La serpiente en el código: ¿Qué significan las acusaciones sobre uso de IA en el Premio Commonwealth de Cuento Corto para regiones como el Caribe?

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¿Por dónde empezar? Esas podrían haber sido las palabras que pasaron por la cabeza del trinitense Jamir Nazir cuando decidió escribir “The Serpent in the Grove” (La serpiente en la arboleda), su propuesta para el prestigioso premio Commonwealth de Cuento Corto. La obra fue elegida ganadora regional para el Caribe, y como resultado, pasó a ser candidata al premio total. Solo que existe un gran debate sobre si realmente la escribió Nazir.

El lunes 11 de mayo recibí la alerta de que Nazir encabezaba la lista de participante caribeños, junto con una nota de que la noticia estaba restringida hasta el siguiente miércoles. Exactamente una semana después, un colega radicado en Norteamérica me envió un correo electrónico para decirme que vio circular en Bluesky acusaciones de que el relato era obra de inteligencia artificial (IA):

In a Turing Test of sorts, it looks like a 100% AI generated story just won the Commonwealth Prize for the Caribbean region "for its lyrical precision and haunting atmosphere, the story stood out for the confidence and restraint of its voice." Published in Granta: granta.com/the-serpent-…

Ethan Mollick (@emollick.bsky.social) 2026-05-18T17:50:41.422Z

 

Dicen que la arboleda aún murmura al mediodía. No es el zumbido ordenado de las abejas ni el sonido seco del machete al cortar la enredadera, sino un ruido visceral, como si la tierra se tragara un grito y lo retuviera. Los que pasan se mantienen en el camino y no miran hacia el matorral donde yacen los anillos de piedra. Si le preguntas al más viejo del pueblo, oirás algo así como: «Una vez hubo allí un pozo, y una mujer. La arboleda no ha olvidado».

El sol sobre el zinc es un instrumento cruel. Golpea hasta que el techo responde con un gemido seco. El día en que la arboleda comenzó a recordar, el techo de la choza de Vishnu Mohammed gimió como tela de tambor demasiado tenso por el calor. Adentro, el aire se pegaba espeso como la piel de las gachas: tierra húmeda, humo de leña y el olor agrio del cacao en fermentación. Una lámpara ennegrecida por el hollín colgaba de un clavo. Sin ventilador, sin bombilla, sin zumbido, solo la tenue luz que se colaba entre tablas combadas y el aliento de las colinas que guardaban su calor como un secreto.

No era mucha tierra —algo más de un acre, arrancado del bosque estatal a base de machete y esfuerzo tenaz—. El café y el cacao crecían salvajes en una ladera que, o bien exigía lluvia a raudales o bien prefería no tenerla. Conocía cada raíz que hacía tropezar a los pies, el serpenteo de la escorrentía, el desmoronamiento quebradizo tras la sequía. Trabajaba solo y la mayoría de los días la tierra le devolvía el trabajo, una disputa silenciosa más antigua que su padre y el padre de su padre. Podía decir el precio del arroz en la tienda, el precio que los compradores darían por el cacao húmedo, y cómo la distancia entre ambos dejaba a un hombre en la estacada.

Sita se movía en silencio, como si el sonido fuera un impuesto. Tenía 19 años y era morena como el polvo después de la lluvia, amasaba la masa del roti con un ritmo que no venía de la alegría, sino de la resistencia. Huérfana era una palabra demasiado amable. A los huérfanos a veces los acunan. A Sita la habían pasado de mano en mano como un paquete entre parientes que tenían hambre de todo menos de otra boca; aprendió a hacerse pequeña, a tomar la forma de cualquier recipiente que la contuviera. Alguien decidió que dos soledades podrían anularse mutuamente y la casó con Vishnu.
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En algo así como una prueba de Turing, parece que una relato generado al 100% por IA acaba de ganar el premio Commonwealth para la región del Caribe «por su precisión lírica y su atmósfera inquietante, el relato destacó por la confianza y la contención de su voz».
Publicado en Granta.

