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Fancy Galada canta en Ciudad del Cabo para curarse a sí misma y a los demás

Este artículo y reportaje de radio de Jeb Sharp para El Mundo forman parte del projecto Sobre la Vida de las Mujeres que apareció originalmente en PRI.org el 14 de enero de 2015 y se vuelve a publicar aquí como parte de un acuerdo de contenido compartido.

Si pasas por la Ferryman's Tavern (La taberna del capitán de transbordador) en la zona costera de Ciudad del Cabo un sábado por la tarde, lo más probable es que te encuentres con un grupo de música local tocando para una multitud desbordante. Algunas de las canciones son nuevas, otra son versiones de viejas canciones queridas. Pero todas se cantan con una esperanzadora y contagiosa energía – si vas por allí seguramente no puedas pasar de largo.

El grupo multirracial se llama Masala, y su vocalista es Fancy Galada. Ella dice que cantar la cura. “A veces me subo al escenario con preocupaciones, pero cuando alcanzo esa primera nota, yo canto, conmuevo a alguien, y me curo.”

La multitud parece darse cuenta de ese poder de curación, que resuena en un lugar que carga con tantas heridas. Fancy creció en un municipio llamado Langa, justo en las afueras de Ciudad del Cabo, durante el apogeo de la lucha contra el apartheid. Ella recuerda a soldados irrumpiendo en su casa y apuntando una pistola a su pecho cuando tan solo tenía 12 años. Estaban buscando armas.

“Nos aterrorizaban,” dice. “Es una memoria que aún está en mi corazón.”

La madre de Fancy trabajaba como sirvienta y niñera para familias de blancos y tuvo que dejar a sus propios hijos en casa mientras trabajaba. Su padre ya no estaba con ellos y, siendo la mayor, Fancy tuvo que hacerse cargo de muchas responsabilidades familiares.

“Tuve que cocinar mi primera [comida] a los 10 años, porque [mi madre] me enseñó a crear una pequeña plataforma con la que alcanzar la estufa y poder cocinar,” dice.

Fancy ahora también es madre trabajadora. Sus hijas tienen 11 y 19 años. Gana dinero con su música – pero dice que no es un equilibrio fácil.

“Lo primero que soy es madre,” dice. “Esa es mi primera prioridad, mis dos hijas. Ellas me han convertido en la persona que soy hoy. Me han puesto los pies en la tierra y me han convertido en una persona sensible, me han hecho trabajar más duro. Me recuerdan a cómo mi madre me crió a mi.”

Si le preguntas a Fancy sobre los derechos de las mujeres y su estatus hoy en día en Sudáfrica te llenará los oídos.

“Todavía tenemos esa lucha de querer ser escuchadas como mujeres,” dice. “Justo ayer ví a un tipo dándole una paliza a una mujer.”

Pero lo que dijo después me sorprendió.

“Me sentí tan mal por él. A veces llegan a un lugar al que no se supone que deben ir. Sentí tanta pena por él y por esa mujer. Nos criamos en un lugar donde el valor de la mujer era muy bajo. No se las tomaba como personas. No pensábamos que las mujeres tuvieran valor alguno. Nuestra sociedad está cambiando, pero la lucha continúa.”

Al igual que la canción de Fancy Galada.

Las historias de Jeb desde Ciudad del Cabo fueron producidas en colaboración con la periodista sudafricana Kim Cloete.

 

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