«El suspiro de la Tierra». Fragmentos de comunidades olvidadas tras los terremotos de Venezuela

The aftermath of the earthquakes in Venezuela in Boca de Aroa, Carabobo state on June 24, 2026. Photo by Saúl Zerpa. Used with permission.

Secuelas de los terremotos de Venezuela en Boca de Aroa, estado Carabobo, 24 de junio de 2026. Doto de Saúl Zerpa, usada con autorización.

Este artículo es parte de la cobertura especial “Dentro del desastre por el terremoto en Venezuela”, que examina las secuelas de los terremotos, cuenta historias desde el terreno y explora el impacto humano, trabajos de rescate y dificultades que enfrentan las comunidades afectadas.

El 24 de junio de 2026, a las 18:04 horas local, la tierra en toda la costa norte de Venezuela liberó su tensión en un doblete sísmico que azotó principalmente La Guaira, donde quedan el principal puerto del país y la capital, Caracas. También afectó a ValenciaMorón en el estado Carabobo, y Boca de Aroa en el estado Falcón, ambos ubicados a lo largo del corredor costero más cercano a donde ocurrieron los terremotos.

Los medios noticiosos y las plataformas sociales se saturaron de imágenes de escombros, rescatistas y voluntarios. Entonces empecé mi proyecto titulado “El suspiro de la tierra” desde la premisa opuesta: crear una memoria visual dentro de la experiencia vivida del sismo, y no tanto del muy mostrado epicentro.

Days to come: life changes. What used to be a story told by your parents is now a reality: “If an aftershock is going to knock it down, I’d rather knock it down myself,” said a Boca de Aroa resident as he was dismantling the remains of his home. Photo by Saúl Zerpa; used with permission.

Lo que se viene: la vida cambia. Lo que antes era una historia que contaban tus padres ahora es una realidad: «Si una réplica va a derribarla, prefiero derribarla yo», dijo un vecino de Boca de Aroa mientras desmantelaba los restos de su casa. Foto de Saúl Zerpa, usada con autorización.

La Guaira fue el estado que sufrió la peor devastación. Queda a 30 kilómetros (19 millas) de Caracas, y ahí viven aproximadamente 400,000 personas, y el Gobierno venezolano lo declaró zona de desastre. La cifra de muertos llegó a miles, y según el Banco Mundial, el daño estructural se estima en 19,600 millones de dólares.

Morón, en la costa central de Venezuela, está a solo 21 kilómetros (13 millas) al este del epicentro de los principales sismos. En varias comunidades, 60 familias fueron afectadas por los terremotos, 40 de las cuales perdieron completamente su casa. Los informes preliminares estimaron nueve muertos tras los sismos.

Boca de Aroa, en la franja costera oriental entre Morón y Tucacas, también sufrió severos impactos en viviendas y servicios públicos. Los informes iniciales documentaron 87 casas afectadas y 252 personas desplazadas, y licuefacción de la tierra, fisuras del terreno, hundimientos, y daños a postes y transformadores eléctricos.

In Boca de Aroa, 128 homes were declared uninhabitable, leaving their occupants vulnerable, without the memories and accumulated experiences the structures previously held. Valuing life is essential, but without a place from which to live it, it can feel as though you have lost it. Photo by Saúl Zerpa; used with permission.

En Boca de Aroa, 128 fueron declaradas inhabitables, y sus ocupantes han quedado en situación vulnerable, sin los recuerdos ni las experiencias acumuladas que antes sostenían las estructuras. Es esencial valorar la vida, pero sin un lugar donde vivir, se puede sentir que se ha perdido todo. Foto de Saúl Zerpa, usada con autorización.

Pese a esto, la atención internacional se volcó abrumadoramente a La Guaira. El derrumbe de numerosos edificios en distritos residenciales y turísticos densamente poblados cerca de Caracas y del aeropuerto internacional de Maiquetía dominó la cobertura noticiosa en todo el mundo. Como resultado, muchos que lo perdieron todo quedaron fuera de la vista del público.

Antes que documentar la zona cero del desastre, el proyecto busca recopilar rastros del terremotos tal como persisten en la vida cotidiana. Reúne fotografías de la destrucción local y la devastación de las viviendas en Carabobo y Falcón, y capturas de pantalla de conversaciones, mapas regionales y registros sismológicos.

Uní todo ese material en un video, y convertí “El suspiro de la tierra: Fragmentos de comunidades dejadas de lado tras el terremoto de Venezuela” en un proyecto de documental no convencional:

El video reúne fotografías de zonas afectadas fuera de La Guaira, como Valencia, Morón y Boca de Aroa, y las combina con capturas de pantalla, mapas y visualizaciones digitales creadas con un emulador de Python de patrones Chladni que tradujo las frecuencias del terremoto en formas visuales abstractas.

La banda sonora es fundamental en el video. La película intercala esas imágenes con mensajes de voz de familiares que me preguntaban si estaba bien y la melodía de una guitarra acústica grabada durante uno de los frecuentes apagones de Valencia. El resultado es la construcción de material de memoria visual que resiste la abrumadora capacidad de reproducción de imágenes contemporáneas del desastre.

Bonilla: “I can’t leave this place. I don’t want to leave my house alone.” More than 80 families were affected in Boca de Aroa, Falcón state. Photo by Saúl Zerpa. Used with permission.

Bonilla: ‘No puedo salir de acá. No quiero dejar mi caso sola.’ Más de 80 familias quedaron afectadas en Boca de Aroa, estado Falcón. Foto de Saúl Zerpa, usada con autorización.

Venezuela es un país sísmico. En 2005, investigadores venezolanos y el Gobierno japonés advirtieron de los riesgos que enfrentaba la ciudad de Caracas ante un gran terremotos; el 80% de la población está concentrada en zonas de máximo riesgo sísmico.

Sin embargo, lo que se vio más afectado en las colinas de Morón, estado Carabobo, fue lo construido por las especies humanas. Los árboles, incluidos los destellos de llamativos árboles, quedaron intactos. Es la selección de naturaleza, de qué se queda y qué se va.

In Venezuela, housing crises, internal migration, and the lack of regulations—as well as the failure to enforce those that already exist—have created complex conditions for responding to natural disasters. Homes in Morón, an area near the coast of Carabobo State, were affected. Photo by Saúl Zerpa. Used with permission.

En Venezuela, la crisis de vivienda, la migración interna y la falta de regulaciones (y la falta de aplicarla que ya existen), han creado condiciones complejas para responder a desastres naturales. Casas en Morón, afectada zona de la costa del estado Carabobo. Foto de Saúl Zerpa, usada con autorización.

Tras estos devastadores terremotos, Venezuela vive un dolor colectivo. Todo el país está roto, y en plataformas digitales, han crecido las expresiones genuinas de quienes viven este dolor. Contar la historia una y otra vez parece ser una manera de sobrellevar el dolor.

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