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El uso de ‘hashtags’ en un país que busca la paz

Fotografía de Camilo Rueda López. Publicada bajo licencia Creative Commons.

Fotografía de Camilo Rueda López. Publicada bajo licencia Creative Commons.

La versión original de este artículo fue escrita y publicada previamente por la periodista colombiana Renata Cabrales en Medium, y es republicada en Global Voices con permiso de su autora. El artículo es un análisis de algunos aspectos particulares de los acuerdos de paz que se están llevando a cabo en Colombia. Su objetivo: terminar con el conflicto interno que ha mantenido al país en una guerra de más de 50 años entre las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) y el gobierno del País.

El proceso de negociaciones ha dividido las opiniones entre los que ven en el proceso de paz una rendición del gobierno a las FARC y los que quieren dar un paso más en la unidad nacional, a pesar de las dificultades. La autora del artículo expresa claramente su apoyo al proceso de paz, pero analiza los modos en los que ambos bandos han hecho uso de las redes sociales para expresarse y cómo los desacuerdos se han manifestado en línea.

Si existiera una distinción para premiar la palabra más desgastada en los últimos años en Colombia se la ganaría “paz”. Causa dolor decirlo, pero es así. De una parte y otra ha sido usada, yo la he usado, para evidenciar mi postura acerca del histórico momento que vivimos en Colombia: un acuerdo de terminación del conflicto armado con las FARC al que la mayoría, de manera errónea, llamamos “paz”.

En medio de amenazas, insultos, oportunismos, miradas críticas y pacifistas, he intentado analizar qué tan buen uso de las etiquetas o hashtags estamos haciendo quienes abiertamente defendemos   o no que el acuerdo con las FARC llegue a buen término. De este análisis somero, basado en experiencias diarias y conversaciones con amigos y colegas como Rosa Cristina Parra, Carlos García, Perla Toro, entre otros, listo a continuación algunas claves para comunicar en Twitter en tiempos de paz.

1.Creación y redacción de los hashtags: Es tan fácil crearlos que solo hay que escribir una palabra antecedida del signo # en un tuit para que, en efecto, se convierta en una etiqueta. La clave está en la buena redacción. Y es aquí donde nos hemos equivocado. #NoMeResistoALaPaz (No me resisto a la paz), creado para hacerle contrapeso a #ResistenciaCivil (Resistencia Civil), contiene dos palabras negativas y confusas: “No” + “Me resisto”. Por lo tanto, la primera recomendación […] es: simple y directo. Claro, si no se escriben bien, como ocurrió en el caso de #ResisteciaCivil, nada que hacer.

2. Apropiarse de los vacíos de contradictores: Como ciudadanos — no como instituciones, ejemplo @EquipoPazGob — , es recomendable unirse a ‘hashtags’ o etiquetas (no ofensivas), caso #ResistenciaCivil, así las hayan creado contradictores de los acuerdos de “PAZ”. ¿Con qué objetivo? Para inyectar contenido positivo, desmentir, evidenciar, desmitificar, contrarrestar, tal y como lo hizo @RosaCris. [El “Sí” hace referencia al pleisbiscito en el que se votará la aceptación (“Sí”) o el rechazo (“No”) a los acuerdos de paz.]

Nada garantiza que una información vaya a ser interpretada por la audiencia (a nivel individual o colectivo) exactamente tal y como el emisor — en este caso contradictores de los acuerdos — había planeado cuando elaboró su mensaje. Entonces, esos vacíos en el uso de un término tan significativo e histórico como “resistencia civil”, deben ser utilizados para redireccionar el proceso de interpretación. Hay que recordar que vivimos en la era de las realidades superpuestas e interactivas.

3. La estrategia tras el hashtag: Los contradictores de los acuerdos suelen empezar y sostener el uso de una etiqueta como si de una etapa del Giro de Italia se tratara: arrancan a una hora específica — estratégica —, intensifican la velocidad de publicación cuando lo escabroso de la montaña — tuiteros ‘propaz’ — aparece, y alargan la pedaleada — cantidad de tuits — para sostenerse. Esa misma organización nos conviene a quienes defendemos los acuerdos. A lo anterior, súmele que si nuestro contenido es relevante, novedoso, original y gana más adeptos en menor tiempo, se posicionará mucho mejor.

4. Calidad Vs. volumen de un ‘hashtag’: Cuando hablamos de métrica social, las cifras pueden nublar el entendimiento de no interpretarse bien. Los números son importantes en función de su precisión, profundidad y contexto. Y el contexto de la búsqueda de la paz sí que es particular. Por ello, no nos deben alterar las grandes cantidades de contenido asociado a un ‘hashtag’, que luego se convierte en tendencia en Twitter, porque como bien dice José Luis Orihuela, experto en redes sociales, “el ‘trending topic’ está sobrevalorado”, una afirmación aun más pertinente en la comunicación para la paz.

5. De la etiqueta a la calle: Si una tendencia en Twitter a veces termina siendo un estornudo — cito nuevamente a Orihuela — , le corresponde a los ciudadanos aterrizar al plano físico el propósito que se busca al usar y posicionar un ‘hashtag’. No se hace pedadogía para la paz a punta de ‘hashtags’ o enviando mensajes en diversos grupos de Whatsapp. La comunicación para la paz trasciende lo meramente virtual y se complementa, según el contexto, con un trabajo riguroso en territorios, como asegura Rosa Cristina Parra, aprovechando “redes reales”.

6. ‘Hashtags’ más allá de lo coyuntural: Hay tantas realidades e historias positivas acerca de la paz como tuiteros dispuestos a darles alcance si realmente logramos conectar/conversar con ciudadanos y no con posturas ideológicas […]. No hay que esperar a que suceda algo como el anuncio de la salida de los menores de edad de la guerra para hacer tuiterazos. En esto hemos estado juiciosos. Un buen ejemplo, aunque una vez más antecedido por un asunto coyuntural es el siguiente trino.

7. Prohibido pagar por el uso de ‘hashtags’: Que la guerra en Colombia también se vive en las redes sociales es una verdad inocultable. Sin embargo, pagar dinero para obtener un beneficio en un tema tan delicado como la terminación del conflicto armado en Colombia, no debería ser siquiera contemplado. Hace apenas unos días el periodista Ricardo Galán habló en su blog de la rebelión de los ‘trolls’ [que en los casos ilustrados fueron personas contratadas para atacar por Twitter a representantes gubernamentales y personalidades políticas en favor del “Sí”]. Tarde o temprano esa práctica perjudicial para la salud de una marca, iniciativa o persona, termina siendo evidenciada.

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