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El Cáucaso ruso que no te muestran en las noticias

Vadeando el río Kizgych, Reserva Natural de Teberda. Foto de Anton Lange. Usada con autorización.

Una región tan rica en culturas únicas que hasta la han llamado “un país dentro de un país”, hogar de las comunidades islámicas más conservadoras de Rusia, y una zona donde el gobierno federal practica políticas internas como en ningún otro lugar, el Cáucaso del Norte disfruta de una identidad especial, aunque controvertida, a lo largo de Rusia y el resto del mundo. Luego de ser sede de intensa violencia entre fuerzas armadas federales y movimientos separatistas locales durante más de 15 años (la última operación militar oficial ocurrió en 2009), Chechenia, Ingusetia y otras repúblicas caucásicas rusa están desarrollándose gradualmente en un nuevo Cáucaso del Norte que se proyecta hacia afuera como próspero, integrado y abierto a los visitantes.

La nueva política regional viene marcada por una fuerte presencia federal y abundante financiamiento. El gobernante de Chechenia, Ramzan Kadyrov, aparece con frecuencia en las noticias por sus expresiones ardientes y a veces bizarras de apoyo a Vladimir Putin. Recientemente en San Petersburgo, críticos del padre de Kadyrov no pudieron impedir que se cambiara el nombre de un puente para que llevara su nombre, Akhmad Kadyrov.

Con estos escándalos políticos dominando usualmente los titulares de las noticias, RuNet Echo vuelca su atención a la historia cultural de una región que gira en torno a un nuevo proyecto de arte.

Debido a la sangrienta historia y al complicado presente de la región, a veces es difícil recordar que el Cáucaso del Norte no es una tierra de muerte y destrucción. La zona es también un tesoro escondido de culturas únicas y riquezas naturales indómitas. No obstante, la travesía requiere comprensión y preparación y es ahí donde entra un nuevo proyecto de arte.

“La cordillera. El Cáucaso de mar a mar”, de Anton Lange (uno de los más destacados fotógrafos de Rusia), fue lanzado a mediados de este año como proyecto en la web, precedido por un gran álbum de fotos y una serie de exhibiciones. Con su último trabajo, Lange, que es mejor conocido por “Rusia a través de la ventana de un tren”, ha hecho un nuevo audaz esfuerzo para hacer justicia al imponente legado natural y cultural de la región. La sociedad con Northern Caucasus Resorts JSC permitió que el equipo del proyecto explorara a todo lo largo de la cordillera del Gran Cáucaso y sus laderas septentrionales, en búsqueda de ángulos originales e hitos no descubiertos.

Ksenia Khudadyan conversó con Anton Lange sobre su travesía caucásica, y dice que todos deberían encontrar la manera de tener la experiencia.

Photo by Anton Lange. Used with permission.

Foto de Tengiz Mokaev. Usada con autorización.

Ksenia Khudadyan (KK): La cobertura general de los medios forma una imagen más bien ambigua del Cáucaso como región, desde la perspectiva social, primero que nada, y contribuye con el desarrollo de algunos estereotipos. Evidentemente, no todo puede ser cierto. Probablemente el estereotipo más obvio es que todo aquel que visita la zona corre un peligro extraordinario. ¿Qué tan cierto fue esto para el equipo del proyecto?

Anton Lange (AL): It's true that the region's image is contradictory—and the Caucasus itself is indeed a land of contradictions. It goes without saying that the media automatically exaggerates the level of danger, and it offers scarce, if any, coverage of good news from the Caucasus. But journalists pick up immediately on any problems, of course, broadcasting the news on every channel.

Once a story is online, it's there to stay. So when you look up “the Caucasus” on the Internet, you're showered with a pile—a heap—of news about explosions, shootouts, special operations, and so on. As a result, the picture of the region is quite distorted, and outsiders come away with the impression that the Caucasus is an incredibly dangerous place, but this isn't so.

It would also be untrue to say that the Caucasus isn't dangerous at all. Obviously, the Western Caucasus, which is closer to Sochi and full of resorts (mainly ski resorts like Arkhyz), isn't fraught with any dangers or threats. At the same time, there are places (like certain areas in Dagestan) that are inundated with security forces, where you need special permission just to enter. You can find it all.