La teoría de Mollick ganó impulso rápidamente, después de todo es profesor de la Universidad de Pensilvania y se especializa en emprendimiento, innovación e inteligencia artificial, aunque ningún diario daba cuenta de la teoría aún. Sin embargo, encontré debates parecidos en Reddit y X:

«The Serpent in the Grove», de Jamir Nazir, es un relato ambientado en la Trinidad rural que narra la historia de un agricultor en apuros, una joven esposa silenciada y una arboleda que parece recordar lo que otros intentan enterrar.

Galardonado con el título de ganador regional del Caribe por su precisión lírica y su atmósfera inquietante, el relato destacó por la seguridad y la moderación de su voz.

La historia ha sido publicada en Granta.

«Refinada y segura, con una voz melódica que perdura mucho después de la última línea. La prosa de Jamir Nazir vibra con un tono de moderación y autoridad serena».
Sharma Taylor, miembro del jurado, región del Caribe
sobre ‘The Serpent in the Grove’.

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Bueno, esto es una novedad: un relato generado por ChatGPT ganó un prestigioso premio literario (el premio Commonwealth).

Frases cómo «No X, no Y, sino Z» por todas partes, el recurso recurrente de los zumbidos y muchos otros marcadores evidentes de una escritura generada por IA.

Un gran hito para la IA, de todas maneras…

Algunas llamadas a fuentes confiables revelaron que la acusación podría tener fundamento. Ni la Fundación Commonwealth ni Granta, que publica los relatos ganadores, habían emitido declaraciones oficiales todavía, así que esperé. Era una historia interesante, pero si iba a evolucionar hacia algo más importante, quería poder informar de una manera que no consistiera simplemente en amplificar el ruido.

Los pecados de la sintaxis

Lo que me preocupaba en ese momento era que las acusaciones parecían basarse principalmente en cuestiones de sintaxis; la conclusión es que proliferan los guiones, junto con la forma de describir las cosas como “no esto, sino aquello”, significaba que el relato debía haber sido generado total o parcialmente por IA. ChatGPT, en particular, ha sido ampliamente entrenado con este tipo de construcción, pero esta forma de escribir existía mucho antes de la llegada de los macromodelos lingüísticos (LLM).

En un episodio publicado en el podcast This Week in Tech, la futurista y escritora Amy Webb admitió que ni piensa ni habla en oraciones completas: “Soy simplemente una gran frase interminable […] esta es mi forma natural de hablar y escribir. Y los bots que hay se engancharon con Miranda y ahora […] tengo que convencer a la gente de que no, que así es simplemente como escribo”.

Me hizo pensar en la cómo hablan los caribeños, divagando por largas y sinuosas rutas de pensamiento antes de llegar al punto principal. Considerando que la IA se ha saltado la reglas, aquel intercambio en el podcast me llevó a consultar mi siempre dispuesta copia “Elements of Style», de Strunk y White, que aconseja que los guiones, sin distinguir entre guion corto y raya, deberían utilizarse “solo cuando un signo de puntuación más común sea inadecuado”. En otras palabras, emplearse con moderación.

En un relato de 3385 palabras, Nazir utilizó guiones aproximadamente 28 veces. ¿Es demasiado? Y si es así, ¿queremos decir “demasiado” en el sentido de un exceso estilístico, o lo mencionamos como un indicador fiable del uso de IA? ¿Dónde está el límite y quién tiene autoridad para decidirlo?

A través de una llamada por WhatsApp, le planteé esto a Jarrel de Matas, profesor asistente de la rama médica del Departamento de Bioética y Humanidades de la Salud de la Universidad de Texas. Su opinión es que, debido a que los detectores de IA pueden ofrecer resultados engañosos, se necesitan parámetros claros de divulgación.

