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“Buscando su muerte”: Una tragedia destaca el dilema del sector minero informal en Colombia

Saul Hernandez - a miner from the Don Leo mine. (Adriana Cardona-Maguigad)

Saúl Hernandez – un minero de la mina Don Leo, Colombia. (Adriana Cardona-Maguigad)

Este artículo por Kari Lydersen y Adriana Cardona-Maguiga fue publicado originalmente por nuestro asociado NACLA.

El Playón (Riosucio), Caldas, Colombia- Normalmente Saúl Albán Hernández Moreno desciende a la mina conocida como “Don Leo”, situada en la ribera del Río Cauca, para poner soportes de madera mientras que sus compañeros extraen tierra mezclada con oro.

Pero durante las últimas semanas, el y otros mineros locales, han tenido una tarea mas sombría: extraer los cuerpos de 15 mineros quienes quedaron atrapados y murieron cuando la mina se inundó el 13 de mayo.

Ubicada en el departamento de Caldas en la zona cafetera colombiana, Don Leo es una entre miles de minas pequeñas e informales que constituyen la mayoría de la industria de extracción de oro en el país. El valle del Cauca y sus montañas adyacentes tienen varias minas ad hoc que fueron construidas sin experiencia técnica o planificación adecuada. El gobierno considera que muchas de estas minas son ilegales.

Después de la inundación, un funcionario de la agencia publica-privada de electricidad indicó que la mina Don Leo indebidamente se aprovechaba de la electricidad de las fuentes eléctricas, y los funcionarios y mineros inicialmente culparon del desastre a un corte de energía que detuvo las bombas que extraían agua. Más tarde, los funcionarios indicaron que un apagón no fue la razón por la cual los tres túneles verticales de la mina se llenaron rápidamente con 14 a 28 metros de agua del río en la mañana del 13 de mayo. Los oficiales aún investigan las causas.

Se lanzó una operación de rescate involucrando cientos de personal y voluntarios de la Agencia Nacional Minera, la policía nacional, la Cruz Roja, y el organismo de Defensa Civil. Entre los socorristas había mineros como Saúl Hernández de la mina Don Leo y mineros de los pueblos cercanos. El 18 de mayo, el Presidente Juan Manuel Santos visitó el sitio.

Al 15 de mayo, cinco cuerpos habían sido extraídos y trasladados a la ciudad de Pereira para ser identificados. El esfuerzo de rescate se prolongó durante todo el día, mientras que más de 20 bombas extraían agua de la mina. Fue sumamente difícil sacar los cuerpos que estaban anegados y descompuestos, y el agua contaminada y los gases presentaron un gran riesgo a cualquiera que intentara entrar a los túneles.

Después de más de una semana, el 25 de mayo, los últimos cuerpos fueron recuperados.

Durante el calvario, las familias y amigos de los mineros- de edades 19 a 49 – se reunían en tiendas bajo el intenso sol o alrededor de una hoguera durante la noche, esperando noticias ansiosamente. Algunas personas perdieron varios miembros de sus familias. El esposo de la hermana de Hernández fue uno de los mineros fallecidos. Ella esta embarazada.

“La verdad es que es un golpe al corazón,” dijo Hernández.

Los mineros en las minas pequeñas e informales que proliferan – desde los llanos del Pacifico colombiano hasta las zonas cafetera en el centro del país como Caldas o hasta el Amazonas- conocen los riesgos que enfrentan, como los gases tóxicos, inundaciones, derrumbes, explosivos improvisados, y otros peligros. Pero continúan en la actividad minera por falta de otras oportunidades económicas.

“Si trabajo en las minas, como. Si no trabajo, no como,” dijo el 20 de mayo Leonardo Mejía, el dueño de la mina Don Leo, entre reuniones con funcionarios gubernamentales y mineros en el sitio.

Hernández, quien ha sobrevivido a estar atrapado bajo tierra, dijo que los mineros de Don Leo ganan aproximadamente cuatro veces más que lo que ganarían si trabajaran en una fábrica. Pero el pago es inestable y depende de cuanto se extraiga y del precio del oro.

“Hay una diferencia muy grande con trabajar en un empleo donde uno sabe que va a ganar un salario,” el dijo. “[En la minería] uno no sabe cuanto va a ganar, pero cuando le pagan, le pagan el triple… porque estamos hablando de oro”.

Después de este desastre, Hernández piensa continuar actividades mineras en otra parte, posiblemente en las afueras de Buenaventura, una ciudad porteña sin ley apodada como “la capital del horror” por la violencia desenfrenada que incluye las “casas de pique” donde bandas criminales armadas aparentemente descuartizan personas.

