
Isabelle. Imagen cortesía del autor.
Este artículo forma parte de la serie Spotlight de julio de 2026 de Global Voices, «Apatridia«. Esta serie ofrece una visión detallada del problema de la apatridia y cómo limita la libertad de movimiento, oportunidades educativas, acceso político, y más. Puedes apoyar este reportaje con una donación.
En los últimos dos años, Rainbow International (Arcoíris Internacional), una organización protectora de los derechos LGBTQ+ a nivel global, ha ubicado a Rusia en el último lugar de derechos LGBTQ+ en Europa. Para las personas transgénero que viven en Rusia, esto representa una vida de riesgos, peligros y con frecuencia exilio. Global Voices entrevistó a Isabelle, mujer transgénero de Magnitogorsk, Rusia, acerca de su experiencia en Rusia, su consecuente decisión de huir del país por su seguridad y caótico proceso de asilo en Europa.
Magnitogorsk es una ciudad industrial grande en los Urales. Se le conoce como una monociudad; la comunidad completa está agrupada en torno a una planta industrial, la planta metalúrgica de Magnitogorsk, que produce acero. La comunidad solo existe porque la planta existe.
Como la mayoría de lugares en Rusia, aparte de algunas comunidades en grandes ciudades, las personas tienden a ser muy homofóbicas. Isabelle cuenta:
I realized I was a trans girl around the age of 16–17, though at that time I didn’t know what this meant. I didn’t dare to transition because I was living in a dorm in Magnitogorsk, and it was scary: Society in Russia, especially in smaller cities, is quite unfriendly, let’s put it that way.
In the summer of 2022, with the help of Center T, I received a ‘diagnosis’ and officially started hormone replacement therapy: back then it was still possible. Then, gradually, things started getting banned, and eventually everything was prohibited completely with the ‘law banning gender transition’ in 2023.
Me di cuenta de que era trans cuando tenía entre 16 y 17 años, aunque en ese tiempo no sabía qué significaba. No me atreví a transicionar porque vivía en un departamento en Magnitogorsk, y era aterrador; la sociedad en Rusia, en especial en ciudades pequeñas, es descortés, por decir algo.
A mediados de 2022, con el apoyo de Center T (Centro T), recibí un «diagnóstico» y empecé oficialmente la terapia hormonal, cuando todavía era posible. Luego, gradualmente, se comenzaron a prohibir cosas, hasta que todo quedó prohibido por completo con la «ley de prohibición de cambio de sexo» en 2023.
Center T es una ONG de Rusia que ha ayudado a las personas trans y sus familias desde 2020. En marzo de 2026 fue declarada «organización extremista» en Rusia. Asignarles condición de extremistas significa que cualquiera que esté conectado a la organización es penalmente perseguido, ya sea como empleados o inscritos como miembros fundadores.
Según la lógica de las autoridades rusas, se puede abrir un caso contra cualquiera que haya «participado» en actividades de esas organizaciones. Esto implica que las donaciones a la organización, brindar asesorías para el proyecto o dentro de sus iniciativas, toda forma de ayuda, incluso un simple mensaje positivo en redes sociales, podría tratarse como delito.
Desde este ataque político, Center T emitió una advertencia en sus canales de redes sociales que instaba a sus seguidores a tomar precauciones, borrar todo, incluidas republicaciones, dar «me gusta» y cualquier imagen queer en sus perfiles, y que estén listos para escapar del país. No obstante, han seguido ayudando a las personas trans en Rusia anónimamente, ahora más en asuntos relacionados con cómo salir del país o ayudar a personas en crisis. Isabelle comentó:
Since then, the situation has only gotten worse every year. I was repeatedly insulted on the streets (long hair and small breasts were enough to look at least androgynous, which already made you a target in modern Russia). I lived in Moscow and in the small town of Nytva (Perm region).
Desde ese entonces, la situación solo ha empeorado cada año. Me insultaban repetidamente en la calle (el cabello largo y el pecho pequeño eran suficientes para parecer andrógino, como mínimo, lo que ya te vuelve un blanco en la Rusia moderna). Viví en Moscú y en la pequeña ciudad de Nytva (cerca de Perm).
Ya en 2013, la campaña anti-LGTBQ+ era tan evidente que algunos expertos sugerían que se había convertido en el ADN de la nación, la ideología oficial y una narrativa estratégica del gobierno y del país. Esto también ha llevado a más asesinatos y torturas a personas LGBTQ+.
Isabelle dio una explicación de cómo se ha deteriorado la situación en Rusia, y por qué tuvo que huir del país y buscar asilo:
I could no longer live [in secret], so I started running social media using my pronouns (she/hers). I understood that I could be imprisoned for that, and in the realities of Russia, for me, that would be a death sentence. I realized I could no longer stay in Russia because it wasn’t safe (both in everyday life and politically).
