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Protestas en Georgia enfrentan a vida nocturna y nacionalistas

Indignados por las incursiones policiales en discotecas, los asistentes y activistas liberales tomaron el control del exterior del Parlamento y armaron un salón de baile improvisado en 12 y 13 de mayo. Algunos usaban flores de manzanilla en el pelo. Foto de Giorgi Lomsadze para Eurasianet.

Este artículo de Giorgi Lomsadze se publicó en Eurasianet.org, sitio web asociado. Se reproduce con autorización.

Las encarnizadas guerras culturales de Georgia aumentaron el fin de semana del 12 y 13 de mayo, después de que una severa incursión policial en una discoteca fue seguida por un tenso momento entre defensores de la activa vida nocturna de la capital y grupos radicales de derecha.

Una gran presencia policial apenas logró conservar la paz entre las dos manifestaciones contrarias en el centro de Tiflis el domingo 13 de mayo, cuando protestas contra las incursiones antidrogas en dos discotecas se convirtieron en un conflicto mayor sobre libertad personal e identidad nacional.

“Estábamos a punto de una confrontación civil”, dijo el presidente Giorgi Margvelashvili en una conferencia de prensa al día siguiente.

En el centro del conflicto estaba la discoteca Bassiani, que ha ganado renombre internacional como una de las principales discotecas de Europa y uno de los mayores atractivos de la ciudad para jóvenes turistas de todo el mundo.

En Georgia, Bassiani ha estado a la vanguardia de la revolución cultural, y ha ayudado a crear una juventud subterránea cosmopolita y progresista que se opone al ambiente a menudo nacionalista, xenofóbico y homofóbico del resto del país. Como para enfatizar su rol en las guerras culturales de Georgia, la discoteca incluso toma su nombre de la famosa batalla de Basian, ocurrida en el siglo XIII.

En los últimos años, se ha estado abriendo una brecha cultural entre georgianos. En un periodo relativamente corto, el país ha cambiado dramáticamente: el centro de Tiflis, rápidamente cambiante, es ahora un parque de juegos para jóvenes liberales, con actitudes sobre sexualidadroles de género y hasta la dieta que son muy diferentes que en medios convencionales. Ahora es común ver en Tiflis a personas de piel oscura de Medio Oriente, Sur de Asia o África. Y un creciente movimiento busca la liberalización de leyes de drogas, aunque se refiere a la marihuana y no a otras drogas más duras.

Esto ha incomodado a algunos georgianos conservadores, y ha llevado a fuertes reacciones, hasta de un creciente movimiento militante de extrema derecha.

La más reciente confrontación empezó luego de la muerte de varios asistentes a las discotecas, de lo que se culpó a sobredosis de drogas recreativas basadas en mefedrona a comienzos de mayo.

La policía respondió en las primeras horas del 12 de mayo, e irrumpió en Bassiani y otra discoteca, Café Gallery, de donde arrastró a los concurrentes y detuvo a varios. “Tenemos 20 videos de venta de drogas en discotecas. Nos vimos obligados a hacer estas incursiones”, dijo el ministro del Interior, Giorgi Gakharia.

Muchos criticaron la represión como un ardid publicitario y luego se supo que ocho personas arrestadas por posesión de drogas fueron detenidas en los exteriores de la discoteca, lo que aparentemente tornó las fuertes incursiones en innecesarias.

Indignados por la intervención policial, miles de asistentes a las discotecas ocuparon la calle frente al Parlamento la tarde del 12 de mayo. Los protestantes usaron grandes altavoces para propalar música electrónica y convirtieron el centro de la ciudad en una discoteca el resto del fin de semana. Los manifestantes exigían la renuncia del primer ministro y del ministro del Interior, y portaban carteles que decían: “Bailar no es un delito”, “No me golpees, baila conmigo” y “Si no podemos ir a Bassiani, Bassiani vendrá a nosotros”:

La manifestación prosigue frente al Parlamento georgiano, donde los manifestantes bailan música electrónica después de las incursiones de ayer en las discotecas.

“Nuestro problema es con el estado policial… en el que hemos estado viviendo por años, y las incursiones del 12 de mayo son otro testimonio”, dijo a la multitud Beka Tsikarishvili, una de las organizadoras de la manifestación que dirige el Movimiento Ruido Blanco, coalición de base que pide la liberalización de la política de drogas.

Destacados DJ europeos se pronunciaron en solidaridad. “Bassiani es mi corazón, me entristece ver que traten a mis hermanos como delincuentes”, escribió en Facebook el DJ sueco Joel Mull. “Resiste, Bassiani”, dijo el artista tecno alemán Ben Klock.

Las cosas se torcieron el domingo 13, cuando los defensores de las discotecas mantuvieron sus protestas y los grupos ultranacionalistas Marcha Georgiana e Idea Georgia se reunieron cerca de ahí.

Contramanifestación de extrema derecha se reunió cerca de la plaza 9 de Abril después de que la policía les impidió ir al Parlamento, donde se realiza la protesta por Bassiani y Café Gallery, Tiflis.

El 13 de mayo, grupos de extrema derecha se reunieron en una contramanifestación. Sostienen que las discotecas son lugares donde se abusa de las drogas y de depravación sexual. Cantaron el himno nacional, lanzaron insultos y trataron de atacar a los manifestantes. Foto de Giorgi Lomsadze para Eurasianet.

Las maneras de ambas manifestaciones son tan lejanas como sus ideologías: en un grupo, dominan las ropas coloridas y las perforaciones, y cabezas casi rapadas en la otra. Con insultos y apodo homofóbicos, los jóvenes de extema derecha trataron de romper los cordones policales mientras en el otro lado bailaban y tocaban música electrónica en muestra de desafío.

“¡Fuera [insultos] de Bassiani!”, gritaban algunos en el lado nacionalista. “Son un grupo de narcotraficantes, prostitutas y homosexuales”, dijo a Eurasianet un activista de derecha que usaba una máscara.

Filas de policías y agentes antidisturbios formaron un muro humano entre las dos manifestaciones en la céntrica avenida Rustaveli. La policía usó buses de la ciudad para formar barreras adicionales y tuvo listos camiones con cañones de agua en caso que los enfrentamientos se tornaran violentos.

Ambos lados defendieron su terreno hasta que el ministro del Interior, Giorgi Gakharia, llegó luego de la medianoche para disculparse por la fuerza excesiva que se usó en las incursiones a las discotecas.

“Déjenme comenzar con disculpas”, dijo Gakharia, lo que desencadenó aplausos de una manifestación y abucheos de la otra. “Pido disculpas no solamente en nombre de mi personal, sino en nombre de los funcionarios del Ministerio del Interior que pueden haber agravado las cosas y cuyas acciones pusieron su seguridad en riesgo”, dijo, y ofreció sentarse con los manifestantes para analizar maneras de revisar las políticas represivas del país sobre uso de drogas.

Los manifestantes acordaron dispersarse, pero la policía se esforzó por garantizar una salida segura. Los grupos radicales se tornaron cada vez más violentos, y chocaron la policía y gritaron amenazas.

Al final se restableció el orden, pero siguen las preguntas sobre cómo lidiar con el uso de drogas –los parlamentarios prometieron elaborar nueva legislación sobre droga en dos semanas– y la creciente brecha cultural.

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