
El lago Ratti Gali es un lago glacial alpino que se encuentra en el valle de Neelum, Azad Cachemira, Pakistán. Imagen de ARFayyaz vía Wikipedia. CC BY-SA 4.0.
Todos los veranos, en los valles de Gilgit-Baltistán y Khyber Pakhtunkhwa, ubicados al norte de Pakistán, los agricultores se levantan con la inquietud sobre si la montaña que los protege se mantendrá firme. Ese temor no es infundado, ya que el aumento de las temperaturas derritió los glaciares en cordilleras como el Hindu Kush, el Karakórum y el Himalaya, formando lagos que ahora amenazan a millones de personas. En apenas una generación, el número de esos lagos se incrementó de forma notable y son producto del aumento de las temperaturas provocado por las emisiones industriales de países alejados de las montañas de Pakistán, además de crecer más rápido que las instituciones encargadas de gestionarlos.
Inundaciones por desborde de lagos glaciares
Las cifras son alarmantes. El deshielo de los glaciares en las tres cordilleras mencionadas generó 3044 lagos glaciares, de los cuales 33 se consideran muy vulnerables a las inundaciones por desborde de lagos glaciares o GLOF (por su sigla en inglés). Ese fenómeno no es una crecida gradual de agua, sino una inundación masiva que se produce cuando las barreras naturales que retienen un lago se rompen; a menudo debido a la actividad sísmica, avalanchas o lluvias fuertes.
Esas inundaciones liberan millones de metros cúbicos de agua y escombros en cuestión de horas. Los caudales máximos llegan a alcanzar los 15 000 metros cúbicos por segundo. Un modesto arroyo de montaña es capaz de convertirse en un torrente de 50 metros de profundidad y de extenderse hasta 10 kilómetros de ancho a través de una llanura aluvial, lo que provoca que muchos pueblos, puentes, granjas y carreteras desaparezcan antes de que las evacuaciones comiencen. Entre 2018 y 2021, se registraron cerca de 18 aluviones de ese tipo en la región. Para 2022, esa cifra trepó a 75 y solo en 2023, las autoridades registraron 83 episodios; cada uno de ellos arrasó comunidades que apenas habían contribuido a provocarlo.
A glacial lake outburst flood can release millions of cubic metres of water almost instantly, making early warning critical for saving lives.
Through the @Glof2Pakistan project, 284 early warning systems were installed across high-risk valleys in GB and KP and formally handed…
— UNDP Pakistan (@UNDP_Pakistan) June 8, 2026
Salvar vidas de las inundaciones glaciales: Sistemas de alerta temprana en el norte de Pakistán.
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En las inundaciones por desborde de lagos glaciares se puede liberar millones de metros cúbicos de agua casi instantáneamente, por lo que la alerta temprana es fundamental para salvar vidas.A través del proyecto de inundación por desbordamiento de un lago glaciar, se instalaron 284 sistemas de alerta temprana en valles de alto riesgo en Gilgit-Baltistán y Jaiber Pajtunjuá, y se entregó formalmente al Departamento Meteorológico de Pakistán in 2025.
Fortalecemos el estado de preparación con alertas oportunas que salvan vidas.
Quienes sufren esos daños están entre los grupos económicos más vulnerables del país. En Gilgit-Baltistán, el 26,7% de la población vive por debajo de la línea de pobreza y en la provincia de Jaiber Pastunjuá, en Pakistán, es el 22%. Son pequeños agricultores, pastores y trabajadores temporales sin ningún respaldo financiero. Una sola inundación por desborde de lago glaciar puede arrasar años de ahorros en un instante. El valle de Bagrot, donde viven más de 10,000 personas, está bajo la amenaza constante de un rebase que haría desaparecer todo el lugar. Más allá de la destrucción física, el ciclo recurrente de inundaciones y calor extremo generó una ansiedad persistente en esas comunidades; un temor que rara vez se expresa sin rodeos de que los desastres no cesarán y de que la vida normal no volverá.
Las consecuencias de la contaminación industrial
La injusticia no es sutil.
