¿Puede la IA contribuir a la paz? Jóvenes africanos están marcan un camino a seguir

Cuatro amigos con computadoras portátiles sonríen y se toman una foto en un monumento de Cotonú, Benín. Foto de Iwaria vía Pexels. De uso libre.

Cuatro amigos con computadoras portátiles sonríen y se toman una foto en un monumento de Cotonú, Benín. Foto de Iwaria vía Pexels. De uso libre.

Este artículo de Dan Campbell se publicó originalmente en Peace News Network el 20 de julio de 2026. Global Voices reproduce una versión editada en virtud de un acuerdo de colaboración de contenidos.

¿Cómo están utilizando los jóvenes africanos la inteligencia artificial (IA) para fomentar la paz? ¿Cuáles son los retos que plantea usar IA para la paz?

La inteligencia artificial suele acaparar los titulares por sus riesgos y usos indebidos: desinformación, vigilancia, pérdida de puestos de trabajo y contenidos falsos. Sin embargo, se presta mucha menos atención a otra historia que se está desarrollando en toda África. Los jóvenes están utilizando las tecnologías digitales para detectar conflictos de forma temprana, contrarrestar el discurso del odio y reforzar la resiliencia de las comunidades.

Un reciente informe de políticas del Instituto de Estudios de Seguridad (ISS África) sostiene que los jóvenes africanos no se limitan a adaptarse a la IA. Están contribuyendo a definir cómo se utilizan las tecnologías digitales para consolidar la paz. Al mismo tiempo, el informe advierte que las políticas obsoletas, la infraestructura digital deficiente y la desigualdad persistente amenazan con limitar ese potencial.

Los Gobiernos africanos, las organizaciones regionales y la sociedad civil están empezando a desarrollar marcos de gobernanza de la IA que influirán en el uso de estas tecnologías en los próximos años. Uno de los mensajes centrales del informe es que no se debe consultar a los jóvenes solo cuando ya se han redactado dichos marcos, sino que deben participar en su diseño desde el principio.

Ese argumento merece una atención seria.

El principal punto fuerte del informe es su rechazo a presentar a los jóvenes como receptores pasivos de la tecnología. Más bien, los presenta como creadores de conocimiento que generan información, desarrollan herramientas digitales y dan forma a los debates públicos sobre los conflictos. Se trata de un cambio importante. Los debates sobre la juventud, la paz y la seguridad suelen centrarse en la participación o la representación. En este caso, el énfasis recae en la experiencia. Los jóvenes constructores de la paz están generando los datos, los conocimientos locales y las innovaciones digitales que, cada vez más, sustentan las iniciativas para prevenir conflictos.

Los ejemplos lo ilustran bien. La plataforma keniana Ushahidi demostró, tras la violencia poselectoral entre 2007 y 2008, que los ciudadanos podían recopilar informes de forma colaborativa durante las crisis. Iniciativas más recientes, como iVerify, puesta a prueba en Zambia en 2021, forman a jóvenes periodistas para que identifiquen y contrarresten la información falsa antes de que se difunda aún más. iVerify se está utilizando ahora en Sierra Leona y Liberia como un bien público digital, donde se está formando a jóvenes periodistas para verificar datos. Otros proyectos juveniles combinan aprendizaje automático, inteligencia de código abierto e informes comunitarios para supervisar elecciones, identificar riesgos de conflicto y rebatir las narrativas falsas en línea.

Quizás lo más importante es que el informe evita considerar la tecnología como un sustituto de las relaciones humanas. Muchos de sus ejemplos más elocuentes combinan las plataformas digitales con diálogo presencial, organización comunitaria, radio local y educación para la paz. Las herramientas digitales resultan eficaces porque refuerzan las redes sociales ya existentes, y no las sustituyen.

El informe resulta igualmente convincente al señalar los obstáculos que siguen condicionando el futuro digital de África.

El acceso a internet sigue siendo muy desigual en todo el continente, especialmente en las zonas rurales y afectadas por conflictos. Las mujeres siguen teniendo importantes obstáculos para su participación digital. Las lenguas africanas siguen estando poco representadas en muchos sistemas de IA, lo que limita la capacidad de las herramientas automatizadas para comprender los contextos locales o identificar con precisión los contenidos nocivos. Los sistemas de IA entrenados principalmente en inglés u otras lenguas occidentales corren el riesgo de no detectar contenidos nocivos en lenguas africanas. No se trata simplemente de deficiencias técnicas. Se trata de inclusión, legitimidad y de qué voces se escuchan.

El debate sobre el lenguaje cobra especial importancia. La consolidación de la paz depende de comprender las narrativas locales y las dinámicas comunitarias.

Las recomendaciones son prácticas y están de acuerdo con los datos presentados. Piden una coordinación entre las instituciones de la Unión Africana  dedicadas a la paz y a la tecnología, mayor inversión en alfabetización digital y conectividad, supervisión ética más rigurosa de la inteligencia artificial y mecanismos formales que permitan a los jóvenes contribuir directamente a elaborar políticas de paz y seguridad.

Aun así, algunas preguntas siguen sin respuesta.

El informe presenta una serie de iniciativas alentadoras, pero ofrece relativamente poca evidencia sobre su impacto a largo plazo. ¿Qué perspectivas de consolidación de la paz con tecnología digital han reducido de forma cuantificable la violencia? ¿Cuáles han reforzado la confianza entre las comunidades? ¿Cuáles han tenido dificultades para ir más allá de proyectos piloto exitosos? A medida que los Gobiernos y los donantes invierten más recursos en la inteligencia artificial para consolidar la paz, estas preguntas cobran cada vez más importancia.

El artículo también podría haber analizado más a fondo la tensión existente entre las promesas de la IA y su posible uso indebido. Las tecnologías desarrolladas para la alerta temprana o la vigilancia de conflictos también pueden ampliar la vigilancia estatal o restringir el espacio cívico si se implementan sin una supervisión significativa. Es fundamental contar con marcos de gobernanza sólidos, no solo porque la IA es poderosa, sino porque el poder en sí mismo exige que se asuman responsabilidades.

Sin embargo, estas limitaciones no restan valor a la contribución general del informe. Más bien, apuntan a la próxima generación de investigaciones que serán necesarias a medida que la consolidación de la paz digital vaya madurando en todo el continente.

En esencia, este informe de políticas nos recuerda que consolidar la paz no se reduce únicamente a la tecnología. Se trata de las personas. La IA puede mejorar los sistemas de alerta temprana, detectar la desinformación con mayor rapidez o contribuir a un mejor análisis de los conflictos. Sin embargo, ninguno de estos avances logrará una paz duradera a menos que reflejen los conocimientos locales, las prioridades de la comunidad y la confianza de la ciudadanía.
En toda África, los jóvenes ya están demostrando cómo puede ser ese futuro. El reto ahora es saber si las instituciones los reconocerán como socios en pie de igualdad al darle forma.

Para los responsables políticos, las organizaciones de la sociedad civil y los socios internacionales, el mensaje es claro: invertir en consolidar la paz digital significa invertir en las personas que mejor conocen sus comunidades. El futuro de la IA en África no será más sólido cuando la tecnología sustituya al liderazgo local, sino cuando lo potencie.

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