Este artículo de Twyla Pittson se publicó originalmente en Balkan Diskurs el 3 de abril de 2026. Global Voices reproduce una versión editada en virtud de un acuerdo para intercambiar contenidos con el Centro de Investigación Posconflicto (PCRC).
Los museos Bunk’Art 1 y 2, situados en el interior de dos refugios atómicos construidos por orden del exdictador comunista albanés Enver Hoxha, tienen como objetivo dar a conocer la historia de Albania del siglo XX y recordar a las víctimas del régimen totalitario. Los dos museos son obra del periodista italiano Carlo Bollino, y han redefinido cómo los albaneses enfrentan su pasado comunista.
En 2026 se cumplen diez años de la inauguración de Bunk’Art 2, que abrió sus puertas dos años después del estreno de Bunk’Art 1. Ambos se han convertido en lugares de interés histórico y cultural muy populares entre turistas y lugareños, por sus exposiciones, y también por cómo se ha dado un nuevo uso a los refugios. En conjunto, ofrecen perspectivas diferentes, pero igualmente importantes, sobre el pasado de Albania bajo el duro régimen de Hoxha; para algunos, incluso sirven como herramientas fundamentales al enfrentar este legado doloroso y difícil.
Recepción y debates
Desde su inauguración, los Bunk'Art han suscitado diversas reacciones, lo que ha dado lugar a un debate continuo sobre su valor y eficacia como herramientas educativas. En 2015, estallaron protestas por la construcción de una cúpula artificial que marcaría la entrada del entonces inacabado Bunk'Art 2. Dado que la gran mayoría de los refugios se construyeron completamente bajo tierra, el objetivo de la cúpula artificial era crear una entrada visual para los visitantes. Sin embargo, poco después, las protestas organizadas por los partidos de la oposición albanesa causaron daños en la cúpula, ya que los manifestantes la golpearon y le prendieron fuego, lo que dejó numerosas grietas en la fachada.
Además de las protestas presenciales, algunas personas se han pronunciado contra instituciones como Bunk’Art, alegan que la reconversión de los refugios no es un intento de confrontar el pasado, sino más bien de encubrir la historia estalinista de Albania. Bollino, fundador y director artístico de los museos, ha sostenido que las acusaciones dirigidas contra Bunk’Art provienen de una «pequeña minoría que deseaba ocultar la historia del comunismo y que, ciertamente, nos acusó a mí y a mis museos de intentar quedarnos anclados en el pasado». Ha refutado sistemáticamente esas afirmaciones, argumenta que «cultivar la memoria es esencial para evitar que se repitan los horrores de la historia».
Incluso los académicos han intervenido en el debate, utilizan marcos teóricos para comprender por qué algunos rechazan el Bunk’Art y, en términos más generales, usar refugios como herramientas educativas y lugares de interés cultural. Según algunos de estos marcos, estos refugios representan un «patrimonio difícil e indeseable» que divide a la opinión pública y que no es fácil de ignorar.
Este sentir, que aún prevalece en algunos sectores, puede atribuirse a las transformaciones del paisaje físico que se produjeron tras la caída del régimen. Los monumentos y edificios militares fueron desfigurados, vandalizados y retirados del espacio público, lo que impidió un debate abierto y generalizado sobre los traumas del pasado reciente y dificultó el proceso de reconciliación. Para algunos albaneses, recordar las experiencias vividas bajo el régimen puede resultar demasiado doloroso como para iniciar un proceso de sanación; para otros, como sostiene Bollino, puede que su deseo sea enterrar por completo la historia comunista del país.
En este sentido, en Albania casi no existen políticas de memoria, lo que hace que instituciones como Bunk’Art tengan una importancia capital para intelectuales, activistas y descendientes de quienes vivieron bajo el régimen de Hoxha. Bollino cree que, para muchos, Bunk’Art ha funcionado como una herramienta educativa eficaz que ha ayudado a las nuevas generaciones a comprender el pasado de Albania. Al explicar que la historia nacional «se imparte en contadas ocasiones y de forma deficiente» en las escuelas, ya que el comunismo sigue siendo un tema tabú para quienes lo vivieron, señaló que los museos ofrecen a quienes no vivieron esa época la oportunidad de acercarse a su historia.

Bunk’Art1 y Bunk’Art2 son museos ubicados en dos refugios antinucleares construidos durante la Guerra Fría. Foto de Bunk’Art2 por Andrew Milligan (CC-BY 2.0).
