carácter técnico, sino más bien estructural. Las conclusiones del informe revelan, una vez más, que la exclusión de los palestinos de la economía digital no es fortuita ni de carácter técnico, sino más bien estructural. Esto es importante porque la economía digital se ha convertido en uno de los pocos espacios que quedan en el que los palestinos pueden intentar superar las restricciones de movimiento, empleo y acceso impuestas por décadas de ocupación y apartheid. Para muchos jóvenes palestinos, el trabajo digital ofrecía algo poco común: la posibilidad de conectarse con el mundo exterior sin tener que pasar por un puesto de control.

Pero incluso en línea, los palestinos encuentran obstáculos. El informe examina tres pilares centrales de la economía digital: las plataformas de pago digital, los servicios de comercio electrónico y las plataformas de teletrabajo. En los tres ámbitos, los palestinos enfrentan múltiples barreras determinadas por las políticas de las plataformas, las restricciones en las telecomunicaciones, la exclusión financiera y una realidad política más amplia que limita gravemente su participación en la economía mundial.

Los pagos digitales son el más claro ejemplo. Los palestinos de la Cisjordania ocupada y de Gaza siguen sin poder acceder a PayPal, a pesar de años de campaña a favor de su inclusión y de que la plataforma funcione sin restricciones para los ciudadanos israelíes, incluso para los colonos que viven ilegalmente en los asentamientos de Cisjordania. Como consecuencia de esta exclusión, los trabajadores autónomos y las empresas palestinas se ven forzados a recurrir a costosos intermediarios, redes informales de transferencia de dinero y precarias alternativas que absorben una porción considerable de sus ingresos.

Para una generación cada vez más dependiente del trabajo en línea, la incapacidad de acceder a herramientas financieras básicas resulta devastadora. Un diseñador en Gaza puede conseguir contratos de trabajo autónomo a través de plataformas internacionales, pero sigue teniendo dificultades para recibir los pagos de forma segura y constante. En teoría, el acceso existe, pero en la práctica siguen sin poder participar de manera efectiva.

Infraestructura desigual

La infraestructura profundiza estas desigualdades. Sin control sobre su propio sector de las telecomunicaciones, los palestinos continúan sometidos a severas restricciones para acceder al espectro radioeléctrico, desplegar redes y desarrollo digital. Mientras Israel dispone de redes 4G y 5G avanzadas, los palestinos de Cisjordania apenas han logrado un acceso limitado a la tecnología 3G y Gaza sigue dependiendo, desde hace años, de una infraestructura 2G obsoleta. Las consecuencias son inmediatas: una conexión a internet inestable dificulta el teletrabajo y la relación con los clientes, y afecta directamente las comunicaciones, la educación y el comercio electrónico.

En Gaza, estas restricciones estructurales han escalado a la destrucción total. Un informe anterior de 7amleh “El impacto del bloqueo en Gaza y la destrucción de la infraestructura de telecomunicaciones en la economía digital en medio del genocidio”, documentó cómo los ataques deliberados contra la infraestructura de telecomunicaciones y eléctrica desde octubre de 2023 llevaron a la economía digital de Gaza al colapso.

La última evaluación provisional rápida de daños y necesidades en Gaza y Cisjordania, publicada por la Unión Europea y Naciones Unidas en abril de 2026, reveló que el 81% de la red de telecomunicaciones de Gaza quedó destruida por completo, el 12% tuvo daños parciales y solo el 7% había sufrido daños mínimos. El tráfico de internet en Gaza se redujo en más de un 80% solo durante octubre de 2023 y no se ha recuperado desde entonces.

Un salvavidas digital

Sin embargo, en medio del genocidio, la hambruna, los desplazamientos y los cortes de electricidad, los palestinos siguieron intentando trabajar. La investigación llevada a cabo durante el periodo de hambruna en julio de 2024, en la que se encuestó a más de 180 trabajadores digitales en la ciudad de Gaza y en toda la Franja de Gaza, recogió testimonios que siguen siendo difíciles de olvidar. La gente describió cómo daba prioridad al acceso a un computador portátil, a una fuente de electricidad o a una señal de internet por encima de casi cualquier otra cosa, ya que el trabajo digital representaba su último vínculo con la sobrevivencia, la dignidad y la esperanza.

Los trabajadores independientes se reunían en espacios de trabajo compartido improvisados alimentados con energía solar para cargar sus dispositivos y acceder a débiles señales de internet unas pocas horas al día. Otros caminaban largas distancias en busca de conexión para entregar proyectos o responder a los clientes antes de volver a perder la señal.

Hay que dejar algo en claro: no se debe idealizar esta resiliencia. Es un reflejo de la falta de alternativas. Antes de octubre de 2023, el trabajo remoto ya se había convertido en un importante salvavidas para la economía de Gaza. Miles de palestinos trabajaban a través de plataformas como Upwork y Fiverr en programación, diseño, traducción y marketing digital. El sector palestino de tecnologías de la información y la comunicación empleaba a casi 9000 personas en unas 700 empresas y contribuía aproximadamente con el 4% del PIB palestino. Para muchos jóvenes palestinos que enfrentaban restricciones de movimiento y desempleo, el trabajo digital se convirtió en una de las únicas vías económicas viables disponibles.

Pero se espera que los palestinos compitan en la economía digital global mientras se les niega igualdad de infraestructura, acceso equitativo a los pagos, libertad de movimiento e incluso un suministro eléctrico estable.

El precio de la ocupación

El debate sobre los derechos digitales de los palestinos a menudo se centra en la censura y la libertad de expresión en internet. Estas cuestiones siguen siendo fundamentales. Pero los derechos digitales son también derechos económicos. Determinan quién puede trabajar, comerciar, crear empresas, recibir pagos y ganarse la vida. A medida que el mundo se traslada cada vez más al ámbito digital, la exclusión de las plataformas digitales supone, cada vez más, la exclusión de la propia vida económica.

Las empresas tecnológicas no pueden seguir tratando la exclusión palestina como una cuestión secundaria o un efecto secundario desafortunado de «realidades complejas». Las reglas de las plataformas se vuelven políticas cuando niegan sistemáticamente el acceso a una población mientras permiten el acceso a otra que vive bajo el mismo control geográfico. La infraestructura digital es política cuando a una población ocupada se le niega la soberanía sobre las redes de las que depende para sobrevivir. Para los palestinos, el acceso digital se reduce, en última instancia, al derecho a participar en la vida económica y pública moderna en igualdad de condiciones.

Jalal Abukhater es responsable de políticas en 7amleh, el Centro Árabe para el Avance de las Redes Sociales. Su trabajo se centra en los derechos digitales de la población palestina, la tecnología y los derechos humanos, la fiscalización de las empresas, la vigilancia, la inteligencia artificial y las intersecciones entre las infraestructuras digitales y los sistemas de dominación y violencia.

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