Activistas laborales bielorrusos bajo presión mientras la crisis política continúa

El 26 de agosto, 20 trabajadores de la planta de productos químicos Grodno Azot fueron detenidos tras cruzar la ciudad caminando. Al día siguiente, la bandera bielorrusa con los colores blanco-rojo-blanco, utilizada por manifestantes, fue izada sobre la empresa. Imagen del canal de Telegram NEXTA.

Cuando Dmitry Kudelevich logró escapar del servicio secreto bielorruso, lo hizo a través de una ventana de un baño ubicado en una oficina de la KGB en Salihorsk. “Me arrastraron desde el interior de mi auto, me esposaron, me subieron a una camioneta y me llevaron a la oficina de la KGB”, dice en un video que circula en Telegram. Kudelevich, miembro del comité de huelga de la planta de potasa Belaruskali, continúa diciendo con una sonrisa: “Yo siempre hice un llamado a las personas a luchar, y hoy se puede decir que tuve una oportunidad única de poner a prueba mi fuerza”.

Hacia mediados de agosto, activistas sindicales asociados con el comité de huelga de empresas bielorrusas han enfrentado una campaña de presión —arrestos, amenazas y multas— por parte de las agencias policiales mientras continúan las protestas en el país. Esto ocurre tras las controvertidas elecciones presidenciales del 9 de agosto, que muchos consideran fraudulentas. Miles de ciudadanos enfurecidos tomaron las calles para protestar los días posteriores; la Policía bielorrusa respondió con arrestos masivos seguidos de violencia estremecedora y trato cruel hacia los detenidos.

Trabajadores de empresas estatales se han unido a las protestas, y organizado reuniones públicas, paros, amenazas de disminuir el ritmo de trabajo y huelgas. El investigador Volodymyr Artiukh señala que existen informes de protestas “al menos en 70 empresas industriales, comerciales y de servicios, así como también en los sectores educativo, médico y de medios de comunicación” desde las elecciones. “En casi todos estos casos las empresas pertenecen al Estado o a organizaciones con financiamiento público”, explica.

El ánimo de protestas parece haber preocupado al régimen de Lukashenko, dado que las empresas bielorrusas dan trabajo a gran parte de los 10 millones de habitantes que tiene el país. En agosto, surgió inquietud laboral en algunas de las mayores empresas del país, incluida la Planta de Tractores de Minsk, la planta de potasa Belaruskali y la fábrica de productos químicos Grodno Azot, las que cuentan con miles de empleados. Los comités de huelgas hacen circular sus demandas por elecciones justas, la liberación de prisioneros políticos, e investigar la violencia policial.

“El Estado siempre consideró a los trabajadores como una base de apoyo”, comenta Artyom Shraibman, analista político y colaborador habitual en Tut.By, importante sitio web de noticias bielorrusas. “Y las autoridades, encabezados por Lukashenko, se decepcionaron, por decirlo de alguna manera, cuando muchas empresas estatales les dieron la espalda”.

Sin duda, el presidente Lukashenko tomó una postura agresiva. Cuando los trabajadores de la Planta de Tractores de Minsk abuchearon al presidente durante su visita el día 16 de agosto, les respondió que tendrían que “matarlo” antes de que convocara a nuevas elecciones. Una semana después, Lukashenko hizo un llamado a los directores a no “perseguir” a los trabajadores recalcitrantes en empresas como Belaruskali, ya que hay personal más que suficientes para reemplazarlos. Continuó diciendo que los mineros en huelga en Salihorsk, podrían ser fácilmente reemplazados por ucranianos (Mykhailo Volinets, presidente del sindicato independiente de mineros en Ucrania, respondió a través de un discurso en video que los mineros ucranianos no serán rompehuelgas). 

Las autoridades también han insistido a los empleados que no dejen de trabajar. El propio Lukashenko advirtió a los trabajadores de la Planta de Tractores de Minsk que, si dejaban de trabajar, empresas extranjeras se apoderarían de la participación en el mercado bielorruso; también aparecieron anuncios en el sitio web del Ministerio de Industria que indican que algunas empresas “necesitan personal de producción adicional ahora”.

“Las empresas más grandes e importantes fueron presas del ambiente de protestas y huelgas”, continúa Shraibman. “Pero también ha existido, por supuesto, una política de asustar a los trabajadores con la idea de que no se les permitirá volver a trabajar; algunos fueron despedidos para demostrar que la amenaza es real. Y, de este modo, han logrado detener la ola de huelgas por el momento. Si estas huelgas continuaban y se expandían, podrían haberse convertido en una amenaza muy seria para las autoridades, pudo haber sido una amenaza a la gestión económica y a la gestión del país en sí”.

A finales de agosto, las autoridades bielorrusas cumplieron algunas de sus amenazas cuando detuvieron a importantes activistas laborales. En Minsk, Anatoly Lavrinovich, miembro del comité de huelgas en la Planta de Tractocamiones de Minsk, que fabrica vehículos militares, fue arrestado luego de intentar conseguir firmas para apoyar una huelga. Y Sergey Dylevsky, miembro del comité de huelgas de la Planta de Tractores de Minsk y del consejo de coordinación de oposición, fue detenido por la Policía el mismo día. Más tarde, se le dictaminó una sentencia de 10 días administrativos por intentar organizar un mitin no autorizado.

