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Caminando sobre la muerte por la frontera iraquí

Refugiado de Deir ez-Zor dirige su mirada al campo de al-Hawl, 40 Km al este de al-Hasakah. 24 de octubre de 2016. Fuente: Kamal Sheikho/SyriaUntold.

Esta historia fue originalmente escrita por Kamal Sheikho para Syria Untold. Ha sido traducida por Naziha Baassiri. Vuelve a publicarse aquí como parte de un acuerdo de colaboración.

Desafiando a la muerte, saltan en silencio pero frenéticamente mientras dejan su pasado atrás. No les preocupa nada excepto aquellos momentos que determinarán el resto de su existencia. En estos momentos se encuentran en la búsqueda de una nueva vida.

Abdus-Sattar (se usará un seudónimo por razones de seguridad), de 50 años, era granjero de la ciudad de Bukamal, ubicada en el extremo más alejado de la zona este de la provincia de Deir ez-Zor, Siria. La zona ha estado bajo el control del grupo de «Estado islámico» (ISIS) desde julio de 2014. Abdus-Sattar contó a SyriaUntold cómo él, con su mujer y tres hijos, huyeron de Al-Bukamal y recorrieron 200 Km durante 16 días por el desierto, evitando los campos de minas, para llegar al campamento de Al-Hawl en Al-Hasakah.

En un intento de evitar que los civiles abandonen la zona, ISIS ha recurrido a establecer puntos de control y patrullas a lo largo de los caminos de la periferia y también ha plantado minas alrededor de las ciudades y pueblos fronterizos.

Abdus-Sattar dijo que él y su familia tuvieron que caminar en algunas partes de su travesía tras tomar el coche de un contrabandista. El 25 de noviembre de 2016, llegaron a Rajm as-Salibi en la frontera entre Siria e Irak, bajo el control de las Unidades de Protección Popular kurdas (YPG). Dos semanas después, Abdus-Sattar y su familia fueron trasladados al campamento al-Hawl.

Una refugiada de Raqqa tras recibir ayuda alimentaria en Rajm as-Salibi en la frontera entre Siria e Irak. 25 de octubre de 2016. 25-10-2016. Fuente: Kamal Sheikho/SyriaUntold.

Sorpresas desagradables

A Abdus-Sattar y a otros como él no les importaban las minas terrestres que deberían esquivar durante su travesía hacia la libertad. Desesperados por llegar al otro lado bajo el control kurdo, caminaron a través de accidentados caminos por los que no habían pasado antes, plenamente conscientes de que sorpresas desagradables, como una mina terrestre o una bomba, podrían estar esperándoles en la oscuridad.

En su relato a SyriaUntold, Abdus-Sattar dijo que había acordado pagar USD1000 al contrabandista siempre que evitaran caminos con minas terrestres.

Sin embargo, después de llegar a la frontera iraquí el 10 de noviembre, «el contrabandista nos dijo que continuáramos nuestro camino a pie y que tuviéramos cuidado de seguir las pisadas que difícilmente se veían en la oscuridad. Entonces me di cuenta de que estábamos caminando sobre la muerte, porque nos encontrábamos en medio de un campo de minas».

Añadió que la travesía constaba de varias etapas. «Nos quedamos en el pueblo fronterizo durante al menos 12 días, antes de caminar durante toda la noche para alcanzar las afueras de la ciudad de al-Hasakah».

«Nos quedamos en un lugar vacío en medio del desierto durante un día antes de caminar 12 horas de 6 de la tarde a 6 de la mañana del día siguiente para llegar al punto fronterizo de Rajm as-Salibi», narró el granjero.

El sufrimiento de Abdus-Sattar y de otros como él no termina a su llegada a Rajm as-Salibi. Entre el 25 de noviembre y el 10 de diciembre, él y su familia se quedaron estancados en la frontera iraquí, esperando a que se les permitiera el paso al campamento de al-Hawl. Esto es parte de un proceso de evaluación de seguridad del YPG a todos aquellos que huyen de zonas controladas por ISIS para evitar que los miembros de esta organización se infiltren en el campamento.

Hoy, Abdus-Sattar y su familia viven en una pequeña tienda de campaña que no excede los cuatro metros, dividida en dos secciones: una cocina y un área para dormir. Ahora, esta familia espera la aprobación del YPG para viajar a Damasco.

Abdus-Sattar enciende un cigarrillo y comparte sus preocupaciones con SyriaUntold: «Durante dos años y medio, he vivido a merced de sus normas [de ISIS]. He sido testigo tres veces de cómo mataban a gente y ejecutaban sus decisiones».

Un refugiado lleva dos botellas de agua a su tienda en el campamento de al-Hawl en al-Hasakah. 24 de octubre de 2016. Fuente: Kamal Sheikho/SyriaUntold.

Ella lo convenció de continuar

Mahmud, de 40 años, originario de al-Bukamal, dijo a SyriaUntold a través de WhatsApp que la parte más difícil de su travesía fue después de haber llegado a la frontera entre Siria e Irak porque era plenamente consciente de que estaba cubierto de minas antipersona.

Mahmud era un fotógrafo de bodas que vivía en la zona controlada por ISIS hasta que un confidente de ISIS lo delató y lo acusó de enviar fotos y vídeos a los medios de comunicación occidentales.