Pakistán produce menos del 1% de las emisiones globales de gases de efecto invernadero; sin embargo, está entre los diez países más vulnerables al cambio climático del planeta. En conjunto, Estados Unidos, la Unión Europea y China representan casi la mitad de todas las emisiones históricas de dióxido de carbono. Pakistán alberga más de 13,000 glaciares, la mayor concentración fuera de las regiones polares, cuyo rápido deshielo intensifica las inundaciones. Tan solo la temporada del monzón de 2025 afectó a 6.9 millones de personas, desplazó a tres millones y causó la muerte de más de mil, incluidos 275 niños. El secretario general de Naciones Unidas, Antonio Guterres, expuso con claridad el razonamiento moral en 2023: los países que provocaron la crisis tienen la obligación de financiar la recuperación de aquellos que no la causaron. Ese argumento generó cierto avance en los foros internacionales, pero la inversión económica es mucho menor de lo que sugieren las palabras.
La brecha entre las promesas y los pagos no es un fallo técnico, sino una decisión política. En el Pacto Climático de Glasgow de 2021, los países con mayores recursos económicos se comprometieron a duplicar la financiación destinada a la adaptación de los países en desarrollo hasta alcanzar los 40,000 millones de dólares para 2025. El análisis de la fundación CARE Dinamarca reveló que es probable que el apoyo bilateral para la adaptación solo llegue a 12,000 millones de dólares, es decir, apenas el 30% de ese objetivo, y tiene el potencial de disminuir aún más a medida que se recorten los presupuestos de ayuda.
Estados Unidos, Reino Unido, Francia y Alemania anunciaron que van a reducir los aportes a la financiación climática. Solo Dinamarca, Nueva Zelanda y Países Bajos se comprometieron explícitamente a destinar al menos la mitad de su financiación climática a la adaptación, tal como exige el Acuerdo de París. El resto de los países no tiene un plan vinculante. El Fondo para Pérdidas y Daños, creado en la COP27 abrió su primera convocatoria de propuestas por un valor de 250 millones de dólares en la COP30 en Belém, Brasil, tras años de presión por parte de países como Pakistán. Comparada con las pérdidas reales de Pakistán, la cifra resulta casi simbólica. El ministro de Finanzas de Pakistán, Muhammad Aurangzeb, declaró en la COP30 que el Fondo Verde para el Clima estaba sumido en la burocracia y que el Fondo para Pérdidas y Daños había avanzado muy poco. Pakistán sigue recurriendo a costosos préstamos multilaterales para pagar daños que no causó.
Vacíos en la respuesta a las inundaciones por desborde de lagos glaciares
En Pakistán, la respuesta también presenta deficiencias. El proyecto GLOF-II, iniciativa conjunta del Ministerio de Cambio Climático con el Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo en Pakistán, financiada por el Fondo Verde para el Clima, tiene como objetivo construir 250 estructuras de ingeniería y extender los sistemas de alerta temprana a 24 valles vulnerables. Una vez finalizada la obra, debería permitir que el 95% de los hogares en las comunidades objetivo reciban y actúen ante las alertas de inundación, lo que permitirá proteger alrededor de 29 millones de personas.
Esas metas son importantes. Sin embargo, el proyecto está en marcha desde 2017 y no evitó los desastres en Gilgit-Baltistán. Lo que se planifica en la capital, Islamabad, no siempre llega a un valle remoto de Baltistán. Una revisión de la UNESCO sobre el sistema de alerta temprana de inundaciones en Pakistán reveló deficiencias persistentes entre las agencias de supervisión y los equipos de respuesta. Una alerta emitida en la capital no llega automáticamente a un agricultor del distrito de Upper Swat, y cuando llega, tal vez ese trabajador no tenga una ruta de evacuación, refugio ni vecinos capacitados para ayudarlo.
La Autoridad Nacional de Gestión de Desastres y sus organismos provinciales y distritales conforman una cadena, y la información se estanca en cada eslabón. En la actualidad, los sistemas de alerta temprana cubren solo 24 valles en 18 distritos, en un territorio con más de 3000 lagos distribuidos en decenas de cordilleras remotas.
Federal Minister for @ClimateChangePK Dr. Musadik Malik called on Prime Minister Shehbaz Sharif today to provide an update on monsoon preparedness.