“¿Cuánto contenido generado por un macromodelo lingüístico puede utilizarse realmente antes de que cruce la línea a un uso irresponsable?”, pregunta. “Si se usa para corrección ortográfica o gramatical, estamos hablando de aspectos mecánicos básicos de la escritura. Si solo se utiliza para hacer esquemas o investigar… creo que son formas aceptables de utilizarlo, pero deberían divulgarse. Sin embargo, cuando interactúas con un sistema al que le estás pidiendo ideas, le estás concediendo algo de autoridad sobre el proceso creativo.”

Lo describe como “un momento decisivo para la creatividad”.

Usar IA para detectar IA

Para el 19 de mayo, el diario «The Guardian» publicó un artículo sobre la polémica, en la que citaba a Sigrid Rausing, de Granta: “Tal vez los jueces otorgaran ahora un premio a un caso de plagio con IA; aún no lo sabemos y quizá nunca lo sabremos”.

La revista declaró que había sometido el texto de Nazir a Claude para determinar si su relato había sido generado con IA, lo que es un caso clásico de “él mismo para sí mismo”, por citar a The Mighty Spoiler. El chatbot concluyó que era “casi seguro que no se creó sin intervención humana”.

El escritor trinitense Kevin Jared Hosein, ganador regional del premio en 2015, se mostró furioso porque la Fundación Commonwealth continúa respaldando a Nazir, que insiste en que «The Serpent in the Grove» es obra suya, y porque el relato, junto con otras obras presentadas en la edición de 2026 de las que también se dice que posiblemente han usado IA, sigue publicado en la página web de Granta.

La admisión de Rausing de que “hay cierta ironía en el hecho de que, más allá de las intuiciones humanas, la propia IA sea la herramienta más eficiente que tenemos para revelar qué ha sido generado por IA” probablemente ofrece poco consuelo. Hosein replicó: “Tienen ojos humanos. Ustedes serán el jurado. La foto de perfil de Jamir, para empezar, es producto de una modificación con IA, él lo ha admitido. Si está dispuesto a engañar a la Fundación con eso, ¿por qué se detendría ahí?”.

Hosein es uno de los jueces del Festival Literario Caribeño de Brooklyn de 2026, que acaba de publicar su política sobre el uso de IA en su concurso de cuentos. Los lineamientos prohíben usar “herramientas con macromodelos lingüísticos (LLM) para generar, editar, revisar, resumir o ayudar de cualquier otra manera a preparar la obra presentada”. Aunque algunos escritores de la región celebraron la postura del festival, esta parece un tanto idealista si se considera que hoy ni siquiera se puede buscar algo en Google sin encontrarse primero con el habitual resumen generado por IA que aparece en la parte superior de los resultados.

De Matas me recuerda que cuando ChatGPT irrumpió en escena en noviembre de 2022, se hablaba de la muerte de la carrera de literatura inglesa. “En aquel momento, la amenaza era que dejaríamos de pensar”, recuerda. “Pero ahora parece que la conversación ha cambiado a: ‘ya no podemos ser creativos'».

Los jueces del concurso también han recibido una buena dosis de críticas. Un artículo de WIRED señaló que la autora jamaicana Sharma Taylor, miembro del jurado, «ha sido acusada de utilizar IA para redactar la descripción que acompañó la publicación de ‘The Serpent in the Grove’ como ganador regional», y añadió que Pangram, la herramienta que los expertos en IA que inicialmente dieron la voz de alarma emplearon para evaluar el relato de Nazir, calificó el texto de Taylor como “asistido por IA”.

En un hilo de WhatsApp, Tori Egherman, que integra la comunidad de Global Voices, se encontró lidiando con la idea de “que la IA, que fue entrenada con la excelente escritura de seres humanos, muchas veces sin su consentimiento, pueda juzgar si un texto fue generado por IA o no […] Veo que a muchísimos creadores humanos se les está acusando de usar IA precisamente porque la IA fue entrenada con sus obras. Que alguien me explique qué sentido tiene eso”.