Anatoly Bokun, presidente adjunto del comité de huelga de la empresa Belaruskali ubicada a unos 100 km al sur de Minsk, fue arrestado después de hacer un llamado a los trabajadores a disminuir el ritmo de trabajo el lunes 24 de agosto. Los días anteriores, agencias policiales locales contactaron a varios miembros del comité de huelgas para “conversar”, informó el comité. Bokun fue puesto en libertad ese mismo día luego de ser declarado culpable de participar en un evento masivo no autorizado. Un proyecto de microfinanciación reunió 260 dólares para pagar su fianza. Tras la detención de Bokun, un canal de Telegram utilizado por el comité de huelgas de Belaruskali advirtió a sus seguidores que ellos también pueden estar en riesgo por sus actividades:

Дорогие друзья и коллеги! Сегодня был задержан сопредседатель стачечного комитета Бокун Анатолий. На данный момент он находится в застенках РОВД. По имеющейся у нас информации, на всех членов стачкома ОАО “Беларуськалий” будут составлены протоколы и заведены дела за организацию и участие в “несанкционированных массовых мероприятиях”. Также, из достоверных источников, есть информация, что в ближайшее время членов стачкома начнут задерживать и доставлять в РОВД для дальнейших разбирательств. Исходя из текущей ситуации и информации, которой мы владеем, мы обязаны вас предупредить о возможных задержаниях тех, кто в стачке. Будьте осторожны!

— Стачком ОАО “Беларусьалькалий”, Telegram, August 24, 2020

¡Estimados colegas y amigos! Hoy arrestaron a Anatoly Bokun, presidente sustituto del comité de huelga. En este momento se encuentra en los sótanos del Departamento del Interior del Distrito. Según la información que hemos recibido, se elaborarán informes y se presentarán cargos contra todos los miembros del comité de huelga de Belaruskali por organizar y participar en “eventos masivos no autorizados”. Además, fuentes confiables indican que, en un futuro cercano, los miembros del comité de huelga serán detenidos y trasladados al Departamento del Interior del distrito para nuevos juicios. Basándonos en la situación actual y la información que tenemos, nos vemos obligados a advertir a quienes están en huelga sobre la posibilidad de que sean detenidos. ¡Tengan cuidado!

“Si las autoridades y la administración de la planta no tuvieran miedo, y todo fuera realmente como ellos dicen que es — que estamos trabajando normalmente en la empresa entonces, ¿por qué necesitarían llegar a hacer esto? Con sus acciones, las autoridades dejan claro, una vez más, que lo que estamos haciendo es lo correcto”, dijo Gleb Sandros, secretario de prensa del comité de huelgas en Belaruskali, cuando se le preguntó sobre la campaña de presión.

A veces, la presión que recae en los comités de huelga parece dispersa. Yulia Slivko, yesera que trabaja en una importante empresa pública de construcción en la ciudad de Grodno, dijo al diario Salidarnasts que recibió amenazas anónimas luego de salir electa presidenta del comité de huelga de su empresa. “Me llamaron desde un número desconocido y me dijeron: ‘Si no cierras la boca, ten en mente lo siguiente: tu hijo anda de un lado para otro por la calle. Cualquier cosa puede pasar'”.

Más tarde, invitaron a Slivko a “conversar” a la estación de policía local, y también recibió una llamada de alguien que dijo ser trabajador social y que la amenazó con ingresar a su hijo al registro de personas socialmente vulnerables.

La campaña en contra de activistas laborales también ha dado pie a la actual violencia ejercida por parte de las agencias policiales bielorrusas. El activista veterano Nikolay Zimin, exjefe del Sindicato Independiente Bielorruso (BNP, por sus siglas en inglés), fue arrestado y sentenciado a 25 días de encarcelamiento por “participar en protestas no autorizadas” inmediatamente después de las elecciones, y recibió una brutal golpiza durante su detención, informó el sindicato. A Zimin, actualmente en libertad, no se le permitió acceder a tratamiento médico durante su detención. El 25 de agosto, Zimin fue sentenciado en Salihorsk por participar en una protesta no autorizada, y se le impuso una multa administrativa por 460 dólares.

Los sindicatos independientes se han visto enfrentados al abuso durante muchos años en Belarús. Pero, sin importar quién las organice, pareciera que las autoridades no se encuentran preparadas para tolerar las disputas políticas relacionadas con el lugar de trabajo. Como dijo el primer ministro bielorruso, Roman Golovchenko, en una entrevista el 20 de agosto, la Constitución bielorrusa solo garantiza el derecho a huelga por “disputas por conflictos laborales y sociales”.

El investigador Volodymyr Artiukh agrega que “las huelgas iniciadas por sindicatos de manera legal no pueden hacer ‘demandas políticas’, según indica la Ley de Sindicatos bielorrusa sin mayor explicación”. Dicho esto, Artiukh cree que “incluso una huelga convencional por quejas relacionadas con el trabajo considerada ‘legítima’ por la ley de sindicatos bielorrusa ya es algo utópico”.

“Luego de la ola de detenciones entre los activistas laborales y amenazas a los trabajadores, la estrategia de organizaciones laborales emergentes en Belarús cambió por una táctica de “disminución del ritmo de trabajo o huelga de celo“, dice Artiukh. “Aún no está claro qué tan exitosa resultará esta estrategia dado el arsenal de herramientas punitivas que tiene la administración, desde retención de bonos hasta amenaza de responsabilidades financieras y penales”.

“No esperaría una interrupción laboral mayor en empresas estatales en un futuro cercano. Esto por un lado por la lentitud con que los comités de huelga y organizaciones laborales se están armando, y su extrema vulnerabilidad a la presión tanto de parte de la administración de la empresa como de las autoridades gubernamentales por el otro”

En Belaruskali, Gleb Sandros es realista sobre las posibilidades del comité de huelgas. “Si la crisis económica en Belarús, de la que ahora podemos hablar justificadamente, se intensifica, esto va a motivar a más gente —y me refiero a trabajadores— a despertar, echar un vistazo sereno a la situación y a sus conciencias”, dice.

Este artículo se produjo en colaboración con oDR, sección de openDemocracy sobre Rusia y el espacio postsoviético.

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