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La vida de las comunidades indígenas dentro de una zona en reclamación en Venezuela

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Una familia en su canoa rema por el río Rupununi al norte de las Montañas Kanuku. Foto: Allan Hopkins

Cada vez que desea regresar al lugar donde nació, LP (por razones de seguridad no reveló su nombre), siempre en compañía de su familia, toma un taxi o bien  un autobús hasta Sakaiká, una comunidad indígena pemón arekuna ubicada 125 kilómetros de Santa Elena de Uairén y desde ahí se interna hacia la selva. Santa Elena es la principal ciudad del municipio Gran Sabana, en la remota frontera venezolana con Brasil.

Sus antepasados según la obra Cultura pemón, de monseñor Mariano Gutiérrez Salazar (UCAB 2002) llamaban Inkén o Ikén a la región que ella y los suyos ahora llaman “Guyana”. Ese enorme pedazo de territorio que en algunos mapas de Venezuela aparece enrejado e identificado como Guayana Esequiba (Zona en Reclamación) y que en otros simplemente se obvia.

LP nació en Parima o Paruima, una comunidad arekuna ubicada al otro lado de la Línea de Schomburgk, que se planteó en el siglo XIX en medio de la disputa territorial entre Venezuela y la Guayana Británica pero, como es de rutina, fue presentada días después como nacida en San Rafael de Kamoirán, una comunidad pemón arekuna localizada al oeste de la línea pespunteada.

 Essequiborivermap.png: Kmusser derivative work: Kordas (sínome!) - Essequiborivermap.png CC BY-SA 3.0

Mapa de Guayana Esequiba o Zona en Reclamación. Imagen tomada de Wikipedia bajo licencia Creative Commons
CC BY-SA 3.0

LP y su gente van hacia Parima o Paruima a pie y con provisiones para al menos ocho horas de caminata de selva, no llevan pasaporte ni pasan por oficina de aduanas e inmigración alguna; a veces, cuenta ella, hacen un alto a medio camino, antes de cruzar el río, cocinan, se bañan y descansan hasta el amanecer. Entonces, después de desayuno, reinician la marcha hasta llegar a su destino.

Ella pronuncia Parima o Paruima con acento. Algo así como “Parrima”. Aprendió a hablar en arekuna y muy pronto en inglés; el español lo dominó poco después, cuando sus padres dejaron Parima Mission para divulgar la noticia del Evangelio entre los taurepán de la Gran Sabana con quienes comparten el idioma pemón, aunque con ciertas variantes que, sin embargo, no les impiden entenderse.

LP es venezolana. Tiene su Cédula de identidad. Desde que entró en vigencia la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela, en 1999, su documento de identificación indica incluso la comunidad y pueblo indígena del cual forma parte.

Ella es pemón arekuna. Pero al menos seis de sus paisanos son procesados por el Servicio Administrativo Identificación, Migración y Extranjería (Saime) por su permanencia en Santa Elena sin documentos. “Si regresan, los deportan al Esequibo”, a la zona, administrada por la República Cooperativa de Guyana, que la República Bolivariana de Venezuela reclama como propia. A los warao, dice, las autoridades venezolanas les exigen identificarse como pemón a cambio de no ser considerados como guyaneses, una estrategia que para ellos se convierte en una afrenta discriminatoria al tener que negar su origen.

Que LP sepa en Ikén, Guyana, Guayana Esequiba, Zona en Reclamación residen miembros de al menos nueve pueblos indígenas: sarao, arawako, kariña, patamuná, arekuna, akawaio, wapishana, makushi y wai wai.

Los más numerosos son los arawako. Los warao, los arawako, los kariña, los arekuna y los akawaios hacen vida tanto en Guyana como en Venezuela. En Santa Elena de Uairé, Tumeremo y Puerto Ordaz, tres localidades del estado Bolívar, acuden a los hospitales cuando lo necesitan y se abastecen de los víveres de uso diario, si bien se autoidentifican como guyaneses o simplemente como amerindios.

De los gobiernos de ambos lados, según su experiencia, se sabe poco o nada; mientras tanto, en esas tierras proliferan grupos de ciudadanos brasileros y venezolanos en busca de oro y diamantes e incluso “se dice que hay chinos sacando madera”.

Sobre la décadas de los 30 a 40 del siglo XX, siendo primos hermanos de los abuelos de LP, los abuelos de DD, en cambio, “eran rebeldes, se resistían a ponerse ropa y a ir a la iglesia”. Abandonaron Paruima y se internaron hacia las cabeceras del Kuyuní. Se establecieron en Inawai, a la altura de Las Claritas, a donde luego llegó también una Misión Adventista a la cual finalmente se integraron.

Desde Las Claritas, en el Kilómetro 88, hasta San Martín de Turumbán, cerca de Tumeremo (en el municipio Sifontes del estado Bolívar), el idioma dominante, entre los indígenas, es el inglés”.

A su modo de ver, San Rafael de Kamoirán y Paruima Mission son una misma cosa. Son comunidades arekuna, la una evangelizada por los misioneros católicos y la otra por los misioneros adventistas, durante la primera mitad del siglo XX.

San Martín de Turumbán, en Sifontes, al igual de San Ignacio de Yuruaní, en Gran Sabana, ambos municipios del venezolano estado Bolívar, son comunidades que se fundaron con indígenas venidos del Esequibo, con aquellos que alguna vez aceptaron la posibilidad de declararse venezolanos y que, tras delaciones, debieron refugiarse en Venezuela.

En cuanto a la disputa que mantienen Venezuela y Guyana por la tierra de sus abuelos, DD expresa: “Eso del problema ese no le vemos sentido. La gente que se quedó allá y la que se quedó aquí hemos estado visitándonos”.

“Nuestros representantes, de uno y otro lado, están politizados, dice LP, por eso tenemos que reunirnos y sacar una declaración como indígenas”.

Cultura pemón en sus páginas dedicadas a los makunaimas, a los intrépidos protagonistas de muchas de las leyendas del pueblo pemón, cuenta que Wei, el sol, el padre de los makunaimas, “como buen pemón, viaja a Ikén en busca de mercancías varias usuales”, como sus descendientes.

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