
Marcha por la visibilidad trans en Washington, D. C. vía Wikimedia Commons (CC BY-SA 2.0),.
Las elecciones acentúan los principales problemas que viven las personas trans todos los días. En los últimos años, los políticos de todas las regiones del mundo han utilizado la transfobia como arma para ganar votos y desacreditar a sus oponentes. La discrepancia entre la apariencia de las personas trans y su documento de identidad las expone a la discriminación y al acoso en las urnas. La hostilidad social y la exclusión hacen que algunas personas trans se mantengan al margen de la vida política y eviten votar por completo. En este artículo, Outright International, organización internacional de defensa de los derechos LGBTIQ+, recopila ejemplos recientes de barreras que enfrentan las personas trans en las elecciones, y formula recomendaciones para promover una participación plena en la democracia.
La transfobia como arma
En el “superaño electoral” de 2024, el odio hacia lesbianas, gais, bisexuales, trans, intersexuales y queer (LGBTIQ+) estuvo en las urnas en alrededor del 85% de los países en los que que hubo elecciones. El informe “Queering Democracy” de Outright, el estudio global más exhaustivo sobre la participación de las personas queer en las elecciones, reveló que los políticos estuvieron involucrados en campañas contra el colectivo LGBTIQ+ en 51 de las 61 jurisdicciones analizadas en el informe.

Campaña de VoteLGBT en Brasil que anima a votar por candidatos LGBTIQ+, Orgullo de São Paulo 2024. Foto: Fernando Galacine.
Por ejemplo, las elecciones presidenciales en Ghana se convirtieron en “una competición para ver quién era más homofóbico”. Los principales candidatos se superaban unos a otros en su compromiso de promulgar una ley que tipificara como delito el mero hecho de ser trans, queer o aliado. En Estados Unidos, el Partido Republicano gastó más de 215 millones de dólares en anuncios televisivos contra los trans, que generó miedo en torno al acceso de las personas trans a asistencia de salud y a servicios públicos, incluso aunque estas cuestiones no eran prioridad de los votantes.
En al menos 25 países en 2024, los candidatos utilizaron términos de moda como “ideología de género”, “adoctrinamiento” o “wokismo” para demonizar la igualdad de derechos de minorías de sexo y de género, principalmente de las personas trans. En Macedonia del Norte, el partido de extrema derecha VMRO-DPMNE obtuvo la mayoría en el Parlamento tras una campaña en la que se presentaba falsamente a la educación sexual integral como “ideología de género” y “adoctrinamiento”.
En 2026, en cerca de 55 países sus ciudadanos votarán en elecciones. Mientras investigábamos el desarrollo de los procesos electorales para un informe de seguimiento de Queering Democracy (a publicarse a principios de 2027), encontramos más ejemplos de transfobia política y pánico de género que exponen un patrón recurrente:
Por ejemplo, el presidente de extrema derecha electo en Colombia, Abelardo de la Espriella, arremetió contra la “ideología de género” a lo largo de toda la campaña. Durante la presentación de su candidatura presidencial, declaró que “no acepta que se condicione a nuestros hijos, que se les contamine con la ideología de género para intentar cambiar su visión de la sexualidad”.
Antes de las elecciones regionales de Sajonia-Anhalt (Alemania), a celebrarse en septiembre, el partido de extrema derecha AfD presentó su programa electoral más extremista hasta la fecha, en el que se compromete a erradicar la “ideología de género” y la “doctrina del arcoíris”, y que suprimirá los programas de estudios de género, los cupos de género, los presupuestos con perspectiva de género y la educación sexual integral, entre otras medidas. Actualmente, la AfD lidera las encuestas con un amplio margen.
Con vista a las elecciones generales de mitad de mandato de legislatura de Estados Unidos de noviembre de 2026, los miembros del Partido Republicano están incluyendo en las papeletas electorales medidas contra los trans en al menos cuatro estados, sobre atención de salud de reafirmación de género y participación de las personas trans en deportes.
