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Palestina: No se permite el paso

La saga de la blogger y periodista Laila El-Haddad, quien escribe para Raising Yousuf and Noor: diario de una madre Palestina, fue cubierta cuidadosamente por Global Voices en días anteriores.  Sin embargo, mientras que  El-Haddad se acercaba a la hora 36  en el aeropuerto, su twitter y blog cesaban; fans, amigos y lectores comenzaron a preocuparse. Luego, El-Haddad había sido deportada de nuevo a los Estados Unidos, a pesar de llevar consigo la documentación requerida para ingresar a Gaza. Aquí, ella relata su historia:

Los viajes fuera de la tienda de recreación en preparación a lo que yo anticipaba que iba a ser una jornada larga y tortuosa por el cruce de  Rafah hacia  Gaza. El repelente para insectos, el mosquitero, el purificador de agua, la bacinica para mis niños, las barras de granola y la mantequilla de maní. Esta vez, quería estar lista en caso que me quedara estancada en el cruce.  Mi atrevimiento ahora es como un golpe de aburrimiento al dorso de mi cabeza.

Acerca de su documentación, ella explica:

Tengo en mi poder un pasaporte de la autoridad Palestina que remplazó al “pasaporte Jordano temporal de dos años para los residentes de Gaza”, que portábamos hasta los acuerdos de Oslo y la creación de la autoridad Palestina a mitad de los noventas, el cual reemplazo los documentos de viaje egipcios que portábamos antes. Una progresión en una larga fila de documentos apátridas.

Es un pasaporte que no permite el paso, un pasaporte que me niega entrar en mi propio hogar. Éste es su propósito:  marcarme, tacharme, para que pueda ser fácil de identificar y aislarme sin preguntas; es conveniente para los que dan ordenes, es un sistema para la identificación colectiva de aquellos sin identidad.

El-Haddad  asegura a sus lectores que ella siguió el procedimiento correcto.  Escribe que no tuvo pensamientos que no hubiera contemplado:

Yo no quería repetir el calvario, entonces esta vez llamé a la embajada, que me aseguró que el protocolo ahora había cambiado: Solo a los hombres palestinos no les estaba permitido volar hacia o entrar a Egipto. A  las mujeres sí, obtendrían su visa en el puerto Egipto de destino. Me dieron una carta firmada por el cónsul con fecha de (06 de abril del 2009) para llevar en caso de encontrarme en problemas: “La sección consular de la embajada de la Republica Árabe de Egipto por medio de ésta, confirma que las mujeres residentes de la franja de Gaza, quienes portan pasaportes expedidos por la autoridad Palestina requieren de visa para entrar a Egipto y los puertos Egipcios y NO a los diferentes consulados de los Estados Unidos en su camino a la franja de Gaza con propósitos de tránsito a su destino. (en otras palabras (“la franja de Gaza)”, se lee.

Ella describe las actitudes de las autoridades Egipcias, narrando la degradación a la que ella y otros estuvieron sometidos:

El oficial #1 separó el cuarto en tres regiones: los 5 -más o menos- sudasiáticos que estaban allí, por cualquiera que fuese su documento expirado o ilegal cuando su atención era requerida eran llamados como “Paquistaníes” La somnolienta, medio dormida mujer de atrás era “Indonesia” y el impecablemente vestido hombre de negocios de Guinea, adornado totalmente con un traje negro y corbata de líneas azules era “Kenya” (A pesar de su persistencia por contrariarlos). Había un grupo de pasajeros Egipcios con identificaciones falsas, fraudulentas o mal diligenciadas: un hombre de 54 años quien su identificación afirmaba que había nacido en 1990, otro quien dejó su identificación en su aldea a 5 horas , etc.

Como sabemos, El-Haddad fue deportada de  regreso a los Estados Unidos, el país de donde ella había venido y donde ella no tenía pasaporte para residencia permanente. A su llegada, ella twitteó:

Laila El-Haddad "tweeted" this message upon arriving in the U.S.

Laila El-Haddad tweeteó este mensaje a su arribo a los E.U.A.

Los Funcionarios de inmigración estadounidenses se mostraron comprensivos. Uno dijo: “No entiendo. ¿Porqué le impidieron regresar a su propio país?”

Más tarde describió con más detalles:

Finalmente, llegamos al aeropuerto Dulles. Caminé segura hacia la cabina cuando fue mi turno.

¿Qué iba a decir?, ¿Cómo lo iba a explicar?. El hombre echó un vistazo a mi visa vencida y mis sellos de embarque.

- ¿Cuánto tiempo ha estado?

- “36 horas”, dije sin rodeos.

- Si, lo puedo notar ¿Quiere explicarlo?

- Seguro, Egipto me prohíbe retornar a  Gaza.

-No entiendo, ellos no le permiten entrar a su propio país

- Yo tampoco entiendo, si lo entendiera no estaría aquí

Con eso, me dieron un sello y me permitieron entrar de regreso.

Aunque El-Haddad y sus hijos se pusieron medio enfermos después del viaje, los tres están seguros en los Estados Unidos, un país que ha sido un segundo hogar para ellos desde hace algún tiempo. El-Haddad concluye:

Ahora que estamos tibios, bañados, vestidos, descansados y nos recuperamos de cualquiera que sea el virus que contrajimos en las entrañas del aeropuerto de El Cairo, sigo pensando para mis adentros: ¿Qué más pude haber hecho?

“La experiencia Palestina por excelencia”, que el historiador Rashid Khalidi ha escrito, “toma lugar en una zona fronteriza, un aeropuerto, un puesto de control: en cortas palabras en cualquiera de esas barreras modernas donde las identidades son revisadas y verificadas”.

En este lugar, añade Robyn Creswell, “conexión”, resulta ser solo otra palabra para separación o cuarentena: las vueltas en los aeropuertos nunca acaban, como en la famosa biblioteca de Borges. La crueldad de la situación Palestina es de esos purgatorios que no son extraordinarios de ninguna manera sino más bien el transfondo de la existencia diaria.”

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