Sentado en una piedra en la orilla del Río Cauca, aguas abajo de la operación de rescate, el minero de 19 años, Jorge Velasco, ve un futuro sombrío similar. El describió el terror de vértigo que sintió mientras la mina Don Leo se inundaba y el luchaba por salir, sus botas pesadas con agua. Su padre, un minero, no ve otra forma de ganarse la vida.

“No se puede encontrar trabajo en el campo, en las fincas [de café cercanas]”, dijo el. “No me gusta la minería, pero así es la vida”.

Durante los últimos años, el gobierno colombiano ha hecho de la minería ilegal un delito penal, y ha llevado a cabo varios arrestos.

El gobierno también ha lanzado un programa de “formalización” para legalizar y regular las minas pequeñas a través de un proceso que incluye inspecciones, asistencia técnica, y otorgamiento de títulos oficiales para las minas. El programa tiene el objetivo de normalizar la industria y mejorar la seguridad, reducir la contaminación ambiental, y asegurar que los mineros reciban beneficios.

Sin embargo, de acuerdo a los mineros y a los expertos, el proceso de la formalización de minas ha sido afrontado con varios atrasos y problemas. Solamente una fracción de los mineros que han solicitado la legalización de sus operaciones han recibido títulos, y muchos otros mineros no tienen los recursos para realizar el proceso de solicitación.

Oswaldo Ordóñez, un profesor de geología en la Universidad Nacional de Colombia en Medellín, quien ha participado en el proceso de formalización, indica que los mineros informales carecen de experiencia técnica y practican métodos que son peligrosos y ambientalmente inadecuados. El gobierno debe actuar más, dijo el, para ayudarles a continuar las actividades mineras con mejores técnicas.

Uno de los problemas es que los funcionarios gubernamentales de minería son “abogados y economistas que no entienden la minería… ellos no entienden qué es un kilovatio de energía, no saben que es una onza de oro, no saben que es la minería”.

Ordóñez y otros expertos dicen que los trabajadores de minas pequeñas necesitan más apoyo del gobierno incluyendo entrenamiento práctico y acceso a mejores equipamientos.

La mina Don Leo estaba efectivamente en el proceso de formalización cuando ocurrió el desastre. Pero los expertos dicen que las actividades mineras tan cerca de un río y bajo el nivel del mismo son peligrosas.

Carlos Iván Márquez, el director de la la Unidad Nacional para la Gestión del Riesgo, visitó el lugar del desastre el 16 de mayo. El dijo que no sabia si la mina había sido inspeccionada previamente. Dijo que el gobierno esta haciendo un inventario de las minas ilegales y las discutirá en una reunión de mesa redonda en Caldas.

Dado que los mineros que fallecieron no tienen beneficios o seguros, sus familias tienen un futuro económico incierto, tal como aproximadamente otros 50 mineros que trabajaban en la mina Don Leo. Márquez dijo que las familias recibirán comida y ayuda legal para identificar y reclamar los cuerpos.

Después de que Márquez habló, y la multitud de periodistas se fue del lugar, Jesús Aricapa se hundió en una silla de plástico a la sombra de la tienda de prensa. El perdió a dos primos y un sobrino en la mina. En ese momento dos de los cuerpos todavía estaban atrapados.

Aricapa siempre les decía, “por favor cuídense, saben que solamente hay una vida. Mañana no existe para nadie.”

El contuvo sus lágrimas mientras describía lo que ha perdido su familia. Previamente, miembros de su familia trabajaban en la mina Miraflores en otra área, antes de ser desplazados por amenazas de grupos armados hace una década.

Mientras que las negociaciones de paz dominan los titulares, Aricapa y otros mineros dicen que la cuestión más apremiante es la pobreza extrema y la falta de opciones mas seguras para ganarse la vida.

“El gobierno dice que trae paz, pero que clase de paz? Paz con hambre”, dice Aricapa. “Hoy en día cuando buscas trabajo, ¿cuantos años tienes? Cuarenta, ya no eres útil. Entonces díganme, que más puede hacer esta gente pobre? Venir acá buscando su muerte, tal como lo hizo mi familia”.

En las minas, el repite, “vienen a buscar la muerte”.


Adriana Cardona-Maguigad y Kari Lydersen escriben sobre la minería de oro en Colombia con el apoyo del Fondo para el Periodismo Samuel Chavkin del  North American Congress on Latin America.

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