Por qué los terremotos de Venezuela fueron tan devastadores: Geología, vulnerabilidad y años de descuido estructural

Map of the earthquakes’ impact across seven Venezuelan states, highlighting Ground Zero: La Guaira. Screenshot taken from the YouTube video “¿Por qué ha temblado Venezuela? La falla geológica que pone en riesgo todo el Caribe” by El Confidencial. Fair use.

Mapa del impacto de los terremotos en siete estados venezolanos, que destaca la zona cero: La Guaira. Captura de pantalla del video de YouTube “¿Por qué ha temblado Venezuela? La falla geológica que pone en riesgo todo el Caribe” de El Confidencial. Uso legítimo.

La destrucción que causaron los recientes terremotos en Venezuela (considerados los más destructivos y letales del país desde 1900) no se puede explicar solo por su magnitud. Es también resultado de la interacción de condiciones geológicas, vulnerabilidades estructurales, y una prolongada crisis social y económica que ha debilitado la capacidad del país de prepararse y resistir desastres naturales. Desde las propias características de los sismos a décadas de desarrollo urbano inadecuado y deterioro institucional, varios factores se combinaron para ampliar el desastre.

Al 15 de julio, las cifras son 4336 muertos, 16,740 heridos y 19,000 desplazados. Al menos, 20,000 personas siguen desaparecidas.

Dos terremotos, un impacto amplificado

Uno de los aspectos más importantes del desastre fue que se sintieron dos fuertes terremotos muy seguidos. Los dos sismos fueron un raro fenómeno terremoto doble, de magnitudes 7.2 y 7.5, que llegaron con 39 segundos de diferencia y cuyos epicentros estaban separados por pocos kilómetros.

La falla de San Sebastián forma parte de la difusa frontera entre las placas tectónicas del Caribe y de Sudamérica, que une la falla de Boconó al oeste y el sistema de la falla de El Pilar al este. Como está entre los otros dos sistemas, el intenso movimiento telúrico se difundió a través de las fallas, y afectó a muchos estados. La zona es conocida por tener sismos como estos al menos una vez cada cien años: la interacción horizontal de las placas las presiona unas contra otras, y se acumula energía con el tiempo hasta que se libera repentinamente.

Los terremotos tuvieron una profundidad de 20.3 km y solo 12 km respectivamente, es decir, fueron terremotos de poca profundidad, casi tan a nivel de la superficie como puede tener un sismo. Es muy probable que el primer terremoto, que empezó en la falla de Boconó, en la zona de los Andes, haya desencadenado el segundo en la falla de San Sebastián. Los sismos se sintieron en Brasil, Colombia y el Caribe.

Por qué La Guaira y Caracas son especialmente vulnerables

Como casi toda la actividad de la falla está concentrada en la costa norte, Caracas y La Guaira están en el epicentro del riesgo sísmico de Venezuela. La misma región donde vive el 80% de la población también es el límite entre las placas tectónicas del Caribe y Sudamérica.

La línea costera de La Guaira está justo frente a la falla de San Sebastián, donde las dos placas se deslizan lentamente una junto a la otra en direcciones opuestas, y navegan cerca de la costa, casi en paralelo a la costa. La ruptura a partir del doble sismo ocurrió cerca de este borde costero, y donde la ruptura es mayor, las olas sísmicas llegan más fuertes y con mayor amplitud, independientemente de dónde está el epicentro técnicamente.

Pero la vulnerabilidad más profunda es subterránea. Las ciudades construidas sobre tierra suave y sedimentaria tienen sacudidas mucho más intensas que las que están sobre bases sólidas, porque estas tierras sueltas amplifican las ondas sísmicas y no las absorben.

Gran parte de La Guaira se asienta en conos fluviales. Estas delgadas capas de sedimento suelto, que los ríos depositan durante mucho tiempo, actuaron como un filtro que intensificó dramáticamente el movimiento de la tierra. Para complicar más las cosas, muchas tierras locales estaban solo parcialmente consolidadas, debilitadas más por grandes deslizamientos de tierra anteriores. Esto las dejó con moderada resistencia estructural.

Que esta amplificación se vuelva catastrófica depende de su resonancia: si las frecuencias amplificadas por el sedimento llegan a la oscilación natural de una edificación cercana, la sacudida se magnifica más todavía.

