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Periodista iraní Omid Memarian: “transformar la ira fulminante en algo constructivo es un arte”

Iranian journalist Omid Memarian. PHOTO: Courtesy Omid Memarian.

Omid Memarian, periodista iraní. Imagen: cortesía de Omid Memarian.

Este es el quinto artículo de una serie de entrevistas con periodistas y escritores iraníes que han dedicado sus carreras para comunicar las complejidades y contradicciones de Irán a aquellos que se encuentran fuera del país. Para leer la serie completa pulse aquí.

Omid Memarian, siendo un periodista exitoso y extensamente leído en Irán, y ahora en Estados Unidos, que brinda cobertura a temas sobre Irán para la audiencia angloparlante e iraní, ¿qué se siente navegar entre estos dos entornos de comunicación?

Cuando trabajé como periodista en Irán, tenía la costumbre de relacionarme con reporteros extranjeros. Tenía curiosidad acerca de la forma en que ellos abordaban las historias, particularmente en un país donde todo necesita un contexto muy fuerte y, en especial, porque muchos de esos reporteros nunca permanecían más de dos semanas en el país. También hablábamos bastante sobre la ética del periodismo. Todo eso encendió la chispa y profundizó mi fascinación por el periodismo estadounidense.

Cuando llegué a la Escuela de Posgrado de Periodismo de la Universidad de California, ubicada en Berkeley, tenía mucho que aprender. Ya poseía la habilidad para entrevistar a personas, recabar información, comprender el panorama completo y dirigirme al público. Sin embargo, en Berkeley aprendí mucho sobre la estructura narrativa y la organización para relatar una historia. También aprendí la importancia de las oraciones simples y claras y el papel que juega el elemento humano en los relatos. Eso transformó mi pensamiento acerca de las noticias y los artículos de interés público. Además, aprendí sobre la evolución de la ley y la ética en el periodismo durante los dos últimos siglos, que explica el por qué los medios de comunicación en la actualidad juegan un papel importante en la formación de la opinión pública y en la rendición de cuentas de aquellos que tienen el poder.

Como periodista preparado en Estados Unidos, ¿qué diferencia ve entre el periodismo estadounidense y el iraní?

En EE.UU. existe una conexión vibrante entre las escuelas de periodismo y los medios de comunicación. En Irán no existe esta tradición. La forma en que los periodistas aprenden a realizar su trabajo es a base de prueba y error. Algunos, incluso, menosprecian a aquellos que salen de las escuelas de periodismo para unirse a la redacción, pues piensan que se aprende ejerciendo la profesión, no en un salón de clases. Existe en realidad cierta animadversión hacia la educación académica en las salas de redacción iraníes.

La economía de los medios, la administración y las leyes en materia de comunicación en Irán también son muy primitivas en comparación a las de Estados Unidos. Los medios estadounidenses son muy adaptables e innovadores. Durante la última década se ha manifestado una evolución en los modelos de negocios de estos medios. La mayoría de los periódicos iraníes dependen de subsidios del gobierno. Las publicaciones más importantes, que cubren asuntos políticos y sociales, afrontan niveles extremos de censura y podrían ser clausurados en cualquier momento si brindan cobertura a un tema que no sea del agrado de las entidades gubernamentales o individuos de gran poder.

Estos subsidios tienen un impacto destructivo, pues no permiten que los medios de comunicación se desenvuelvan conforme a las normas del negocio y que establezcan un compromiso de profesionalismo. Esto se asemeja a un Estado rentista: sin importar cuál sea su desempeño, al final del mes tendrán dinero en sus bolsillos que les permitirá seguir subsistiendo. La inestabilidad del entorno político también es un factor que mantiene débiles y vulnerables a los medios independientes de Irán. Estos sufren mucho por la falta de independencia del poder judicial y el dominio de los servicios de inteligencia del país. En consecuencia, se aniquila la innovación, el reportaje de calidad y la inversión, viéndolo desde los aspectos económicos y del recurso humano.

¿En qué difieren sus escritos para la audiencia iraní y la audiencia angloparlante?