Entre la espada y la pared

Tanto la Fundación Commonwealth como Granta han recibido críticas por la serenidad de su respuesta, pero, en realidad, ¿de qué otra manera podrían haber manejado la situación? “Estamos haciendo suposiciones para llenar un vacío”, explica De Matas. “Creo que algunos ‘marcadores evidentes’ hacen que algunas partes del texto parecen generadas por IA, y también creo que es difícil demostrarlo.”

Le interesa cómo podemos aprovechar este momento para desarrollar herramientas capaces de determinar, sin lugar a dudas, lo que muchas personas creen que están viendo. Sugiere que esto podría lograrse siguiendo tendencias: conjuntos de datos, estilografía. “Habría que invertir mucho trabajo en codificar el estilo. No es imposible, pero necesitaríamos incentivos para crear esas barreras de protección”. Como modelo de aprendizaje automático, continúa, ChatGPT se entrena con los datos que encuentra y los refina continuamente, aunque nunca pierde realmente su estructura. “Puedes preguntarle cien cosas y responderá 99 de la misma manera”, añade. “No cambia el estilo. Cambia la información”.

En el contexto en el que la carrera de la IA avanza a gran velocidad, una herramienta de ese tipo parece fundamental, especialmente porque estas novedades parecen empujarnos hacia un uso cada vez mayor. “Creemos que tenemos capacidad de decisión”, lamenta De Matas, “pero no es así; ahora la IA la impulsa todo. Ha afectado la generación de imágenes, a los teléfonos inteligentes, a los sistemas operativos y, por lo tanto, cada vez hacemos menos”.

¿Ascenso de los bots?

Una amiga relató recientemente una conversación que tuvo con una estudiante de secundaria de Trinidad, que le contó que todas las  evaluaciones escolares (SBA) que ella y sus compañeros entregan las revisa un detector de IA, y que no se permite superar un determinado porcentaje de detección de IA. Hasta ahí es entendible, pero el problema es: sí entrega un trabajo “perfecto”, se considera que fue hecho por IA. Entonces se obliga a presentar trabajos con errores deliberados, por los que le descuentan puntos.

En una publicación de LinkedIn, Nazir asumió una línea de defensa similar, cuestionó la precisión de herramientas de detección de IA como Pangram: “Es un hecho que los detectores de IA no son completamente fiables, generan falsos positivos al evaluar prosa humana altamente pulida. Los algoritmos no pueden dictar que un ser humano no puede producir un alto nivel de literatura».

Entonces, ¿qué constituye una buena escritura? Para arrojar algo de luz al tema, volví a leer “Fedra” de Platón, que menciona cuestiones como el poder de la verdad para conectar la universalidad con la experiencia humana.

En el texto, Sócrates, que valora más la retórica que la palabra escrita, declara: “Este descubrimiento tuyo creará olvido en las almas de los estudiantes, porque no usarán sus memorias; confiarán en los caracteres escritos externos y no recordarán ellos mismos […] das a tus discípulos no la verdad, sino solo la apariencia de la verdad, [que tiene] la apariencia de sabiduría sin la realidad”. Platón, claramente un profeta, bien podría haber estado hablando de la inteligencia artificial.

A medida que la IA continúa alimentándose de contenido humano, mejorará. Es más, ya ha mejorado. Esto hace aún más difícil discernir qué es humano y qué no lo es. Un amigo educador me planteó una pregunta teórica en medio de toda esta controversia: “Si se demuestra que una buena historia fue escrita por IA, ¿deja de ser una buena historia?”. Mi opinión personal es que sí, porque no tiene la autenticidad de la experiencia humana, que es donde yacen inherentemente el poder y la verdad de las historias.

Me recuerda una anécdota sobre un supuesto enfrentamiento entre el famoso actor shakespeariano Richard Burton y el obispo católico estadounidense Fulton Sheen. En la historia (ciertamente con un aire bastante propio de la IA), se les pidió a ambos que leyeran el salmo 23 para ver quién podía provocar una respuesta emocional más intensa. La interpretación de Burton le valió una ovación de pie; la de Sheen, un silencio contemplativo, y el juez determinó que Burton conocía el pasaje, pero Sheen conocía al pastor.

