Haití: En Puerto Príncipe y otras grandes ciudades, ya no basta huir

Imagen de Unsplash, usada con autorización.

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Por Jude Pierre Louis

Haití está bajo control de coaliciones de pandillas armadas, como Viv Ansanm, dirigida por Jimmy Chérizier (alias Barbecue) que controlan una parte significativa de Puerto Príncipe, las ejes de rutas nacionales, y ejercen violencia sistemática sobre la población civil: incendios, violaciones, secuestros, extorsiones. El Estado se ve largamente superado, hay más de 1,5 millones de desplazados internos, y las sucesivas misiones internacionales no han tenido resultados tangibles en el terreno.

La noche del 17 de agosto de 2023, Marie Rose regresaba a su casa en Carrefour-Feuilles, poblado distrito del sur de Puerto Príncipe. Iba con dos de sus hijos. Eran cerca de las 19:00 horas y no había electricidad. En esa oscuridad, dos hombres armados la interceptaron, la obligaron a entrar en un pasillo y la violaron ante la mirada de sus hijos, que se quedaron afuera. Al día siguiente, las pandillas invadieron Carrefour-Feuilles.

Marie Rose es madre soltera, tiene 46 años y tres hijos, dos hijas de 13 y 15 años, y un hijo de 17 años. Su marido murió en un accidente de carretera en 2021. Desde entonces, cubre sola las necesidades de su familia con alimentos cocinados que vende en las calles de su distrito.

«Me mostraron sus armas»

Marie Rose (seudónimo) cuenta esa noche con sus palabras, en criollo haitiano:

Li te vè 7 è nan aswè li te fe nwa paske pat gen kouran elektrik, mwen tap mache ak de pitit mwen yo, gen de gason ki rele m, avèk yon vwa awogan. Mwen pa deside vin kote yo paske yo parèt sispèk, epi yo deplase vin anfas mwen, yo leve mayo yo epi yo montre m zam yo. Yo egzije m rantre nan yon koridò (koulwa) epi yo mande m pou mwen kouche atè a. Mwen refize, yo frape m nan vizaj ak kalòt. Se lè sa a mwen obeyi epi yo vyole m.

Eran cerca de las 19:00 horas, estaba oscuro porque no había electricidad. Caminaba con dos de mis hijos. Dos hombres me llamaron con voz arrogante. Decidí no acercarme porque me parecieron sospechosos. Se pusieron delante de mí, se levantaron la camiseta y me mostraron sus armas. Exigieron que entrara en un pasillo y me pidieron que me me acostara en el suelo. Me negué, y me abofetearon. Ahí obedecí, y me violaron.

Los niños esperaban afuera del pasillo. Cuando Marie Rose salió, los niños estaba llorando. Ella decidió no decirles nada. El silencio bastaba.

En los días que siguieran, recibió ayuda médica y un control. Pero las imágenes no la abandonan.

Mwen te vle touye tèt mwen, paske chak fwa mwen rete, imaj sa yo monte nan lespri m. Mwen te vle fini ak mwen. Mwen pa fè sa se pou avni pitit mwen yo, mwen pa vle kite yo nan men lòt moun, paske yo pa gen papa.

Quería matarme, porque a cada rato esas imágenes regresaban a mi espíritu. Quería terminar con mi vida. Si no lo hice fue por el futuro de mis hijos. No quiero dejarlos en manos de otras personas, porque no tienen padre.

Invasión del 17 de agosto

El ataque contra Carrefour-Feuilles fue organizado. Estuvo dirigido por Renel Destina, alias Tilapli ou Caporal Lapli, jefe de una banda integrante de la coalición criminal G9, dirigida por Jimmy Chérizier, alias Barbecue, expolicía convertido en una de las figuras más temibles del crimen organizado haitiano. Como documenta RFI al día siguiente de los acontecimientos, miles de habitantes huyeron del distrito en llamas.

Las pandillas incendiaron casas, saquearon tiendas y destruyeron vehículos. Escuelas, hospitales. edificios residenciales fueron arrasados sistemáticamente. Los muertos y heridos se contaban por decenas solo en el distrito de Carrefour-Feuilles, según informes trimestrales du BINUH (Oficina Integrada de las Naciones Unidas en Haití) y de la Organización Internacional para las Migraciones (OIM).

La violencia sexual no es un incidente aislado en ese contexto. Es una herramienta sistemática de las pandillas: violaciones colectivas de mujeres, a veces de hombres. Ninguna categoría se salva. Estas prácticas lo documentan y cotejan de manera independiente organizaciones como la Red Nacional de Defensa de Derechos Humanos (RNDDH).

