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¿Qué espera Turquía tras el juego de poder de Erdogan?

El 7 de marzo de 2016, el primer ministro turco Davutoglu se reunió con el presidente del Parlamento Europeo, Martin Schulz: «Debemos cooperar con Turquía por el bien de los refugiados»

El 7 de marzo de 2016, el primer ministro turco Davutoglu se reunió con el presidente del Parlamento Europeo, Martin Schulz: «Debemos cooperar con Turquía por el bien de los refugiados». Fuente: Parlamento Europeo.

A mucha gente en Turquía no le gusta Ahmet Davutoglu. Cuando dejó el cargo de primer ministro por una aparente confrontación con el presidente Recep Tayyip Erdogan, no consiguió distanciarse del grave costo humano de las operaciones militares de su gobierno en el este de Turquía y de la represión contra los medios de comunicación y la oposición.

Pero lo que más preocupa es lo que va a pasar a partir de ahora, con el presidente Erdogan aparentemente aún menos contenido de lo que estaba antes del cese de Davutoglu.

¿Vigilados por Davutoglu?

Con el pretexto de la «lucha contra el terror» y contra la ilegalizada organización militante PKK, el gabinete de Davutoglu impuso un mes de toque de queda en varias ciudades del sudeste del país, sometidas a severos asaltos armados que han costado la vida al menos a 338 civiles y provocado el éxodo de más de 355 000 personas en los últimos ocho meses, según el informe de la Fundación de Derechos Humanos de Turquía.

Hasta ahora, al menos 338 civiles han perdido la vida bajo el toque de queda en Turquía.
¡Basta de sangre!

Además, durante el gobierno de Davutoğlu –constituido en agosto de 2014–, se colocaron «consejeros gubernamentales» en cuatro periódicos y una agencia nacional de noticias antes de su clausura, al tiempo que unos 20 canales de televisión fueron eliminados de satélites y plataformas digitales fundamentándose en acusaciones de «propaganda del terror».

Decenas de webs y artículos de agencias de noticias, diarios y otros medios de comunicación principalmente kurdos, junto con cientos de cuentas en Twitter pertenecientes a periodistas y disidentes quedaron bloqueadas por el gobierno alegando problemas de «seguridad nacional».

Un juez de Turquía bloquea el acceso a 130 cuentas de Twitter en un veredicto carente de cualquier justificación. Pura censura.

El 93% de las solicitudes mundiales de censura en Twitter por orden judicial proceden de Turquía.

Además, durante ese tiempo, más de 1 800 personas, entre ellas varios periodistas, fueron demandadas por «difamación» al presidente, y algunas ya han sido condenadas a penas de prisión.

Mientras se escribe este artículo, 33 periodistas siguen encarcelados en Turquía, la mayor parte reporteros kurdos encarcelados a la espera de juicio por presuntos delitos de «propaganda terrorista».

El 6 de mayo, el editor jefe del diario Cumhuriyet y director de su oficina en Ankara fue sentenciado a más de cinco años de prisión por «revelación de secretos de estado» en un reportaje en el que se hicieron públicas pruebas de que la agencia turca de inteligencia enviaba armas ilegalmente a Siria.

Varios periodistas independientes han sido encarcelados y deportados desde el verano pasado, y crece el número de corresponsales y reporteros a quienes se niega la entrada en Turquía.

¡Giorgos Moutafis deportado desde Turquía a Atenas! ¡Las autoridades dicen que está en la lista de «prohibida la entrada»!

El corresponsal del diario alemán Der Spiegel fue expulsado del país el año pasado tras recibir amenazas de muerte y ver revocada su tarjeta de prensa. Al mismo tiempo, el jefe de la oficina de Sputnik en Turquía fue deportado a Moscú después de que le incautaran su tarjeta de prensa.

El acceso a Sputnik –una web rusa de noticias que ha acrecentado su interés en Turquía desde que el pasado mes de noviembre el ejército turco derribara un avión militar ruso que intervenía en operaciones en Siria– está bloqueado en el país, como era previsible.

La última semana de abril se negó la entrada al país a otros cuatro periodistas.