Anton Lange (AL): Es cierto que la imagen de la región es contradictoria —y el propio Cáucaso es ciertamente una tierra de contradicciones. Huelga decir que los medios automáticamente exageran el nivel de peligro, pues ofrecen cobertura escasa, si es que la ofrecen, de buenas noticias del Cáucaso. Pero los periodistas se enteran inmediatamente de cualquier problema, por supuesto, y transmiten la noticia en todos los canales.

Una vez que una noticia está en línea, llegó para quedarse, Así que cuando buscas “Cáucaso” en internet, te abruman con una pila —una montaña— de noticias sobre explosiones, tiroteos, operaciones especiales, entre otros. Como resultado, la imagen de la región está bastante distorsionada, y los forasteros se van con la impresión de que el Cáucaso es un lugar increíblemente peligroso, pero no es así.

Tambien sería falso decir que el Cáucaso no es para nada peligroso. Obviamente, el oeste del Cáucaso, que está más cerca de Sochi y lleno de lugares de vacaciones (sobre todo lugares de esquí, como Arkhyz), no está lleno de peligros o amenazas. Al mismo tiempo, hay lugares (como algunas zonas en Daguestán) que están inundadas con fuerzas de seguridad, donde necesitas permiso especial solamente para entrar. Hay de todo.

Photo by Anton Lange. Used with permission.

Las Torres de Dos Rivales en una parte de la cordillera Skalisty. Foto de Anton Lange. Usada con autorización.

KK: Hasta hace muy poco, la historia del Cáucaso ruso ha sido una historia de enfrentamiento entre el imperio y los pueblos nativos, por así decirlo. ¿Puede decirnos sobre momentos interesantes en su trabajo en el proyecto cuando intencionalmente haya bajado el tono a algo, dejado algo fuera de pantalla? ¿Alguna vez sintió que debía “editar la realidad”?

AL: I wouldn't say we had to edit the reality. There were stories, however—certain things that we could have emphasized more. I'm talking about both more recent episodes, like the Chechen Wars, and things from the more distant past, like the deportation of entire peoples in Stalin's time, and the tragic events in Kabardino-Balkaria, for instance.

Personally, though, this wasn't something I engaged in; I'm not too involved in politics or history. My interests lie in the region's nature, ethnography, landscapes, and portraits—the artistic, traditional, and classical genres, instruments, and methods of exploring the outside world.

That said, we did include—in both the album and in the exhibition—villages destroyed in 1942 by agents in the NKVD [the KGB predecessor]. It's hard to pass any unambiguous judgment on the situation there.

The first thing to consider is that the Caucasus—the North Caucasus—is unbelievably hospitable. The roots of this hospitality lie in the ancient highland law, the so-called adat. When certain peoples were converted to Islam, they adopted a whimsical combination of adat and Sharia law. Later on, this cultural combination was entangled with Soviet customs and Soviet law. But adat remained the basis of highland ethics and highland law. In fact, [the hospitality required by] adat is the highland law, and highland hospitality is not merely an act of individual goodwill.

Khychin pies. Photo by Anton Lange. Used with permission.

Khychin pies. Photo by Anton Lange. Used with permission.

Thus, speaking of Dagestan, it's worth noting that there isn't a single hotel in highland Dagestan, and it is the largest republic in the North Caucasus. There are a few in the lowland part of the republic, near the Caspian Sea, but there is none in the mountains. If you are traveling in the mountains, you will definitely be staying at people's homes as a guest. Caucasian hospitality doesn't mean that someone is more hospitable than others, or that someone is willing to welcome a guest while the other is not. This kind of hospitality is a universal obligation to welcome every guest. It is not a matter of discussion; it goes without saying.

As soon as you arrive in an ancient highland village, such as Kubachi or Khunzakh, or any Dagestani settlement, everyone welcomes you with great enthusiasm as a representative of “the big Russia.” Everyone tells you, “A lot of Russians used to come to us, but no one comes now, because they are afraid, and it makes us so frustrated and sad….” And they invite you into their homes, offer a cup of tea or some local treats, and suggest that you stay at their place. No one charges you any money, as it is prohibited by the same highland rule. Anyone who dares take your money invites great shame in the eyes of their fellow villagers.