Después de la tragedia de Vargas de 1999, investigadores japoneses y venezolanos hicieron mediciones geológicas y documentaciones sísmicas, y crearon mapas de riesgos para identificar las zonas más vulnerables a lo largo de la costa norte. Se destacó a La Guaira como zona de alto riesgo en varias de las zonas severamente impactadas en los terremotos de 2026. Un estudio posterior, el Proyecto de Microzonificación Sísmica de Caracas (2005-2009), analizó las condiciones del suelo, la actividad sísmica e impactos de terremotos previstos en la capital, e identificó zonas con mayor riesgo sísmico y dio recomendaciones para preparación de desastres y planificación urbana. Expertos en México habían detectado actividad sísmica inusual en la zona desde mayo.

Un desastre que empeoró por las condiciones sociales

El terremoto golpeó a un país que enfrenta una prolongada emergencia humanitaria. Desde 2014, Venezuela ha vivido una de las más profundas crisis económica y social en la historia de Latinoamérica, con mucha escasez, migración masiva de nueve millones de personas, servicios públicos que se deterioran y una dramática reducción de la capacidad estatal.

En medio de esta prolongada emergencia humanitaria, el sistema de salud público de Venezuela ha enfrentado el desastre con graves deficiencias. Por la migración, muchos hospitales han tenido dificultades por falta de medicinas, equipos, electricidad confiable, agua potable y personal especializado. Esas debilidades complican la respuesta de emergencia precisamente cuando más se necesitan atención de traumas rápida y servicios médicos coordinados.

El colapso económico también ha reducido la capacidad de viviendas, empresas y Gobiernos de mantener las edificaciones. Una economía tan contraída con acceso limitado a empleo estable llevó a muchos trabajadores al sector informal, y redujo los ingresos disponibles para mantenimiento y renovaciones de inmuebles.

Como resultado, muchas edificaciones residenciales y comerciales han estado muchos años sin inspección ni reparaciones adecuadas, ni modernización sísmica. Tal vez no se nota que el mantenimiento ha quedo postergado bajo condiciones normales, pero el terremoto expuso esas vulnerabilidades ocultas. Concreto gastado, acero reforzado corroído, bases deterioradas y elementos estructurales descuidados, todo eso aumenta la probabilidad de grave daño durante fuertes sacudidas del terreno.

Años de bajas inversiones también han debilitado la capacidad de Venezuela de prepararse y responder a los sismos. Instituciones como la Fundación Venezolana de Investigaciones Sismológicas (FUNVISIS), responsable de supervisar la actividad sísmica, hacer investigación de riesgos y mantener redes sísmicas, y promover la preparación y educación del público, han tenido constantes restricciones presupuestales y operativas que los expertos dicen que han limitado sus capacidades antes, durante y después del desastre. Dificultades similares han afectado la protección civil y a los departamentos municipales de incendios, que tienen poco personal, equipos, vehículos, sistemas de comunicación y suministros de emergencia.

Juntas, estas reducciones en supervisión científica, preparación de desastres y velocidad de respuesta a las emergencias han disminuido  la capacidad del país de prever riesgos sísmicos, instruir a las comunidades vulnerables y responder eficientemente cuando ocurre un gran sismo. En este sentido, los terremotos no solo son un desastre natural, también son un reflejo de años de deterioro en la resiliencia institucional e económica.

Corrupción y viviendas inseguras en La Guaira

La tragedia también plantea preguntas sobre la calidad de algunos proyectos de viviendas sociales en La Guaira, construidos desde la presidencia de Hugo Chávez Frías.

Investigaciones de Armando.info han documentado acusaciones de corrupción, costos excesivos, malas prácticas de construcción y poca supervisión en algunos proyectos de vivienda públicos construidos en los últimos 20 años. Estas investigaciones describen proyectos en los que, pese a una sustancial inversión pública, la calidad de la construcción y los parámetros de ingeniería pueden haberse visto comprometidos.

Esas preocupaciones son particularmente significativas en La Guaira porque las soluciones de ingeniería deben tener en cuenta condiciones de terreno difíciles, incluidas cuestas inestables y sedimentos blancos. Los edificios diseñados sin considerar suficientemente estas restricciones geológicas, o construidos por debajo de sus especificaciones previstas, pueden tener riesgos sustancial mayores durante algún terremoto.

Aunque cada edificación afectada debe tener una investigación forense individual antes de asignar responsabilidades, la gran lección es clara: la seguridad sísmica depende del diseño de ingeniería, y también de rigurosos parámetros de construcción, inspecciones efectivas y supervisión pública transparente.

La devastación ilustra que un terremoto pasa a ser un desastre por medio de la interacción de riesgos naturales y vulnerabilidad humana. Entender estas causas interconectadas es esencial para explicar el alcance de la destrucción, y también para reducir el impacto de futuros sismos con mejor planificación, instituciones más sólidas y construcción más resiliente.

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