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Con el gobierno de derecha de Austria, los principios “éticos para periodistas podrían apropiarse de los derechos de medios

Periodista de ORF entrevista al abogado y político Rudolf Vouk. Foto de Eino81 vía Wikimedia Commons (CC BY-SA 4.0).

Escrito por Eliška Pírková.

Cuando los miembros del conservador Partido Popular Austriaco (ÖVP) y la agrupación de derecha radical Partido de la Libertad (FPÖ) llegaron al poder en 2017, hubo poca respuesta. Casi no hubo protestas, salvo algunas reuniones en la capital austriaca, Viena.

El ahora gobierno populista con mayoría de derecha ha endurecido las leyes de asilo, ha dejado la migración en espera y se ha enfocado en restringir la libertad de prensa.

Pocos meses antes de la toma de mando del nuevo gobierno, Norbert Steger, integrante del consejo del fideicomiso de la Corporación Austriaca de Radiodifusión (ORF), acusó a la cadena de no ser imparcial en sus recientes informes de las elecciones parlamentarias en Hungría. Steger fue presidente del Partido de la Libertad y tiene vínculos cercanos con la dirigiencia.

Steger exigió que la televisora pública “tomara medidas para informar más objetivamente” y amenazó que si no lo hacían, la consecuencia podría ser que la tercera parte de sus corresponsales extranjeros perdieran su trabajo. Steger no tiene la autoridad para que esto suceda, aunque tiene poder político significativo (si bien es un poder ligero).

Como el Partido de la Libertad (FPÖ) tiene vínculos cercanos con el partido húngaro de derecha Fidesz, dirigido por Viktor Orbán, es fácil imaginar por qué a los miembros de FPÖ puede haberles parecido que los informes de ORF eran muy críticos. Steger también afirmó en la misma entrevista que los periodistas que infringen las recién elaboradas “Pautas de medios sociales sobre comportamiento de periodistas” recibirán una advertencia, pero también se arriesgan a perder su trabajo.

Al momento de la entrevista, en abril de 2018, a los trabajadores de ORF y otros periodistas no les habían hablado de las pautas. Las pautas estaban escritas pero no fueron comunicadas a los periodistas ni al público.

Tras meses de tensiones entre FPÖ y el personal de ÖRF, y numerosos ataques personales contra periodistas, las Pautas para Medios Sociales fueron presentadas en junio de 2018.

Inmediatamente, surgieron preocupaciones entre los trabajadores de los medios. Plantean un alarmante ejemplo de cómo esos códigos “autoregulatorios” de conducta pueden ser mal usados por quienes quieren establecer un control más estricto a los medios en el país.

Las pautas éticas son una práctica común en los marcos regulatorios de medios en todo Europa. Su objetivo general es dar pautas. La propia ÖRF ha usado pautas de medios sociales vigentes desde 2012, que siguen el ejemplo de la Guía de Medios Sociales para el personal de la BBC. Su rol general es articular principios éticos para el periodismo y tradicionalmente funcionan como la voz de la razón, destacan y protegen la integridad profesional del periodismo.

Pero las recientes pautas de la ÖRF, aún pendientes de aprobación, amenazan precisamente lo que sus partidarios dicen que protege: independencia y objetividad.

Las pautas estipulan:

…öffentliche Äußerungen und Kommentare in sozialen Medien, die als Zustimmung, Ablehnung oder Wertung von Äußerungen, Sympathie, Kritik und “Polemik” gegenüber politischen Institutionen, deren Vertreter/innen oder Mitgliedern zu interpretieren sind.

…se deben evitar las declaraciones y comentarios públicos en medios sociales, y deben ser interpretados como apribación, rechazo o evaluación de expresiones, solidaridad, antipatía, crítica y ‘polémica’ hacia las instituciones poíiticas, sus representantes o miembros.

Todos los términos de la oración citada arriba, ya sea “antipatía” o “polémica”, son extremadamente imprecisos en esencia. Esa imprecisión permitiría a las autoridades usar las guías como munición contra cualquier declaración crítica dirigida al actual régimen, independientemente de lo objetiva, equiilibrada o bienintencionada que pueda ser la crítica.