Paradoxically, there is no concept of tourism in this land; there are only guests. I don't mean touristic destinations such as Arkhyz or the vicinity of Mount Elbrus—I'm talking about places where ancient ways are maintained, such as highland Dagestan, highland Ingushetia, highland Chechnya, or highland Kabardino-Balkaria. It's very difficult to give a definite answer to the question about conflicts…

Chechnya has gone through two terrible wars, preceded by mass deportations during WWII, in 1944. The Chechen people have survived one tragedy after another. The Chechens could be holding a huge grudge against us [Russians], but I have experienced an amazing destruction of stereotypes. It hasn't been even a decade since the debates about Grozny's restoration (the city was in such ruins that city planners even discussed rebuilding the capital in a different spot), and today you can come to Grozny as a welcome, seemingly long-awaited guest.

The Bezengi Glacier. Photo by Anton Lange. Used with permission.

Bezengi Glacier. Photo by Anton Lange. Used with permission.

When you come to the Chechen highlands, you are received in the same way. And the people are sincerely happy to see you, because, again, you are an ambassador of the great country, the big Russia. I am convinced that every single resident of the North Caucasus is bound to feel isolated from the rest of the world, even if it's on a subconscious level. Because of the bias and a variety of other reasons, people from the North Caucasus face a lot of barriers. This is why the Internet is so widespread there and the use of social networks and Instagram is so ubiquitous: they serve as a window to the great outer world. This is why they are so keen on surfing the Net and Instagramming: they are all visionaries. They have to see everything and show it to the world, passing it around to everyone. I'd say it looks even more obsessive than anywhere else around the world.

During my first visits to Chechnya, I kept trying to understand how that terrible war that claimed so many civilians’ lives ended such a short time ago. Historically, it ended only yesterday. I kept trying to understand how we, the Russians, are perceived, almost forcing myself to feel resentment of the locals, or something hidden under a mask. But I couldn't feel any of it. Maybe there was something, but I never felt it.

I asked the people how it is that so much blood was spilled so recently, but that it doesn't feel this way in the region. And most of them answered something like, “You know, the blame was partly ours, too, and our share was pretty big. We just accepted that the hostilities couldn't go on forever, and both consciously and subconsciously we accepted a certain mutual settlement and agreed to a clean slate.”

It seems to me that people in the Caucasus know the price of resentment, betrayal, and blood better than people anywhere else. They know that the price of resentment is immeasurably great, and you need to have enough strength, courage, and wisdom to get over an offense—to step over it—as the price you would have to pay otherwise is a thousand times more. Unsurprisingly, the nations that once had a tradition of blood feud know it a lot better than others. This might even facilitate processes like mutual understanding, mutual forgiveness, or mutual settlement—I can't think of an exact term. Generally, it's a very interesting experience, both psychological and personal, as well as humanistic. One thing for sure: you can't hope to gain a deep insight all at once—it's too complicated a story. It takes a lot of visits.

AL: No diría que tuvimos que editar la realidad. Sin embargo, hubo historias —algunas cosas que pudimos haber enfatizado más. Hablo de episodios más recientes, como las guerras chechenas, y cosas de un pasado más distante, como la deportación de pueblos enteros en tiempos de Stalin, y los trágicos acontecimientos en Kabardino-Balkaria, por ejemplo.

Aunque personalmente, no fue algo en lo que me involucré; no estoy demasiado metido en política ni historia. Mis intereses están en la naturaleza de la región, la etnografía, paisajes y retratos —el género artístico, tradicional y clásico, instrumentos y métodos de explorar el mundo exterior.

Dicho esto, incluimos —en el álbum y la exhibición— aldeas destruidas en 1942 por agentes de la NKVD [predecesora de la KGB]. Es difícil pasar opiniones inequívocas sobre la situación allá.

Lo primero a tener en cuenta es que el Cáucaso —el Cáucaso del Norte— es increíblemente hospitalario. Las raíces de estas hospitalidad yacen en la antigua ley de la tierras altas, la llamada adat. Cuando algunos pueblos se convertieron al Islam, adoptaron una caprichosa combinación de adat y ley Sharia. Después, esta combinación cultural se mezcló con costumbres soviéticas y la ley soviética. Pero adat permaneció como la ética de las tierras altas y ley de las tierras altas. Es más, [la hospitalidad que requiere] adat es la ley de las tierras altas, y la hospitalidad de las tierras altas no es meramente un acto de buena voluntad individual.

Khychin pies. Photo by Anton Lange. Used with permission.

