
Ilustración de Noor (Uso autorizado).
Michelle Bolsonaro, esposa del ex presidente de Brasil Jair Bolsonaro, se perfila como una posible nueva líder del sector de derecha antes de las elecciones presidenciales de octubre de 2026. Mientras ese sector político reconfigura su liderazgo tras el encarcelamiento del exmandatario por intentar dar un golpe de Estado en 2023, el ascenso de Michelle a la primera línea política pone en cuestión algunos de los valores patriarcales más arraigados de la sociedad brasileña y aprovecha el creciente peso de un sector cada vez más influyente en la política del país: las mujeres evangélicas y conservadoras.
Michelle (44) conoció a Jair Bolsonaro (71) en 2007 cuando él era diputado federal en Brasilia y ella trabajaba como su secretaria. Se casaron en 2013. Michelle ya tenía una hija de una relación anterior y en 2010 nació Laura, la única hija que tiene con Bolsonaro. Durante esos años mantuvo un perfil bajo y rara vez apareció en público. Incluso desoyó las recomendaciones de los asesores políticos y no participó en la primera campaña presidencial de su marido, en 2018.
Todo cambió cuando Bolsonaro llegó a la presidencia. El día de la toma de mando rompió el protocolo y pronunció un discurso en lengua de señas a su lado. Durante el mandato presidencial, acompañó a los ministros en varios viajes oficiales y comenzó a aparecer con mayor frecuencia ante las cámaras para promover iniciativas solidarias desde el programa gubernamental Pátria Voluntária. Cuando el presidente nombró a un nuevo ministro para el Supremo Tribunal Federal (STF), las cámaras la captaron mientras rezaba y celebraba junto al elegido, André Mendonça, que además es pastor evangélico. Después, en el funeral de la reina Isabel II, sus vestidos inspirados en el estilo de Jackie Kennedy acapararon la atención de la prensa mientras ella promocionaba a los diseñadores en redes sociales.
Michelle ganó especial popularidad entre las mujeres conservadoras y, en muchos aspectos, eclipsó a los hijos de los matrimonios anteriores de Bolsonaro. Flávio, Eduardo, Carlos y Jair Renan —todos dedicados a la política— vieron amenazada la posibilidad de prolongar la dinastía familiar a medida que Michelle cobraba protagonismo. Hoy supera los ocho millones de seguidores en Instagram. Solo Flávio, el hijo mayor, senador y posible candidato presidencial, la aventaja con once millones.

Michelle Bolsonaro posa junto a simpatizantes de Bolsonaro en 2023. Foto: Fabio Rodrigues-Pozzebom/ Agência Brasil/Uso legítimo.
Para las elecciones presidenciales de 2022, Michelle ya gozaba de la popularidad suficiente para atraer votantes mujeres a la campaña de su esposo, pese al carácter insensible y desastroso de las políticas que impulsó durante la pandemia de COVID-19. Brasil registró 711,380 muertes, la segunda cifra más alta del mundo. El voto femenino había sido el principal punto débil de Bolsonaro.
«Las mujeres que estuvieron en la primera línea de la pandemia, sosteniendo a sus familias en lo económico, lo físico y lo material, se indignaron por la forma tan inhumana en que Bolsonaro trató a las víctimas», explicó Lívia Reis, investigadora y directora del informe anual del Instituto de Estudios de la Religión (ISER), que analiza la relación entre las mujeres evangélicas, la política y su vida cotidiana. «La figura de Michelle aparece para humanizar la imagen de Bolsonaro».
Durante la pandemia, Bolsonaro se burló repetidamente de las víctimas de COVID-19, cuestionó la vacunación y demoró la compra y distribución de vacunas. Según diversos especialistas, esas decisiones pudieron haber costado 95,000 vidas. Nueve días antes de la segunda vuelta de las elecciones de 2022, Michelle habló durante un culto evangélico en la iglesia Assembleia de Deus Vitória em Cristo en Río de Janeiro y apeló a su propia fe para justificar las acciones de su marido. Esa iglesia fue fundada por Silas Malafaia, líder evangélico que respaldó el ascenso político de Bolsonaro, ofició el matrimonio de la pareja y es considerado una figura clave para la consolidación del bolsonarismo.
«No miren a mi esposo; mírenme a mí. Soy una sierva del Señor que se arrodilla para orar y comprende el mundo espiritual», afirmó Michelle. «[Bolsonaro] tiene defectos, como ustedes y yo. Solo Jesús fue perfecto, y ni siquiera Él agradó a todo el mundo».
Jair Bolsonaro no es evangélico, aunque recurrió a esa fe en distintas oportunidades para atraer a ese electorado. En 2016, cuando todavía era diputado, un pastor lo bautizó en el río Jordán, en Israel. Ese mismo pastor terminaría detenido años después por cargos de corrupción. Según una encuesta de Genial/Quaest de 2022, la mitad de las personas evangélicas creía que Bolsonaro pertenecía a esa confesión religiosa, mientras que solo el 16% sabía que en realidad es católico.
«Michelle irrumpe en la escena política para legitimar la imagen de Bolsonaro como un hombre elegido por Dios para cumplir la misión de luchar por un Brasil mejor», señaló Reis. «Y las mujeres evangélicas la admiran profundamente».
Un electorado en disputa
La creciente visibilidad política de Michelle dejó al descubierto las contradicciones que rodean el liderazgo femenino en los espacios conservadores y también los conflictos internos sobre la desigualdad de género dentro de las iglesias evangélicas. Los evangélicos constituyen el grupo religioso que más crece en Brasil. Aunque poco más de la mitad de la población todavía se identifica como católica, según el censo de 2022, la proporción de evangélicos pasó del 21% al 26% desde 2010. Además, las mujeres representan la mayoría de esa comunidad —alrededor del 55%, según ese mismo censo—, sector del electorado que los políticos ya no pueden darse el lujo de ignorar.