The PM reviewed the operational readiness of GLOF early warning systems and directed continuous monitoring of high-risk areas. https://t.co/gGLWJs0WJB
— Climate Change & Environment Ministry Pakistan (@ClimateChangePK) May 13, 2026
Ministro federal de Cambio Climático, doctor Musadik Masood Malik, recurre al primer ministro, Muhammad Shehbaz Sharif, en Islamabad, hoy (13 de mayo de 2026).
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El ministro federal de Cambio Climático, doctor Musadik Malik, se reunió hoy con el primer ministro, Shehbaz Sharif, para darle una actualización sobre los preparativos para la temporada del monzón.El primer ministro revisó la operatividad de los sistemas de alerta temprana ante las inundaciones por desborde de lagos glaciares y ordenó la supervisión continua de las zonas de alto riesgo.
La actividad humana agrava aún más el riesgo; el turismo no planificado, la construcción descontrolada y la deforestación persistente eliminan las barreras naturales que antes frenaban la erosión y absorbían la escorrentía. En Hunza y Astore se construyeron hoteles cerca de los límites arbóreos sin gestión de residuos ni un plan coherente de uso del suelo. La construcción de carreteras para el turismo provocó una deforestación y erosión del suelo significativas en los valles del norte. La Agencia de Protección Ambiental de Gilgit-Baltistán recomendó prohibir cinco años la construcción de hospedajes en varias partes de Gilgit-Baltistán, pero esa advertencia no se aplicó en su totalidad. El turismo aporta ingresos significativos a las economías de montaña y los Gobiernos locales enfrentan gran presión para no restringirlo. Por otro lado, cada hotel que se construye en una ladera frágil o cada tramo de bosque talado para una carretera deja más expuesto un paisaje ya de por sí vulnerable.
Por más de diez años, la evidencia científica se mantuvo sólida; solo en el Hindú Kush oriental, el número de lagos glaciares aumentó de 101 en 2000 a 162 en 2020, mientras que su superficie total se expandió de 9,72 a 12,36 kilómetros cuadrados. El Departamento Meteorológico de Pakistán advirtió que, si persisten las temperaturas cálidas, la tasa de deshielo y la frecuencia de las inundaciones repentinas por desborde de lagos glaciares aumentarán.
Un informe de Naciones Unidas anterior a la COP30 estimó que los países en desarrollo necesitarán entre 310,000 y 365,000 millones de dólares anuales para financiar la adaptación al cambio climático de aquí a 2035. Los países ricos aportaron 26,000 millones de dólares en 2023. Para las comunidades de montaña de Pakistán, esa cifra no es abstracta. En 2024, una inundación por desborde de lagos glaciares en el valle de Hunza destruyó un puente que conectaba dos partes de una aldea, y dañó viviendas y huertos de montaña. El puente no era una simple comodidad; era vital, ya que representaba la vía de acceso de las familias a mercados, escuelas y hospitales. Su pérdida no fue una estadística, sino el aislamiento total de una comunidad.
Cómo proteger a las personas en el futuro
Pakistán no causó la crisis climática, pero sufre algunas de sus peores consecuencias. Los lagos glaciares que se forman en sus cordilleras del norte son el resultado directo de las emisiones de las economías industrializadas. Las comunidades que viven al sur de esos lagos no tienen infraestructura, recursos, y ni influencia política necesaria para exigir medidas más urgentes.
La financiación internacional a través de proyectos como GLOF-II es necesaria, pero insuficiente. Las naciones ricas se comprometieron a duplicar la financiación para la adaptación, aunque aportaron menos de un tercio de lo acordado. El Fondo para Pérdidas y Daños, creado tras años de gestiones, se inauguró con 250 millones de dólares para cubrir pérdidas que ascienden a decenas de miles de millones.
Las autoridades de Pakistán deben considerar la prevención como una prioridad nacional permanente, y no como un objetivo vinculado a los ciclos de donaciones extranjeras. Una aplicación más estricta de la normativa ambiental, una planificación territorial transparente y sistemas de alerta temprana integrales no deberían ser utopías; son lo mínimo que millones de personas expuestas merecen. Los lagos ya existen; la cuestión es si el dinero, las instituciones y la voluntad de proteger a la población llegarán antes del próximo desbordamiento.






