Cómo se instrumentaliza la sinofobia en Kazajistán como forma de política de oposición

Manifestación antichina del 27 de marzo de 2021 en Almaty. Foto tomada de la página de Facebook de Zhanbolat Mamay, utilizada con autorización.

En los últimos años, los manifestantes de Kazajistán han protestado en numerosas ocasiones contra la creciente influencia china, a pesar de las severas restricciones al derecho a manifestarse públicamente. Sin embargo, un análisis minucioso indica que la sinofobia puede ser una herramienta que usan los organizadores de las protestas para movilizar a la gente contra el Gobierno y evitar así graves medidas represivas.

Las actitudes sinófobas se han gestado en Kazajistán durante décadas, más por motivos conspirativos que fundados. En 2013, en anuncio de un proyecto de infraestructura e inversión de gran alcance de China, la Iniciativa de la Franja y la Ruta (BRI), fue un catalizador de una nueva ola de sentimiento antichino.

Desde entonces, las empresas chinas han acudido en masa a Kazajistán al igual que los préstamos del Gobierno. Ahora, China está entre los cinco mayores acreedores de Kazajistán. En 2020, el comercio con China ascendió a 15 400 millones de dólares estadounidenses, un aumento del 4 % en comparación con 2019.

Sin embargo, para algunos kazajos, el aumento de la cooperación con su vecino del eeste supone más una amenaza que nuevas oportunidades económicas. Una parte de la sociedad teme que China haga a Kazajistán económicamente dependiente, y además que pronto comience a invadir la soberanía territorial del país.

En los últimos cinco años, la frase “expansión china” ha aparecido con frecuencia en la agenda de mítines y manifestaciones de la oposición, se ha escuchado en boca de activistas cívicos y políticos, y se ha debatido a fondo en los medios. Por ejemplo, en 2020, los medios estatales de Kazajstán publicaron un artículo en el que se destacaba cómo el cuerpo diplomático del país rebatió las acusaciones de sus homólogos chinos, que habían argumentado que Kazajstán podría convertirse en una parte de China.

Los kazajos se oponen con frecuencia al arrendamiento de tierras agrícolas a China, a la construcción de fábricas chinas en el país, a la migración de trabajadores chinos, al aumento de las importaciones de productos chinos y al incremento de la deuda externa con su vecino oriental. La persecución de la etnia kazaja en Sinkiang también ha contribuido significativamente a reforzar el sentir antichino.

‘Los kazajos están listos para luchar’

La última oleada de concentraciones antichinas tuvo lugar el 27 de marzo en varias grandes ciudades: Almaty, Nursultán, Shymkent, Aktobe y Uralsk. Las manifestaciones fueron organizadas por Zhanbolat Mamay, líder del Partido Democrático de Kazajistán, y Mukhtar Ablyazov, exbanquero y opositor residente en Francia. La concentración de Almaty reunió a unas 300 personas y recibió permiso del Gobierno, concesión poco frecuente en Kazajistán, donde las autoridades controlan cuidadosamente las expresiones públicas de descontento.

Los manifestantes exigieron la abolición de la “construcción de 56 fábricas”, proyecto de traslado de fábricas chinas a Kazajistán, y la prohibición de arrendar y vender tierras a extranjeros.

“El gran número de participantes en la manifestación demostró a las autoridades que el pueblo kazajo está dispuesto a luchar”, dijo Mamay en una transmisión en directo en Facebook. Si la influencia china sigue creciendo, Mamay cree que mucha más gente saldrá a la calles.

“La gente está en contra de la expansión china y a favor de la independencia. La gente está dispuesta a defender su nación, la independencia y la integridad del país”, concluye.

Deuda externa y el número mágico 55

A pesar de su fuerte sentir y su espíritu patriótico, algunas de las tendencias y cifras que los manifestantes han expresado son una distorsión de la realidad.

Por ejemplo, la deuda externa con China. No puede considerarse “crítica” para la economía local. En 2020, China solo ocupaba el quinto lugar entre los mayores acreedores de Kazajistán, mientras que en 2013 era el tercero. En términos globales, la deuda de Kazajistán con China ha disminuido en 6400 millones de dólares, hasta situarse justo por encima de los 10 000 millones.

Luego está la construcción de 55 (no 56) fábricas chinas. En septiembre de 2019, decenas de activistas protestaron en varias ciudades contra el traslado de 55 antiguas fábricas chinas a Kazajistán.

Iniciada en la ciudad petrolera de Zhanaozen, al oeste del país, la protesta se organizó antes de la primera visita oficial del presidente de Kazajistán, Kassym-Jomart Tokayev, a China.

El hecho de que la protesta haya comenzado en Zhanaozen es simbólico. El sector de petróleo y gas representa alrededor del 44 % del presupuesto estatal de Kazajistán. En 2011, esta ciudad ventosa fue el escenario de una huelga de trabajadores petroleros que duró seis meses. En diciembre de 2011, las autoridades pusieron fin a la huelga violentamente, dispararon a los manifestantes y dejaron al menos 16 trabajadores muertos.