Mujeres participan en la décima octava edición de la «Marcha para Jesús» en Río de Janeiro, 2025. Foto: Fernando Frazão/Agência Brasil/Uso legítimo.
A comienzos de 2019, pocos días después de la toma de mando de Jair Bolsonaro, Gabriela Leite, integrante del Movimiento Negro Evangélico, advirtió que la ideología de la extrema derecha había calado en su madre, que había votado por Bolsonaro. «Empezó a hablar del supuesto adoctrinamiento ideológico en las escuelas públicas», contó Leite a Global Voices, en referencia a Escola Sem Partido, teoría conspirativa impulsada por la derecha que sostiene que el profesorado adoctrina al alumnado con ideas de izquierda. El tema llegó a ocupar un lugar tan central en el discurso de los sectores conservadores que varias ciudades y estados lo incorporaron a su legislación. «Lo que decía no tenía ningún sentido. Ella había criado a una hija que estudió en la escuela pública», comentó Gabriela, convencida de que su madre debería haber sabido distinguir ese discurso de la realidad.
Gabriela Leite, activista del Movimiento Negro Evangélico, y su madre, la docente jubilada Márcia Leite, son dos mujeres negras, evangélicas y de clase trabajadora.

Gabriela y Márcia Leite sostienen una bandera del Movimiento Negro Evangélico durante la Marcha de las Mujeres Negras de 2025, en Brasilia. Foto de Eduardo Cavalcanti, usada con autorización.
Políticas conservadoras como la senadora Damares Alves, exministra de Derechos Humanos de Bolsonaro y también pastora evangélica; la diputada estadual Ana Campagnolo; y la diputada federal Chris Tonietto se han convertido en referentes del empoderamiento femenino dentro de los sectores conservadores. Desde 2023, Michelle preside el sector femenino del Partido Liberal, la fuerza política de su marido, y trabaja para incorporar más mujeres a sus estructuras partidarias.
Al mismo tiempo, asumió públicamente el papel de cuidadora y madre, sobre todo después del encarcelamiento de Bolsonaro. A esas funciones les sumó un rol de liderazgo político que presenta como una muestra de sacrificio y fortaleza. Esa combinación de responsabilidades resulta especialmente convincente para muchas mujeres evangélicas. «Michelle les demuestra a las mujeres evangélicas que es posible ser ama de casa y, al mismo tiempo, ejercer el poder y liderar», afirmó Márcia. «Eso es precisamente lo que busca la mujer moderna. Queremos ocupar un lugar en la sociedad. Michelle nos muestra que se puede».
Según la investigadora Jamille Bezerra, que prepara una tesis sobre las mujeres religiosas dedicadas a la política y cómo negocian las cuestiones de género en su actividad cotidiana, estas dirigentes conectan con las mujeres cristianas de un modo que el movimiento feminista nunca logró. Visibilizan los problemas de género, pero los abordan desde una concepción conservadora de la familia.
Las investigadoras y las mujeres evangélicas entrevistadas para este artículo coinciden en que ellas siempre sostuvieron el funcionamiento cotidiano de las iglesias. «Son las mujeres quienes abren las puertas de la iglesia cada mañana y quienes apagan las luces cuando termina el culto», explicó Gabriela. «Los hombres son los pastores, y ahí termina su participación».
Michelle las representa. Reconoce que existe desigualdad de género, especialmente en el matrimonio y dentro de las iglesias, aunque plantea enfrentarla, sin apartarse de los límites que fijan el conservadurismo y la Biblia.