Pasteles de Khychin. Foto de Anton Lange. Usada con autorización.

Entonces, hablando de Daguestán, vale la pena mencionar que no hay un solo hotel en las tierras altas de Daguestán, y es la república más grande en el Cáucaso del Norte. Hay pocos en las tierras bajas de la república, cerca del mar Caspio, pero no hay ninguno en las montañas. Si viajas a las montañas, definitivamente te alojarás en la casa de las personas, como su visita. La hospitalidad caucásica no significa que alguien sea más hospitalario que otros, o que uno quiera acoger a una visita y el otro no. Esta hospitalidad es una obligación universal de acoger a toda visita. No es asunto de discusión; no hay que decirlo.

En cuanto llegas a una antigua aldea de las tierras altas, como Kubachi o Khunzakh, o cualquier asentamiento daguestano, todos te dan la bienvenida con gran entusiasmo como representantes de la “gran Rusia”. Todos te dicen: “Muchos rusos venían a nosotros, pero ahora nadie viene porque tienen miedo y eso nos frustra mucho y nos entristece…”. Y te invitan a sus casas, te ofrecen una taza de té y dulces locales, y te sugieren que te quedes en su casa. Nadie te cobra nada, pues lo prohíbe la misma regla de las tierras altas. Cualquiera que se atreva a tomar tu dinero hace caer gran vergüenza a los ojos de los demás aldeanos.

Paradójicamente, no hay concepto de turismo en esta tierra, solamente hay visitas. No me refiero a destinos turísticos como Arkhyz o las cercanías del monte Elbrus —me refiero a lugares donde se conservan los caminos antiguos, como las tierras altas de Daguestán, las tierras altas de Ingusetia, las tierras altas de Chechenia o las tierras altas de Kabardino-Balkaria. Es muy difícil dar una respuesta definitiva a la pregunta sobre conflictos…

Chechenia ha pasado por dos guerras terribles, precedidas de deportaciones masivas durante la Segunda Guerra Mundial, en 1944. El pueblo checheno ha sobrevivido a una tragedia tras otra. Los chechenos podrían tener un gran rencor hacia nosotros [rusos], pero he visto una asombrosa destrucción de estereotipos. No ha pasado ni una década desde los debates sobre la restauración de Grozny (la ciudad estaba tan en ruinas que los urbanistas hasta analizaron si reconstruían la capital en un lugar diferente), y hoy puedes llegar a Grozny como un invitado bienvenido, aparentemente muy esperado.

Glaciar Bezengi. Foto de Anton Lange. Usada con autorización.

Cuando llegas a las tierras altas chechenas, te reciben de la misma manera. Y las personas se alegran sinceramente de verte porque, de nuevo, eres embajador del gran país, la gran Rusia. Estoy convencido de que todo habitante del Cáucaso del Norte se siente aislado del resto del mundo, aunque sea a nivel subconsciente. Debido a la predisposición y a una serie de otras razones, las personas del Cáucaso del Norte enfrentan muchas barreras. Por esto es que internet está tan difundido ahí y el uso de redes sociales e Instagram está en todos lados: sirven como una ventana al gran mundo exterior. Es por eso que son tan entusiastas al navegar en la red y al usar Instagram: todos son previsores. Deben verlo todo y mostrarlo al mundo, pasarlo a todos. Diría que parece más obsesivo que en otros lugares alrededor del mundo.

Durante mis primeras visitas a Chechenia, seguía tratando de entender cómo esa terrible guerra que cobró la vida de tantos civiles terminó hace tan poco tiempo. Históricamente, terminó ayer. Sigo tratando de entender cómo es que somos percibidos los rusos, casi obligándome a sentir resentimiento hacia la gente del lugar, o algo escondido debajo de una máscara. Pero no pude sentir nada de eso. Tal vez había algo, pero nunca lo sentí.

Le pregunté a las personas cómo es que tanta sangre se derramó tan recientemente, pero no se siente así en la región. Y la mayoría me respondió algo así como: “Bueno, la culpa fue parte nuestra, también, y nuestra parte fue bastante grande. Solamente aceptamos que las hostilidades no podían durar para siempre, y consciente y subconscientemente aceptamos un acuerdo mutuo y estuvimos de acuerdo en empezar de cero”.

