Lo que el mundo se pierde cuando no entiende la apatridia

A blurred photo of a crowded street.

Foto borrosa de una calle muy transitada. Imagen de Pxhere. (CC0 – dominio público).

Por Christy Chitengu

Este artículo es de Christy Chitengu, del Movimiento Global contra la Apatridia (GMAS, sus siglas en inglés), socio de contenidos de Global Voices. Este artículo forma parte de la serie Spotlight de julio de 2026 de Global Voices, «Apatridia«. Esta serie ofrece visión detallada del problema de la apatridia y cómo limita la libertad de movimiento, oportunidades educativas, acceso político, y más. Puedes apoyar este reportaje con una donación.

Existe un momento que conocen bien muchos apátridas.

Se produce cuando alguien solicita un pasaporte, un certificado de nacimiento, un documento nacional de identidad o una prueba de nacionalidad. Para la mayoría, se trata de documentos habituales y aspectos burocráticos de la vida moderna. Para un apátrida, esa mera petición puede desencadenar una conversación mucho más complicada de lo que nadie espera.

Te encuentras dando explicaciones.

Explicas que no, que no eres extranjero. No, que no eres necesariamente un refugiado. No, que posiblemente no hayas cruzado ninguna frontera. No, que posiblemente no haya otro país que te reclame. Explicas que, a pesar de haber nacido en un lugar, de haber crecido allí, de hablar su idioma y pertenecer a una comunidad, ningún Estado te reconoce como ciudadano.

Entonces, viene el silencio.

A veces, es confusión. A veces, incredulidad. A menudo, te das cuenta de que la persona que tienes frente a ti nunca ha oído hablar de la apatridia.

Como alguien directamente afectado por la apatridia, he vivido estas conversaciones a lo largo de toda mi vida. De esto se deduce algo importante: Aunque la apatridia afecta a millones en todo el mundo,  en gran medida sigue siendo invisible. Permanece en la sombra de la conciencia pública, con frecuencia se malinterpreta y a menudo se confunde con migración, desplazamiento o condición de refugiado. Mientras que estas cuestiones pueden solaparse, la apatridia es su propia realidad, con diferentes causas, consecuencias e historias. Sin embargo, esas distinciones desaparecen de los debates públicos con demasiada frecuencia.

Cuando el Movimiento Global contra la Apatridia y Global Voices se unieron para elaborar la serie de este mes, nos volvimos a encontrar con esa invisibilidad.

Global Voices llega a un público que va mucho más allá de los círculos donde se habla habitualmente de la apatridia. Entre sus lectores hay periodistas, activistas, investigadores, líderes comunitarios, estudiantes y gente común y corriente que busca comprender el mundo a través de las experiencias de los demás. Cuando comenzamos a planificar esta colaboración, quedó claro que muchos lectores se toparían con la palabra «apatridia2 por primera vez.

Me di cuenta y me quedé con eso.

Durante años, muchos de los integrantes del movimiento contra la apatridia nos hemos centrado en derechos, reforma legislativa, debates sobre políticas y organización comunitaria. Hemos trabajado sin descanso para cambiar las leyes, mejorar el acceso a los derechos y enfrentar a los sistemas que excluyen a las personas de la ciudadanía. Sin embargo, a lo largo del camino, fuimos asumiendo que existía un entendimiento común de que, a menudo, no existía. Hablamos con responsables políticos, organizaciones internacionales, expertos jurídicos y defensores de la causa. Hablamos con personas que ya conocían el tema.

De muchas maneras, hablamos con personas ya convencidas.

Pero ¿qué ocurre cuando el público en general no sabe que el problema existe?

¿Cómo se puede apoyar las soluciones para la apatridia si nunca ha oído hablar de estas historias? ¿Cómo pueden comprender su urgencia si el problema en sí permanece oculto? ¿Cómo pueden valorar lo que significa la ciudadanía a quienes se les niega si nunca escuchan directamente a quienes viven sin una ciudadanía?

Estas preguntas se convirtieron en la base de esta serie.

En esencia, esta serie es una invitación. Una invitación a tomarse una pausa y escuchar las voces que a menudo quedan excluidas de los debates generales. Una invitación a superar las definiciones jurídicas y el lenguaje político, y conocer a quienes viven estas realidades cada día.