Vive desde hace dos meses en el campamento al-Hawl, y aún recuerda aquellos duros momentos. «Saquearon mi tienda el 2 de diciembre de 2016 y me llevaron a prisión para interrogarme pero no pudieron probar nada tras examinar mis cosas y mi teléfono».

Además, dice que ISIS le confiscó todo lo que tenía en su tienda, «y un juez decretó una pena de 70 latigazos en una plaza pública por practicar una profesión prohibida. También tuve que asistir a un curso de Sharia durante dos semanas».

Después de que ocurriera todo esto, Mahmud decidió abandonar al-Bukamal con su esposa y dos niños pequeños. Acordó pagar 400 000 libras sirias (nos USD 800). Fue difícil ahorrar esa cantidad teniendo en cuenta que su salario ascendía a unos míseras 75 000 libras sirias mensuales, pero necesitaba una travesía corta y rápida para poder escapar. Sin embargo, se convirtió en una experiencia peligrosa.

El 23 de diciembre, el contrabandista informó a Mahmud que se irían esa misma noche. Se dirigieron en coche hacia la ciudad al-Suwar, al noreste de Dayr az-Zawr, antes de continuar hacia la ciudad de Markadah situada hacia la zona rural del sur en al-Hasakah. Sin embargo, todos sus intentos de escabullirse de las áreas kurdas fallaron.

Entonces, se dirigieron hacia la frontera iraquí, pero tan pronto como llegaron, Mahmud le suplicó a su mujer «volver y no arriesgar nuestras vidas. Pero ella me convenció de continuar en vez de volver a una muerte certera en Dayr az-Zawr y una posible muerte en el camino de vuelta. Quizá esta era la única opción que teníamos de sobrevivir. Es la razón por la que volvimos a intentarlo».

Este segundo intento también fue fallido debido a las fuertes lluvias y viento mientras trataban de atravesar los campos de minas. No tuvieron más remedio que volver y quedarse con los beduinos. «Todo el mérito pertenece a la mujer que [nos dio cobijo en su tienda]. Nos dibujó un mapa alejado de los campos de minas de ISIS por toda la frontera. Después, llegamos a Rajm as-Salibi. La travesía duró cinco días», cuenta Mahmud.

Una refugiada y sus hijos se abastecen de agua potable de una cisterna en el campamento al-Hawl en la provincia de al-Hasakah. 24 de octubre de 2016. Fuente: Kamal Sheikho/SyriaUntold.

Huyendo para escapar de la parálisis

Suad, 33 años, natural de Razza, decidió «huir del infierno» con su marido, tal y como dice. «Los ciudadanos de Raqqa viven en una ciudad fantasma», cuenta a SyriaUntold a través de WhatsApp.

Habló sobre su tragedia y su situación familiar: «Mi única hija tiene ocho años. Tiene osteoporosis y debemos llevarla a un hospital especializado en Damasco cada tres meses o se paralizará y morirá».

Suad dice que los oficiales de ISIS le dieron permiso para abandonar Raqqa para ir a Damasco a cambio de hipotecar su casa [como garantía de que volvería]. Dice, además, que evitan que los ciudadanos se vayan de su zona amenazándoles con confiscarles los papeles o también multándoles y castigándoles según su interpretación de la Sharia. Aquellos que tienen permiso para viajar necesitan ofrecer garantías de alguna manera, ya sea con dinero, hipoteca sobre su propiedad o dejando a un miembro de su familia que asegure su vuelta.

Después de los enfrentamientos se incrementaran  en la zona rural del norte de Raqqa y de que ISIS tomara de nuevo Palmira el 10 de diciembre, el grupo extremista prohibió a todos los civiles que abandonaran el área. Ordenaron que se cerraran todas las vías terrestres. «Es entonces cuando decidimos vender nuestra casa por un millón de libras sirias (cerca de USD 2000). Pagamos la mitad al contrabandista y la otra mitad sería para nosotros para llegar a Damasco [en avión desde el aeropuerto de Qamishli]. Entonces, veremos lo que ocurre», explicaba Suad.

Debido a los fuertes enfrentamientos en la zona rural norte, el contrabandista tuvo que tomar las carreteras de la frontera iraquí. Pero a su llegada, Suad entró en pánico. «Estaba caminando y tuve la sensación de que había pisado una mina y que explotaría y moriría en mi país de origen. Pero entonces miré a mi hija y a mi marido, que ansiaban la salvación, y adquirí la fuerza para seguir caminando».

El 25 de diciembre, Suad y su familia llegaron a Rajm as-Salibi después de una travesía que duró ocho días. Debido a las condiciones de su hija, fueron llevados inmediatamente al campamento de al-Hawl. Hoy, los trres viven en una pequeña tienda que no les protege del frío invierno, mientras esperan pacientemente a que se les permita viajar a Damasco.

Suad concluye: «Queda menos de un mes para la cita médica de mi hija. Hemos recorrido un largo camino y hemos arriesgado nuestras vidas pero no hay nada más difícil que la espera».

Ella y otros que abandonaron Raqqa y Dayr az-Zawr, que suman ya 5000 personas según la administración del campamento de al-Haqwl, esperan ahora para viajar a Damasco u otra ubicación para dejar atrás su trágico pasado.

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