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Izando banderas y elevando esperanzas

Washington, United States. 20th July 2015 -- A growd of people are cheering while the Cuban flag is raised at the embassy in Washington D.C. Image courtesy of Justin Feltman on Instagram. -- People gather at the Cuban embassy to witness the Cuban flag being raised in Washington D.C. after 54 years since its removal. The audience celebrates the full diplomatic relations restore of the United States and Cuba today.

Washington, Estados Unidos. 20 de julio de 2015. Personas reunidas en la Embajada de Cuba para presenciar el izamiento de la bandera cubana en Washington D.C. luego de 54 años. Derechos reservados Demotix.

Un amigo me dijo una vez que todo cubano recordará siempre lo que estaba haciendo el 17 de diciembre de 2014. Ciertamente, yo lo recordaré. Tengo un claro recuerdo de las lágrimas inundando mis ojos, mis manos presionando mi boca, literalmente para no dejarme hablar, cómo contuve la respiración: porque para cuando los presidentes Barack Obama y Raúl Castro hicieron el anuncio, pensé que nada de lo que hiciera arruinaría ese momento para siempre.

Así que me quedé muy callada. ¿Cuánto tiempo les tomó presentar las declaraciones oficiales? No tenía idea. me parecieron más de 50 años, dolorosos.

Para los cubanos como yo, nacidos a finales de los años 80, el primer encuentro con Estados Unidos era a través de la experiencia de segunda mano de emigración. Mi mejor amiga de primaria ganó la lotería de visas y desapareció de un momento a otro, dejándome con muchas preguntas que nadie se atrevía a responder porque de eso no se habla [en castellano en el original]. Apenas un año después, fue mi propio tío el que dejó el país es una balsa desvencijada junto con otros 17 hombres antes de la llamada “crisis de los balseros”. Y empecé a escuchar a más y más gente diciendo “que el que se va, se muere” [en castellano en el original].

De una u otra manera, los que se iban morían en nuestra mente. Hasta los que llamaban frecuentemente a casa parecían tan lejos en nuestra imaginación que sentíamos que los habíamos perdido para siempre, una sensación intensificada por el sentido de estar atrapados en una pequeña masa de tierra rodeada por el mar.

En mayo de 2013, viajé por primera vez a Washington, DC a participar en el Congreso de Estudios de Latinoamérica, congreso en el que la sección de Cuba tiene cientos de afiliados. Luego del rechazo de los intercambios de personas durante los años del gobierno de Bush, los esfuerzos del gobierno de Obama para devolverlos permitió a profesionales menores de 30 años como yo, compartir nuestra opinión sobre la realidad cubana en diversos espacios académicos. Sin embargo, para mí la parte más importante de ese primer viaje a Estados Unidos fue la oportunidad que me dio de tener la experiencia de una confrontación política histórica desde el punto de vista de la gente que vivía “al otro lado”.

Fue así que en junio de 2013, después de veinte largos años, finalmente pude poner una imagen a la casa de mi tío, una vivienda de madera en el medio de un campo de remolques en Miami, donde se sienta al aire libre y se ocupa de su parrilla mientras cuenta historias de cómo es ser un balsero [en castellano en el original]

En 2014, obtuve la beca Nieman en la Universidad de Harvard y me mudé a Cambridge, Massachusetts. Tenía pocas esperanzas y muchos temores. Pero en vez de la imagen de caricatura en blanco y negro retratada por los medios nacionales cubanos, encontré un profundo respeto de los estadounidenses hacia mi amado país, el mismo respeto mostrado en las encuestas nacionales de opinión estadounidense que dieron el estímulo para los 18 meses de negociaciones secretas entre los dos países que llevaron al anuncio oficial el pasado diciembre. Y eso me dio esperanza. Pero también conocí personas que creían que la democracia estadounidense debería y podría ser exportada Cuba, sin reconocer nuestra larga historia de nacionalismo e independencia.

El 20 de julio, se izó la bandera cubana en la recién reabierta Embajada Cubana en Washington, DC. Y el viernes 14 de agosto, el Secretario de Estado de Estados Unidos, John Kerry, estuvo en La Habana para supervisar una ceremonia similar en la Embajada de Estados Unidos en La Habana. Luego de 54 años, las banderas de Estados Unidos y Cuba se desplegaron de nuevo sobre sus respectivas embajadas en el otro país. Con el restablecimiento de relaciones diplomáticas plenas, estamos presenciando una nueva era en Cuba. Aunque las diferencias políticas persisten, por primera vez en mi vida no hay un enemigo específico al que debemos combatir a toda costa.

Pero el futuro de la relaciones entre nuestros países dependerá de la capacidad de los otros de permitir que Cuba cambie a su propio ritmo. El cambio debe venir de los propios cubanos, emigrantes incluidos.

En diciembre de 2014 regresé a casa de mi tío. “¿Qué piensas de los nuevos asuntos de Cuba y Estados Unidos?”, le pregunté, con la combinación de escepticismo y esperanza que la dura crisis económica de los años 90 nos había enseñado.

“No soy político”, dijo mi tío, “soy solamente un sobreviviente… pero aun así, tal vez sea una señal. Es hora de volver a casa”.

Havana, Cuba. 14th August 2015 -- U.S. Secretary of State John Kerry shakes hands with Cuban Foreign Minister Bruno Rodríguez before their bilateral meeting at the Cuban Ministry of Foreign Affairs during the Secretary's historic visit to Havana. (State Department photo). -- U.S. Secretary of State John Kerry meets with Cuban Foreign Minister Bruno Rodríguez in Havana, Cuba, on August 14, 2015, as part of his trip to re-open the U.S. Embassy in Cuba.

El Secretario de Estado de Estados Unidos, John Kerry, se reúne con el ministro del Exterior de Cuba, Bruno Rodríguez, en La Habana, Cuba, el 14 de agosto de 2015, como parte de su viaje para reabrir la Embajada de Estados Unidos en Cuba. Derechos reservados Demotix.

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