Porque para describir la apatridia suelen utilizarse términos técnicos, leyes de nacionalidad, marcos de ciudadanía, sistemas de identidad jurídica y procedimientos de registro. Estos aspectos son importantes. Influyen considerablemente en la vida de las personas. Pero el lenguaje jurídico por sí solo no puede plasmar cómo se vive la apatridia. No puede describir plenamente la ansiedad de no saber si podrás continuar con tu educación. No puede expresar la frustración de verse privado de oportunidades por no poder presentar documentos que otros consideran obvios. No puede explicar lo que supone tener que demostrar una y otra vez tu existencia, a qué lugar perteneces o tu valía ante instituciones que se niegan a reconocerte.

Tampoco puede plasmar las pérdidas más silenciosas.

La sensación de que te digan, directa o indirectamente, que no perteneces a ese lugar. La incertidumbre que te acompaña hasta la edad adulta. La carga psicológica que supone tener que moverte por sistemas que se crearon sin tenerte en cuenta. Vivir cómo ponen en duda tu comunidad, tu familia, tu historia y tu identidad por una situación sobre la que tienes poco control.

Y aún así, si hay algo en esta serie con lo que espero que se queden los lectores es que los apátridas son mucho más que los retos que enfrentan.

A pesar de que las historias sobre comunidades marginadas se centran exclusivamente en el sufrimiento con demasiada frecuencia, es igual de importante reconocer su capacidad de actuar. Los apátridas de todo el mundo se están organizando, movilizando, creando, liderando y defendiendo. Están creando movimientos, apoyándose mutuamente, documentando sus historias y cuestionando los sistemas que los excluyen.

Esto es algo de lo que he sido testigo de primera mano a través del Movimiento Global contra la Apatridia.

En los últimos años, he tenido el privilegio de contactar con activistas y líderes de diferentes regiones cuyas vivencias de apatridia están marcadas por diferentes historias, culturas y contextos políticos. Algunos viven en países donde las leyes discriminatorias en materia de nacionalidad siguen impidiendo que comunidades enteras obtengan la ciudadanía. Otros lidian con el legado de colonialismo, conflictos, sucesión de Estados o exclusión administrativa. Sus circunstancias difieren, pero sus historias comparten temas comunes como la resiliencia, la dignidad y la determinación.

Una y otra vez, lo que más me ha impactado no es lo que no tienen los apátridas, sino lo que siguen construyendo a pesar de los obstáculos a los que se enfrentan.

Este Spotlight refleja la realidad.

Las historias que se recogen aquí abarcan diferentes países, regiones y vivencias. Analizan los sistemas que generan y perpetúan la apatridia, pero también destacan la creatividad y la resistencia que surgen de las comunidades afectadas. Demuestran que la apatridia no es un problema remoto ni aislado. Está entrelazada con cuestiones de identidad, lugar de pertenencia, derechos humanos, tecnología, gobernanza y poder. Hace que nos planteemos quién es reconocido, quién queda excluido y quién puede participar plenamente en la sociedad.

No se trata de cuestiones abstractas.

Condicionan la vida de millones de personas cada día.

A medida que leas esta serie, te animo a que te acerques a estas historias con curiosidad y con la mente abierta. Algunas pueden cuestionar ciertas suposiciones. Otras pueden revelar realidades que nunca habías encontrado antes. Muchas nos recordarán que, detrás de cada conversación sobre ciudadanía, documentación y situación legal, hay seres humanos que buscan lo mismo que quiere la mayoría: seguridad, dignidad, oportunidades, reconocimiento y un lugar al cual pertenecer.

La visibilidad por sí sola no acabará con la apatridia. Pero la invisibilidad ha permitido que persista durante demasiado tiempo.

Esta serie es un pequeño esfuerzo para el cambio. No hablando sobre apátridas, sino creando un espacio para que los apátridas y quienes están estrechamente relacionados con las comunidades afectadas puedan hablar por ellos mismos.

Porque la comprensión empieza por escuchar.

Y quizá, a través de estas historias, más personas llegarán a comprender que la apatridia no es solamente la falta de ciudadanía. Es una cuestión de humanidad, de lugar de pertenencia y de si el mundo está dispuesto a reconocer a las personas tal como se reconocen a sí mismas.

Ese reconocimiento es donde comienza el cambio.

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