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Afganistán: Cultura, conflicto

Uno de los aspectos más intrigantes de ser un tipo blanco en América que observa los eventos que se desarrollan en Afganistán es el asombroso número de equivocaciones y conflictos culturales que tienen lugar allí. Desafortunadamente, esta clase de fricción no está limitada a cosas triviales y entretenidas como la Coca Diet, sino que a menudo involucra temas sustantivos también.

La semana pasada, Preeti Aroon, escribiendo para Foreign Policy Blog, notó una pequeña protesta por el tema de los balones de fútbol en Afganistán. Lo escencial, como lo expliqué en un post similar, provenía de los esfuerzos por “llegar” a los afganos regalándoles balones de fútbol (que son para el balompié, supongo)… sólo que los balones tenían la bandera de Arabia Saudita en ellos, que contiene el Shuhada. A alrededor de 100 afganos en Khowst no les gustó la idea de patear un versículo del Corán y realizaron una manifestación pacífica como protesta. Decorosamente disgustados, los militares se disculparon y ahora están revisando el programa para ver cómo mantenerlo sin futuros insultos no intencionales.

Naturalmente, los bloggers americanos sacaron el incidente completamente fuera de proporción. Afghanistanica encontró algunos de los ejemplos más escandalosos:

La siempre exquisita y sutil Michelle Malkin publicó el incidente y, luego de reprender al ejército de los Estados Unidos por su disculpa “ridícula y humillante”, recalcó acerca de los musulmanes:

“…ellos son demasiado sensibles” (leer: listos para el disturbio) acerca de todo”. [son sus paréntesis, no míos].


Kandahar Provincial Reconstruction Team, Afghanistan, del usuario de Flickr lafrancevi

Sus comentaristas son aún más “sensibles” (leer: intentando ofender) que los de Michelle, pero tendrás que avanzar en el post hasta ver la foto del Corán en el baño para leer esos comentarios.

Oh cielos. Afghanistanica también enlazó algunos blogs americanos (Little Green Footballs y Jihad Watch) que hicieron iracundas declaraciones similares acerca de los “disturbios” (que no sucedieron). Él responde exponiendo lo que debería ser obvio:

Sólo diré que no creo que la mayoría de los afganos se levanten con un fuerte deseo de molestarse y protestar. Y no creo que los soldados extranjeros se levanten con un fuerte deseo de ofender a los afganos. Pienso que este es un pequeño incidente y no puedo creer cuanta atención recibió, considerando que hay temas más importantes a considerar en Afganistán.

< Precisamente. De hecho, además de los derechos básicos, los discursos, parecen seguir bajo ataque… en todas partes en Kabul:

La radio sadaiHaqiqat, estación asociada de Salam Watandar en Samangan fue incinerada anoche. La estación de radio fue iniciada por los jóvenes locales y estaba conformada principalmente de equipos caseros…

La estación ha recibido algunas amenazas, la mayoría de autoridades locales de información y cultura.

Más allá de las amenazas a la estación de radio, Atash Parcha relata cómo fue despertarse con una bomba suicida:

¡BUM! Ese es el sonido que me despertó el viernes en la mañana. Yo estaba muy cansado. Me volví a dormir.

Más tarde en el día, mi hermana me preguntó si había escuchado la explosión. Fue un ataque suicida contra las tropas alemanas de la NATO situadas en el ala oeste de la zona militar del Aeropuerto Internacional de Kabul. Como es usual, fueron los civiles los que más sufrieron.

Aquí en los Estados Unidos, donde tenemos semanas de luto nacional por eventos más pequeños, tal actitud es difícil de entender… como la ira que algunos puedan sentir al tener su santo libro, a sus ojos, profanado por extranjeros. Al no entender estos fundamentos culturales básicos, los Estados Unidos y sus aliados parecen alistarse para futuras fallas.

Desgraciadamente, Afganistán no va a ningún lado sin más inversión extranjera, algo que se hizo increíblemente difícil por la llamada “mafia de la tierra” que ha estado robando terrenos para su propio beneficio:

Múltiples Registros de tierras permite a los poderosos bien conectados reclamarlas con impunidad y la falta de un sistema legal funcional deja víctimas sin recursos. La falta de seguridad de tierras y derechos de propiedad continúa siendo uno de los mayores impedimentos de inversión en Afganistán.

Efectivamente. Pero no todo es miseria y fatalidad en Afganistán. El recién regresado Safrang, quien ha pasado la última semana en Herat, tiene muchas cosas buenas que decir acerca de la ciudad:

Lo primero que atrapa la atención de un recién llegado a la ciudad son las calles amplias, bien pavimentadas y preservadas de Herat y sus árboles alineados. Al menos eso fue lo que llamó mi atención al llegar de Kabul con sus vías permanentemente congestionadas y dañadas, mientras nuestro ruidoso convoy con sus escoltas se movia rápidamente por el largo camino desde el aeropuerto hacia la ciudad por el distrito Injeel.

Luego está la historia. Está allí en la gran ciudadela, la magnífica mezquita del viernes, los notablemente hermosos Minaretes que están en tan deplorable mal estado, las tumbas de Gawhar Shaad y Khwaja Abdullah Ansari, las cuatro puertas históricas de la ciudad, la plaza con un tanque soviético y las estatuas en memoria de los valientes Heratis del 24 de Hoot por todos lados, y así…

En tercer lugar está el viento. No, la famosa historia sobre los ciento veinte días de viento no es un cuento de hadas…

Después de las calles, la historia y el viento, están los Heratis que hacen grandioso a Herat. Sus encantadores acentos Farsi, sus razgos persas y buenos modales, su relativo sentido cosmopolita, su espíritu industrial y empresarial, su amor al protagonismo del arte y la literatura (evidente en su uso frecuente de la poesía cuando hablan) y el hecho que, hasta que las cosas empeoraron respecto a la seguridad, los parques de la ciudad estaban llenos de familias ¡haciendo picnics de noche! Realmente me gusta eso.

También menciona el interesante hecho del constante suministro de electricidad de toda la región. De alguna forma, me ha hecho querer visitarla aún más de lo que ya lo hacía antes… y de verdad quería ver como era… si no hay nada más que ver la elaborada narotectura que florece en su recién hallada prosperidad.

¿Por qué no terminar con una nota positiva? Es de esperar que el puente sobre el gran vacío entre Afganistán y Occidente pueda, después de todo, ser posible a través de la música. Esta publicación de los trabajos de un maestro Rubab americano es de alguna forma impresionante y vale la pena ver.

Escrito por Joshua Foust.

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