¿A quién corresponde conservar y desarrollar? La lucha de los masái por las tierras del norte de Tanzania

Maasai man with grazing cattle

Un hombre masái lleva su ganado a pastar a la ladera de Ngorongoro. Foto de Harvey Barrison en Flickr (CC BY-NC-SA 2.0).

Este artículo de Gabriel Kanuti Ndimbo y Evaristo Haulle se publicó originalmente en Peace News Network el 13 de julio de 2026. Global Voices reproduce una versión editada como parte de un acuerdo de asociación de contenido. Este artículo es parte de la serie Spotlight de Global Voices de agosto “Derechos indígenas”. Puedes apoyar este reportaje con una donación.

En el norte de Tanzania, la lucha por la conservación de la tierra se convirtió en algo más que una disputa ambiental; es también una cuestión de paz, justicia, identidad y sobrevivencia. En este artículo de investigación se examinaron cómo las comunidades indígenas masái de la zona de conservación de Ngorongoro y la zona de caza controlada de Loliondo fueron desplazadas varias veces en nombre de la conservación, la protección ambiental y la modernización.

Mediante mecanismos represivos como la Policía, el Gobierno, desplazó en reiteradas ocasiones a las comunidades masáis de la zonas de conservación de Ngorongoro y de la zona de caza controlada con el argumento de que los masáis sobrecargan la zona y ejercen presión sobre los recursos ambientales. Ese desplazamiento provocó enfrentamientos violentos entre los masáis que vivían ahí y las fuerzas de seguridad. El mensaje central del artículo es claro: para un desarrollo sostenible y pacífico, la conservación debería centrarse en las personas.

Los masái han vivido en esas zonas durante décadas después de que los retiraron de lo que ahora es el parque nacional del Serengeti en 1959. En aquel entonces, se los reubicó en Ngorongoro y Loliondo con la condición de que podrían continuar con su estilo de vida pastoril y coexistir con la fauna silvestre.

Sin embargo, hoy enfrentan una nueva presión para que se marchen. La Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza sostiene que el crecimiento demográfico, el número de cabezas de ganado, la agricultura y los asentamientos permanentes amenazan los frágiles ecosistemas. Desde esa perspectiva, la reubicación es necesaria para proteger la biodiversidad y los recursos turísticos.

La conservación se tornó en una herramienta para «apropiarse de las tierras»

No obstante, los masái y muchos defensores de los derechos humanos tienen una visión diferente. Sostienen que la conservación se convirtió en una herramienta para «apropiarse de las tierras», tomar tierras comunitarias en nombre de la protección ambiental, mientras se abren espacios para el turismo, la caza y los intereses de inversión. En Loliondo, Tanzania, la propuesta del Gobierno de demarcar 1500 kilómetros cuadrados (579 millas cuadradas) de tierras comunitarias se convirtió en la principal fuente de tensión. En 2022, los intentos de aplicar la demarcación provocaron enfrentamientos entre los masái que vivían ahí y las fuerzas de seguridad, que causó heridos, arrestos, la muerte de un policía y la desaparición de un masái que recibió disparos en las piernas. En 2024, un decreto gubernamental para excluir a varias aldeas de la lista de protección intensificó los temores de que a las comunidades las estuvieran expulsando sin su consentimiento genuino.

Para que el desarrollo sea pacífico, lo fundamental no radica en si la conservación tiene relevancia o no; porque sí importa. La fauna y los paisajes de Tanzania tienen importancia mundial, y su protección es una preocupación legítima a nivel nacional e internacional. La interrogante fundamental es cómo se lleva a cabo la conservación. Cuando se considera a las comunidades como amenazas y no como aliadas, la conservación se militariza. Cuando se reducen los servicios sociales, se excluyen aldeas de la lista de conservación, se restringe la libertad de movimiento o se presiona a las personas para que se reubiquen, el concepto de «reasentamiento voluntario» pierde significado.

No se puede construir la paz donde las comunidades se sienten ignoradas, criminalizadas o separadas de sus tierras ancestrales.

La respuesta masái cuestiona la idea de que los pastores son simplemente destructores de la naturaleza, ya que se presentan como «guardianes de la tierra». En otras palabras, personas cuya cultura, sistemas ganaderos, conocimientos medicinales, lugares sagrados y movimientos estacionales estuvieron vinculados al ecosistema desde hace mucho tiempo. Eso no significa que todas las prácticas locales sean sostenibles, ni que el crecimiento demográfico y los cambios en el uso de la tierra generen presiones ambientales. Lo que sí significa es que las soluciones deben negociarse, basarse en evidencia y respetar las tradiciones y los conocimientos indígenas.

Por qué la apropiación de tierras debe tratarse como un problema para consolidar la paz

El desplazamiento también conlleva costos ocultos. Para los masái, la tierra no es solo un recurso económico, además está ligada a la identidad, la espiritualidad, la memoria y la reproducción social. Alejarse de los espacios sagrados, las rutas de pastoreo, las plantas medicinales y los paisajes ancestrales debilita la cultura y la cohesión comunitaria. Sería posible también que el conflicto se trasladara a otros lugares, ya que los pastores desplazados buscan tierras y agua en zonas agrícolas, lo que aumenta las tensiones entre agricultores y pastores en otras regiones. Esas mismas disputas provocaron conflictos violentos continuos en Nigeria y en otras partes del continente.

Por eso es que la apropiación indebida de tierras no debe solo considerarse un problema de conservación o de derechos sobre la tierra; también es una cuestión de consolidación de la paz. En lo que respecta a los conflictos entre agricultores y pastores, por ejemplo, las tensiones suelen intensificarse cuando estos últimos se ven obligados a desplazarse a otras zonas, se bloquean los corredores de pastoreo o se disputan los puntos de agua. Unos y otros se ven forzados a competir involuntariamente por recursos cada vez más escasos.

En Tanzania, esas presiones pueden profundizar la desconfianza entre las comunidades pastoriles y agrícolas, en especial cuando la planificación del uso de la tierra excluye las voces de los pastores. Por consiguiente, proteger los derechos territoriales masái no es solo justicia histórica, también es evitar que el conflicto se traslade de un territorio a otro.

El camino a una solución pacífica

El camino a una solución pacífica requiere un nuevo pacto de conservación. Primero, el Gobierno debe garantizar la participación significativa y el consentimiento libre, previo e informado antes de cualquier reubicación o cambio en el uso de la tierra. Segundo, la planificación de la conservación debe involucrar a las principales partes interesadas, incluidos ancianos masái, mujeres, jóvenes masái, los expertos en pastoreo, Gobierno local, científicos de la conservación y otros usuarios de la tierra. Tercero, cualquier reubicación debe ser genuinamente voluntaria, transparente en cuanto a lo legal, con una compensación justa y con servicios adecuados. Cuarto, se debe priorizar el diálogo para resolver problemas. Por último, las políticas ambientales deben reconocer que la conservación contribuye al desarrollo humano y que las comunidades locales desempeñan un papel fundamental como socias en ese proceso.

El caso masái no es solo una historia de Tanzania; refleja un problema global: cómo proteger la naturaleza sin despojar a quienes han convivido con la naturaleza durante generaciones. La conservación auténtica y pacífica debe proteger la tierra, la vida silvestre, la cultura, la dignidad y la paz en conjunto. Cuando se pide a las personas que abandonen su tierra natal en nombre de proteger la naturaleza, el mundo debe preguntarse: ¿la naturaleza de quién se busca proteger y qué costo humano?

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