I started looking into what I could do and found out that I could apply for asylum in Spain. I began learning Spanish and got in touch with Russian-speaking organizations.
I tried to get a visa in September 2025, but it was denied, so I decided to use the Balkan route. That was quite an adventure. Me and two other trans people, we went to Serbia, and crossed the bridge to Croatia.
Spain was my destination from the start: it’s known as one of the safest places in Europe for trans people. We passed through Croatia and were registered by the police there, but Croatia is not safe for LGBTQ+ people from Russia: there’s serious everyday discrimination and they don’t recognize the danger we face. We couldn’t stay, so we continued toward Spain through Hungary, a small town near the border, from where we planned to fly to Spain.
Ya no podía vivir [en secreto], por lo que comencé a usar pronombres femeninos en mis redes sociales. Sabía que se me podía encarcelar por eso, y en las realidades en Rusia, para mí, eso equivalía a una sentencia de muerte. Entendí que no podía quedarme en Rusia por la falta de seguridad (en la vida diaria y en lo político).
Busqué lo que podía hacer y encontré que podía solicitar asilo en España. Comencé a estudiar español y contacté con autoridades que hablaban ruso.
Intenté obtener una visa en septiembre de 2025, pero fue denegada, por lo que decidí usar la ruta de los Balcanes. Fue una travesía. Fui a Serbia con otras dos personas trans, y cruzamos el puente a Croacia.
España fue mi destino desde el principio; se le conoce como uno de los lugares más seguros de Europa para personas trans. Pasamos por Croacia y la Policía nos registró allí, aunque Croacia no es seguro para las personas LGBTQ+ de Rusia; la discriminación es grave y diaria, además de que no reconocen el peligro que corremos. Quedarnos no era una opción, así que continuamos hacia España por Hungría, a una pequeña ciudad cerca de la frontera, donde luego planeamos volar a España.
Todos los países de Europa pueden otorgar el estatus de refugiado o una protección subsidiaria para las personas LGBTQ+ que huyen de Rusia cuando la persona puede demostrar un miedo fundamentado de persecución a causa de su orientación, identidad y expresión de género o características de sexo.
Según la ley de asilo en Europa, las solicitudes de personas LGBTQ+ aprobadas se consideran como persecución a «un grupo social particular». Sin embargo, ningún Estado de la Unión Europea concede condición de refugiado automáticamente porque alguien es LGBTQ+ y ruso. En la práctica, los rusos LGBTQ+ buscan países con políticas de asilo y redes de apoyo más desarrolladas.
En particular, la Asociación Internacional de personas Lesbianas, Gays, Bisexuales, Trans e Intersex (ILGA, sus siglas en inglés) de Eurepa, considera a España destino de asilo en 2026 porque es el único país donde las características sexo se incluyen expresamente en las medidas positivas relacionadas con el asilo. Para muchos queer rusos solicitantes de asilo, el proceso de buscar seguridad puede ser una experiencia larga y angustiante. Isabelle expresó:
In Hungary, before our flight to Barcelona, we were detained by Hungarian police, and we spent 50 days in a Hungarian immigration detention center.
To be honest, at first it was horribly scary. For the first two days we were promised that everything would be OK. But we were handcuffed, and slept on benches in common rooms at the airport detention center.
But then we were even more terrified when we went to Nyírbátor close to the border in Hungary, and they brought us to a real jail. There were nine police officers and only three of us queer persons. Maybe it would have been easier for Hungary actually, and cheaper, to accept refugees than to pay for all these security measures to detain queer people and put them in jail.
At least I was put on the floor where there were women and families (men, women, and children), not the floor for men only. Still, I had been harassed in this jail but did not dare to file a complaint because all I wanted to do was to get out of there.
Interestingly, we have met a lot of awesome people here. Because it is immigration jail, there were people from all over the world: Iran, Russia, Chechnya, and many others.
After two months, because things are slow over there, they received a confirmation from Croatia that they would accept us back (for the process of asking for refugee status). So we were sent back to Croatia.
From there I eventually managed (it was a very, very stressful 30 hours) to reach Spain in December 2025. The whole journey, thus, took almost three months. I applied for asylum as an LGBTQ+ person in January 2026 in Spain.
When I got to Barcelona, I was a bit in shock that the local LGBTQ+ NGOs could not or did not want to help me. At first I went to ATHACHI NGO (which is supposed to help LGBTQ+ refugees) and asked for help to get the hormones I needed for my continuing transition, and they never gave me any advice or anything — never called me back.
