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Recordando la invasión soviética a Checoslovaquia de 1968

Tanques soviéticos en el centro de Praga el 21 de agosto de 1968. Foto de Václav Bradáč, usada con autorización del Instituto Checo para el Estudio de Regímenes Totalitarios.

La historia es la versión de acontecimientos pasados con la que las personas están de acuerdo, dijo alguna vez Napoleón Bonaparte. En la República Checa, versiones contradictorias del significado de la invasión de Checoslovaquia de 1968 por tropas soviéticas están erosionando gradualmente lo que era una narrativa en gran parte consolidada de condena desde la caída del comunismo en 1989

A Moscú le preocupaba que las reformas políticas ocurridas en Checoslovaquia en 1968, conocidas como la Primavera de Praga, pudieran minar el poder del Partido Comunista sobre la sociedad y que sentaran un precedente para la liberalización de otros países bajo dominio soviético en Europa Central y del Este. La noche del 21 de agosto de ese año, tropas soviéticas invadieron el país, con ayuda de otros miembros del Pacto de Varsovia.

Hasta la caída de la Unión Soviética, la narrativa oficial era que Checoslovaquia había sido “liberada” por tropas del Pacto de Varsovia tras haber caído víctima de una conspiración occidental para derrocar al régimen comunista. Se prohibieron las fotos o material fímico que ilustraban la resistencia de la llamada liberación, y se destruía en caso de ser encontrado. Los propietarios de esos documentos corrían un gran riesgo si los descubrían, por lo que los matuvieron ocultos.

Pero el recuerdo de esos acontecimientos se transmitieron oralmente a familiares confiables y amigos cercanos. Desde la década de 1990, la narrativa oficial cambió: en la República Checa, se conmemora el 21 de agosto con mucha cobertura de los medios y con manifestaciones en las principales ciudades.

Más recientemente, son comunes las exhibiciones al aire libre de fotos y filmaciones nunca antes vistas, y datos de los acontecimientos de hace 51 años siguen surgiendo: aunque no ha quedado claro cuántas personas murieron como resultado de la invasión, nuevas investigaciones históricas actualizan al total a 137 víctimas checas y eslovacas.

Pero ahora se están empezando a notar las grietas en esa narrativa.

Según una encuesta realizada en 2018, el 35 % de checos entre los 18 y los 34 años no pueden relacionar la fecha del 21 de agosto de 1968 y la invasión soviética.

Sobre todo, Miloš Zeman, actual presidente afín a Rusia, dice poco sobre el tema. Se unió al Partido Comunista Checoslovaco en 1967, y sostiene que fue expulsado en 1970 por condenar la invasión de 1968. Sin embargo, en 2018, cuando se cumplieron 50 años de ña invasión, se negó a hablar en público o reconocer los acontecimientos.

Su silencio parece replicar el punto de vista de la opinión pública rusa contemporánea, que desconoce o apoya la invasión de 1968, como indican encuestas públicas.

Actualmente, los activistas están usando diversas estrategias para mantener viva la memoria en la conciencia del público, como estimular colecciones y archivos antiguos de fotos, filmaciones y música de ese periodo, con mapas interactivos y múltiples acciones en las calles para revivir la memoria histórica para las nuevas generaciones.

En 2018, la municipalidad de Praga organizó una exhibición de 21 fotos reveladoras tomadas por varios fotógrafos de la invasión de 1968 que se presentaron juntos por primera vez, y que mostraron la violencia de la intervención militar, la resistencia de los ciudadanos de Praga y la profudidad de la crisis política.

El Instituto Checo para el Estudio de Regímenes Totalitarios, fundación de investigación y educación, también conserva y actualiza archivos de fotos que dan fe de la creciente cantidad de fotos ahora disponibles:

Tanques soviéticos en la icónica plaza de la Ciudad Antigua en Praga, 21 de agosto de 1968. Foto de Václav Bradáč, usada con autorización del Instituto Checo para el Estudio de Regímenes Totalitarios.