El pasado comunista de Albania
Enver Hoxha llegó al poder en 1941 y gobernó Albania hasta su muerte en 1985. Como consecuencia de sus convicciones comunistas estalinistas de línea dura, Albania sufrió un aislamiento político y económico durante todo este periodo. En 1947, rompió relaciones con Yugoslavia, al considerar que se había desviado del camino del verdadero socialismo. En 1961, Albania y la URSS se separaron por la aversión de Hoxha hacia Nikita Jrushchov, sucesor de Stalin, que se inclinaba por las reformas comunistas. Albania mantuvo una breve alianza con la China comunista, pero esta relación pronto terminó, lo que dejó a Albania completamente aislada.
Hoxha era famoso por su paranoia, ya que creía que Albania corría el riesgo de sufrir una invasión de países vecinos como Grecia y Yugoslavia. Entre las décadas de 1960 y 1980, en el apogeo de su mandato, Hoxha se embarcó en un ambicioso programa de construcción de aproximadamente 173,000 refugios antinucleares de hormigón, destinados a albergar a todas las familias albanesas en caso de invasión. Invirtió miles de millones en este programa, lo que llevó al país al borde de la hambruna y la pobreza, a pesar de que aplicaba una política de autosuficiencia económica. Durante toda la dictadura de Hoxha, el país vivió bajo constante miedo a una invasión extranjera y a la vigilancia interna.
Los orígenes, las exposiciones y los retos de conservación de Bunk’Art
Tras la caída del régimen en 1991, la reforma de privatización de la tierra provocó una reducción de la superficie disponible y un aumento de los costos de construcción, lo que llevó a la población a reutilizar los refugios para adaptarlos a sus crecientes necesidades. Desde entonces, los albaneses han utilizado los refugios para diversos fines, como estudios de tatuajes, discotecas y restaurantes. Sin embargo, los museos Bunk’Art representan quizás la adaptación más atrevida de los refugios.
Aunque Bollino vive en Albania desde 1993 y tiene la nacionalidad albanesa, cree que «una historia tan delicada como la de la dictadura puede contarse mejor desde la perspectiva de un testigo algo ‘externo’ que no la haya vivido en primera persona». Su idea para Bunk’Art se inspiró en una columna periodística sobre la historia del comunismo albanés, publicada en una revista que él mismo fundó en 1993. La columna «daba a conocer al público, por primera vez, los archivos que hasta entonces se habían mantenido en secreto». Para Bollino, Bunk’Art 1 y 2 son una continuación natural del relato histórico que comenzó hace más de veinte años.
Bunk’Art 1 abrió sus puertas en 2014 como una exposición museística en formato de vídeo dentro del refugio personal de Hoxha. En la actualidad, el museo alberga dos exposiciones: la primera es una exposición histórica compuesta por cinco espacios que recorren la historia de Albania desde principios hasta mediados del siglo XX; la segunda se centra en los espacios privados de Hoxha, entre los que se incluyen su despacho, su dormitorio y su cuarto de baño.

Parte de exposición histórica en el interior de Bunk'Art 1, Tirana, Albania. Foto de Andrew Milligan (CC-BY 2.0).
Bunk’Art 2, inaugurado en noviembre de 2025, está en el centro de Tirana y, antes , solo se podía acceder por un túnel desde el Ministerio del Interior. La construcción del refugio fue ordenada por Hoxha y por el entonces primer ministro Mehmet Shehu, que murieron antes de que se completara. Por eso, este se centra principalmente en las víctimas del régimen comunista albanés y en los responsables: el Sigurimi o policía secreta, que controlaba a la población y adoctrinaba a los civiles para que espiaran a sus amigos y familiares.
El mayor reto de conservación que han enfrentado los museos es la erosión de los materiales por la elevada humedad de los refugios. Aunque esto requiere un mantenimiento diario del personal, Bollino destacó que el gran número de visitantes diarios hace que estos esfuerzos valgan la pena. Con el fin de enriquecer la experiencia de los visitantes, los museos ofrecen audioguías con contenido adicional. Aunque no se han previsto nuevos museos Bunk’Art, Bollino describió los dos espacios como proyectos «en constante evolución». Actualmente está trabajando en nuevas ideas para explorar el pasado de Albania con el fin de llenar las salas que ahora están vacías.
A pesar de las dificultades, Bunk’Art ha sido aclamado por la ciudadanía, y por activistas y académicos como una oportunidad para superar décadas de trauma reprimido. Al transformar estos lugares, antes espacios de temor asociado al aislamiento y las atrocidades, en lugares de memoria y educación, los museos ofrecen a Albania un camino hacia la reconciliación, al tiempo que fomentan una comprensión más profunda de su historia.








