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El fotógrafo sirio Hamid Khatib evade a la muerte para capturar la vida

Este artículo es una republicación de Syria Untold [en].

«Hamid el fotógrafo no existe sin la revolución. Solo espero que ese Hamid siga existiendo cuando la revolución acabe.» Estas son las palabras de Hamid Khatib, un joven y premiado fotógrafo sirio que se unió al levantamiento en octubre de 2011 después de haber completado el servicio militar obligatorio. Con su cámara, ha capturado a una generación joven que tomó las calles y que sorprendió a las generaciones anteriores al demandar lo imposible. 

Boy makes weapon in Aleppo, by Hamid Khatib. Source: the author´s facebook page

Un niño fabrica un arma en Aleppo, por Hamid Khatib. Fuente: página del autor en Facebook.

Los niños y la guerra

En una entrevista a Syria Untold, Hamid Khatib, de 23 años, se describe a sí mismo, al igual que muchos otros sirios, como “renacido tras la insurrección”.

Empezó a grabar vídeos de las manifestaciones y de la represión sufrida a manos de las fuerzas del régimen y pronto cambió a la fotografía. Su fotografía “Niño que fabrica armas” fue elegida por Reuters como una de las mejores fotografías de 2013. Desde entonces, ha trabajado para agencias de noticias capturando momentos de destrucción, esperanza, desesperanza, pérdida y vida cotidiana en Siria.

La fotografía ganadora muestra a un niño de diez años, Issa, portando un proyectil de mortero en una fábrica de armas propiedad del ejército sirio situada en Aleppo.

«Durante un tiempo quise capturar los efectos de la guerra en los niños», explicó. «Pensé en hacer una serie y fotografiar a diferentes niños, pero cuando conocí a Issa y a su padre su historia me impresionó y no pude dejar de centrarme en ellos.»

«Issa trabaja con su padre en una fábrica de armas durante diez horas al día, todos los días excepto los viernes. Su historia significa mucho para mí a nivel personal», dijo Khatib.

«La situación en Siria está fuera del control de un periodista», dice. «Solo puedes adaptarte a la evolución de los acontecimientos sobre el terreno. Pero personalmente prefiero retratar la vida cotidiana en el país y los efectos secundarios de la guerra en sus habitantes.»

A child in Raqqa, by Hamid Khatib. Source: The author´s Facebook page.

Un niño en Raqqa, por Hamid Khatib. Fuente: página del autor en Facebook.

Un viaje de muerte y amor

Nacido en Aleppo en 1990, Khatib comenzó a cubrir el levantamiento cuando este se militarizó. Tras completar el servicio militar obligatorio se mudó a los Emiratos Árabes Unidos para trabajar pero poco después decidió volver a Aleppo. «Quería mostrar al mundo como era en realidad el estado de terror del régimen sirio», dice.

Durante los últimos años no solo ha encontrado muerte y destrucción sino que también ha encontrado el amor. Khatib se enamoró de Nour Kelze, una ex profesora de primaria que en 2012 se convirtió en fotógrafa de Reuters después de hacer fotografías con su teléfono móvil. Los dos están ahora casados.

Syrian photographers Hamid Khatib and Nour Kelze, working in Aleppo. Source: Khatib´s facebook page.

Los fotógrafos sirios Hamid Khatib y Nour Kelze trabajando en Aleppo. Fuente: página de Khatib en Facebook.

Nour y Hamid trabajan mano a mano en Aleppo y han estado al borde de la muerte en varias ocasiones.

«Yo estaba en ese mismo lugar pero ella me pidió intercambiar de sitio para que pudiera sacar unas fotografías desde donde yo estaba», explica Hamid. «Ella es muy fuerte y no le da miedo nada. De repente, oí el bombardeo y vi humo saliendo por todas partes. No pude pensar en nada más que en ella: “¿dónde está Nour?”». Oyó su voz llamándole y la llevó a un hospital de campaña. Tenía una herida en el pie izquierdo y heridas de metralla en las manos.

En otra ocasión, Hamid fue testigo de los bombardeos perpetrados por el régimen durante una de las muchas manifestaciones a las que asistió en Bustan al-Qasr [en], una ciudad en la que las bodas acaban convirtiéndose en masivas manifestaciones por la libertad [en]. 

Bustan al-Qasr fue portada de los medios internacionales en enero de 2013, cuando docenas de hombres que habían desaparecido en puntos de control del régimen fueron descubiertos en el río Queiq [en]. Todos ellos tenían disparos en la cabeza y las manos atadas a la espalda.

«La mayoría de los protestantes que estaban a mi lado fueron heridos o murieron en esa manifestación, pero yo sobreviví», dijo Hamid. 

Hamid también tuvo un roce con la muerte en su primer día de vuelta en su ciudad, Azaz (en el norte de Aleppo), la cual no había visitado en tres años. Todos sus parientes, cinco familias enteras, estaban viviendo juntos en una casa de dos pisos. Cuando se despertó por el sonido de los bombardeos bajo corriendo al primer piso para ver si las mujeres y los niños habían sobrevivido. Los encontró llorando por el miedo a que los hombres que dormían en el piso de arriba hubieran muerto. Los misiles siguieron cayendo durante las horas siguientes. Alrededor de 150 vecinos murieron en Azaz aquella noche y 40 casas fueron reducidas a escombros.

La muerte ha sido piadosa con Hamid pero no con amigos y compañeros como Molhem Barakat [en], un fotógrafo de 18 años que murió mientras cubría una batalla por un hospital en Aleppo el 20 de diciembre. Hamid está decidido a continuar con su trabajo y tiene como objetivo honrar a Molhem y a todos los mártires que perdieron la vida luchando por el futuro de Siria. «Porque en realidad Siria no existía antes de la revolución», añadió. «Siria no existe sin la lucha por la libertad, la libertad por la que tantos han dado sus vidas».

Este artículo es una republicación de Syria Untold [en].

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