Marcha de las Mujeres en São Paulo, Brasil, en 2023. El cartel dice: «El lugar de la mujer está en la política». Fotografía: Rovena Rosa/Agência Brasil. Rovena Rosa/Agência Brasil. Uso legítimo.
Según una encuesta de Datafolha de 2025, el 42,7% de las mujeres evangélicas sufrió violencia doméstica. Muchas dicen que, cuando contaron lo que vivían, sus pastores reaccionaron con poca empatía: les dijeron que el problema era que no rezaban lo suficiente y no las incentivaron a buscar ayuda. La senadora Alves, en cambio, recorrió iglesias de Brasilia en 2024 para exhortar a las mujeres a denunciar ante la Policía cualquier situación de violencia por parte de sus parejas. Michelle también pidió públicamente que recurrieran a las autoridades en esos casos.
«La senadora Alves y Michelle transmiten la idea de que pueden existir distintos modelos de familia, siempre dentro de los límites de la heteronormatividad», explicó Jamille Bezerra. «Ciertamente, ninguna de las dos encaja del todo en el modelo heteronormativo tradicional: Alves no está casada y tiene una hija adoptada, mientras que Bolsonaro es el segundo esposo de Michelle.
Estas transgresiones a la feminidad evangélica tradicional contribuyen a humanizar su imagen, aunque ambas continúan defendiendo la estructura patriarcal de la familia tradicional. Es más, Michelle y otras dirigentes conservadoras justifican su participación en la política fuera del hogar con el argumento de proteger «a la familia brasileña tradicional». «Dicen que lo hacen por sus hijos, por el futuro y por la nación. No es un discurso nuevo», señaló Bezerra. «Es una idea típica del conservadurismo: situar la protección de la nación en el centro del debate a través de la defensa de la familia».
El dilema de las líderes conservadoras
Aunque los hombres que controlan los partidos conservadores han aceptado a regañadientes que su poder puede depender de incorporar más mujeres a sus filas, ese cambio también ha dejado al descubierto las fisuras del movimiento de extrema derecha.
Michelle y sus hijastros han protagonizado varios enfrentamientos públicos por el papel que ella desempeña dentro del partido. «Muchos analistas políticos me dicen que el voto femenino es importante, y no lo discuto», dijo Eduardo Bolsonaro, que perdió su escaño como diputado después de mudarse a Estados Unidos, al referirse al creciente protagonismo de Michelle dentro del Partido Liberal durante una entrevista con la Revista Piauí en septiembre de 2025. «Michelle solo habla de temas positivos: la Iglesia, el voto de las mujeres. Pero yo me pregunto: ¿el partido no entiende que lo que hago es mucho más importante?», añadió, en alusión a las gestiones que hizo ante la Casa Blanca de Trump para influir en la postura del Gobierno estadounidense frente a la administración de Lula da Silva.

El expresidente Jair Bolsonaro y la entonces primera dama Michelle Bolsonaro durante el lanzamiento de un programa gubernamental en Brasilia, en plena pandemia de COVID-19. Foto: Marcelo Camargo/Agência Brasil.
Michelle ya figura en varias encuestas de intención de voto para las elecciones presidenciales de octubre, y en muchas como la integrante del clan Bolsonaro con más posibilidades de competir contra Lula da Silva, que busca la reelección. En septiembre de 2025, cuando todavía no estaba claro quién sucedería políticamente a Bolsonaro —inhabilitado para ejercer cargos públicos—, Michelle se presentó como una posible candidata. «Me levantaré como una leona para defender nuestros valores conservadores, la verdad y la justicia», declaró al diario The Telegraph en la primera entrevista que concedió tras la condena de su esposo. Con esas palabras retomó una expresión utilizada por familiares y allegados de Charlie Kirk, entre ellos su viuda, Erika Kirk. «Y si, para cumplir la voluntad de Dios, debo asumir una candidatura, estaré preparada para hacer todo lo que Él me pida».
Sin embargo, al final prevaleció el orden familiar tradicional que Michelle defiende sin ambigüedades. En diciembre, Flávio Bolsonaro, el hijo mayor del expresidente y actual senador, oficializó su candidatura, con el respaldo de una carta manuscrita que su padre envió desde la cárcel. Mientras intenta sostener esa candidatura en medio de las revelaciones publicadas por The Intercept Brasil según las cuales solicitó dinero a un banquero encarcelado para financiar la película biográfica de Bolsonaro, cuesta imaginar que un espacio político que sostiene la subordinación de las mujeres permita el ascenso de una «leona» como Michelle.
«Los hijos de Bolsonaro quieren utilizar a Michelle igual que lo hacía Bolsonaro: como compañera y como apoyo. No están preparados para verla como líder», afirmó Márcia Leite, que añadió que no votará por Flávio Bolsonaro en las elecciones de octubre.







