Estancamiento en Yemen agrava crisis de derechos humanos, largamente ignorada

Activista conversa con un mujer con discapacidad mientras documenta problemas de derechos humanos en Taiz, Yemen. Foto de Watch Team, usada con autorización.

Las más recientes conversaciones de paz en Omán han fracasado, y para los yemeníes, eso significa volver a fojas cero. Las intensificaciones en Marib han empeorado la complicada situación humanitaria y el sufrimiento de civiles en un conflicto que ya entró en su sexto año.

Hubo optimismo cuando, en un gran cambio del gobierno de Trump, el presidente estadounidense Joe Biden anunció que la guerra debía “acabar” y que pondría fin a “todo el todo el apoyo estadounidense a las operaciones ofensivas en la guerra en Yemen”. Pero es más fácil decirlo que hacerlo. De nuevo, el conflicto ha llegado a un punto muerto. Las armas hablan más alto que las negociaciones políticas. Se ha emprendido una gran ofensiva militar de las fuerzas hutíes en el estratégico y petrolero Marib —la última provincia que el Gobierno reconocido aún controla en el norte— y nada parece detenerla.

Tristemente, se suele catalogar a Yemen como la “peor crisis humanitaria” del mundo. El conflicto empezó en 2015 y ha tenido un devastador impacto en la ya empobrecida población. Las necesidades son enormes e innumerables medios han mostrado estremecedoras imágenes de niños desnutridos o que viven en malas condiciones, pero esta situación inhumana no es nueva para Yemen.

Por décadas, el país ha estado al final de los peores índices internacionales, como en educación, derechos de la mujer y libertad de expresión. Antes del conflicto, una larga dictadura evitó que surgiera el estado de derecho y desarrollo. Yemen estuvo marcado por alto analfabetismo, desempleo y mala infraestructura. Hubo formas de graves violaciones de derechos humanos, como tráfico humanos, mutilación genital femenina y matrimonio infantil.

El rayo de esperanza y libertad que se logró en la Primaver Árabe en 2011, ha sido prácticamente eliminada por la guerra civil. Los rebeldes hutíes, con el respaldo de Irán, han instalado una opresiva teocracia en el norte, donde vive casi el 70 % de la población, mientras el gobierno reconocido del sur —acusado de amplia corrupción— no ha logrado proveer servicios básicos ni buena gobernabilidad.

Todas las partes son hostiles a los derechos humanos y “no muestran respeto al derecho internacional ni las vidas, dignidad y derechos del pueblo de Yemen”, dice una declaración que acompaña a un informe de 2020 de un grupo de expertos internacionales y regionales. “Una pandemia de impunidad en una tierra torturada” es el título del tercer informe de Naciones Unidas que documenta los abusos de derechos humanos en Yemen. Según el informe, “la escala y naturaleza de las violaciones debe golpear la conciencia de la humanidad. Pero con demasiada frecuencia, Yemen es el conflicto olvidado”.

Situación de los derechos humanos en el Yemen, incluida violaciones y abusos desde septiembre de 2014
Informe del Grupo de Expertos Eminentes Internacionales y Regionales sobre Yemen
Resumen
En el presente informe, el Grupo de Expertos Eminentes Internacionales y Regionales destaca incidentes y pautas de conducta desde septiembre de 2014, incluidos los ocurridos entre septiembre de 2014 y junio de 2019 que no se trataron en informes anteriores (A/HRC/39/43 y A/HRC/42/17), y los incidentes y las pautas entre julio de 2019 y junio de 2020 en el contexto del conflicto y la crisis humanitaria en curso. El Grupo de Expertos Eminentes considera que las partes en el conflicto siguen sin mostrar ningún respeto por el derecho internacional ni por la vida, la dignidad y los derechos de la población de Yemen, mientras que terceros Estados han contribuido a perpetuar el conflicto pues siguen suministrando armas a las partes

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25.A pesar de las firmes recomendaciones del Grupo de Expertos Eminentes en sus informes anteriores, terceros Estados, como Canadá, Francia, Irán (República Islámica de), Reino Unido de Gran Bretaña e Irlanda del Norte y Estados Unidos de América, siguieron apoyando a las partes en el conflicto, incluso mediante transferencias de armas, y contribuido a perpetuar el conflicto.
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El Grupo de Expertos Eminentes Internacionales y Regionales de Naciones Unidas ha publicado un extenso informe de la situación de derecho humanos en Yemen.

Detalla cómo Canadá, Francia, Irán, Reino Unido y Estados Unidos han perpetuado el conflicto pues siguen suministrando a las partes con armas.

La guerra ha sumergido al ya empobrecido país en más caos e ilegalidad, con lo que mujeres y jóvenes son más vulnerables a múltiples formas de explotación y abuso. La población vive en un clima de temor e inseguridad por bombardeos y autoridades locales represivas. Kamel Jendoubi, uno de los expertos de Naciones Unidas, informó que “Yemen sigue siendo una tierra torturada, con su pueblo arrasado en modos que impactarían la conciencia de la humanidad”.

