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Tras desalojo de refugiados, la Jungla de Calais en Francia es ahora una reserva natural

Asi está ahora el terreno que antes ocupó la Jungla de Calais. Imagen: captura de pantalla de un video de AFP, YouTube.

Un camino corto de madera que zigzaguea a través de una extensión solitaria de tierra y arbustos, y refugios subterráneos abandonados construidos por los alemanes en la década de 1940. Conduce a un observatorio, desde donde se puede contemplar un paisaje, un tanto decepcionante, que contrasta con la escena de una autopista concurrida y fábricas que se esparcen en la ciudad industrial de Calais.

Esta es la reserva natural que se inauguró en el norte de la ciudad francesa, en junio de 2018, en un terreno donde estuvo la Jungla de Calais –y donde vivieron hasta 10 000 exiliados de Afganistán, Sudán, Siria, Eritrea, Iraq y otros países.

En medio de controversia e intensa cobertura de los medios de comunicación, el sitio fue desmantelado y arrasado en octubre de 2016; arrebataron los improvisados refugios a sus ocupantes, y también otros establecimientos provisionales, como restaurantes, tiendas, una mezquita y una iglesia.

Las autoridades locales construyeron un parque de vida silvestre, que anunciaron como una “reconquista ecológica y paisajismo” que fomentaría el desarrollo de hermosa flora, como las orquídeas, y la presencia de aves, como la agachadiza (Gallinago gallinago) y el avión zapador (Riparia riparia), según se afirma en el sitio web oficial.

No obstante, existen especulaciones de que el proyecto es motivado por un deseo de desalojar a personas indeseadas de los espacios de la ciudad, más que proteger a la fauna del área.

Desalojos bajo engaño

Desde que demolieron la jungla, las autoridades francesas han emprendido proyectos similares en otras partes de Calais. Otra iniciativa de reurbanización pretende transformar un pequeño bosque, donde vive una comunidad de eritreos, en un parque –la diferencia es que los bosques siempre permanecen abiertos, mientras que los parques se pueden cerrar.

Situado entre una carretera, una escuela de secundaria y un área residencial, el bosque de 2,5 hectáreas se denomina de manera oficial Bosque Chico Mendes, aunque sus habitantes eritreos lo nombraron Bosque Pequeño. Todos los días, organizaciones locales les proporcionan alimento, agua y artículos de higiene personal.

Bosque Pequeño está cerca de otras comunidades. Compartir esa proximidad en ocasiones provocó tensiones –en particular, en lo que respecta a la eliminación de residuos. Según la institución benéfica Help Refugees, las autoridades no han logrado proporcionar a los migrantes forzados un servicio de recolección de basura adecuado.

El 12 de junio de 2018, el ayuntamiento de Calais convocó a una sesión pública en la cual la alcaldesa, Natacha Bouchart, presentó los planes para estos bosques. Global Voices asistió a la sesión.

Hubo bastante discusión acerca de que el bosque era el último recordatorio de la historia del lugar como “ciénaga hermosa” (traducción literal de Beau-Marais, el nombre del distrito donde se ubica), y un vecino recordó a la audiencia que era el hogar de una amplia variedad de especies naturales, como las salamandras que viven cerca del estanque central.

No obstante, no se realizó mención alguna sobre los ocupantes humanos del bosque hasta que otro habitante sugirió tímidamente –15 minutos después de iniciada la sesión– que se debería buscar una solución “para las personas que viven allí”.

Según los planes de la ciudad, cuando los bosques finalmente se conviertan en parques, quedará cercado para evitar el ingreso fuera del horario de atención. Además, existen planes de instalar cámaras en las lámparas de las calles del parque. De acuerdo con la alcaldesa, esto ayudará a identificar a los dueños cuyos perros defequen en el parque.

Durante la sesión se realizaron varias sugerencias, como la construcción de un área de juegos infantiles, vías para caminar y un campo para jugar petanca, pero nada sobre servicio sanitario o fuentes de agua. La construcción costaría a la ciudad un total de 1,5 millones de euros.

El cronograma de este proyecto sugiere que algunos elementos son más importantes que otros: aunque la mayoría de los trabajos están programados para comenzar en 2020, la instalación de las cercas está prevista para agosto de 2018.

Así era la Jungla de Calais el 17 de junio de 2016. Fotografía de malachybrowne/Flickr CC BY 2.0.

‘Sin puntos de fijación’

La propuesta de reurbanización del bosque Chico Mendes se da en el contexto de fercuentes desalojos de asentamientos en Calais –algunos casi a diario, y por lo menos una vez por semana. De acuerdo con la nueva política de “ningún punto de fijación”, las autoridades de manera rutinaria destruyen, lanzan gas lacrimógeno o desechan tiendas de campaña, lonas impermeabilizadas, sacos de dormir y cobijas.

Estos operativos a menudo se realizan durante la noche o al amanecer, sin ninguna advertencia, y bajo fuerte presencia policial. No solo le arrebatan a los refugiados sus hogares, a menudo también confiscan sus pertenencias, y se denunciaron varios casos de brutalidad policial contra los migrantes forzados, entre estos menores de edad.

Nunca podremos saber qué habría pensado Chico Mendes, que concedió su nombre a este pequeño bosque, sobre la propuesta de Bouchart. El activista brasileño, asesinado en 1988, dedicó su vida a luchar por la conservación del bosque tropical amazónico, y por los derechos de los campesinos y los pueblos indígenas que ahí vivían.

En palabras de Michel Agier, investigador principal del Instituto de Investigación para el Desarrollo (IRD) y autor del libro “La jungla: campamentos y migrantes de Calais“, los proyectos de reurbanización son también un intento de borrar la tumultuosa historia de este “intento de ciudad“:

Il y a un ensemble de crises politiques qui font qu’il y a des gens qui sont mis dans l’obligation de circuler. Ce qui indigne les gens de Calais, c’est le mauvais traitement des gens qui sont là, et, en passant, la mauvaise image de leur ville à cause de cela. Ce n’est pas littéralement le camp ou les migrants eux-mêmes, c’est plutôt cette absence de solution.

Existe una combinación de crisis políticas que obliga que haya personas que deben circular. Lo que indigna a las personas de Calais es el maltrato hacia las personas que viven allí, y la mala imagen de su ciudad por esto. En sí, no es el campamento o los mismos migrantes, sino la falta de una solución para su situación difícil.

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