Me parece que la gente del Cáucaso conoce el precio del resentimiento, de la traición y la sangre más que las personas de otros lugares. Saben que el precio del resentimiento es incomensurablemente grande, y que se necesita tener suficiente fuerza, coraje y sabiduría para perdonar una ofensa —pasar por encima— pues el precio que se hubiera pagado de otra manera es mil veces mayor. No es de sorprender que los países que alguna vez tuvieron una tradición de contienda de sangre lo sepan más que otros. Esto hasta podría facilitar procesos como entendimiento mutuo, perdón mutuo o acuerdo mutuo— no puedo pensar en un término exacto. Por lo general, es una experiencia muy interesante, sicológica y personal, y también humanista. Una cosa es segura; no se puede esperar tener gran entendimiento de una sola vez— es una historia demasiado complicada. Se necesitan muchas visitas.

Photo by Anton Lange. Used with permission.

Foto de Magomed Shapiev. Usada con autorización.

KK: ¿Cómo es el Cáucaso para un fotógrafo? ¿Qué lo hace especial? ¿Lo llamarías un destino exótico?

AL: The mountains present a huge difficulty for a photographer in general because their beauty is commonplace. It's incredibly difficult to take an interesting mountain photograph. The closer you are to perfection in terms of technical skills, the weather and the chosen routes, the more and more often you face a glossy postcard view. In such situations, my cameraman would pack his lens, saying, “Let's wait for the weather to get worse.” More than any other landscape on the Earth, the mountains offer a range of banalities: rocky cliffs, glaciers, snowy peaks…. Bang your head against them if you like, but it's impossible to figure out what to do with them.

And this is why the mountains challenge not only mountaineers, but photographers, as well: try and find an exciting, original angle, make your pictures different from millions of other mountain photographs taken all over the world. Make your Caucasus stand out, or at least make it differ from the American Rocky Mountains or any other highlands. This task is in fact very demanding, and probably crucial.

AL: Las montañas presentan una enorme dificultad para un fotógrafo en general porque su belleza es común y corriente. Es increíblemente difícil tomar una foto interesante a una montaña. Cuanto más cerca estás a la perfección en términos de habilidades técnicas, el clima y las rutas elegidas, más y más a menudo enfrentas una imagen de postal lustrosa. En esas situaciones, mi camarógrafo empaca su lente y dice: “Esperemos a que el clima se ponga peor”. Más que en cualquier otro paísaje en la Tierra, las montañas ofrecen una serie de banalidades: acantilados rocosos, glaciales, cumbres nevadas… Golpéate la cabeza contra eso si quieres, pero es imposible averiguar qué hacer con eso.

Y es por eso que las montañas desafían no solamente a los montañistas, sino también a los fotógrafos: trata de encontrar un ángulo emocionante, original, haz que tus fotos sean diferentes de las millones de fotos de otras montañas tomadas en todo el mundo. Haz que tu Cáucaso destaque, o al menos que sea diferente de las Montañas Rocosas o cualquier otra tierra alta. Esta tarea es en verdad muy exigente, y probablemente decisiva.

Photo by Anton Lange. Used with permission.

Aldea de Gunib. Foto de Anton Lange. Usada con autorización.

KK: Anton, ¿qué es el “Proyecto Cordillera” hoy? ¿Qué está pasando con el álbum y otras creaciones? ¿Qué está disponible hoy y qué trabajo está en marcha?

AL: Presently, The Range Project is still in the production stage. Jointly with our partners, the Northern Caucasus Resorts JSC, we spent a year and a half—almost two years—filming and photographing over the course of fifteen or so expeditions, which actually covered the entire territory of the North Caucasus. Of course, it wasn't a linear journey, and it never is, in such large and logistically complex projects.

These expeditions formed a kind of a mosaic that would fill out along the way, forming an artistic, entirely original picture. A spectator can get an impression that the journey is linear because of how it's presented, but in fact it's not true. Tracing expedition routes is one of the most exciting parts of any major project. Now that the shooting period is over, we have entered the stage of post-production, more or less.

The first result is a large photo album. Regrettably, there are a very limited number of prints, and we're really hoping to make it available for the general public by issuing a larger number of copies over the next year.

The second part of the project, which I find very important, is the film I made as an independent producer, co-director, and partly anchor, like it was with all of my other original films about Russia. Currently, it exists as footage ready for post-production and editing. Ideally, I see it as a two- or three-episode film, semi-fiction and semi-documentary—an unprecedented creation about the North Caucasus.