Cuatro kilómetros a pie, una vida en escombros

Marie Rose se vio obligada a huir con sus vecinos, caminó cerca de cuatro kilómetros para llegar al centro administrativo de Puerto Príncipe, cerca del Palacio Presidencial. Ella y sus hijos encontraron refugio al interior del Teatro Rex, antiguo edificio de cine abandonado en el Campo de Marte.

Lè nou te rive andan li te sal anpil chaje fatra, zèb pouse tout kote, men nou mete ansanm nou fè netwayaj, se la nou bati abri pou nou rete.

Cuando llegamos al interior, estaba muy sucio y lleno de basura, con mala hierba que crecía por todos lados. Pero nos pusieron juntos, limpiamos, y fue ahí que construimos un refugio para quedarnos.

Los refugios eran estructuras improvisadas: cuchitriles viejos, toldos de plástico. Cuando el sol se ponía, el aire se volvía irrespirable. Cuando llovía, el agua y el lodo invadía los espacios de vida. Los olores eran persistentes. El calor es constante.

No existe seguridad dentro del campo. El territorio controlado por las pandillas está a pocos metros de ahí.

Mwen pa soti san bezwen, si mwen soti se pou mwen regle yon bagay ak pou pitit mwen yo, paske anpil fwa gen afwontman fòs polis yo ak gang yo, sa rive konn gen katouch ki frape mi deyò kan.

Yo no salgo sin necesidad. Si salgo, es para resolver asuntos y por mis hijos, porque suele haber enfrentamientos entre la Policía y las pandillas. Ya ha pasado que balas perdidas han alcanzado los muros exteriores del campo.

Sobrevivir al interior del campo

Las organizaciones internacionales aportan a veces ayuda directa, pero es ocasional. Lo que está documentado con más frecuencia es otra forma de abuso: los comités de gestión interna del campo suelen  extorsionar a mujeres y niñas, les exigen favores sexuales a cambio de comida y material de higiene. Esas prácticas las han documentado muy bien RNDDH y otras organizaciones de defensa de derechos humanos.

Pese a todo, Marie Rose logró iniciar una pequeña actividad comercial: pan, biscochos, galletas, jugos, cigarrillos. Pudo recuperarse gracias a la solidaridad de sus vecinos y la confianza de sus exproveedores al por mayor.

Mwen rekòmanse ak ti biznis mwen an ak sipò zanmi ke mwen gen lontan mwen byen ak yo, se yo ki ede m, epi kote mwen te konn achte an gwo avan sitiyasyon an te vin dejenere yo vann mwen ak kredi, se konsa mwen reprann ti komès la.

Recomencé mi pequeño comercio con ayuda de viejos amigos. Además, el lugar donde compraba al por mayor antes de que la situación degenerara, me vende a crédito: es así que retomé el pequeño comercio.

Un país bajo influencia

Las adversidades de Marie Rose no son excepción. Es la vida diaria de más de 1.5 millones de personas desplazadas internas (PDI) en Haití, según cifras de Naciones Unidas publicadas en junio de 2026. Esas familias sobreviven en instalaciones temporales sobrepobladas, escuelas públicas, edificios administrativos abandonados, terrenos vacíos, expuestos al calor, inundaciones, enfermedades y violencia.

La coalición G9, fundada a partir de 2020 para reagrupar a pandillas antes enfrentadas, se transformó en febrero de 2024 y tomó el nombre de Viv Ansanm (Vivir juntos). Esta alianza, impulsada por Jimmy Chérizier (alias Barbecue), controla ahora una parte significativa de la región metropolitana de Puerto Príncipe, y ejes de rutas nacionales estratégicas que llevan al Gran Sut y el Gran Norte.

En el departamento de Artibonite, las pandillas continúan acosando a los campesinos, incendiando las casas y destruyendo cultivos agrícolas. En Puerto Príncipe, siguen las violaciones colectivos, las extorsiones y los incendios criminales. Las pandillas rivales se enfrentan frecuentemente por controlar los territorios, lo que hace que los habitantes sean rehenes de esas guerras.

Ante esta situación, el Estado queda en gran parte debilitado. La Policía Nacional de Haití (PNH) y las Fuerzas Armadas de Haití (FAD'H) intenta continuamente reconquistar las zonas del centro de la ciudad de Puerto Príncipe, con resultados limitados. Grupos de autodefensa comunitarios —las brigadas de vigilancia— organizan una resistencia en el terreno, y a veces colaboran con las fuerzas del orden, pero sin medios suficientes para invertir el equilibrio de poder.

En el plan internacional, una nueva misión llamada Fuerza de Represión de Pandillas (GSF) está en proceso de desplazamiento para reemplazar a la Misión de Apoyo Multinacional a la Seguridad (MSS), antes dirigida por Kenia. Los haitianos están muy escépticos: la misión anterior no tuvo resultados tangibles en el terreno.

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