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Aulas sin maestros en el sur de Venezuela

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Niños indígenas regresan a casa desde la escuela. Foto tomada de la cuenta en Flickr de barloventomagico bajo licencia Creative Commons.

Aunque aman su profesión, entre 109 y 300 maestros abandonaron las aulas de clases de las escuelas y liceos de la Gran Sabana en Venezuela para dedicarse a actividades que simplemente les permitan sobrevivir a ellos y a sus familias.

Efectivamente, algunos, los indígenas principalmente, se van a las minas de oro y diamante, pero los demás, los criollos, los no indígenas, se dedican a ser taxistas, a vender productos Tupperware, perros calientes, empanadas o gasolina.

En la distante frontera venezolana hacia el Brasil, el docente de más alta calificación devenga una sueldo mensual de entre 18.000 y 22.000 bolívares, el alquiler de una habitación cuesta entre Bs. 15.000 y Bs. 20.000, según nos informó una arrendadora, un kilo de harina de maíz Bs. 500, según la dueña de una bodega y el pasaje mínimo, en la zona urbana sólo hay taxis, Bs. 300.

La Gran Sabana es el territorio ancestral del pueblo indígena pemón, una zona prístina sobre la cual rigen diversas figuras de protección ambiental: el Parque Nacional Canaima, el Monumento Natural los Tepuyes, la Zona Protectora Sur del estado Bolívar y la Reserva Hidráulica de Ikabarú.

Durante años, los estudios de la Corporación Venezolana de Guayana (CVG) y de Electrificación del Caroní (Edelca) establecieron, sin pizca de duda, que esta zona tiene vocación para el turismo y la generación de agua para la producción hidroeléctrica. Sin embargo, se trabaja cada vez más la minería sin control.

Es noviembre de 2015. En las zonas rurales, prolifera la minería, incluso dentro del Parque Nacional Canaima; mientras que en la capital municipal, en Santa Elena de Uairén, abunda el comercio de todo lo existente y la venta doméstica de combustible, dos negocios impulsados por la demanda de los vecinos brasileños cuya moneda, el real, se cambia en 175 bolívares venezolanos.

Se calcula que la mitad de la gasolina que sale de las estaciones de servicio locales, en donde se forman enormes colas diariamente, va a las minas, en donde un tambor de 200 litros puede costar hasta Bs. 300 mil; mientras que el otro 50% va a Brasil. En Venezuela, un litro de gasolina no cuesta ni un bolívar. En Brasil cuesta casi cuatro reales. Clandestinamente, los brasileros la pagan hasta en dos reales es decir en aproximadamente Bs. 340 por litro.

Una funcionaria del Distrito Escolar Número Cuatro, correspondiente al Municipio Gran Sabana, confirmó que durante el año académico 2014-2015 renunciaron al menos 80 docentes, aunque advirtió que pudieran ser más pues esta cifra corresponde a las renuncias ya procesadas sin contar a aquellos profesionales que se retiraron de sus aulas sin haber finiquitado su relación laboral con el Ministerio del Poder Popular para la Educación (MPPE).

Pero además, esa misma fuente, dijo que en lo que va del año escolar 2015-2016, en tres meses, renunciaron al menos 25 docentes.

Otra funcionaria de esa dependencia alerto, siempre bajo la condición de la confidencialidad, que al cierre del año escolar 2014-2015 se retiraron 300 docentes en todo el municipio, esto sumando a los que prestaban servicio tanto en las comunidades indígenas como en la zona urbana.

Al cierre del año escolar 2014-2015, los directores de plantel, las autoridades del Distrito Escolar y de la Alcaldía se reunieron para discutir en torno a esta situación y elaboraron una carta dirigida al Ministerio de Educación, entonces liderado por Héctor Rodríguez, para exponer lo que está sucediendo y solicitar 109 ingresos. En respuesta, en noviembre se incorporaron 83 nuevos maestros, pero el resto de los problemas que han llevado a esta crisis continúan sin solución.