The same situation happened with other organizations, Red Cross and CAER [the Spanish Commission for Refugees]. Fortunately, I could buy the medicine in pharmacies because they took pity on me and did not ask for prescriptions.
Overall, it is a difficult situation for all refugees: you need to find an apartment, register there and only then can get into the national medicine system. However, it is very difficult to find a place to live where you could also register when you are a refugee. But the organizations do not help to find a solution. They also gave me and some people I know, also LGBTQ+ refugees, wrong and harmful legal advice. For instance, they advise people to go back to Croatia. But Croatia does not accept that LGBTQ+ people are in danger in Russia, and are actually sending them back.
And I am a very public person, I have a popularInstagram blog which is serving to give support and advice to Russian-speaking trans people. I have around 3 million views per 30 days but because the blog is open and not private (I want all the trans people who need support to be able to find it), I get hundreds of threats and hateful comments from the people in Russia. One person promised that if I ever came back, he would cut my head off. It is simply impossible for me to go back to Russia now. So now I am waiting on my decision of refugee status in Spain.
En Hungría, antes de nuestro vuelo a Barcelona, nos detuvo la Policía húngara, y pasamos 50 días en un centro de retención de inmigración húngaro.
A decir verdad, al comienzo fue aterrador. Los primeros dos días se nos prometió que todo estaría bien. Pero nos esposaron y tuvimos que dormir en bancos en salas comunes en el centro de detención del aeropuerto.
Luego empeoró cuando nos llevaron a Nyírbátor, cerca de la frontera en Hungría, y nos llevaron a una cárcel real. Había nueve oficiales y nosotros éramos solo tres personas queer. Hubiera sido más fácil para Hungría, y más barato, aceptar a los refugiados que financiar todas las medidas de seguridad para apresar a personas queer y ponerlas en la cárcel.
Por lo menos me asignaron a la planta donde había mujeres y familias (hombres, mujeres, niños), no la planta solo para hombres. Aun así, me hostigaron en la cárcel, pero no me atreví a hacer un reclamo porque todo lo que quería hacer era salir de ahí.
Curiosamente, conocí muchas personas maravillosas. Como era una cárcel para inmigrantes, había personas de todo el mundo: Irán, Rusia, Chechenia y muchos otros lugares.
Luego de dos meses, ya que las cosas allá son más lentas, recibieron una confirmación de que Croacia nos aceptaría de regreso (para el proceso de solicitar condición de refugiados). Así que nos enviaron de vuelta a Croacia.
Desde ese punto conseguí (luego de unas muy muy estresantes 30 horas) llegar a España en diciembre de 2025. En su totalidad, el viaje tomó casi tres meses. Solicité asilo como persona LGBTQ+ en enero de 2026 en España.
Al llegar a Barcelona, me llevé una sorpresa, ya que las ONG LGBTQ+ no podían o no querían ayudarme. Primero fui a la ONG ACATHI (que se supone que ayuda a refugiados LGBTQ+) y pedí ayuda para conseguir las hormonas que necesitaba para continuar mi transición, y nunca me dieron consejos ni nada. Jamás me llamaron.
Lo mismo ocurrió con las otras organizaciones, Cruz Roja y CEAR (Comisión Española de Ayuda al Refugiado). Por suerte, pude comprar los medicamentos, ya que las farmacias se apiadaron de mí y no me pidieron receta.
En general, la situación para todos los refugiados es compleja; necesitas encontrar un departamento, empadronarte y solo entonces ingresas al sistema de salud nacional. No obstante, es muy difícil encontrar un lugar para vivir y donde te puedas registrar cuando eres un refugiado. Pero las organizaciones no ayudan a encontrar una solución. Por ejemplo, recomendaban a las personas volver a Croacia. Pero Croacia no acepta que las personas LGBTQ+ están en peligro en Rusia, y las envían de vuelta.
Soy una persona bastante pública, tengo una página de Instagram que da ayuda y consejos para personas trans que hablan ruso. Tengo unas tres millones de vistas cada 30 días, pero como la cuenta es pública y no privada (quiero que todas las personas trans que necesitan ayuda la encuentren), me llegan cientos de amenazas y comentarios de odio de personas en Rusia. Una persona juró que si me atrevía a volver, me decapitaría. Me es simplemente imposible volver a Rusia ahora. Así que, de momento, estoy esperando la resolución de mi condición de refugiado en España.
La página de Instagram de Isabelle es un rincón seguro, positivo y feliz de internet. Difunde su su amor por la vida y su optimismo. A pesar de su doloroso pasado, continúa entregando felicidad al mundo y, a su alegre estilo, instruye al público acerca de los derechos de las personas transgénero.
Isabelle y punto.