De Matas y sus colegas enfrentan ahora de manera habitual la probabilidad de que la IA esté cambiando cómo nos relacionamos con nuestra propia humanidad: “nuestros procesos para crear conexiones, la originalidad, cómo obtenemos inspiración, cosas que dábamos por sentadas porque éramos humanos”. Incluso el papa León XIV ha intervenido; su primera encíclica sostiene que los seres humanos prosperan gracias a sus limitaciones, no a pesar de esas limitaciones. La IA, por otro lado, hace que todo sea inmediato y fácil. No hay lucha y, como cualquier escritor puede dar fe, la lucha es muy real.

“Creo que lo que estamos perdiendo es el yo, la capacidad de ser honestos con otros; con nosotros mismos”, enfatiza De Matas, “y ese es un concepto nebuloso que no podemos cuantificar. No podemos programar la honestidad”.

Reacción literaria

Los escritores reconocidos no han considerado que la historia de Nazir merezca elogios. A pesar de la evaluación de la Fundación Commonwealth sobre su “precisión lírica” y la “seguridad y contención de su voz”, Hosein descubrió que “no tiene intencionalidad detrás de la extrañeza que evoca como ‘gran’ literatura. Ninguna de sus metáforas y símiles sirve a los personajes o a la narrativa. Cuanto más se la examina, más se puede ver cómo emplea un uso excesivo de aforismos (inmerecidos), y siempre encuentro que las historias de IA son un poco etéreas o pesadas, como si nunca pudieran asentarse realmente en un momento particular y sostener una emoción o tensión, sino solo ideas de eso”.

Marlon James, ganador jamaicano del Premio Booker, simplemente comentó, “Olvidemos por un segundo a la IA. Una historia ganó una competencia internacional con una línea como esta: ‘La chica sonrió como un amanecer sobre un fregadero'». Tales comentarios apuntan a un problema de dos frentes, Primerom si es que Nazir y los otros dos escritores acusados de usar IA dijeron la verdad cuando declararon ante la fundación que sus obras eran de su propia creación y, segundo, si la escritura tiene mérito.

Sobre el primer punto, en una declaración del 19 de mayo, la Fundación Commonwealth defendió su proceso de evaluación “sólido”: “Hasta que surja una herramienta o proceso suficientemente fiable para detectar el uso de IA que también pueda afrontar las dificultades relacionadas con la ficción inédita, la Fundación y el Premio Commonwealth de Relato Corto deben operar bajo el principio de confianza”.

Sin embargo, a medida que aumentaban las críticas, la directora general de la Fundación, Razmi Farook, consideró importante plantear el “deber de cuidado” de la organización. Al describir la IA como “el mayor problema que enfrenta gran parte del mundo creativo”, señaló: “Aunque damos la bienvenida al debate constructivo sobre este asunto complicado y matizado, estamos profundamente preocupados por el tono de gran parte del discurso al respecto. En el centro de todo esto hay personas reales: escritores que se esfuerzan, jueces dedicados y un equipo apasionado”.

También señaló la decepción de la Fundación por el hecho de que se hubiera puesto en duda el trabajo no solo de los ganadores actuales, sino también de anteriores ganadores del premio, pero añadió: “Creemos que es vital reconocer la angustia que sienten todos los involucrados o afectados por el reciente debate en torno al Premio del Cuento Corto. Ofrecemos nuestro apoyo a nuestros ganadores, escritores preseleccionados, jueces, exalumnos y comunidad en general”.

Su mensaje es claro, al menos para mí, respecto a la cuestión de la calidad: escritores, lectores, críticos, especialistas en IA y comentaristas de redes sociales pueden tener sus opiniones, pero la última palabra sobre si una obra es merecedora o no corresponde a quienes se ha confiado la tarea de juzgarla.

