
Ciudadanos venezolanos buscan entre los escombros en La Guaira, Venezuela, 29 de junio de 2026. Foto vía Wikimedia Commons/US Marine Corps, dominio público.
El 24 de junio de 2026 a las 18:04 horas, hora local, Venezuela vivió su mayor sismo en cien años: un terremoto de magnitud 7.2, seguido 39 segundos después por otro de magnitud 7.5.
Al 6 de julio, había 3342 muertes confirmadas, con 16,740 heridos y más de 16,000 personas que han quedado sin hogar, según el Ministerio de Información del país. El número no oficial de personas desaparecidas llega a 41,000, y al menos 58,000 edificaciones han sufrido daño significativo, como lo muestran imágenes publicadas por la NASA.
Aunque los epicentros se ubicaron a 160 kilómetros (poco menos de cien millas) de distancia, los «sismos dobles» (también hubo sismos dobles en Siria y Turquía en 2023) sacudieron el corazón del país sudamericano. Caracas, la capital, y la vecina La Guaira, estado costero en el mar Caribe ubicado a 40 minutos de Caracas en auto, llevó la peor parte del impacto. El principal aeropuerto internacional y puerto marítimo están en La Guaira, igual que muchas casas residenciales y vacacionales. En 2011, según los censos más recientes completados a la fecha, aproximadamente cinco millones de personas vivían en la zona combinada.
La costa norte de Venezuela está cerca de platas tectónicas situadas en el mar Caribe y el continente sudamericano, respectivamente. La zona de Caracas-La Guaira ha tenido su cuota de desastres naturales, como otro terremoto en 1967 y grandes inundaciones en 1999. A pesar de esto, los científicos consideran que actualmente, prácticamente no existe infraestructura sísmica en Venezuela. Esta vez, los teléfonos Android alertaron a muchas personas justo antes del inicio de los sismos.
El 24 de junio es día festivo público en Venezuela, así que escuelas y oficinas estaban cerradas. Cuando empezaron los sismos, muchos esperaban para ver un partido del mundial de fútbol o simplemente pasaban un día tranquilo con sus familias. Ahora, muchos están participando en búsquedas de sus parientes u organizando iniciativas comunitarias de ayuda, a lo que se ha unido una enorme ola de voluntarios internacionales. Reparar los daños costará alrededor de 6700 millones de dólares (el 6% del PIB de Venezuela), según un estimado preliminar del Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo.
Los sismos han complicado una severa crisis humanitaria ya existente, que complica —además de otros problemas que siguen sin cambios después de la intervención estadounidense de enero de 2026— un fallido sistema de salud y equipos de respuesta a emergencias mal equipados. Ha habido crecientes críticas a esta respuesta “lenta” del gobierno interino venezolano.
La presidente provisional, Delcy Rodríguez, sostiene que la demora es una narrativa fabricada de laboratorios de propaganda, y dijo el 3 de julio, “No esperamos un día, dos días ni tres días. Activamos inmediatamente”.
El gobierno que lidera Rodriguez ha establecido medidas controvertidas, como registro obligatorio en una oficina en Caracas para todos los voluntarios que están en la zona afectada y restricciones a las informaciones para la prensa local y extranjera.
Los terremotos son inevitables. La impotencia no lo es.
Ciudadanos, los primeros en responder
Los sobrevivientes locales fueron los primeros en tomar herramientas como hachas de mano, y hasta sus manos, para buscar a sus seres queridos, como se vio en edificios caídos en La Guaira y Caracas. Otros usaron incesantemente TikTok, Instagram y la recién desbloqueada X para encontrar desaparecidos o publicar llamados urgentes de personal de rescate o suministros.
Muchos siguieron trabajando alrededor de edificios colapsados, mucho después de las ventana de 72 horas en que los expertos dicen que se puede encontrar sobrevivientes.
