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Con estilo brasileño pueblos sin energía eléctrica encuentran forma de tener luz

Francimar de Oliveira era o único de Serra da Estrela que assistia ao amistoso do Brasil contra a África do Sul, após instalar placas de energia solar no telhado. Foto: Agência Pública

Francimar de Oliveira era el único de Serra da Estrela que asistía al amistoso de Brasil contra África del Sur, luego de instalar paneles solares en el techo. Foto: Agência Pública

Este artículo, de Rafael Luis Azevedo, fue originalmente publicado [pt] en la página web de la Agencia Pública. Aquí se ha dividido en dos partes. Lea la primera parte del artículo.

A partir de ayer, con el inicio del Mundial de Fútbol en Brasil, Global Voices inició una serie de textos sobre las ciudades brasileñas, mostrando lo que no aparecerá en los 90 minutos de fútbol en las televisiones de todo el mundo.

Fortunato y los vecinos de Saboeiro no van a ver la Copa del Mundo de Brasil ni de cerca ni de lejos. A sus casas, así como a las de otros 960 mil brasileños, la energía eléctrica no ha llegado hasta hoy. Pero el escenario ha sido peor. Antes del surgimiento de Luz para Todos [pt], casi la mitad de la población de Saboeiro no disponía de luz eléctrica. Corresponde al municipio realizar encuestas de las comunidades sin servicio para transmitir los resultados a la compañía responsable, pero el asunto siempre choca contra los costos y la burocracia. Sin embargo como recuerda Francisco Bezerra agente administrativo de la Secretaría de Agricultura de Saboeiro:

Não é uma obra barata, é fato. Mas é um custo que impede outros gastos lá na frente. Afinal, como se combate o êxodo rural sem oferecer condições dignas de vida no campo?

De hecho no es una obra de bajo costo. Pero es un costo que evita otros costos. Después de todo ¿cómo se combate el éxodo rural sin ofrecer condiciones dignas de vida en el campo?

En 11 años ya fueron invertidos R$ 16 billones de reales (aprox. 7 billones de dólares de EE. UU.) en ‘Luz para Todos’ en el país. Antes de final de año el gobierno federal debe lanzar un nuevo estudio para ver quien aún no tiene servicio. Pero cansados de esperar, algunos ciudadanos lo están haciendo a su manera, algo común a los brasileños.

Francimar de Oliveira conoció la energía eléctrica en uno de sus viajes a São Paulo donde trabajó en construcción civil. Desde el 2007 no salió de Serra da Estrela, gracias a la Beca Família [pt]. Con sus ahorros el agricultor invirtió en una tecnología de la que su hija oyó hablar en la escuela. Por $ 2 mil Reales (898 dólares de EE.UU.), el cearense instaló dos paneles solares en el techo de su vivienda.

El sistema funciona en base a la improvisación. La energía pasa por cables adosados en la pared y alimenta una batería de camión. La carga acumulada llega a la TV que la familia tenía en casa, desde hace dos años, esperando el día en que llegaran los postes de electricidad tanto tiempo esperados. Francimar festeja:

A gente ainda não tem uma geladeira para realizar o sonho de beber água gelada, mas já dá pra ter um contato com o resto do mundo.

La gente no tiene una heladera para realizar el sueño de beber agua helada pero ya puede tener un contacto con el resto del mundo.

Fan del Fortaleza, su casa era la única de la región que podía asistir al amistoso de Brasil contra África del Sur jugado el 5 de marzo 2014 en preparación de la Copa del Mundo. En el vecindario aún desconocen la novedad cercana a su casa y quienes mantienen algún contacto con el fútbol necesitan contentarse con la narración vía radio a pilas. El compara:

O dinheiro que gastei é muito para gente pobre como eu, mas não é nada para um governo. Colocar placas dessas aqui na comunidade sairia mais barato do que trazer postes até aqui em cima.

El dinero que se gasta es mucho para gente pobre como yo pero no es nada para un gobierno. Colocar esos paneles aquí en la comunidad sería mas barato que traer postes hasta aquí

La Copa del Mundo en Cafundó y Escondido

¿Quien no se olvida de la primera Copa del Mundo que vio? Para la mayoría es un recuerdo de infancia. En algunos rincones el torneo de Brasil será justamente el primero. Dos de ellos tienen nombres bien curiosos: Cafundó y Escondido. Comunidades quilombolas de Choró, a 175 kilómetros de Fortaleza, ellas recibieron el servicio de energía eléctrica hace tres años, después del último Mundial.

