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¿Cuántos atentados contra turistas hacen falta para que África Occidental desarrolle una estrategia regional?

Zona de playa en Grand-Bassam (Costa de Marfil), escenario del ataque terrorista del 13 de marzo. Foto de Oluniyi Ajao (CC BY-SA 2.0)

Zona de playas en Grand-Bassam (Costa de Marfil), escenario del ataque terrorista del 13 de marzo. Foto de Oluniyi Ajao (CC BY-SA 2.0).

Por Jemila Abdulai. Este artículo fue originalmente publicado en Circumspecte.com.

Hablemos un momento del ataque terrorista del 13 de marzo perpetrado en Costa de Marfil. Concretamente, de lo que Ghana y otros países africanos deberían aprender o hacer. Para quien no lo recuerde, unas 16 personas murieron el 13 de marzo en Grand-Bassam, Costa de Marfil.

Grand-Bassam, antigua capital del país, designada patrimonio de la humanidad por la UNESCO, es un popular centro turístico y villa playera que se encuentra a pocas horas de Abiyán, capital económica del país. Yo la he visitado en numerosas ocasiones cuando vivía en Costa de Marfil. Desde una perspectiva ghanesa, Grand Bassam podría ser Ada Foah o la playa de Labadi. En Senegal, sería similar a la isla de Gorea o a las famosas playas de Dakar. Pero esto no es nuevo. El mismo perro con distinto collar. En términos de estrategia, los atacantes (Al-Qaeda, en este caso) siguen siendo metódicos.

«Desde una perspectiva ghanesa, Grand Bassam podría ser Ada Foah o la playa de Labadi. En Senegal,sería la isla de Gorea o cualquiera de las famosas playas de Dakar».

¿Y cuál es exactamente esta estrategia? La de atacar lugares frecuentados por extranjeros y turistas: hoteles, complejos turísticos, centros comerciales y de recreo. Lo han hecho en Burkina Faso, en Mali, en Túnez y en Kenia, y ahora en Costa de Marfil. La estrategia es ligeramente distinta en cada país (por ejemplo, la ubicación), pero el motivo es básicamente el mismo: atraer la atención y lograr titulares de prensa para sus exigencias políticas. ¿Por qué lugares turísticos o en los que se concentran los extranjeros? Porque quieren la cobertura de la prensa internacional, no local. Atacar esos sitios significa implicar a más países. Por ejemplo, en el atentado de Costa de Marfil, las víctimas eran ciudadanos de Alemania, Francia, Camerún, Mali y Burkina Faso: un solo ataque, seis países perjudicados (sin contar los heridos). En el ataque de 2013 en Burkina Faso hubo víctimas de 18 nacionalidades diferentes. Y eso sin contar con los numerosos ciudadanos del propio país que se vieron afectados.

Otro factor es que estos grupos parecen ir contra la cobertura de prensa existente. En Burkina Faso hubo una revuelta civil antes del ataque. Desde la caída de Gaddafi, Mali aparece continuamente en las noticias, que no cesan de hablar sobre los lugares patrimonio de la humanidad del país. Y Costa de Marfil ha gozado de muy buena prensa en los últimos tiempos, sobre todo desde las elecciones presidenciales de octubre de 2015. El país ha superado recientemente a Nigeria como destino favorito de las inversiones en la región.

Por tanto, si la tendencia está clara, y los motivos suelen ser coherentes, la siguiente cuestión es, ¿qué hacen los gobiernos para prevenir, combatir o prepararse para estos ataques? Los atacantes siguen una estrategia, y hasta cierto punto están coordinados. ¿Estamos haciendo nosotros lo mismo?

Cuando en noviembre de 2015 se produjeron los atentados en París, todos los países de Europa y los Estados Unidos se declararon en alerta máxima e incrementaron su seguridad, como probablemente se vieron obligados a hacer tras los ataques de Bruselas. Después de los atentados de París, la policía del Reino Unido divulgó también un vídeo con información dirigida a la población civil sobre qué hacer en caso de ataque terrorista.

África Occidental ha sufrido tres atentados terroristas en los últimos meses (sin contar Nigeria). En Ghana, al menos, aparte de los titulares y de los efímeros debates sobre seguridad, no he visto un seguimiento informativo concreto sobre los ataques, mucho menos sobre qué hacer si se produjera uno.

