Artista de Myanmar enfrenta la apatridia y el activismo en Francia

Artist Yadanar Win at a protest for Myanmar in Paris.

La artista Yadanar Win en una manifestación en apoyo a Myanmar en París. Foto de: Stéphane Ferrer. 2024. Utilizada con autorización.

Este artículo forma parte de la serie Spotlight de julio de 2026 de Global Voices, «Apatridia«. Esta serie ofrece una visión detallada del problema de la apatridia y cómo limita la libertad de movimiento, oportunidades educativas, acceso político, y más. Puedes apoyar este reportaje con una donación.

En febrero de 2021, el Ejército de Myanmar tomó el poder y derrocó a la gobernante Liga Nacional para la Democracia. Desde entonces, el golpe de Estado desencadenó una grave catástrofe humanitaria, pues la junta ha llevado a cabo una brutal represión contra las fuerzas y los activistas defensores de la democracia.

Según un informe de enero de 2026 publicado por el Servicio Jesuita a Refugiados, se han registrado 3,6 millones de personas como desplazados internos a causa del conflicto en Myanmar. Naciones Unidas señaló que el número de desplazados internos aumentó en enero mes después de que el Consejo de Administración del Estado de Myanmar intensificó los ataques aéreos y de artillería indiscriminados y deliberados contra comunidades civiles, colegios, hospitales y lugares de culto. Solo en el primer semestre de 2026, el Ejército llevó a cabo 477 ataques aéreos contra la población civil y zonas controladas por organizaciones de resistencia étnica. Con 1200 grupos armados distintos, la organización Datos de Ubicación y Eventos de Conflictos Armados calificó el conflicto de Myanmar como el más fragmentado del mundo.

Guerra jurídica y represión transnacional

Women were at the forefront of democracy and resistance in Myanmar; now they are targeted by the junta due to their gender.

Las mujeres estuvieron al frente de la democracia y la resistencia en Myanmar: ahora son blanco de la junta por el mero hecho de ser mujeres. Crédito de la foto: Stéphane Ferrer. 2024. Utilizada con autorización.

Los artistas, músicos y cineastas defensores de la democracia están entre las figuras más activas en la resistencia contra la junta. Por oponerse al gobierno militar, la clase creativa ha sido objeto de una persecución severa, con detenciones, ejecuciones y la revocación de la ciudadanía.

«Tras el golpe de Estado, quienes participaron en las protestas fueron encarcelados o desaparecieron. Muchos se unieron a los ejércitos de liberación en la selva; muchos huyeron del país. Los artistas, los activistas y los periodistas no tienen libertad. El país es uno de los peores lugares para activistas, artistas y periodistas. La junta se está asegurando de que el país permanezca aislado del mundo», dijo Yadanar Win, artista de Myanmar exiliada que vive en Marsella, Francia.

Yadanar es una de las pocas artistas de Myanmar que se vieron obligadas a huir del país tras el golpe de Estado. Aunque viven en el extranjero, muchos siguen utilizando su arte para oponerse a la junta.

En respuesta, la junta recurrió de forma arbitraria a la ley de ciudadanía de 1982 para revocar los documentos de identidad de los líderes de la oposición, activistas y artistas de Myanmar exiliados, lo que, en la práctica, los convirtió en apátridas, sin poder regresar o trasladarse a otro país de acogida, al tiempo que los deja expuestos a abusos, extorsiones y trata de personas.

«Me fui de Myanmar en 2021, tres meses después del golpe de Estado. Ya no tengo mis documentos de Myanmar. No he podido ver a mi familia desde que empezó la guerra. Sería demasiado arriesgado volver», contó Yadanar.

La vida de un creativo desplazado

Yadanar at one of her exhibitions on Myanmar women in Bolzano, Italy, 2023.

Yadanar en Bolzano, Italia, en 2023, presenta su exposición sobre las mujeres de Myanmar. Crédito de la foto: Stéphane Ferrer. Utilizada con autorización.

Como artista joven, Yadanar se unió al colectivo artístico clandestino New Zero, con sede en Rangún, fundado por antiguos presos políticos. Canalizó su descontento a través del arte conceptual y la actuación.