Cuando uno escribe para una audiencia angloparlante se debe identificar qué es lo que más les interesa. Si planteo una historia, por ejemplo, sobre las elecciones parlamentarias de Irán, la defino desde la perspectiva de la relación EE.UU.- Irán y cómo esta sería afectada por el resultado de la elección. Una vez establecida, puedo pasar a explicar las dinámicas del poder y las políticas internas.

El interés de los medios estadounidenses por brindar cobertura a temas relacionados con Irán también varía. Por ejemplo, en el transcurso de las negociaciones nucleares uno podía escribir historias sobre sanciones, dificultades económicas, el equilibrio de poder entre los moderados y conservadores, incluso, de turismo. Siempre que una historia se pudiera relacionar con las pláticas nucleares era relevante.

“El interés de los medios estadounidenses por brindar cobertura a temas relacionados con Irán también varía. Por ejemplo, en el transcurso de las negociaciones nucleares uno podía escribir historias sobre sanciones, dificultades económicas, el equilibrio de poder entre los moderados y conservadores, incluso, de turismo. Siempre que una historia se pudiera relacionar con las pláticas nucleares era relevante.”

Las publicaciones poseen sus propias agendas y resaltan las historias que apoyen sus narrativas. Por ejemplo, unas pocas semanas previo a que Irán realizara un acuerdo con las naciones denominadas 5+1, para refrenar su programa nuclear, publiqué una historia en Politico, en la cual expliqué el duro discurso hecho por el líder supremo de Irán, Ayatollah Khamenie. Mi objetivo general era señalar que, independientemente de los duros comentarios, él estaba dispuesto a realizar un acuerdo y que sus acotaciones estaban dirigidas al consumo nacional. Obviamente, eso no hubiera atraído la atención de los medios derechistas como Fox News, Townhall o The Washington Times, los cuales contaban con el fracaso de las pláticas nucleares. No obstante, más allá de las publicaciones orientadas ideológicamente o partidarias, existe una extensa variedad de medios estadounidenses que están interesados en brindar información imparcial.

Existe un grupo de periodistas dentro de Irán que trabajan para medios de comunicación que tienen tendencias reformistas y se identifican políticamente con esta corriente. ¿Usted se identifica con este grupo?

El periodismo iraní, por lo general, es muy partidista. Cuando se analiza la historia del periodismo estadounidense, uno puede observar que hubo un período en que los periodistas fueron partidistas; los periódicos, clausurados y los periodistas, aprehendidos; años después que la constitución fuese ratificada. Pero con el tiempo esto cambió. Los periodistas aprendieron que para proteger los medios de comunicación debían ser independientes y distanciarse de los partidos políticos o de los políticos.

Comprendo por qué todavía no ha sucedido esto en Irán: principalmente porque el Estado no reconoce a los partidos políticos como actores importantes en la vida política de la nación. Los partidos no pueden tener tribunos. No tienen sus propios medios de comunicación. Por lo tanto, los espacios donde pueden predicar sus agendas políticas son los periódicos o los sitios web de noticias. Los periodistas pueden seguir y apoyar ciertos valores, incluyendo los ideales y valores que siguen los reformistas y conservadores. No obstante, apoyar estas ideas no significa que los periodistas estén en deuda con los partidos políticos o con los políticos.

Por ejemplo, la base de mi trabajo podría ser los derechos humanos, la democracia, la justicia, la responsabilidad del Estado. Probablemente en algún momento los reformistas defendieron esos valores. Eso no significa que si hicieron algo contrario a esos valores debo ignorarlo. No obstante, en ambos lados del espectro político, los periodistas poseen una relación estrecha con los políticos y parece que actúan como sus encargados de relaciones públicas. Eso es muy perjudicial para los periodistas y los medios de comunicación en conjunto.

Su carrera como periodista dentro de Irán ha tenido sus buenos momentos: ha recibido premios como la Pluma de Oro. Pero también ha tenido enfrentamientos con las autoridades a causa de sus reportajes. ¿Qué nos puede contar acerca de esos altibajos y qué fue lo que en definitiva lo llevó a dejar el país?.

