En Colombia también se libra una batalla por la información

Foto de una vigilia durante las protestas en Colombia en mayo 2021, de Roger Vallejo, Director de la Red de Radios Sindamanoy de Nariño, usada con permiso.

Con cada día de protesta en Colombia en contra del gobierno del presidente Iván Duque la batalla de información se vuelve más intensa. El número de víctimas va en aumento pero los datos son escasos y difíciles de acceder.

Los datos sobre las protestas surgen de ONGS como la agencia Indepaz y la organización Temblores en vez del Estado colombiano. Por ejemplo, a pesar de que miles de personas han salido a marchar pacíficamente, las confrontaciones y abusos de la fuerza pública han dejado hasta la fecha 47 muertos, 963 detenidos y 548 desaparecidos, según el reporte de Indepaz.

En contraste con el trabajo de las asociaciones, los registros de las agencias del estado como la Defensoría del Pueblo, la Fiscalía y la Procuraduría, encargadas del registro oficial de las muertes, arrestos y desapariciones, han sido inconsistentes, denuncia Diana Salas periodista de Cuestión Pública. En el programa En VivoSalas dice que “¡No hay datos! Y en lugar de una política de datos abiertos hay ocultamiento, opacidad.” 

La periodista relata los obstáculos para informar a la ciudadanía sobre personas detenidas. “Cuestión Pública tuvo que recurrir a una acción de tutela (un mecanismo legal) para tener acceso a la información policial y luego contrastar estas listas con bases de datos de personas desaparecidas que mantienen organizaciones independientes de Derechos Humanos.” 

“Si no conocemos la dimensión de lo que está pasando, sin información sobre detenciones arbitrarias, sobre ejecuciones extrajudiciales, no se puede proteger a la gente,” asegura la politóloga Sandra Borda, profesora de la Universidad de los Andes.

El Paro Nacional que inició a finales de Abril en contra de un proyecto de reforma tributaria se ha convertido en un estallido social en el que participan sindicatos, estudiantes, comunidades indígenas, artistas, transportistas y gente del común de todas las regiones del país. Aunque el gobierno decidió retirar la propuesta de reforma tributaria, la indignación popular continuó. Los manifestantes encontraron en la violencia policial y el proyecto de reforma al sistema de salud, nuevas razones para la protesta

Además existen otros factores. De acuerdo con el análisis de Sandra Borda, el descontento popular se debe a las difíciles condiciones económicas y la agudización de la pobreza durante la pandemia. Borda, en el programa En Vivo, señala que el desempleo, la corrupción, la demora en el proceso de vacunación son factores que hacen parte de la frustración de los colombianos y su pérdida de confianza en el gobierno.

Cientos de videos circulan en redes sociales mostrando excesos de los uniformados. Se han vuelto virales las imágenes de una madre que llora por su hijo asesinado, disparos a civiles desde motos policiales, tanquetas lanzando bengalas y armas aturdidoras en zonas residenciales

En las principales ciudades ha habido vandalismo, bloqueo de carreteras y denuncias de infiltraciones de policías vestidos de civil en las manifestaciones. En medio de la incertidumbre los voceros del gobierno vinculan a la protesta con grupos guerrilleros y la califican de “terrorismo urbano”

Foto de una vigilia durante las protestas en Colombia en mayo 2021, de Roger Vallejo, Director de la Red de Radios Sindamanoy de Nariño, usada con permiso.

¿Los medios tradicionales son sesgados?

Lucía L., una joven activista que ha participado en las marchas en Medellín, me explicó que el cubrimiento de las protestas por medios tradicionales es sesgado e incompleto. Me cuenta que “las manifestaciones han sido masivas, cuadras y cuadras de gente, toda tranquila. Es impresionante. Pero las noticias se quedan en el vandalismo y terminan mostrándonos con los vándalos!”

Las decisiones editoriales de los medios contribuyen a crear ciertas narrativas de la protesta, explica la periodista y politóloga María Paula Martínez  en Presunto Podcast. En su opinión, decisiones sobre la portada de El Tiempo (el periódico de mayor circulación en Colombia) con grandes fotos de destrucción o el artículo de la Revista Semana titulado ‘Cali, sucursal del Infierno’ son parte de una retórica conectada con la defensa de la institucionalidad del gobierno “que no ofrece claves paras entender la experiencia del  movimiento popular y que no centra su atención en los derechos humanos violentados por las fuerzas públicas.”

Martínez explica que “el cubrimiento de la protesta en tiempo real lo han realizado los medios alternativos y locales con reporteros que ponen el cuerpo en las calles para narrar en Instagram live, Twitter o Whatsapp y terminan contándole al Defensor del Pueblo qué es lo que está pasando.” Entre estos medios se encuentran Cuestión Pública, Pacifista, Periferia, Cerosetenta y Vorágine, entre otros.

K-Popers y radios comunitarias no paran

Frente a esta batalla informativa, los usuarios en las redes sociales han encontrado formas creativas de tomar el control del discurso en línea. Detrás de sus pantallas, jóvenes activistas aficionados a la música coreana K-Pop se han organizado en las redes para jugar y alterar el algoritmo que domina la conversación.

Cuando hashtags promovidos por el gobierno y grupos de derecha como #vandalosasesinos o #terrorismourbano empiezan a aparecer como tendencia en Twitter, los K-Popers rápidamente usan las etiquetas para publicar cientos de videos de sus bandas y cantantes favoritos para descarrilar el sentido original del hashtag. De esta forma los jóvenes no solo se toman las calles, también inundan la conversación digital, combatiendo la retórica del gobierno con estos videos.

Yo creo en el poder de los K-popers #ElParoEsViolencia

Por su parte, en las regiones apartadas y poblaciones pequeñas, las experiencias del Paro Nacional se comunica a través de medios locales e independientes como las radios comunitarias. Conversé vía WhatsApp con varios radialistas comunitarios de diversas regiones del país. Estos radios tienen una relación directa y personal con sus audiencias y sus fuentes. Marta Isabel Martínez Rueda, directora del informativo Radar de la Red de Emisoras de Norte de Santander describe así su trabajo en una zona que por años ha sido escenario del conflicto armado entre guerrillas y paramilitares: “se trata de informar sin arriesgar a nadie, escuchar con respeto, desarmar la palabra. Nosotros buscamos el entendimiento, no incitar la rabia”.  

Desde el Caquetá, otra región que ha sufrido la violencia política desde hace décadas, Ismael Valenciano, de Caquetá Stereo me señala que “nuestra labor es visibilizar el derecho a la protesta […]  Con nuestra labor la comunidad se siente respaldada porque nuestros medios dicen la verdad. Estamos en el lugar de la noticia, lo que se vive es lo que se cuenta.” 

En Socorro, Santander, Polidoro Guaitero de la radio La Cúpula, me relata el papel de la radio en la calle. “Hay que saber ganar la confianza de la gente. Hay que saber hacer las preguntas, porque la comunidad está planteando ideas para un nuevo modelo de país y hay que escucharla”.

Foto de una vigilia durante las protestas en Colombia en mayo 2021, de Roger Vallejo, Director de la Red de Radios Sindamanoy de Nariño, usada con permiso.

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