En algunos casos, las vacantes permanecen. Valdirene Dos Santos contó en el blog de la Fundación Mujeres del Agua que en la escuela de la comunidad de El Paují los niños de diferentes grados fueron reunidos en una sola aula.

En la Escuela Integral Bolivariana EIB “El Salto” se fue la mitad de los maestros, algunos de ellos por jubilación, otros por incapacidad y otros por renuncia. Ante la eventualidad, algunos padres debieron asumir el liderazgo de las aulas. Durante dos meses, Kámala Manjari ejerció como docente de segundo grado.

El Preescolar Gran Sabana, adscrito a la EIB “El Salto”, se postergó durante al menos un mes el comienzo de clases para los niños y niñas del primer nivel pues una de las maestras solicitó su jubilación y la otra su cese por incapacidad. Finalmente, el Consejo Comunal de Brisas del Uairén y la Alcaldía de Gran Sabana contrataron una docente a la cual le pagan 24 000 bolívares.

La escuela de la comunidad indígena de Las Agallas cerró hasta nuevo aviso y la de Ikabarú, la capital de la segunda parroquia del municipio, comenzó clases con al menos un mes de retraso, cuando la Zona Escolar Bolívar logró ingresar a cinco maestros nuevos, todos provenientes de otras municipalidades, aparentemente con el compromiso de que no solicitaran cambio durante los próximos ocho años.

En Ikabarú, una zona fundamentalmente minera ubicada a 114 kilómetros de carretera de tierra de Santa Elena, un pollo cuesta hasta dos gramas de oro es decir al menos Bs.30 000. Para cobrar, un maestro debe viajar hasta la capital municipal pagando por un puesto en un vehículo rústico Bs. 3 000 y Bs. 3 000 más para regresar. Todos los pagos de los maestros se realizan a través de cuentas corrientes del Banco de Venezuela, que sólo tiene agencia y cajeros automáticos en la capital de municipio. Los docentes reciben una tarjeta de débito, pero los cajeros locales sólo procesan retiros diarios de hasta Bs. 3 000.

“Los maestros que se quedan, los que no renuncian, lo hacen porque les gusta mucho o porque están a punto de jubilarse, pero además venden productos, ropa, gasolina, hacen taxi”, nos comentó la funcionaria confidencialmente.

Testimonio en pareja

Nardy Torres y David Silva son esposos, padres de dos niñas y docentes. Los dos aman su profesión, sienten que sólo así sirven a sus familias y a su comunidad y sin embargo ambos renunciaron a sus cargos “por motivos económicos”.

“Porque con dos sueldos no daba para comer”, dijo David.

Él renunció hace año y medio. Se desempeñaba como el coordinador de pastoral de la Unidad Educativa “Fe y Alegría de Manak Krú”, su carga horaria era de 36 horas semanales y devengaba en ese momento Bs.4 500 más un bono por sus labores de coordinación.

“Iba al mercado y llegó un momento en el que dejaba la quincena, parte de mis ahorros y el cesta ticket (bono alimenticio) “.

Ahora, se dedica a hacer transporte, por cierto nos comentó que tiene el carro parado por falta de repuestos, tiene junto a su esposa una pequeña bodega en casa de la abuela de ella y vende envases plásticos en un toldo que arma a un costado de la Troncal 10. “A los brasileros que pasan”.

“A mí me gustaría estar dando clases, eso es lo mío. Me gustaría que esta situación cambiaria y volver a la docencia porque en la situación actual del país el docente no puede vivir de su trabajo”.

Nardy es docente de preescolar de la Unidad Educativa “Darak Merú”, renunció al cierre del período escolar pasado, pero continuará trabajando hasta diciembre porque sus superiores le expusieron “si tú renuncias, con quién se van a quedar los niños”. Ahora atiende la bodega, vende helados y hace ponqués.

Este post fue publicado originalmente en el blog de Morelia Morillo, Las Crónicas de la Frontera.

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