En Irán, uno no necesita perseguir a las autoridades para involucrarse en problemas. Simplemente con solo seguir la línea del sentido común y plantear simples interrogantes dentro de los amplios límites políticos y sociales uno se convierte en objetivo. Unas de las áreas más importantes a las cuales brindaba cobertura eran el desarrollo de las organizaciones de la sociedad civil, la construcción de la democracia, los derechos de la ciudadanía y temas similares. Escribí para canales de noticias, asistí a conferencias en el extranjero y fui editor en jefe de una revista trimestral devota a esos temas. Estos tópicos no parecían ser tan sensibles como la corrupción, los conflictos políticos o las violaciones de los derechos humanos; pero, en ese tiempo, las agencias de seguridad y el poder judicial sospechaban del papel de la sociedad civil y de aquellos que lo promovían. Ellos creían, y aún lo hacen, que la sociedad civil es una herramienta utilizada por los estadounidenses para modificar a la sociedad desde su interior a fin de derrocar al gobierno.

“Existen, y a la fecha todavía hay, personas en Irán que creen que al darle poder a organizaciones de la sociedad civil, los partidos políticos y a los medios de comunicación independientes, la República Islámica probablemente cambie de manera paulativa desde su interior. Por otro lado, existen fuerzas que intentan demostrarles lo contrario y una manera de realizarlo es convirtiendo el entorno más amenazador de modo que ninguno se atreva a permanecer activo en el campo “.

Existen, y a la fecha todavía hay, personas en Irán que creen que al darle poder a organizaciones de la sociedad civil, los partidos políticos y a los medios de comunicación independientes, la República Islámica probablemente cambie de manera paulativa desde su interior. Por otro lado, existen fuerzas que intentan demostrarles lo contrario y una manera de realizarlo es convirtiendo el entorno más amenazador de modo que ninguno se atreva a permanecer activo en el campo. Cuando insistí en continuar con lo que estaba haciendo, escribir y promover las cosas en las que creía, fui detenido y enviado a prisión.

Después de permanecer 55 días en la cárcel, decidí que era momento de ir tras uno de mis sueños, estudiar periodismo en los Estados Unidos. Sabía que después de lo que viví tendría muchas dificultades para obtener una educación superior y trabajar en Irán. En el año 2005, recibí el premio anual del defensor de derechos humanos de Human Rights Watch por hacer público lo que había sucedido durante el tiempo en prisión y pensé que, tal vez, lo mejor era alejarme del caos por un tiempo. También consideré que podía ser de mayor utilidad si me preparaba más y transmitía el conocimiento adquirido a la siguiente generación. Durante los últimos años, he dirigido muchos cursos sobre periodismo destinados a mis colegas y a jóvenes aspirantes a periodistas que viven en Irán.

En abril de este año, la agencia de noticias Fars News acusó al periodista iraní-estadounidense Jason Rezaian de ser “amigo” de periodistas y activistas que viven en exilio, entre ellos, usted. ¿Cuál es su reacción ante esto?

Durante el tiempo que Jason estuvo detenido en la Prisión de Evin, mi nombre surgió en unas cuantas ocasiones, una vez como un amigo que vendía información sobre sanciones, con la colaboración de Jason. No sé cómo un periodista que reside en Brooklyn pudo haber obtenido acceso a tal información, no obstante, la sección mediática de la Guardia Revolucionaria (IRGC, por sus siglas en inglés), los captores de Jason, tienen un largo historial de perseguir a aquellos que los enfrentan. Desde los primeros días de su arresto, fui una de las personas que constantemente hablaba en su nombre. Escribí extensamente sobre ello y eso realmente los enfureció.

“Salimos de ese lugar con mucha ira, del tipo que puede ser destructiva. Transformar esa ira fulminante en algo constructivo, poner las cosas en perspectiva y no tomarlo de manera personal, es un arte”.

