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El «peligroso juego» del Presidente Karzai en un año crítico para Afganistán

Mientras el ejército estadounidense se prepara para abandonar Afganistán a finales de este año, el presidente del país, Hamid Karzai, vuelve a cuestionar el Acuerdo Bilateral de Seguridad (BSA) [en]. El documento crea un marco legal para la presencia limitada de tropas norteamericanas en Afganistán a partir de 2014, sobre todo para adiestrar a las fuerzas de seguridad del país. 

Complicaciones «innecesarias»

El BSA se negoció en 2012. En un aparente intento de compartir la responsabilidad de su firma con los líderes tribales, Hamid Karzai convocó [en] en noviembre de 2013 a la loya jirga, la gran asamblea, para pedir consejo sobre su decisión de firmar el acuerdo con EE.UU. Los líderes tribales apoyaron [en] el pacto de seguridad e instaron a Karzai a que firmara el documento cuanto antes. No obstante, el presidente afgano ha preferido ignorar la recomendación de la loya jirga, informando [en] a sus miembros que no firmará el BSA hasta después de las elecciones presidenciales previstas para abril de 2014.

Hay que señalar que el presidente de la loya jirga ha definido [en] la asamblea, que duró cuatro días, como «innecesaria», afirmando [en] que Karzai debería haber firmado el pacto de seguridad sin esperar la aprobación de los líderes tribales.

Preocupada por las polémicas dentro del gobierno afgano, Samira Hamidi tuiteó:

¡Qué controversia! Incluso el presidente del comité organizador de la jirga para el BSA dice que era innecesaria.

«Juego arriesgado»

La decisión de Karzai de posponer la firma del acuerdo se ha interpretado [en] como «un peligroso juego de riesgo calculado» con vistas a las elecciones. El «juego» ha creado una atmósfera de incertidumbre entre los internautas afganos.

Hamid Karzai se dirige a asamblea conjunta del Congreso estadounidense el 15 de junio de 2004. Imagen cedida por la Casa Blanca, parcialmente pública.

Hamid Karzai se dirige a asamblea conjunta del Congreso estadounidense el 15 de junio de 2004. Imagen cedida por la Casa Blanca, parcialmente pública.

El tuitero Watan Dar ofrece un explicación de la reticencia de Karzai a la hora de firmar el pacto:

@WhiteHouse @ForChuckHagel al contrario que la Loya Jirga y el deseo de los pueblos, Karzai quiere que los EE.UU. se vayan. Teme tener que dar explicaciones si los EE.UU. se quedan.

Un reciente sondeo sugiere [en] que la mayoría de afganos apoya el nuevo pacto de seguridad con EE.UU. Muchos políticos afganos prominentes también están a favor del trato. Mahmoud Saikal, antiguo subsecretario de exteriores del país declaró [en] que Afganistán necesita el BSA. Amrullah Saleh, anterior jefe de la seguridad nacional, tuiteó:

El BSA resultará en el colapso total de la Shura de Quetta* y el final de los santuarios talibanes con base en Pakistán. El pilar central de nuestras justas reivindicaciones.

[(*) La Shura de Quetta son los restos del gobierno de los talibanes derrocado por Estados Unidos con la operación «Libertad Duradera», comenzada el 7 de octubre de 2001]

La resistencia de Karzai a firmar el acuerdo de seguridad ha encontrado apoyos en los líderes talibanes. Respondiendo a la aprobación del BSA por la loya jirga, un importante líder talibán prometió [en] que el grupo continuaría luchando mientras hubiera tropas extranjeras «infieles» en Afganistán. También declaró que, con el actual régimen, los talibanes no tenían ninguna esperanza de conseguir la paz.

Otros partidos de la oposición del país tienen una visión más favorable del nuevo acuerdo de seguridad. El Consejo de Cooperación de Partidos y Coaliciones Políticas de Afganistán (CCPPCA) propuso [en] firmar el BSA inmediatamente, señalando que el retraso pondría en peligro la frágil seguridad y amenazaría las elecciones de 2014.

Coqueteo con los vecinos

Después de rechazar la firma del BSA para finales de 2013, Karzai ha dedicado su esfuerzo estas últimas semanas a visitar Irán, Pakistán e India. Curiosamente, Irán exhortó [en] a Karzai a que no rubricara el acuerdo con los EE.UU., advirtiendo [en] que la presencia continuada de tropas norteamericanas constituye una amenaza para la región.

Alarmados por las posibles consecuencias de los «juegos» de Karzai, los internautas afganos tuitearon:

Karzai planea un pacto de cooperación con Irán mientras se niega a firmar el BSA con EE.UU.

Susan Rice dice que para satisfacer la larga lista de exigencias de Karzai se necesita una varita mágica que no tenemos.

No obstante, algunos internautas creen que en realidad, el nuevo acuerdo de seguridad con EE.UU. no es tan bueno:

Tiene gracia cómo han hecho creer a Afganistán que sin la firma del BSA no valdría nada. ¿Para qué tanta presión? ¡Danos un respiro, tío Sam!

«Jugando con fuego»

En un intento de convencer a Karzai de concluir el acuerdo de seguridad, el ministro de Exteriores de Iraq, Hoshyar Zebari visitó [en] Kabul en diciembre de 2013. Zebari afirmó que el pacto de seguridad representaba los intereses de Afganistán, señalando un deterioro de la seguridad [en] en Iraq tras su rechazo a firmar un acuerdo de seguridad con EE.UU.

El ministo de exteriores de Iraq, donde se rechazó un pacto de seguridad con EE.UU. aconseja al gobierno afgano cómo negociar el BSA con el superpoder, dice Pajhwok.

Chuck Hagel [en], jefe del pentágono, y Susan Rice [en], consejera para la Seguridad Nacional, han advertido a Karzai que su reticencia a firmar el BSA podría conducir a una retirada total de las tropas norteamericanas de Pakistán a finales de 2014. Además, James Dobbins (enviado especial de EE.UU. para Afganistán y Pakistán) previno [en] a Afganistán de la posibilidad de una guerra civil si no se firmase el acuerdo.

Arif Rafiq tuiteó:

Karzai afirma que Dobbins amenazó con llevar a Afganistán a una «guerra civil». Ahora Dobbins sostiene que EE.UU. le dijo a Karzai que estaba «jugando con fuego».

2014 será un año crítico para Afganistán, ya que las fuerzas de EE.UU. y la OTAN abandonarán el país, dejando la responsabilidad de mantener la paz en las inexpertas manos de las fuerzas nacionales de seguridad. Hamid Karzai, que ha sido presidente de Afganistán los últimos 12 años, será sustituido en las elecciones que se celebrarán en menos de cuatro meses. Aunque rechace concluir el pacto de seguridad con EE.UU., otros candidatos presidenciales también han guardado silencio sobre el tema. Así las cosas, lo que le espera a Afganistán y a su gente en el futuro próximo sigue siendo un misterio.

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