As antenas parabólicas destoam das casas simples em Cafundó. Foto: Agência Pública

Las antenas parabólicas desentonan en las simples casas en Cafundó. Foto: Agência Pública

El 20 de diciembre 2011 permanece en la memoria de los habitantes. Las 35 familias de las dos comunidades de la región agreste de Ceará, todas con algún grado de parentesco siempre tuvieron la esperanza de que sus noches fueran iluminadas. Los postes vinieron desde lo alto, llegaron por helicóptero. Solo así fue posible para la Compañía de electricidad de Ceará (Coelce) [pt] ejecutar el proyecto de electrificación local.

Cafundó y Escondido, como otras comunidades formadas por esclavos fugitivos, son dos de las mas aisladas del país. Sin acceso por vehículos de motor, a pie o en moto las comunidades vivieron prácticamente olvidadas hasta el siglo 21. La Beca Familia y la llegada de la energía eléctrica ayudaron a frenar el éxodo local. Los habitantes comenzaron a disponer de una renta mensual, que complementa las plantaciones de la agricultura de subsistencia, y a disfrutar de los placeres de la tecnología. Personas como Dionísio de Oliveira, de 48 años, que recibió una televisión de la compañía de energía:

A vida aqui melhorou muito. No meu tempo, eu trabalhava um dia inteiro para conseguir uma xícara de açúcar para a garapa deles [água com açúcar, bebida comum entre os pobres do interior do Nordeste]. Hoje, um dia de trabalho rende um saco de açúcar para o leite dos filhos deles.

La vida aquí mejoró mucho. En mi tiempo trabajaba un día entero para tomar una taza de azúcar de caña [agua con azúcar, bebida común entre los pobres del Nordeste]. Hoy un día de trabajo rinde un saco de azúcar para la leche de los hijos.

No es que el acceso a los bienes de consumo resuelva todos los problemas. La distancia de todo sigue siendo un obstáculo. José de Arimatéia que nació en el lugar se ríe de la situación:

Não é à toa o nome. As pessoas vivem escondidas mesmo. 

El nombre no es de extrañar. Las personas viven escondidas.

Nacido en Cafundó, el ex-agricultor desistió de la vida al lado de los familiares en el 2010. Vendió su casa a un pariente por R$ 200 (90 dólares de EE. UU) y alquiló otra en Choró, en ese momento por $ 70 Reales (31 dólares de EE. UU.). Dice:

Cansei de subir e descer aquilo ali. É muito desgastante. Imagine então o sofrimento de crianças e idosos.

Estoy cansado de subir y bajar. Es muy agotador. Entonces, puede imaginar la difícil situación de los niños y los ancianos.

En la base de la  montaña hay una placa, ya desgastada, que informa del proyecto de electrificación. La obra costó $ 797 mil Reales (358.138 dólares de EE.UU.) al programa ‘Luz para Todos’. Para poder ser cargados por helicópteros los postes fueron fabricados en fibra de vidro. No hay alumbrado público y por eso los clientes, todos de bajos recursos, pagan en promedio $ 5 Reales (2,3 dólares de EE.UU.) al mes. La medición la realiza uno de los residentes quien también se encarga de la escuela.

La llegada de la energía eléctrica garantizó el acceso a otros bienes de los nuevos tiempos: el uso de teléfonos celulares. El municipio aún no dispone de tecnología 3G, pero si de la antigua 2G. Cuando se está navegando por Internet una llamada al teléfono interrumpe la conexión.

A pesar del horizonte abierto por la tecnología aún existe gente sin contacto con el exterior de la comunidad. El agricultor Antônio Preto, de 74 años, por ejemplo, no tiene idea de cual es el equipo brasileño.

Minha vida sempre foi de casa pra roça, da roça pra casa.

Mi vida siempre ha sido de la casa a la granja, de la granja a la casa.

Hoy por ejemplo es la excepción. Casi todos los habitantes tienen TV y quien no la tiene ve los juegos en casa de algún vecino.

Nadie se lo merece. Ni las familias de Cafundó y Escondido, ni las 242 mil que aún no tienen energía eléctrica en Brasil.

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