En Hungría, la intolerancia tuvo una derrota en las urnas en 2026. Los votantes acudieron a las urnas en cifras sin precedentes para expulsar al primer ministro Viktor Orbán diez meses después de la histórica marcha del Orgullo de Budapest de 2025, la mayor manifestación celebrada en el país hasta la fecha. Aunque la fobia a los queers del partido Fidesz de Orbán se suavizó relativamente en comparación con elecciones anteriores, siguió siendo un pilar central de sus valores, ya que este partido impuso por vía rápida una ley que prohibió con eficacia el Orgullo en 2025. Antes de las elecciones de abril de 2026, el vicepresidente de Estados Unidos, JD Vance, viajó a Hungría para apoyar a Orbán, lo que difundió la afirmación falsa de que una derrota de Orbán “condenaría a los niños a la mutilación [sic] y la esterilización en nombre de la atención de salud de género”.
Ataques contra candidatos trans
Las elecciones pueden tornarse un asunto violento para las pocas personas trans que han logrado romper el proverbial techo de cristal y han conseguido aparecer en las papeletas de votación. Si bien todos los candidatos son vulnerables a ataques independientemente de su género, los candidatos trans enfrentan niveles extremos de hostilidad, vinculados a su identidad, lo que afecta lo más profundo de su ser. Corren un riesgo mayor, ya que sus oponentes se aprovechan de las normas sociales que controlan las diversas identidades y expresiones de género:
En Pakistán, un agresor afiliado al partido político islamista Jamaat-e-Islami agredió físicamente a una candidata trans y a su equipo en 2024, mientras que los voluntarios de su campaña sufrían constante acoso verbal.
En Colombia, los seis candidatos abiertamente trans y no binarios identificados en 2026 denunciaron “que no se les asignaban en género correcto, burlas y discriminación en línea”, según un informe de seguimiento de una organización social.
En Brasil, el odio tuvo consecuencias mortales: una candidata trans de los comicios locales de 2024 fue hallada decapitada un mes después de las elecciones. En este ciclo electoral, las candidatas trans sufrieron intensos ataques en línea; el colectivo queer VoteLGBT identificó más de 3000 comentarios transfóbicos dirigidos únicamente a una candidata trans local.
Los candidatos también pueden ser víctima de la transfobia, aunque no sean trans. Los políticos recurren a ideas retrógradas sobre el género para desacreditar a sus oponentes. Por ejemplo, en Estados Unidos, como parte de una mayor campaña de desprestigio, un asesor de la Casa Blanca afirmó falsamente que el candidato demócrata que postula al Senado en Texas está “claramente en proceso de transición al género femenino” y es el “primer candidato transgénero al Senado” de ese partido.
Antes de la campaña de reelección de 2022, los opositores políticos del presidente francés, Emmanuel Macron, comenzaron a difundir rumores de que su esposa, Brigitte Macron, era trans. Estos se basaron en un rumor malicioso sobre la sexualidad del mandatario que se había propagado por primera vez durante su postulación presidencial de 2016. En Canadá, días después de las elecciones de 2025, medios de extrema derecha atacaron al hijo no binario y adulto del primer ministro, Mark Carney, y describieron al mandatario como un padre irresponsable por haberle permitido que realizara su transición.
Privación del derecho al voto
Solo 18 países permiten a las personas trans actualizar su indicador de género en documentos oficiales según su libre determinación. Cerca de otros 42 países permiten cambios en determinadas circunstancias, pero imponen obstáculos, como restricciones médicas y trámites burocráticos. La mayoría de los países no permiten en absoluto que las personas trans cambien su indicador de género legal en documentos de identidad. Cuando hay una discrepancia entre la apariencia y los documentos legales, las personas trans pueden verse expuestas a discriminación en los centros electorales:
En Bangladesh, Inclusive Bangladesh, organización dirigida por personas trans, informó a Outright que, en 2026, miembros de mesas electorales rechazaron a algunas personas trans que no habían cambiado su indicador de género por discrepancias entre su apariencia y su documento, o les comunicaron que su voto ya había sido emitido. Aunque Bangladesh reconoce una categoría de “tercer género” conocida como hijra, su aplicación es desigual y restrictiva.
