Rajab Ali, hombre transgénero de 46 años, utilizó los ahorros de su vida para construir una mezquita para su comunidad en el distrito de Okara en la provincia de Punyab, en Pakistán, con la esperanza de hace un acto de buena voluntad que permitiría a la comunidad rezar sin discriminación de género. Sin embargo, ahora que la mezquita está terminada, los vecinos lo acosan por rezar allí porque es transgénero, lo que en Pakistán se conoce como khawaja sira (es decir, tercer género), comunidad que vuelve a ser objeto de ataque en Pakistán.
Zona legal gris
En 2018, el Parlamento de Pakistán aprobó la ley de personas transgénero, que garantiza derechos igualitarios para las personas transgénero y acceso a lugares públicos, incluidos los sitios religiosos.
Las nuevas protecciones han traído una oposición de los conservadores. En 2o23, una corte federal derogó algunas cláusulas de la ley de 2018, con el argumento de que el género autopercibido contraviene los principios islámicos. Desde entonces, la comunidad trans de Pakistán ha enfrentado una ola de ataques violentos. Las personas transgénero enfrentan un futuro incierto, ya que algunos de los derechos que tanto les costó conseguir ocupan una zona legal gris.
Dificultades desalentadoras
Cuando Ali empezó a construir su mezquita en diciembre de 2022, la oposición fue casi inmediata.
“El odio comenzó a extenderse por la comunidad”, dijo Ali en entrevista presencial con Global Voices en la mezquita en diciembre de 2025. “La gente empezó a decir que no rezaría en una mezquita construida por una persona transgénero”.
Mientras Ali avanzaba, los vecinos robaban elementos de la mezquita y mandaban a las mujeres a acosarlo. Desaparecieron partes de motores, grifos y ventiladores, lo que obligó a Ali tener que reemplazarlos varias veces. “No tengo tanto dinero”, dijo Ali. “¿Cómo puedo seguir reemplazando estas cosas a diario?”. Cuando buscó ayuda para administrar la mezquita, nadie se ofreció como voluntario. Detuvo el proyecto en pausa por un año y medio, y volvió a construir en noviembre de 2025. Aunque la mezquita ahora está terminada, Ali teme que sus vecinos sigan acosándolo.
Algunos lugareños, incluido Bilal, rechazan la idea de rezar en lo que denominan “una mezquita transgénero”. Sin embargo, Javed Iqbal, miembro de la comunidad, dice que todos deberían rezar allí, añade que quienes se oponen deberían devolverle sus ahorros a Rajab para que pueda construir una mezquita en otro lugar donde lo respeten y lo acepten.
Recientemente, al intentar dirigir las plegarias, se dio cuenta de que algunos de los asistentes cuestionaban su presencia. Según Ali, decían cosas tales como: “¿De dónde salió este transgénero?”.
“Temo que puedan lastimarme”, dijo.
Ali no es la primera persona transgénero que intenta construir una mezquita para la comunidad trans en Pakistán. En 2016, algunos activistas transgénero en Islamabad construyeron una en las afueras de la ciudad para poder rezar tranquilamente. Al igual que Ali, recibieron acoso constante: cuando los niños del barrio intentaron hacer colectas para la mezquita los arrestaron, y el proyecto parece estar paralizado. La primera escuela transgénero islámica de Pakistán abrió en 2021.
Ante la exclusión
La cantidad oficial de población transgénero de Pakistán sigue siendo incierta. Según el censo de 2017, había 21,774 personas transgénero, número que según la Oficina de Estadísticas de Pakistán se trata de un «recuento ampliamente inferior al número real«. El censo de 2023 demostró que el numero oficial es 20,331, pero el estigma y la discriminación pueden disuadir a varios de identificarse oficialmente como transgénero, lo que sugiere que el número real probablemente sea mucho más alto.
La educación es otro rubro en el que las personas transgénero sufren exclusión. El censo de 2023 muestra que el alfabetismo de la comunidad transgénero es de un 40,15%, comparado con el 60% a nivel nacional. Los expertos atribuyen esta disparidad al estigma, al acoso en el aula y a la reticencia de los padres de enviar a sus hijos transgénero a la escuela.
“En nuestro país, la mayoría de las personas transgénero son analfabetas, por lo que usualmente no conocen sus derechos”, dijo Muhammad Azam Chaudhary, abogado de la Corte Suprema de Lahore, en entrevista presencial con Global Voices en 2025. “La ley de 2018 concede derechos significativos a las personas transgénero, pero tomará tiempo porque sin educación ni aceptación social, la protección legal sigue siendo frágil”.
Despertar espiritual
A los seis años. Ali se dio cuenta de que era diferente, y durante décadas vivió como mujer y se ganaba la vida bailando dentro de la comunidad transgénero. En 2021, a los 42 años, un despertar espiritual lo llevó a empezar a presentarse como hombre y a enseñar el islam. Finalmente, eligió invertir los ahorros de toda su vida (seis millones de rupias, equivalentes a 21,000 dólares) para construir una mezquita para su comunidad.