Segundo, las pautas piden a los periodistas que se abstengan de:

…öffentliche Äußerungen und Kommentare in sozialen Medien, die eine voreingenommene, einseitige oder parteiische Haltung zum Ausdruck bringen, die Unterstützung derartiger Aussagen und Initiativen Dritter sowie die Teilnahme an derartigen Gruppen, sofern damit Objektivität, Unparteilichkeit und Unabhängigkeit des ORF konterkariert würde. Die entsprechenden Meinungsbekundungen können dabei sowohl durch direkte Äußerungen erfolgen als auch indirekt durch Zeichen der Unterstützung/Ablehnung wie Likes, Dislikes, Recommends, Retweets oder Shares.

…[hacer] declaraciones y comentarios públicos en medios sociales que expresen una actitud parcializada, unilateral o partidaria o que apoyen esas afirmaciones e iniciativas promovidas por terceros, y participación en esos grupos, pues la objetividad, imparcialidad e independencia de ÖRF pueden verse comprometidas. Las afirmaciones correspondientes de opinión se pueden hacer por afirmaciones directas e indirectas con señales de apoyo o rechazo como me gustan, no me gusta, recomendaciones, retuits o veces que se comparte.

En esto también, términos como “opiniones partidarias” son muy problemáticas. ¿Se pueden calificar como parcializadas las críticas a violaciones de derechos humanos o los informes basados en hechos de grupos que combaten el cambio climático? Con esa redacción, el efecto paralizador en el derecho de expresión es inevitable, y puede llevar a que los periodistas se autocensuren, para evitarse dificultades y posteriores problemas en su lugar trabajo.

Al mismo tiempo, si la principal televisora pública del país busca lograr relativa neutralidad –en un intento de servir mejor el interest público– debe mostrar diversas opiniones. Este compromiso con la imparcialidad y la neutralidad tiene la intención de evitar el mal uso de los medios para propaganda y otras formas de manipulación.

Finalmente, las nuevas pautas también emplean un lenguaje que sugiere que representan un mandato más que recomendaciones, como se estipulaba en la redacción original de las pautas de 2012. El documento de junio de 2018 usa un tono muy diferente. El documento crea una sombra de jerarquía pues hace que todos los periodistas de ÖRF lo  piensen dos veces antes de publicar algo en medios sociales.

El principal deber de la prensa austriaca es supervisar e informar si el estado de derecho está intacto y si el gobierno elegido lo cumple. Por su gran importancia en la preservación de la democracia, la protección de la prensa libre está consagrada en las constituciones nacionales y la aplican las leyes de medios de cada país. La libertad de expresión no solamente garantiza los derechos de escribir o decir lo que se quiera, pero también protege y promueve el derecho del público de acceder a importante información trascendente.

Aunque no son un documento legalmente vinculante, las pautas plantean una verdadera amenaza a la democracia. La naturaleza no vinculante de las pautas sirve como excusa para que los diseñadores de políticas que defienden sus disposiciones como principios éticos para la conducta de periodistas y no las propias obligaciones legales, aplicadas por un agente estatal. Pero en la práctica, el trabajo independiente e imparcial de los periodistas puede estar cada vez más en peligro, pues toda afirmación, ya sea en calidad personal o profesional, está sujeta a una autocensura más estricta para evitar mayores obstáculos a su trabajo y hasta como imposición de riesgo “ético” para su conducta.

Si se aprueba el borrador actual tal como está, oftrecerá una capa adicional de control estricto con el objetivo de silenciar la crítica y la discrepancia.

En 2000, cuando FPÖ y ÖVP formaron su primera coalición gobernante, los países europeos evitaron al Gobierno austriaco y amenazaron con sanciones de la Unión Europea. Pero la atmósfera actual en Europa es muy diferente. Los regímenes autoritarios y populistas que minan abiertamente la gobernabilidad democrática son lo normal. En esas circunstancias, los derechos humanos de todos están en peligro debido a un amplio retroceso democrático en los países occidental tanto como en el lado oriental de la Unión Europea.

Sin duda, periodistas y medios de comunicación tienen una enorme responsabilidad de informar imparcialmente al público sobre estos y otros asuntos de interés público. Los códigos éticos de conducta pueden tener un rol fundamental en el trabajo periodística, con una gran responsabilidad de informar verazmente, pero evitando el prejuicio o posible perjuicio a otros.

Sin embargo, cuando se viola la libertad de expresión de los periodistas, el derecho de todos a recibir e impartir información está en peligro. Los derechos humanos y la ética son dos cosas diferentes. No se puede dar mal uso a uno para restringir injustificablemente a la otra.


Eliška Pírková es investigadora del Laboratorio de Privacidad y Computación Sostenible en Viena que se especializa en libertad de expresión y protección de derechos digitales. Es de Eslovaquia.

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