Kazajistán y China forman parte de la Organización de Cooperación de Shanghái (OCS) desde hace 20 años. En 2014, el Consejo de Jefes de Gobierno de la OCS intentó combinar dos iniciativas: la BRI, liderada por China, y una nueva política económica kazaja llamada Nurly Zhol, que se traduce como “Camino brillante”. Como parte de ese esfuerzo, los diplomáticos de los dos países acordaron transferir 55 fábricas de China a Kazajistán.

Sin embargo, como dijo Adil Kaukenov, director del Centro de Estudios Chinos y politólogo, en entrevista con Forbes Kazajstán, este plan no se ha materializado en su mayor parte:

At the time, the talks were about real business exchange projects, as a result of which 55 new production lines would appear on the territory of Kazakhstan, which, in turn, would have contributed to an increase in jobs, tax revenues, and so on. To date, of these 55 announced enterprises, only a handful have actually been implemented.

En aquel momento, se hablaba de verdaderos proyectos de intercambio empresarial, como resultado de los cuales aparecerían 55 nuevas líneas de producción en el territorio de Kazajstán, lo que, a su vez, habría contribuido a aumentar los puestos de trabajo, los ingresos fiscales, etc. Hasta la fecha, de estas 55 empresas anunciadas, son pocas las que han puesto en marcha realmente.

A pesar de que el programa Nurly Zhol concluyó en 2019, sin la finalización de la mayoría de las fábricas, los activista siguen usando el tema para advertir sobre la influencia china.

Controvertido problema de tierras

Uno de los temas más espinosos en la agenda de los manifestantes ha sido la petición de prohibir arrendar tierras cultivables de Kazajistán a extranjeros. En febrero de 2021, un mes antes de que se produjeran las últimas protestas, el presidente Tokayev dio instrucciones al Gobierno para que preparara un proyecto de ley que hiciera precisamente eso.

“La tierra es un fundamento y un símbolo sagrado de la condición de Estado de Kazajistán. He dicho en repetidas ocasiones que la tierra kazaja no puede venderse a extranjeros. Hay que acabar con los rumores al respecto”, dijo Tokayev en febrero. En mayo, firmó el proyecto de ley que prohíbe explícitamente cualquier venta o arrendamiento de tierras a extranjeros.

Cinco años antes, el país se vio sacudido por diversas concentraciones contra las enmiendas propuestas al Código de la Tierra que habrían facilitado los procedimientos para arrendar tierras a extranjeros. La mayor concentración tuvo lugar en Atyrau, al oeste de Kazajistán, el 24 de abril de 2016, en la que se reunieron unas 4000 personas.

Las enmiendas propuestas fueron descartadas. Mientras tanto, los líderes de la protesta, los activistas Maks Bokaev y Talgat Ayan, fueron condenados a prisión por “incitar a la discordia social”. Bokaev fue liberado en enero de 2021 tras cuatro años y nueve meses de prisión. Niega que su activismo haya desempeñado un papel en el proyecto de ley de Tokayev, pero cree que es un intento de eliminar los incentivos para protestar. Dijo a Global Voices:

This law appeared as a preventive move to reassure the citizens of Kazakhstan that the land issue is resolved once and for all. I will not exaggerate my role — my personal factor played a microscopic role. Apparently, Tokayev and the people around him believe that this issue is a political slippery slope.

Esta ley apareció como una medida preventiva para tranquilizar a los ciudadanos de Kazajistán de que la cuestión de la tierra está resuelta de una vez por todas. No voy a exagerar mi papel: mi factor personal desempeñó un papel microscópico. Al parecer, Tokayev y la gente que lo rodea creen que este asunto es un terreno político resbaladizo.

La “cuestión china” podría ser un catalizador de nuevas protestas antigubernamentales, según Bokaev. Cree que la verdadera razón de las protestas por la tierra en 2016 no fue China, sino los problemas económicos, la falta de instituciones democráticas y la corrupción endémica.

“La gente se dio cuenta de que les podían quitar la tierra bajo sus pies”, afirma.

El entorno económico y legal en el que operan ahora las empresas extranjeras, en su opinión, crea las condiciones para una agricultura depredadora. En el caso del arrendamiento de tierras agrícolas a China o a cualquier otro país, las empresas trabajan para obtener el máximo beneficio a corto plazo, sin preocuparse por las consecuencias de sus acciones, como los vertidos químicos que pueden contaminar el suelo.

En general, el sentir antichino conserva la capacidad de movilizar a la opinión pública en Kazajstán, como escribe Temur Umarov, analista del Centro Carnegie de Moscú:

Without these fears, there would be no violent reaction to fake news or rumours. And, as recent rallies have shown, Sinophobic sentiments can be used by various forces in the internal political struggle.

Sin estos temores, no habría una reacción violenta a las noticias falsas o a los rumores. Y, como han demostrado las recientes concentraciones, el sentir sinófobo lo no pueden usar diversas fuerzas en la lucha política interna.


Este artículo forma parte de una investigación del Observatorio de Medios Cívicos sobre las narrativas en competencia sobre la Iniciativa del Cinturón y la Ruta de China, y explora cómo las sociedades y las comunidades tienen diferentes percepciones de los beneficios y daños potenciales del desarrollo liderado por China. Para saber más sobre este proyecto y sus métodos, haz clic aquí.

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