Jason quedó atrapado en un caso político. Desde los primeros meses de su arresto, sus captores sugirieron un intercambio de prisioneros como una alternativa de salida para él. Ellos nunca dijeron qué crimen cometió o cuál fue su equivocación. Por lo tanto, era claro que él se convirtió en objetivo debido a que poseía un pasaporte estadounidense. Desde los medios de comunicación estadounidenses hubo una enorme presión hacia la administración de Obama para que usara todos los medios a fin de garantizar la liberación de Jason; lo que significó que la Guardia Revolucionaria de Irán tuvo una ventaja más sólida para el intercambio de prisioneros. La sección mediática de IRGC presentó cargos falsos contra Jason para convencer a los estadounidenses de que se encontraba en problemas serios y, a menos que se realizara un intercambio, él permanecería en prisión por un largo tiempo. Y la administración de Obama lo creyó por completo.

Jason permaneció aproximadamente 18 meses en prisión, esto se debió principalmente a que las negociaciones del intercambio de prisioneros llevaron mucho tiempo para concretarse. Cuando los estadounidenses comenzaron a hablar sobre el tema, su destino quedó ligado al resultado de las negociaciones. Otros detenidos con doble nacionalidad, como Roxana Saberi y Mazier Bahari, fueron liberados mucho antes, pues ellos pasaron por un procedimiento de rutina que no podía tardar más de seis meses y la presión pública realmente funcionó.

En general, es lamentable y cruel que un periodista como él, que apoyó los esfuerzos de Irán en las negociaciones nucleares y escribió muchas historias acerca del daño que provocaba las sanciones nocivas en los ciudadanos ordinarios, tuvo que soportar tanto dolor, aislamiento y presión psicológica. Solo imagínese qué insoportable debió haber sido para él ver también a su esposa en detención durante dos meses. Eso demuestra cuán lejos están dispuestos a llegar los servicios de inteligencia de IRGC con tal de obtener puntos políticos.

¿Usted se identifica con la situación de Jason?

Me siento muy identificado con él. Ahora, es un miembro del “club Evin“. Antes era más exclusivo pero su membresía ha aumentado. Todo aquel que pasa algún tiempo en Evin siente un vínculo poderoso. A diferencia de Jason, yo no poseía un pasaporte estadounidense y, en un principio, no me trasladaron a Evin. Primero me llevaron a un refugio, un edificio en medio de la ciudad, que era utilizado por inteligencia para investigar casos que no querían que se supiera nada al respecto. Por tres semanas mi nombre no se escuchó por ningún lugar. Fue como si me hubiesen secuestrado junto con otros periodistas. En mi caso, me sometieron a algunas prácticas inhumanas y humillantes que normalmente no empleaban en prisioneros o, al menos, en periodistas. Todas estaban diseñadas para extraer una confesión forzada. Después de mi liberación, y antes de partir de Irán, tuve la oportunidad de hacer público lo que había vivido. Es más efectivo hablar sobre estas cosas cuando uno se encuentra en Irán, pues las personas saben que al exponer los actos ilícitos de los captores uno pone en riesgo su vida. En mi caso, las circunstancias resultaron en un manera que fue más afortunada.

Independientemente de los detalles, pasar tiempo en prisión tiene un impacto irreversible en el alma y la mente de una persona, algo con lo que tendrá que lidiar Jason también. Salimos de ese lugar con mucha ira, del tipo que puede ser destructiva. Transformar esa ira fulminante en algo constructivo, poner las cosas en perspectiva y no tomarlo de manera personal, es un arte.

En Irán existe un sistema judicial corrupto que no puede proteger a sus ciudadanos. Existen fuerzas criminales dentro de la comunidad de inteligencia iraní que actúan como cazadores de humanos. Es por esa razón que considero que la mejor forma para canalizar nuestra ira y frustración sería mejorando la situación: siendo la voz de aquellos que no la tienen y asegurarnos que dichos actos conlleven consecuencias cada vez más costosas para aquellos que cometen esos crímenes. Es algo que podría darle paz a nuestras mentes.

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