Para De Matas, justamente de eso se trata: “De la misma manera que las herramientas de IA no son transparentes, y los programadores de IA no son transparentes, este momento debería servir de llamada de atención para el propio premio, porque tampoco es exactamente transparente. Dice mucho sobre la producción creativa como sobre la base utilizada para juzgar esa producción”.

¿Hay una forma de saberlo?

De todas maneras, la IA iba a convertirse en una parte integral de nuestra existencia. La tecnología ha avanzado en esa dirección desde hace bastante tiempo, pero la esperanza era que, como Robotina de “Los Supersónicos”, que era muy competente para ayudarnos a hacer tareas operativas, dejaría que los seres humano se concentraran en las tareas creativas. En cambio, nos encontramos con Sam Altman, de OpenAI, que se jacta de “un nuevo modelo que es bueno para escribir creativamente” y que “captó perfectamente la sensación de la metaficción.”

Mientras los modelos de IA avanzan a velocidad precipitada, incluso cuando impactan negativamente al planeta y a las persona, la regulación, legislación y las herramientas de discernimiento se están quedando atrás. En Substack, James O’Sullivan planteó que la estilometría, “técnica dentro de las humanidades computacionales que busca medir el estilo literario, es decir, cómo está escrito un texto o incluso quién lo escribió”, puede ser útil en casos como este. “Cuenta las palabras más comunes de un corpus (que siempre son palabras funcionales como ‘el’, ‘y’, ‘de’, ‘yo’, ‘era’)”, aconsejó, “estandariza esos recuentos respecto al corpus completo, y el perfil resultante resulta ser un identificador razonablemente fiable de quién escribió qué”.

En otra publicación de blog, O’Sullivan coincidió en que “The Serpent in the Grove” tenía algunas señales de alerta: “La negación presentada como preparación para una revelación es uno de los recursos retóricos predeterminados más fiables de los modelos de lenguaje actuales cuando se les pide desempeñarse en un registro literario”. También mencionó varios aforismos que tienen “la cadencia de la profundidad, pero poco significado real”, “emparejamientos deliberadamente extraños de verbo y sustantivo”, y “tendencia a recurrir a la parábola y no al acontecimiento”.

“Pero quizá”, continuó, “Nazir sí escribió el relato, que no sería la primera obra de ficción formulaica que alcanza una situación premiada (honestamente, puedo imaginar a ChatGPT recibiendo algún día un Premio Booker)”. Retomando la discusión y llevándola de nuevo al tuit que inició toda la polémica sobre los textos generados por bots, O’Sullivan dijo: “Es revelador cómo se plantea el asunto. Con el nombre de prueba de Turing, Ethan Mollick admitió implícitamente el problema central que enfrentan los lectores (y los editores) en la era de los grandes modelos de lenguaje: si una pieza de prosa fue escrita por un ser humano ya no puede determinarse de forma fiable solo mediante la lectura. Si pudiera hacerse, entonces no se necesitaría ninguna prueba”.

Luego fue directo al meollo del problema : “Las consecuencias de esto van mucho más allá de Nazir. Si los llamados ‘detectores’ de IA y las acusaciones en Bluesky pueden funcionar como fundamento suficiente para una denuncia pública de autoría fraudulenta, los escritores perjudicados serán aquellos cuya superficie estilística coincida con la prosa generativa por razones que no tienen nada que ver con el uso de IA”.

Esto incluye, según mi propia experiencia editorial, a escritores que no son hablantes nativos de inglés , la escritura académica y la prosa recargada con una dependencia excesiva de ese omnipresente guion largo. ¿Podría incluir también el “inusual proceso de escritura” de Jamir Nazir, que contó a Erica Wagner, del británico The Observer? “Las enfermedades crónicas que padezco hacen físicamente imposible escribir durante períodos prolongados sentado frente a un escritorio”, le explicó, por lo que escribe con reconocimiento de voz, con una edición mínima con el teclado. Esto pone un rostro muy humano a lo que muchos consideran un problema principalmente técnico o incluso moral.