Una cultura dominante de no rendición de cuentas perpetúa el ciclo de impunidad y violencia. Las fuerzas de la coalición lideradas por Arabia Saudita realizó varios ataque aéreos que mataron e hirieron a civiles indiscriminadamente. Como ha desaparecido toda semejanza de estado de derecho y de justicia, grupos tribales armados mantienen el estado de derecho por la fuerza. Ha habido numerosos relatos de detenciones arbitrarias, tortura y ejecuciones extrajudiciales.

Es probable que la escala de la violencia aumente porque no se tiene información completa. Se censuran las voces discordantes y progresistas, y también se autocensuran por la presión social. Como las familias se han visto empujadas a la pobreza, los padres están casando a sus hijas desde más niñas y los niños se ven obligados a trabajar o ir al campo de batalla. La vinolencia contra la mujer, que ya estaba generalizada, ha aumentado exponencialmente, incluidos abusos de violencia doméstica y sexual, secuestro y trabajo forzado.

Activista documenta problemas de derechos humanos en la ciudad de Taez, Yemen. Foto de Watch Team, usada con autorización.

Derechos humanos suspendidos

La guerra no solo ha empeorado la vida diaria ya agotado los mecanismos de defensa, también tiene suspendidos los derechos humanos. El colapso de la economía y el ambiente represivo ha provocado el cierre de medios locales y organizaciones de la sociedad civil que defienden los derechos humanos. Acosados y atacados, muchos periodistas yemeníes y activistas de derechos humanos han ido al exilio, mientras muchos que se quedaron han debido dejar su profesión. Varios han cambiado su atención de informar a trabajo de defensoría de trabajo humanitario. Dawla, activista de derechos humanos, me dijo:

We were struggling to survive before the war, and everything was a challenge. We could not believe it could get worse. Since the war broke out, it has all imploded. Now there are even more children in the streets and fighting, young women begging and married too young, activists harassed and with no resources.

Antes de la guerra luchábamos por sobrevivir y todo era un reto. No podíamos creer que pudiera empeorar. Desde que estalló la guerra, todo ha implosionado. Ahora hay más niños en las calles luchando, mujeres jóvenes mendigando casadas demasiado jóvenes, activistas acosadas y sin recursos.

Continuó:

I used to be a journalist, but the local media can’t pay journalists. Many have left, especially women. The situation is so bad that I have started volunteering in a local organisation to provide aid for poor families.

I’ve since been recruited by the organisation so I can at least support my family. But I don’t have time anymore to report and tell the stories.

Yo era periodista, pero en los medios locales no pueden pagar periodistas. Muchos se han ido, especialmente mujeres. La situación es tan mala que he empezado a hacer voluntariado en una organización local para dar ayuda a las familias pobres.

Me ha contratado la organización así que al menos puedo sostener a mi familia. Pero ya no tengo tiempo para informar y contar las historias.

La reubicación de los escasos recursos humanos capacitados en el sector de asistencia es un derivado del conflicto. Esto es porque el sector humanitario está donde están el financiamiento y los trabajos remunerados. Yemen, la mayor crisis humanitaria del mundo, está sin financiamiento y los donantes internacionales están más dispuestos a financiar programas de derechos humanos. Esto ha resultado en un efecto perverso que apoya emergencias a corto plazo más que paz y reconciliación a largo plazo que sentaría las bases para poner fin al conflicto. Se ha criticado a la ayuda por contribuir a avivar el conflicto. Y peor, todos los partidos han sido acusados de impedir o desviar las operaciones humanitarias. Algunas agencias de asistencia han debido suspender temporalmente sus programas en el norte por la corrupción.

Nueva estrategia para terminar con el conflicto

Como han mostrado otros conflictos, no puede haber paz sin justicia. Para poner fin al conflicto que ha diezmado a la población, los expertos de Naciones Unidas sostuvieron que el Consejo de Derechos Humanos para garantizar los derechos humanos en Yemen tienen prioridad. Como destaca Jendoubi, “la comunidad internacional tiene la responsabilidad de poner fin a esta pandemia de impunidad, y no deben hacerse de la vista gorda a las graves violaciones. Tras años de documentar las terribles cifras de esta guerra, nadie puede decir: ‘no sabíamos qué estaba sucediendo en Yemen.’ Asumir las culpas es clave para garantizar que se haga justicia al pueblo de Yemen y a la humanidad”.

Las acciones militares han fracasado. Terminar una guerra en un complejo punto muerto geopolítico regional requiere una nueva estrategia que enfatiza la diplomacia sobre las armas, con los derechos humanos como prioridad.

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