Aktoprak Mountain Pass. Photo by Anton Lange. Used with permission.

Aktoprak Mountain Pass. Photo by Anton Lange. Used with permission.

The third part is the exhibition, as the project is worthy of a most extensive display. What I see is a major exhibition of 300–350 large-size works that can be exposed in a hall the size of Moscow's New Manege or the Engineering Building of Tretyakov Gallery. And, last but not least, exhibitions must be held in the region itself, in the North Caucasus. One of my principal goals is making such projects accessible to the public, both in Russia and abroad. Photographers have a limited number of traditional, conservative ways of presenting their works to the public: a book, an exhibition, print media coverage, and sometimes, although not often, films. All of them are complex and costly, and this during a recession [in Russia].

I'm generally averse to the Internet, but I've begun to realize that the Web offers exceptional opportunities. We are now launching a [long-read] dedicated to the project and pages on social networks, in order to present our work to the largest audience possible and receive feedback. In our case, we also have a very special audience: the peoples of the North Caucasus, a region with an ardent commitment to national self-identification and local customs, and an interest in attracting the outer world's attention. Without doubt, it imposes certain extra obligations on anyone who works in the Caucasus.

AL: En este momento, el Proyecto Cordillera sigue en etapa de producción. Junto con nuestros socios, Northern Caucasus Resorts JSC, pasamos un año y medio —casi dos años— filmando y fotografiando durante quince expediciones o más, lo que en realidad cubrió todo el territorio del Cáucaso del Norte. Por supuesto, no fue una travesía lineal, nunca lo es, en proyectos tan grandes y logísticamente complejos.

Estas expediciones formaron un mosaico que se llenaría en el camino, formando una figura artística, enteramente original. Un espectador puede tener la impresión de que la travesía es lineal por la manera en que se presenta, pero en realidad eso no es así. Trazar rutas de expediciones es una de las partes más emocionantes de cualquier gran proyecto. Ahora que terminó el periodo de filmación, hemos entrado a la etapa de posproducción, más o menos.

El primer resultado es un gran álbum de fotos. Lamentablemente, hay una cantidad muy limitada de copias, y realmente esperamos ponerlo a disposición del público en general imprimiendo una cantidad mayor de copias el año que viene.

La segunda pare del proyecto, que me parece muy importante, es la película que he hecho como productor independiente, codirector y en parte presentador, como ha sido con todas mis otras películas originales sobre Rusia. Actualmente, existe como material listo para posproducción y edición. Idealmente, lo veo como una película de dos o tres episodios, semificción y semidocumental— una creación sin precedentes sobre el Cáucaso del Norte.

Aktoprak Mountain Pass. Photo by Anton Lange. Used with permission.

Paso en las montañas Aktoprak. Foto de Anton Lange. Usada con autorización.

La tercera parte es la exhibición, pues el proyecto es digno de mostrarse ampliamente. Lo que veo es una gran exhibición de 300 y 350 trabajos de gran formato que se pueden exponer en un salón del tamaño de la nueva Escuela de Equitación de Moscú o el Edificio de Ingeniería de la Galería Tretyakov. Y por último, pero no menos importante, las exhibiciones se deben realizar en la propia región, en el Cáucaso del Norte. Uno de mis principales objetivos es hacer que esos proyectos sean accesibles al público, en Rusia y en el extranjero. Los fotógrafos tienen una cantidad limitada de formas tradicionales, conservadoras de presentar su trabajo el público: un libro, una exhibición, cobertura en medios impresos y, a veces aunque con poca frecuencia, películas. Todas son complejas y costosas, y peor durante una recesión [en Rusia].

Por lo general, soy reacio a internet, pero he empezado a darme cuenta de que la web ofrece oportunidades excepcionales. Ahora estamos lanzando una [lectura larga] dedicada el proyecto y páginas en redes sociales, con el fin de presentar nuestro trabajo a la mayor audiencia posible y recibir comentarios. En nuestro caso, también tenemos una audiencia muy especial: los pueblos del Cáucaso del Norte, una región con una fuerte compromiso con la autoidentificación nacional y costumbres locales, y un interés en atraer la atención del mundo exterior. Sin duda. impone obligaciones adicionales a cualquiera que trabaje en el Cáucaso.

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