El trabajo profesional de búsqueda y rescate también continuó a cargo de equipos venezolanos, y desde el 25 de junio, en la mayoría de las zonas afectadas, a cargo de equipos de otros 30 países. como Argentina, Chile, Italia, Jordania, México, Catar, España y Estados Unidos. Se supo de rescates exitosos, como la recuperación de Dayana Patiño y su bebé de ocho días de nacido, Juan David, tras 32 horas bajo los escombros, que fueron muy celebrados en los medios sociales internacionales.
Según cifras del Gobierno del 3 de julio, gracias al trabajo de los equipos de voluntarios, y de búsqueda y rescate se ha encontrado al menos a 6000 personas vivas de las zonas golpeadas.
Sin embargo, al menos un episodios que involucró a funcionarios venezolanos empañó los trabajos de equipos de búsqueda y rescate. Francisco Lermanda, que trabaja con el grupo de voluntarios Topos de Chile, denunció que los militares locales activos en las zonas de rescate de La Guaira les pidieron incesantemente que se identificaran. “Tenemos órdenes de revisar sus documentos, porque puedes ser un espía de los yanquis, para los chilenos”, dijo el experimentado Lermanda que le respondieron los oficiales.
Lazos familiares más allá de las fronteras
Después de un desastre, la tecnología conecta personas y acciones como un catalizador para la recuperación. Tras confirmar que sus padres estaban bien en Los Teques, ciudad cercana a Caracas, Elías Haig, colaborador venezolano de Global Voices que vive en Estados Unidos por sus estudios, quiso hacer algo por su país.
“Pensé: ‘van a necesitar encontrar a personas desaparecidas‘” dijo Haig a Global Voices por WhatsApp. “Establecer un centro de información centralizado, con los bloqueos aún activos del Gobierno, era imposible. También vamos a ver noticias falsas”.
Inmediatamente, el estudiante se puso a trabajar, hizo una página con inteligencia de fuentes abiertas (OSINT) con capacidades adicionales de IA para compilar informes confirmados de personas desaparecidas. Los retiró el 25 de junio y reenvió sus informes a sitios en línea más grandes, también independientes.

Terremotovenezuela2026 elaborado por Elias Haig, colaborador de Global Voices, recopiló informes de personas desaparecidas tras los terremotos en Venezuela. Captura de pantalla usada con autorización.
“Haré cualquier cosa que agregue valor, no obstruiré nada”, agregó Haig. Actualmente está recaudando fondos con ayuda de amigos. En otras iniciativas globales, muchas de los ocho millones de venezolanos que viven fuera del país, están canalizando la ayuda a organizaciones no gubernamentales creíbles en el terreno, brindan evaluación estructural remota voluntariamente, y ayuda médica y psicológica a los afectados.
«Debemos continuar»

Puntos de acopio y distribución de voluntarios en Caracas y otras ciudades venezolanas tras los terremotos. Foto de Estefanía Salazar, usada con autorización.
En todo Venezuela se puede ver físicamente múltiples iniciativas voluntarias, en forma de puntos de acopio, campos de refugiados y más.
Caritas, renombrada entidad sin fines de lucro global afiliada a la Iglesia católica es una de las principales redes que está canalizando ayuda en zonas afectadas de Venezuela. Muchos ciudadanos, incluidos quienes viven fuera de las zonas más afectadas, han llegado a las oficinas de la organización en Caracas para entregar donaciones o anotarse como voluntarios para lo que los expertos estiman será un trabajo de largo plazo.
En el exterior de las oficinas de Caritas, una larga fila de camiones y autos pequeños esperaban para donaciones. Estaba un grupo de El Tigre, ciudad cercana a campos petroleros a seis horas en el este de Venezuela, que no sufrió mayores daños.
“Debemos continuar”, dijo José Rivero, joven conductor que en tres días ha hecho, voluntariamente, tres viajes de ida y vuelta entre El Tigre y Caracas, con el camión de su familia para llevar comida, ropa y medicinas reunidas por su iglesia. Sus palabras repiten el sentir de muchos en el golpeado país.