Los críticos religiosos de Ali y algunos vecinos han argumentado que es inapropiado que el dinero que consiguió bailando se utilice para construir un espacio sagrado como una mezquita.
Resistencia de los sectores conservadores
El académico religioso Asif Riaz no está de acuerdo. Ser transgénero no es pecado ni sirve de base para cuestionar el carácter moral de alguien, sostuvo en entrevista telefónica con Global Voices en enero de 2026.
Riaz argumenta que mientras la sociedad ignora las mezquitas construidas con dinero corrupto o ilegítimo, por otro lado, Ali enfrenta un escrutinio injusto. Cuando una mezquita se establece como espacio sagrado abierto para la adoración, la atención debería estar en su propósito, no en la identidad del donante ni en su vida personal.
No todos los académicos religiosos comparten la opinión de Riaz. Otro académico islámico entrevistado por teléfono, cuya identidad se conservará en el anonimato, argumenta que el dinero obtenido por bailar es prohibido por motivos religiosos y que no debería utilizarse para fundar una mezquita. Esta perspectiva desplaza el debate más allá de la identidad transgénero de Ali, lo que cuestiona es si un ingreso no permisible se puede utilizar para un fin sagrado. Todas estas opiniones acentúan un conflicto respecto a si las objeciones provienen de la identidad de Ali, de cómo se gana la vida, o de ambas en conjunto.
Para Zanaya Chaudhry, activista por los derechos de las personas transgénero de la sociedad khawaja sira en Lahore, el ataque de la comunidad a la mezquita de Ali es un ejemplo clásico del intenso escrutinio que enfrenta la comunidad trans. Durante una entrevista presencial en diciembre de 2025, Chaudhry dijo: “La sociedad juzga a las personas transgénero por cómo se ganan la vida, cuestiona su moral, e incluso cuestiona si sus intenciones son sinceras”.
Chaudhry agregó: “Creo que ganarse la vida a través del baile y del arte no está mal. Lo que importa es el rol de la sociedad, cómo da oportunidades y cómo permite ganarse la vida. Luego de la aceptación, uno de los mayores problemas para la comunidad trans de Pakistán es cómo ganarse la vida”.

Rajab Ali afuera de la mezquita que construyó en Okara, Punjab. Imagen del autor. Utilizada con autorización.
Discriminación y acoso generalizado
Pakistán no tiene datos nacionales exhaustivos sobre la tasa de desempleo de las personas transgénero. En 2026, un estudio de la capital del país, Islamabad, descubrió que un 34% de los 91 participantes de khawaja sira no tenían trabajo, pero el número no se puede utilizar como un promedio nacional.
Si bien se suponía que la ley de 2018 iba a terminar el acoso en lugares de culto, un estudio de 2025 de investigadores de la Universidad de Punyab Central y de la Universidad de Malasia demostraron que es muy poco lo que cambiado, si es que algo ha cambiado. Los investigadores documentaron casos de exclusión y de acoso que la gente transgénero sufre en mezquitas, iglesias y en otros lugares sagrados.
“Fui a la mezquita en Ramadán para rezar tranquilamente, pero el imán me pidió que me fuera porque estaba incomodando a la gente”, dijo uno de los participantes del estudio. “Alá nos creó a todos de la misma manera, pero en la mezquita actúan como si no existiéramos”, dijo otro.
Ramesh, persona transgénero de Faisalabad, dijo en entrevista telefónica con Global Voices en diciembre de 2025 que las personas transgénero suelen ser acosadas cuando visitan las mezquitas. Recuerda que lo miraban fijo y que lo hacían sentir incómodo, incluido un incidente en el que los niños los niños que estaban afuera de la mezquita aplaudían, lo llamaban “hijra”, y se burlaban de él cuando llegaba para rezar.
La salud es otro rubro en la que las personas transgénero sufren discriminación. Nayyab, persona transgénero entrevistada en agosto de 2026, recuerda haber sufrido acoso en un hospital del Gobierno tras haberse puesto en la fila para las mujeres para obtener una orden médica. Un trabajador del hospital le dijo que debería pararse en la fila para los hombres. También recuerda que una doctora le hizo comentarios despectivos sobre las personas transgénero durante la consulta.
Desde instalaciones de salud y lugares de culto hasta pasar por oportunidades de empleo, las personas transgénero continúan sufriendo discriminación en su vida diaria en Pakistán. Para Ali, el progreso del país en materia de derechos para la comunidad trans ha sido vertiginoso.
«Solo tengo un deseo», dijo Ali, «que tras mi muerte, la gente me recuerde y rece por mí».








