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Turquía tiene por delante la era de un autócrata

Recep Tayyip Erdogan. Imagen del servicio de prensa del Kremlin. Con licencia para reutilización.

En la más reciente prueba a su liderazgo, el presidente Recep Tayyip Erdogan demostró una vez más por qué es el político más poderoso de Turquía y su líder más destacado desde Mustafá Kemal Attaturk. Simplemente, está preparado para hacer lo que haya que hacer.

Las elecciones presidenciales del 24 de junio no tuvieron segunda vuelta, posibilidad que existía hasta el día de la votación. Erdogan logró la victoria sobre el principal candidato opositor, Muharrem Ince, con 52.6% de los votos.

El margen puede parecer modesto en comparación con el 86% que se aseguró el presidente Ilham Aliyev en el vecino Azerbaiyán en abril de 2018, o el 75% que obtuvo el líder ruso Vladimir Putin en marzo. Pero nadie en Turquía, a favor o en contra de Erdogan, tiene dudas de que el país es ahora territorio del hombre fuerte. La imagen pública del presidente se eleva sobre las instituciones del Estado.

Esta victoria electoral, que tuvo lugar bajo condiciones de estado de emergencia y con un candidato opositor haciendo campaña desde la cárcel, fortaleció el poder de un hombre que llegó al poder como primer ministro en 2003 sobre todas las ramas de Gobierno.

Eso fue posible por un referéndum marcado por infracciones que cambió la Constitución del país de un modo que favoreció el aumento de las facutlades presidenciales em 2017. El referéndum logró apenas el 51.4% de los votos. De nuevo, Erdogan, cuya carrera política está ilustrada cruda, pero cómicamente en este video, apenas lo logró.

Divide y vencerás

El presidente no está completamente satisfecho con la magnitud de su victoria. Poco después del anuncio de los resultados, calificó de “gulenistas” a los ciudadanos turcos en Estados Unidos que votaron abrumadoramente contra él — en referencia su adversario exiliado, Fethullah Gulen.

¡ÚLTIMO MINUTO!
Erdogan: fueron a Estados Unidos para huir de Turquía. Esoy mirando los resultados que vienen de Estados Unidos, donde la oposición principal recibió muchos votos

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Erdogan:
“Los gulenistas huyeron a Estados Unidos; cuando vemos los votos de Estados Unidos, son para la oposición”.

El 24 de junio también determinó la conformación de un nuevo Parlamento. Los partidarios de Erdogan del Partido Justicia y Desarollo (AKP) lograron 295 escaños de un total de 600, les faltó poco para alcanzar la mayoría. No obstante, pueden contar con el apoyo de sus aliados del Partido de Acción Nacionalista (MHP) que logró 49 escaños. Juntos, los dos partidos que formaron una alianza tras el fallido golpe militar de julio de 2016 controlan el Parlamento. Sin duda, MHP es el socio menor. Un legislador de MHP que sugirió que el partido “salvó” a Erdogan y AKP y que debería aprovechar su posición fue destituido rápidamente.

En un muestra de la actual atmósfera política tóxica de Turquía, el MHP publicó una lista de todos los que habían “dudado” de ellos durante la campaña electoral:

A la altura de su digna reputación, el partido MHP publica una lista de nombres de quienes dudaron del partido durante la campaña. Provocación, pura y simple.

¿Qué queda y qué sigue?

Según el informe de la misión de la Oficina para Instituciones Democráticas y Derechos Humanos de la Organización para la Seguridad y la Cooperación en Europa, las elecciones se llevaron a cabo en un ambiente que claramente favoreció al partido gobernante y al presidente. Simultáneamente, si un partido fue claramente perjudicado por ese mismo ambiente fue el Partido Democrático de los Pueblos (HDP), de izquierda y prokurdo, que pudo pasar del umbral de 10% y entró al Parlamento a pesar de que su colíder, Selahattin Demirtaş, hizo campaña desde la celda de una prisión donde espera juicio desde mayo de 2016.

Algunos dicen que el mismo hecho de que un partido como HDP pueda seguir compitiendo en elecciones nacionales y asegurar escaños da fe del hecho de que aún hay camino por recorrer antes de que Turquía se vuelva un estado totalmente autoritario. No obstante, las señales del futuro no son buenas.

El fallido golpe militar de 2016 que dio origen al estado de emergencia que AKP y MHP afirman que debía terminar en junio, ya ha causado que 107,000 turcos pierdan su trabajo. Cerca de 50,000 personas están en prisión y a la espera de juicio, muchas acusadas de conspirar con la oscura organización de Gulen, a quien se acusa de planificar el golpe. Docenas de periodistas están actualmente tras las rejas en un país al que, junto con Egipto y China, los supervisores de medios han acusado de liderar las acusaciones contra la prensa libre.

Criticados por su enfoque de derechos incluso antes del intento de golpe, Erdogan y AKP podrían por lo menos tener algo de crédito por una economía fuerte durante su primera década en el poder. Ese no ha sido el caso en años recientes. Semanas antes de las elecciones, la lira turca se devaluó frente al dólar y el euro. El presidente Erdogan ha prometido continuar mayores intervenciones en el Banco Central. La mayoría de los observadores son escépticos sobre las perspectivas de una recuperación económica.

“Ahora el primer desafío es la deteriorada economía y Erdoğan no tiene manera de enfrentar el curso de los acontecimientos”: Mi comentario en The New York Times sobre las elecciones en Turquía 2018
Ahora, Erdogan enfrenta la complicada economía de Turquía, y él es parte del problema.

Erdogan tiene lo que necesitaba por el momento. Ahora estará en el poder al menos hasta 2023, año en que se cumple el centenario de la República Turca que creó Attaturk. Sin embargo, y con todo el apoyo que tiene, Turquía está más dividida que nunca.

Como lo dijo el reconocido escritor turco Elif Safak en una entrevista con el Washington Post:

For a democracy to exist and survive, you need more than the ballot box. You need rule of law, separation of powers, free and diverse media, independent academia, women’s rights, minority rights and freedom of speech. In Turkey, all of these components are damaged or broken after 16 years of the increasingly authoritarian rule of Erdogan’s Justice and Development Party (AKP). How then can we call this a democracy? It is not. Once majoritarianism had been consolidated, it was a very swift fall from there into authoritarianism.

Para que una democracia exista y sobreviva, se necesita más que una urna de votación. Se necesita estado de derecho, separación de poderes, medios libres y diversos, academia independiente, derechos de la mujer, derechos de las minorías y libertad de expresión. En Turquía, todos estos componentes se han visto afectados o quebrados después de 16 años de un gobierno cada vez más autoritario del partido Justicia y Desarrollo (AKP) de Erdogan. ¿Cómo podemos decir que esto es una democracia? No lo es. Cuando el mayoritarismo se consolidó, la caída al autoritarismo fue muy rápida.

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