En Europa, Yadanar se esforzó mucho por aprender un nuevo idioma mientras buscaba regularizar su situación y continuaba con su labor de defensa del movimiento en favor de la democracia en Myanmar.

«Llegué a Francia sin tener ni la más mínima noción del idioma», recuerda sobre el día en que aterrizó en Francia. «Nunca pensé que me quedaría aquí. Sin dominar el idioma, es difícil hablar de Myanmar más allá de lo obvio, como su ubicación geográfica o sus lugares emblemáticos», añadió.

La seguridad física que siente al estar lejos de Myanmar no le garantiza la tranquilidad. Adaptarse a una nueva cultura mientras se sortean los largos y complicados trámites burocráticos para obtener la situación legal puede llevar a una persona a un estado constante de ansiedad y depresión.

«En Francia, los trámites administrativos para los extranjeros se gestionan en la Prefectura. Es muy agotador, con mucha incertidumbre y confusión sobre los requisitos de documentos y un largo periodo de espera», explica. «Me enteré por mis compañeros artistas de Myanmar y otros artistas en el exilio de que están pasando por las mismas dificultades administrativas. La peculiaridad de los artistas de Myanmar es que muchos de los funcionarios de la Prefectura del sur de Francia no estaban seguros de si Myanmar es realmente un país».

Sospecha que la ignorancia de las autoridades locales refleja la falta de cobertura mediática adecuada sobre su país natal. Esto hace que la pequeña comunidad de creativos exiliados en Francia esté aislada, ignorada y luchando por hacerse oír.

«No somos muchos los artistas de Myanmar. Somos muy pocos y nuestras voces no suenan tan alto como las de otros», declaró a Global Voices. «Hay muy poco apoyo para los artistas de Myanmar en el exilio, a diferencia de lo que ocurre con los de Palestina o Ucrania, países con mucho mejor cobertura en los medios internacionales».

Más allá del activismo, la vida debe seguir. Es bien sabido que para los refugiados resulta complicado acceder al mercado laboral local resulta. Uno de cada dos refugiados en Francia está desempleado o incapacitado para trabajar tres años después de haber llegado al país, a pesar de que el mercado laboral francés necesita urgentemente mano de obra, ya que el 74% de los empleadores señala que falta talento. El Instituto Francés de Relaciones Internacionales señala que, un año después de obtener la situación de refugiado, solo el 42% de los refugiados que viven en Francia consigue encontrar empleo, y quienes le encuentran suelen aceptar trabajos ajenos a su ámbito de especialización o nivel de calificación.

«Para un artista en el exilio, crear y expresarse a largo plazo resulta difícil. Primero tenemos que sobrevivir. Este año, quizá tenga que dejar el arte en un segundo plano para garantizar mi sobrevivencia diaria. Estoy esforzándome por encontrar tiempo y energía para asegurarme de que mi activismo continúe».

Refugios para los creativos en el exilio

La creatividad de un artista puede verse sometida a un círculo vicioso que va más allá de la opresión, como la falta de representación y el aislamiento. Por eso, según Yadanar, es fundamental la presencia de colectivos que acojan a los artistas exiliados.

En Francia, Yadanar encontró conexión y libertad creativa entre otros artistas que vivían una situación similar en el «Atelier des artistes en exil«, organización sin ánimo de lucro con sede en París y Marsella dedicada a apoyar a artistas en el exilio.

«Dentro del colectivo, mis compañeros artistas me han escuchado y hemos podido estar juntos. Compartimos ideas, preparamos proyectos expositivos juntos y nos apoyamos mutuamente. Este año, hasta ahora, he realizado dos exposiciones con el colectivo».

No obstante, los artistas de Myanmar en el exilio se encuentran geográficamente dispersos por diferentes países y zonas horarias. «Hasta ahora, no existe ninguna asociación formal que reúna a los artistas de Myanmar en el exilio, ninguna que los una todavía», reflexiona, al tiempo que destaca la importancia de construir una comunidad cohesionada de artistas que compartan la misma cultura y la misma misión, dedicada a la liberación de Myanmar.

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