“El problema que enfrentamos ahora es este”, concluye O’Sullivan. “No queremos que supuestos autores ganen premios literarios con basura generada por IA, pero tampoco queremos una situación en la que el umbral para señalar públicamente como fraude sea una captura de pantalla de un detector de IA y una publicación en Bluesky”.

Vestigios del colonialismo

He escuchado preguntas de todo tipo planteadas sobre esta debacle, y quizá la más común sea “¿cómo pudieron los jueces no darse cuenta?”. ¿Sabes con certeza que Nazir y los otros dos acusados son culpables de utilizar IA? Yo no pero te diré lo que sí sé. A pesar de que el panel de jueces del premio es diverso como las regiones a las que sirve, a menudo no nos ven.

En el artículo de Lina Abushouk, “Cómo leer la escritura poscolonial”, argumentó que la justificación de la Fundación para elegir el relato revelaba “un vocabulario crítico que se ha vuelto completamente decorativo: términos como ‘ricamente evocador’, ‘detalle sensorial’ y ‘voz melódica’, que flotaban libres de todo compromiso al lado de frases reales que aparecen en la página. Por lo tanto, la selección de Nazir tiene menos que ver con que haya usado IA y más con la ironía de las concepciones euroamericanas acerca de la ininteligibilidad de la escritura poscolonial”.

Continuó explicando que “los macromodelos lingüísticos no inventan nada. Aprenden a predecir qué tipos de oraciones tienden a seguir a otros tipos de oraciones. Esto significa que cuando un macromodelo genera ficción ‘literaria’ ambientada en el Caribe poscolonial, no recurre a la originalidad; recurre a la versión más probable de cómo esa ficción ha aparecido en los textos con los que ha sido entrenado. Reproduce la esperada densidad atmosférica, el esperado peso del paisaje y del trabajo, y las esperadas imágenes de pobreza y resistencia. El escándalo es que las fórmulas existentes para una prosa poscolonial ‘auténtica’ ya están tan codificadas que un modelo de lenguaje puede reproducirlas de manera convincente. De este modo, la IA no altera tanto el gusto literario como expone su mobiliario”.

Abushouk continuó: “Otros han señalado que algunos de los propios jueces proceden de los países en desarrollo, lo que significaría que no es una simple historia de forasteros metropolitanos que imponen sus expectativas. Pero, en realidad, eso la convertiría en algo más insidioso: un conjunto de supuestos estéticos tan completamente institucionalizados que pueden reproducirse desde dentro”.

Comparando todo el asunto con la relación de Amos Tutuola con Faber y Faber en la década de 1950, Abushouk concluyó: “Faber no lo celebró a pesar de las irregularidad de su lingüística […] lo celebró precisamente por esas irregularidades. Se trataba justamente de la ‘incorrección’ del inglés: autenticaba lo primitivo. […] La estructura del error es idéntica a lo largo de siete décadas: una incoherencia que descalificaría a un escritor europeo se reinterpreta como autenticidad cuando está asociada a la geografía cultural adecuada. Esto es lo que la controversia sobre la IA revela en última instancia: no un problema nuevo introducido por la tecnología, sino uno antiguo que ahora se ha vuelto legible de nuevo”.

La cuestión del acceso

La idea de Tutuola fuera percibido como “incorrecto gramaticalmente” me hizo reflexionar. Recordé la interacción de Wagner con Nazir y sus cavilaciones después de que un detector de IA determinó que la fotografía de su perfil estaba bastante editada o había sido generada por IA: “¿Por qué no usarías todas las herramientas disponibles si te resultaba difícil conseguir una buena fotografía de perfil?”.

Añadió: “su mensaje inicial para mí en LinkedIn contenía palabras mal escritas, era incorrecto gramaticalmente. ¿Qué luz arroja eso sobre su pulida y galardonada historia? ¿Algo? ¿Una parte? ¿Nada?”. Algunos dirían que la luz es cruda, abrasadora e inquisitiva; que desenmascara a un impostor. Sin embargo, existen textos perfectamente puntuados que no logran decir nada valioso, y relatos gramaticalmente imperfectos que pueden tocar algo profundo cuando pasan por las manos de un editor competente.