Periodistas extranjeros a los que se ha negado la entrada en Turquía en la pasada semana
1.Volker Schwenck
2.Tural Kerimov
3.Giorgos Moutafis
4.D.Lepeska
(Ebru Umar no puede marcharse)

Tanto el Comité para la Protección de los Periodistas (CPJ) como el Índice de Censura han publicado cronologías detalladas de las violaciones de la libertad de prensa en Turquía, que justifican el dramático descenso de Turquía en la clasificación de Reporteros Sin Fronteras.

En este Día de la Libertad de Prensa 2016, Turquía podría ser el entorno que se deteriora más rápidamente.

El primer ministro se fue, larga vida al presidente

Pero aunque Davutoglu tenía más poderes constitucionales que su antes aliado y actual rival Erdogan, pocos creen que él fuera la fuerza motriz de la represión de los medios y la oposición política.

Erdogan, que llegó al poder en 2003 como un primer ministro reformista, comenzó prometiendo convertir al país en miembro de la UE y en un estado de derecho.

En 2009 inició una valiente política de paz, la «iniciativa democrática», que supuso iniciar negociaciones con los líderes del PKK para acabar con décadas de problemas entre los kurdos y las autoridades turcas, y forjar una solución política que la cúpula del PKK estaba dispuesta a aceptar.

Pero cuando las conversaciones para el ingreso de Turquía en la UE se estancaron en 2010, Erdogan dio un giro autocrático, mientras el movimiento político kurdo intensificaba su ofensiva.

En 2012 ya había al menos 100 periodistas críticos encarcelados, al tiempo que un importante canal de televisión y su periódico afiliado fueron expropiados por el gobierno y vendidos a una compañía controlada por el yerno de Erdogan, Berat Albayrak, en un intento de poner la propiedad de los medios en manos de unos cuantos empresarios afines al gobierno.

(Albayrak es hoy el ministro turco de Energía, y uno de los potenciales candidatos a primer ministro).

Tras las protestas de Gezi en 2013, Erdogan y el AKP, el Partido Justicia y Desarrollo, al que pertenece el presidente, intensificaron su control sobre la sociedad turca.

En diciembre de 2013, la investigación de un caso de corrupción que afectaba a la familia Erdogan, así como a varios de sus ministros, terminó con la purga de los jefes de policía y los fiscales involucrados

La amplia censura de la Red que se aplica actualmente y la desproporcionada violencia policial contra las manifestaciones son producto de los cambios legislativos que siguieron a estos acontecimientos políticos.

Durante esa época, Davutoglu era el asesor de política exterior de Erdogan, y después su ministro de Asuntos Exteriores. Cuando Erdogan fue elegido presidente en agosto de 2014 –dejando libre el puesto de primer ministro– Davutoglu fue su leal sucesor.

Pero supuestamente, Davutoglu se sentía cada vez más incómodo con algunas de las tendencias más autoritarias de Erdogan, hasta el punto de que una web de noticias informó que habían tenido al menos 20 desacuerdos significativos –más o menos uno al mes– durante su mandato.

Cambios en el horizonte

Pero las controversias que definirán el futuro inmediato de Turquía dependen ahora exclusivamente del inexpugnable Erdogan.

El presidente pide actualmente más poderes para su cargo en una nueva constitución, y una definición aún más amplia de terrorismo que le permita eliminar la disidencia política.

Y mientras la oposición habla de un «golpe en palacio», los columnistas favorables a Erdogan ya pregonan la sentencia de muerte del sistema parlamentario turco.

El leal ministro de Justicia de Erdogan, Bekir Bozdag, es el favorito para sustituir a Davutoglu, al menos hasta el referéndum previsto para eliminar las inmunidades parlamentarias –un asunto sobre el que los diputados de AKP pelearon literalmente– que permitirá al gobierno encarcelar a los congresistas de la oposición.

Y mientras la UE y Turquía regatean sobre la vida de miles de refugiados –un trato que será más difícil de implementar sin Davutoglu– los turcos tienen cada vez más aspecto de condenados a galeras.

Pero la galera turca tiene un capitán, y nadie duda de quién es.

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