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Gobierno afgano está listo para conversaciones con el Talibán. ¿Están listas sus víctimas?

Kabal Shah en su barbería en Kabul, con una foto de su hermano Adel, que murió en un bombardeo suicida cuya autoría reclamó el Talibán. Foto de Ezzatullah Mehrdad, usada con autorización.

Kabal Shah, 52 años, ve las noticias sobre las conversaciones de paz entre Estados Unidos y el grupo Talibán en su barbería. Cada vez que el narrador informa sobre los avances de las conversaciones de paz, Kabal Shah recuerda a su hermano, Adel Shah.

Un día de 2017, Adel iba a la barbería cuando Kabal oyó una enorme explosión. Llamó a Adel varias veces hasta que un doctor del hospital Wazir Akhbar Khan tomó el teléfono. El doctor le dijo que su hermano estaba muerto.

“Estamos desvalidos sin poder buscar justicia”, dice Kabal Shah, que perdió una pierna en la guerra civil de la década de 1990. “Somos miles a los que nadie ve”. Kabal dice que cuando un bombardero suicida talibán atacó a un convoy de soldados estadounidenses, el ataque le costó la vida a su hermano, de 24 años. Pero espera que lo mismo no le ocurra a otros jóvenes afganos como Adel.

Los enviados estadounidenses y los representantes del Talibán están intentado negociar una salida a la guerra que luchan desde hace 17 años, durante la cual miles de afganos han muerto o quedado heridos. Pero en estas conversaciones de paz, casi no se escuchan los nombres de las víctimas civiles.

Cerca de 31 000 civiles han muerto entre 2001 y 2016, según el Instituto Watson de la Universidad Brown. Otros 41 000 civiles han quedado heridos.

Se ha atribuido al fuego cruzado, improvisados dispositivos explosivos, asesinatos, bombas, incursiones nocturnas en casas de presuntos insurgentes y ataques aéreos la gran cantidad de víctimas civiles.

Según la Misión de Asistencia en Afganistán de Naciones Unidas, 5272 civiles han muerto o quedado heridos solamente en 2017. En 2018 hubo muertos y heridos, fue el año más letal de la guerra: según el informe de Naciones Unidas, hubo 10 993 víctimas civiles, incluido un número sin precedentes de niños.

Los informes de Naciones Unidas atribuyen al menos de 63 % de víctimas civiles en 2018 a diversos grupos insurgentes, incluidos el Talibán y el Estado Islámico. La culpa del 24 % de víctimas civiles recae en los ejércitos afgano y estadounidense.

Aziz Ahmad Tassal, director del Grupo de Defensa de Protección a Civiles, insta al Gobierno afgano y la comunidad internacional a prestar más atención a las víctimas. “Están estancados, tienen hambre y harian lo que fuera por alimentar a sus hijos y familias”, dice Tassal. “Los han ignorado y han sufrido un dolor intolerable mientras atravesaban su lucha interminable nmiabunbearable”.

Como ejemplo, Tassal cuenta la historia de una chica de 18 años, la única sobreviviente de un ataque aéreo en la provincia Nangarhar, en el que murió toda su familia. Antes del ataque, la chica estaba comprometida. Pero tras la tragedia, la familia del novio se negó a aceptar a una novia discapacitada que perdió un ojo en la explosión. Ahora vive con su tío, que exige que le devuelva lo que ha gastado en mantenerla.

“Si no curamos sus corazones rotos y procesamos a los autores, ¿para qué sirve la paz, entonces?”, pregunta Tassal. “Quien haya causado las víctimas debe ser procesado”.

En el bombardeo suicida cuya autoría se atribuyó el Talibán del 24 de julio de 2017 en Kabul, murieron al menos 38 personas. Entre las víctimas estaba Najiba Bahar Hussaini, trabajadora del Ministerio de Minas y Petróleo. Ella y Husain Rezai estaban comprometidos y planeaban casarse luego de dos años de relación romántica.

“Totalmente confiados y a pesar de las víctimas civiles, el Talibán sigue considerando a las víctimas como justificadas”, dice Rezai. “Si tienes un problema con Estados Unidos, ¿por qué tu lucha contra ellos [el Talibán] sigue cobrando vidas de afganos comunes y corrientes?”.

“La paz no me importa, personalmente”, dice Rezai. “Solamente no quiero ver más gente sufriendo ni que pierdan seres queridos”. Dice que espera que la Corte Penal Internacional procesaría el Talibán por asesinar civiles, pero ya ha abandonado la esperanza.

Latifa Sultani, coordinadora de la Comisión Independiente de Derechos Humanos para Afganistán (AIHRC), dice que las víctimas exigen un final sin condiciones de la guerra, no un tratado de paz que daría impunidad a los perpetradores.

“AIHRC ha defendido una compensación para pagar a las víctimas y para procesar a los autores”, dice Sultani. “Los que han cometido crímenes deben asumir la responsabilidad, al menos, deberían pedir perdón”.

Sultani explica que sin hacer justicia ni abordar los reclamos de las víctimas, las conversaciones de paz podrían resultar a la larga solamente en un final provisional a la guerra sin siquiera lograr una paz duradera. “Sin prestar atención a las víctimas, el dolor y la rabia pasarán de una generación a la siguiente”.

AIHRC ha pedido varias veces que se incluya a representantes de las víctimas civiles en las conversaciones de paz, pues existe el peligro tangible de que busquen una venganza violenta después de que sus atacantes no comparezcan ante la justicia convencional.

Pero para algunos famiilares de las víctimas, soalmente una respuesta por sus pérdidas los tranquilizaría. Ghulam Mohammad, hombre mayor de 50 años, estaba escuchado noticias en la radio el 31 de diciembre de 2018, cuando un grupo de hombres armados irrumpió en la casa de su hermano.

“Eran hombres uniformados, con una flota de drones que los respaldaba”, dice Ghulam Mohammad en un hotel en Gardez, provincia Paktia de Afganistán. “Supe que una caravana de 50 vehículos llegó de la provincia de Paktika [provincia vecina de Paktia] a Zurmat [distrito de Paktia, donde vive Ghulam Mohammad]”.

Ghulam Mohammad corrió a la casa de su hermano, Naim Faruqi. Lo encontró a él y sus dos hijos muertos a tiros en la cara. Los sobrinos de Ghulam estudiaban en universidades locales.

Luego, un grupo de hombres armados formaron a la familia de Ghulam Mohammad en balcón de su casa. Uno de los hombers armados avanzó y dijo a Ghulam Mohammad que perdonarían su vida y la de su familia.

Recientemente, las Fuerzas de Protección de Khost, que cuentan con respaldo de la CIA, realizaron incursiones nocturnas en la región. Presuntamente, fueron esas fuerzas las que incursionaron en la casa de Ghulam Mohammad y de su hermano.

Ghulam Mohammad consultó con los Gobiernos locales en el distrito de Zurmat y la provincia de Paktia, pero se negaron a darle información sobre el operativo y quienes irrumpieron en la casa de su hermano.

Ghulam Mohammad sostiene fotos de sus sobrinos, que murieron en una incursión noctura en su casa en el este de Afganistán. Foto de Mohammad Imran.

“Exigimos una respuesta. ¿Cuál fue su delito? Estoy listo para comparecer ante cualquier corte que me procese si mi familia hubiera cometido un delito”, dice Ghulam Mohammad. “Al menos alguien debería responder. ¿Ser estudiante e un delito?”.

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