«África Occidental ha sufrido tres atentados terroristas en los últimos meses (sin contar Nigeria). En Ghana, al menos, aparte de los titulares y de los efímeros debates sobre seguridad, no he visto un seguimiento informativo concreto sobre los ataques, mucho menos sobre qué hacer si se produjera uno»

Por ejemplo, ¿cómo se evacuan los edificios —hoteles o lugares de trabajo— en caso de atentado? ¿Se han marcado vías de salida de las capitales y grandes ciudades? ¿Hay algún sistema o estrategia nacional o regional de advertencia para lugares susceptibles de sufrir un ataque, como hoteles y complejos turísticos? ¿Se ha formado a agentes de respuesta primaria, como policías o ambulancias? En serio, ¿dónde está y cuál es nuestro plan?

Llevo haciendo estas preguntas desde el ataque de Al-Shabab al centro comercial Westgate de Nairobi. ¿Dónde está la estrategia regional africana de seguridad y terrorismo? Si existe, ¿cómo hacen las instituciones regionales como ECOWAS y la Unión Africana para asegurar que los ciudadanos y sus países miembros sean conscientes de las medidas que se toman?

¿Dónde está nuestro equivalente a la coordinación transfronteriza que se ha puesto en marcha tras los ataques europeos? La Inteligencia de Estados Unidos cuenta probablemente con la información más exhaustiva sobre seguridad de África Occidental, ¿hay acuerdos para compartir esta información con gobiernos africanos?

Al final, información, vigilancia y preparación serán lo que salve vidas. Ghana tiene frontera con Burkina Faso y Costa de Marfil, por si no lo habían notado… demasiado cerca para que nos sintamos cómodos. Senegal es otro país que debería estar en alerta máxima.

Ghana cuenta con numerosos lugares frecuentados por extranjeros y turistas, y una comunidad internacional diversa. También tiene comunidades marginales en el punto ideal para ser explotadas por grupos terroristas en busca de reclutas. A pesar de nuestra muy publicitada «paz», esos son los hechos. La vida en Ghana no es de color rosa para todo el mundo. Somos tan vulnerables como cualquiera de los países que ya han sufrido atentados.

¿Qué puede hacerse? Ni siquiera tengo que buscar mucho: ¿Cuál es la traducción de la palabra «terrorista» a cualquiera de los lenguajes locales de Ghana, como twi, ewe, dagbani, fanti o ga? ¿Sabe el ghanés medio que «Al-Kayida» no es solo un popular baile ashanti, sino que también evoca y representa algo terrorífico y peligroso? Si alguien gritara «Al-Qaeda», ¿se pondría la gente a bailar o saldría corriendo?

¿Han seguido los ghaneses con atención los ataques perpetrados en la región? ¿Se les ha dado la suficiente información clave, como el hecho de que exclamar «en nombre de Jesús» puede no ser la mejor opción si se encuentran ante terroristas, ya que a menudo los cristianos son su objetivo? ¿Sabría la gente, y especialmente los niños, que debe huir del sonido de disparos, o los confundirían con petardos que sobraron de Navidad?

El peligro no está tan lejos como pensamos. No estamos en absoluto tan preparados como deberíamos. Y como señaló un candidato presidencial del 2012, los atentados tienen poco que ver con la paz interna del país o con las relaciones entre grupos religiosos. Hay cosas que podemos empezar a hacer ya, como sensibilizar a la gente, idear formas de describir ataques terroristas en lenguas locales, advertir a la gente y otras cosas así.

También nos podemos tomar en serio incidentes regionales como los sucedidos en Costa de Marfil, Mali y Burkina Faso, en lugar de limitarnos a lanzar campañas como «reza por el país X». También podemos separar protocolo y conveniencia. ¿Por qué hay últimamente tantas caravanas civiles y militares en Acra? Cuando se produzca una emergencia real, ¿cómo sabremos cuál es la diferencia? El terror se difunde rápidamente cuando hay falta de información y de orden.

Los ataques que suceden en otros lugares no deberían ser solo una ocasión para agradecer a Dios que no nos ha tocado a nosotros. Más bien deberían ser un acicate para pensar «qué haríamos si…».

El siguiente vídeo de YouTube ha sido producido por la autora en memoria de los fallecidos. También es una llamada a la unión de los países de África para combatir el terrorismo:

Jemila Abdulai es fundadora y editora de Circumspecte.com, una plataforma digital dedicada al análisis y perspectivas relacionadas con África y los africanos. Profesional de los medios y del desarrollo internacional, ha trabajado por todo el continente y tiene un máster en Economía Internacional y Asuntos Internacionales de la Universidad Johns Hopkins.

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