Habitantes de Praga rodean un tanque soviético. Foto de Václav Bradáč, usada con autorización del Instituto Checo para el Estudio de Regímenes Totalitarios.

En 2016 se estrenó un cortometraje que presentaba material recién encontrado de ciudadanos de Praga incendiando tanques soviéticos, manifestándose en las calles y reuniéndose alrededor de una estación de radio que se convertiría en centro de resistencia. Periodistas de radio afiliados se opusieron a la censura en informaron a la población sobre lo que ocurría en la ciudad hasta que fueron cerrados por los soviéticos.

Los activistas también están usando métodos creativos para ilustrar los hechos de manera más atractiva para los jóvenes. Por ejemplo, este largometrja combina filmaciones y fotos con canciones checas y eslovacas populares en el periodo de la Primavera de Praga.

La música tuvo un papel importante en la época, pues las reformas políticas permitieron mayor tolerancia a canciones y música que iba más allá del marco de la ética socialista e incluía elementos de rock, punk y jazz occidentales. Los músicos que apoyaron abiertamente la Primavera de Praga y se opusieron a la invasión de 1968 vieron que sus carreras quedaban interrumpidas después de agosto de 1968, o tuvieron que volverse completamente clandestinos.

Otra iniciativa es un mapa en línea que recuerda a las 137 víctimas caídas en los días alrededor del 21 de agosto, publicado por el Instituto Checo para el Estudio de Regímenes Totalitarios.

Manifestaciones

El 21 de agosto de 2019, partidos políticos de oposición y movimientos activistas realizaron varias manifestaciones en todo el país para condenar la invasión de 1968, y también el silencio de los principales líderes del Gobierno, sobre todo el presidente, Miloš Zeman, y el primer ministro, Andrej Babiš.

Uno de esos grupos es el movimiento ciudadano Un millón de momentos de democracia, que el 23 de junio llevó a cabo la mayor manifestación antigubernamental desde la Revolución de Terciopelo de 1989. Ahora, organizó una marcha de miles de personas que empezó en la Plaza Wenceslao de Praga, tradicional espacio para protestas y conmemoraciones. La marcha rindió tributo a los sucesos de 1968 y también criticó a Zeman y Babiš.

En la foto siguiente, los calzoncillos rojos son una referencia al trabajo de Ztohoven, grupo de activistas cuyo nombre puede significar “hecho de”, pero también “cien mierdas” (que se escriben diferente pero se pronuncian parecido en checo). El cartel redondo de la derecha también es un juego de palabras que usa el nombre de Zeman en una manera modificada de la expresión “patéame el trasero” (vyliž mi prdel en checo).

Manifestantes checos de diferentes generaciones se unen a la marcha organizada por el movimiento Un millón de momentos por la Democracia para conmemorar la invasión de 1968. Foto de Filip Noubel, usada con autorización.

La marcha pasó por delante de la sede central del Partido Comunista de Bohemia y Moravia que no condena claramente la invasión y se niega a usar el término “ocupación” para describir el periodo tras agosto de 1968 (aunque la Unión Soviética mantuvo bases militares en Checoslovaquia entre 1968 y 1991). En las elecciones parlamentariias de 2017, el partido obtuvo el 7 % de los votos.

Luego, los manifestantes repartieron tizas y alentaron a todos a dejar mensajes en el pavimento para expresar sus opiniones. En la foto siguiente, se presentan tres fechas claves: 1948, año en que el Partido Comunista tomó el poder en la Checoslovaquia de posguerra, 1968, año de la invasión, y 1969, año en que el estudiante checo Jan Palach se inmoló para protestar contra la invasión de 1968.

Foto de Filip Noubel, usada con autorización.

La lucha por la memoria deberá ser más creativa en los años por venir para que los jóvenes checos sepan lo que ocurrió la noche del 20 al 21 de agosto de 1968.

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