Si Tutuola estuviera intentando comenzar su carrera literaria hoy, ¿una editorial apostaría por él, o lo ignorarían por sus actos inaceptables? ¿Utilizaría la IA como herramienta si sintiera que igualaba las condiciones de competencia? ¿Es siquiera una herramienta? Un reciente hilo en Bluesky sugería que no era de interés de los usuarios referirse a los macromodelos lingüísticos de esa manera:

Speaking of which: Consider referring to ChatGPT, Gemini, Claude, and so on, as ”products” or “apps” rather than “tools”; the latter tends to obscure their relationship to the companies behind them and makes it sound like they exist just to help us. (3/x)

Vauhini Vara (@vauhinivara.bsky.social) 2026-05-12T16:33:55.754Z

Hablando de eso: consideren referirse a ChatGPT, Gemini, Claude, etcétera, como ”productos” o “aplicaciones” en lugar de “herramientas”. Este último término tiende a ocultar su relación con las empresas que están detrás y hace que parezca que existen únicamente para ayudarnos.

Más allá de la terminología, De Matas dice que usar la IA como herramienta (y no como algún colaborador creativo) permite a las personas trascender las barreras lingüísticas; si eso ofrece una ventaja, entonces ¿es una ventaja en la expresión o en la imaginación? “Está cambiando las reglas de la autoría; la naturaleza misma de la creación”, confirma. “Nos hemos apoyado en una idea tradicional de los autores asociada al linaje y al prestigio, y lo que estos sistemas de IA están mostrando es que muchos podemos convertirnos en ‘artistas’. ¿Es esto simplemente otra evolución? La pregunta más importante es: ¿hacia dónde debe evolucionar ahora la autoría?”.

En su experiencia reciente de evaluar a médicos residentes sobre informes de casos que debían presentar presencialmente, De Matas observó que la calidad de algunas de las presentaciones no coincidía con el nivel de la escritura. Por lo tanto, demostrar la autoría humana bien podría tener menos que ver con la escritura y más con “las conexiones y la autenticidad que le aportan”. Como ocurre con toda defensa de tesis en la historia, si puedes defender tu trabajo de manera articulada, lo más probable es que seas su autor.

De cualquier forma, la literatura tiene guardianes, y concursos como el Premio Commonwealth de Cuento Corto ayudan a abrir la puerta. Naturalmente, los escritores deben esforzarse por perfeccionar sus habilidades y desarrollar su voz, razón por la cual festivales como el Bocas Lit Fest son tan cruciales. Bocas ha ofrecido constantemente a los escritores de la región todo el apoyo que ha podido reunir, aunque sus propios sistemas de apoyo se han apartado

Pero no se trata solo de los escritores; también de los lectores. Si tenemos alguna esperanza de mantenernos al día con la IA, leer no es negociable. Empiecen con libros creados antes de que la IA existiera. Alimentarán el discernimiento, ampliarán el vocabulario, nutrirán el espíritu, estimularán la imaginación y nos harán estar mejor preparados (aunque no completamente) para distinguir entre el oficio literario y el chatbot.

Por supuesto, probablemente ya hemos cruzado el Rubicón. Si Nazir usó o no IA, o independientemente del grado en que la haya usado, las dudas sembradas sobre la integridad de su obra, justificadas o no, probablemente hayan obstaculizado su carrera literaria antes incluso de que comenzara. Se ha convertido en el rostro generado por IA de un problema que ya está demostrando ser más grande que nosotros.

Parafraseando una línea que el director del festival Bocas, Nicholas Laughlin, escribió en un obituario para V.S. Naipaul, “El álgebra moral del arte es difícil, y debería inquietarnos”. Las implicaciones humanas del álgebra moral de la IA deberían perturbarnos aún más.

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