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A la sombra de China: ¿renunciarán las universidades taiwanesas a su libertad académica?

La profesora universitaria Fan Yun muestra un cartel con la leyenda «Soy Fan Yun, de la Universidad Nacional de Taiwán. La libertad académica no está en venta». Foto de Fan Yun en News Bloom.

El artículo original fue escrito por Brian Hioe y se publicó en New Bloom el 7 de marzo. La siguiente versión editada se publica en Global Voices dentro de un acuerdo para compartir contenidos.

La revelación de que al menos 80 de las 157 universidades de Taiwán han firmado acuerdos con China por los que se comprometen a no tratar en sus clases sobre la unificación o la independencia, o el asunto de «una China, un Taiwán», sacudió a la sociedad taiwanesa a comienzos de marzo.

Entre las universidades firmantes se encuentran las más importantes instituciones educativas del país, como la Universidad Nacional Tsing Hua y la Universidad Nacional Chengchi, y otros centros públicos y privados.

No obstante, las escuelas argumentan que la firma de estos acuerdos no implica que acepten el principio de «una sola China», en el que se afirma que Taiwan es una parte inalienable de China.

La unificación o la independencia representa una contienda política en las escuelas secundarias, ya que el programa de educación elemental y los libros de texto deben ser aprobados por el Ministerio de Educación. Cuando estuvo en el gobierno, el partido Kuomingtang intentó forzar una revisión de la historia que convirtiera a Taiwan y China en una sola entidad política desde la dinastía Ming en las escuelas secundarias, lo que provocó la ocupación del ministerio de Educación por manifestantes en agosto de 2015.

No obstante, se suele dar por hecho que las universidades taiwanesas gozan de libertad de expresión porque los maestros y profesores son libres de elegir su programa. Por esta causa, los acuerdos de las universidades con China tomaron a muchos por sorpresa.

Profesores universitarios taiwaneses como Fan Yun, del Partido Socialdemócrata, y Lai Ting-ming, antiguo rector de la Universidad Shih Hsin, han organizado una petición para condenar los acuerdos de las universidades.

Asociaciones universitarias como la Asociación de Estudiantes de la Universidad Nacional de Taiwán y la Asociación de Licenciados de la Universidad Nacional de Taiwán han emitido una declaración conjunta para condenar el pacto secreto.

Además, se puso en marcha una campaña en Internet en la que se pide a los estudiantes y profesores universitarios que se tomen fotos donde muestran carteles con su nombre, filiación y la frase «La libertad académica no está en venta».

Aun así, teniendo en cuenta la actual situación de la educación universitaria de Taiwán, el acuerdo no sorprende en absoluto.

Los administradores de las universidades tienden a mantener buenas relaciones con China con el fin de impulsar los intercambios con estudiantes chinos, que representan un número nada despreciable en los campus de ciertas universidades.

Con el escenario de la disminución de la tasa de natalidad de Taiwán, los administradores universitarios tienen que asegurarse de tener suficientes inscripciones para mantener las facultades en marcha. Como sugiere el acuerdo, la libertad académica parece ser el precio para que las universidades sigan activas gracias a los estudiantes chinos.

Para las universidades taiwanesas que aspiran a conseguir grandes beneficios, más estudiantes chinos representan más ingresos, ya que en algunos centros, los estudiantes procedentes de China continental deben pagar por sus matrículas casi el doble que los taiwaneses.

La lógica tras el acuerdo que sacrifica la libertad académica es por tanto similar a la venta de los medios de comunicación taiwaneses a grupos chinos. La libertad de prensa y la libertad académica llevan una etiqueta con su precio.

Al mismo tiempo, el hecho de que los estudiantes chinos, junto con otros estudiantes internacionales matriculados en Taiwán, hayan sido participantes activos del Movimiento Girasol y otras protestas sociales a favor de la independencia, ha hecho que China se muestre recelosa por la excesiva exposición de sus generaciones más jóvenes a nuevas ideas y al activismo político.

Pekín tiene razones para preocuparse. Recientemente, algunos estudiantes chinos en universidades taiwanesas han participado en el movimiento LGBT de dicho país, y algunos han hecho comentarios críticos sobre las políticas estatales chinas. Los acuerdos universitarios pueden considerarse una medida para mantener a los estudiantes chinos lejos del sentimiento independentista.

En reacción a la preocupación pública sobre los acuerdos secretos de las universidades con Pekín, el Ministerio de Educación aclaró que se aseguraría de que los estudiantes chinos de intercambio pudieran seguir estudiando en Taiwán, y que la libertad académica quedaría protegida.

No obstante, muchos taiwaneses tienen la inquietante sensación de haber sido vendidos.

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