En Indonesia, personas del colectivo queer a quienes se entrevistó Outright en 2024 señalaron que el personal de los centros de votación inicialmente se negó a permitir el voto de algunas personas trans por discrepancias entre su apariencia física y su nombre legal y marcador de género.
Incluso en países con un marco sólido de políticas de no discriminación, el pleno ejercicio de los derechos electorales no está garantizado.
En Colombia, a pesar de que el Consejo Nacional Electoral emitió un protocolo oficial que establece explícitamente que la discrepancia entre la apariencia física de una persona y su documento de identidad no puede utilizarse como motivo para denegarle el derecho al voto, hubo casos de discriminación en las elecciones de 2026. Los observadores electorales documentaron casos en que los miembros de las mesas electorales sometieron a los votantes transgénero a un uso incorrecto del género, a “comentarios o tratos irrespetuosos” y a exigencias ilegales como “pruebas adicionales” para validar su identidad.
En España, uno de los 18 países que ofrecen el reconocimiento legal del género según la autodeterminación, un hombre trans que intentó votar en las elecciones al Parlamento Europeo de 2024 denunció que se le acusó de cometer fraude y se le negó el derecho al voto.
Las personas trans también sufrieron intimidación al voto en Bangladesh en 2026. Según Inclusive Bangladesh, políticos locales que hacían campaña a favor de candidatos del Partido Nacionalista de Bangladesh y del Jamaat-e-Islami de Bangladesh dijeron a algunas personas trans de al menos seis distritos que no votaran, con el argumento de que sus votos “no eran necesarios” o que se emitirían en su nombre.
Las prácticas electorales por género que no son directamente discriminatorias también pueden tener un impacto negativo en la capacidad de las personas trans para votar. En Bután, por ejemplo, las filas y las cabinas electorales están segregadas por sexo, lo que podría suponer un problema para las personas trans y no binarias. Se requiere un certificado de un psiquiatra para cambiar los indicadores legales de género. Durante las elecciones a la Asamblea Nacional de 2023-2024, las personas trans que aún no habían cambiado su indicador de género tuvieron que hacer cola según el sexo que se les asignó al nacer.
Esta situación pone a las personas trans ante un dilema: votar puede exponerlas a sufrir daños, mientras que, si se abstienen, se les priva de la oportunidad de participar en un ejercicio democrático y de contribuir plenamente a la vida política. En países donde no es posible el reconocimiento legal del género, como Botsuana, Bulgaria y Hungría, varios activistas explicaron a Outright en 2024 que algunas personas trans evitaron votar ese año por miedo a la discriminación o por experiencias negativas relacionadas con el uso incorrecto de pronombres y el acoso.
La democracia queer
A pesar de estas barreras, muchas personas trans siguen creyendo en la promesa de la democracia y se encuentran entre las primeras en defender su valor, tanto en las urnas como fuera de estas.
Este año, India y Nepal han elegido a sus primeros legisladores que se declaran abiertamente trans, en un momento en el que los sectores contrarios a los trans avanzan para revertir o socavar derechos que tanto costó conseguir.
En Uganda, donde una draconiana ley contra la homosexualidad tipificó la “homosexualidad agravada” como delito capital en 2024, los defensores de los derechos LGBTIQ+ organizaron sesiones informales de educación electoral, debates comunitarios y formación para jóvenes trans sobre seguridad electoral antes de las elecciones generales de 2026.
En Tailandia, el reconocimiento legal del género se incluyó en el programa electoral de 2026 del Partido del Pueblo, el mayor partido opositor del país, gracias a la incansable labor de los movimientos queer, lo que supone un avance gradual un año después de que la igualdad matrimonial se convirtió en ley.
Los trans son ciudadanos de pleno derecho e iguales ante la ley, no un blanco fácil para sumar votos. Nuestras democracias son más fuertes cuando todos pueden participar plenamente y reivindicar su lugar en la vida política, independientemente de su género.






